Una economía mundial quebrada que intenta huir hacia delante inútilmente (y III)

Japón es el tercer foco importante de inestabilidad económica, a nivel mundial. El país nipón, en lo que se refiere a su economía, lleva renqueando constantemente durante los últimas dos décadas. A lo largo de estos años, su crecimiento ha sido muy bajo, ya que su crecimiento medio se ha situado en torno al 0,8%. Técnicamente podríamos decir que Japón es un país quebrado debido a su gran deuda y que se mantiene gracias al hecho de darle a la manivela de la máquina de hacer billetes, al dinero que crean electrónicamente sus bancos y al hecho de que cuenta con el trascendente ‘aval’ que le aportan los bancos centrales de los principales países desarrollados. Es especial, con el ‘aval’ de los bancos centrales de Estados Unidos y de la UE, cuyas economías también están superendeudadas.

Pero, sin garantía de crecimiento económico, las deudas no puede continuar creciendo a un ritmo exponencial. Por lo menos, no con la falsa ilusión de que estas enormes deudas contraídas podrán ser alguna vez canceladas. Esto lo sabe todo el mundo en los mercados financieros, donde, una vez que se sabe que las deudas de un determinado país no pueden ser pagadas en toda su globalidad, toda actividad económica vinculada a estas deudas del país también se convierte en sospechosa.

Ésta es la otra cara de la deuda soberana y que afecta directamente a la competitividad de las empresas japonesas. El círculo vicioso del deterioro o declive económico de Japón necesitaría más que un milagro para arreglarse. Tras el desastre ocurrido en la central nuclear de Fukushima-1, este país sólo está esperando a que se produzca el crack mundial.

El capital privado no invierte en Japón desde hace mucho tiempo. El riesgo país es enorme. En un mundo de trileros codiciosos como es el de las finanzas, se sabe que otra víctima importante de la crisis económico-financiera actual será Japón. El casi nulo crecimiento de la renta o de los ingresos reales que allí se conoce, es también un gran problema añadido. La demanda interna está muy hundida y el impacto es muy fuerte. Las exportaciones a China son las que mantienen el poco crecimiento que conoce este insular país asiático.

Japón también experimenta un bajo potencial de crecimiento, debido a la falta de reformas estructurales y a los gobiernos débiles e ineficaces que está teniendo —cinco primeros ministros en seis años y ya están a la vista unas nuevas elecciones. También influye el gran volumen monetario que representa su deuda pública, las tendencias demográficas desfavorables debido al fuertemente  progresivo envejecimiento de su población y la cotización del yen que se vuelve una moneda más fuerte, incluso durante las épocas de crisis, debido a la aversión al riesgo global que se ha extendido entre los japoneses.

Así pues, estando cada vez más inmersos en la Tercera Depresión Económica, todavía quedan optimistas —aunque cada vez son menos— que esperan una recuperación rápida de la economía, en forma de ‘V’. De este grupo salen ahora los expertos que opinan que, en el mejor de los casos, sería deseable atravesar un largo periodo de recuperación en forma de ‘U’. Sin embargo, la mayoría teme una nueva recaída de la recesión económica en forma de ‘W’ o de triple V.

Por desgracia, también se piensa —especialmente, en los casos de Japón y de la Eurozona — que la recuperación de la depresión económica será muy lenta ya que ésta se prolongará mucho en el tiempo —al menos, más que en Estados Unidos— debido a que no se está acometiendo un cambio radical de modelo económico. Por ello, se considera que la recupetación económica más bien tendrá una forma de ‘L’.

Por último, también hay quienes, en estas condiciones, consideran que, tras la próxima recaída, vendrán más recaídas inevitablemente. En efecto, si seguimos haciendo más de lo mismo y beneficiando a los rentistas del sistema, pasaremos los años saltando de recesión en recesión, hasta acabar con las clases medias y con nuestra capadidad de innovación e iniciativa. Este hecho, alargará aún más nuestra agonía y nos obligará a seguir viviendo sin rumbo y sin esperanza, metidos en las cloacas más profundas de la Tercera Depresión Económica.

Por si quedaran ingenuos leyendo este post, les diré además que en un mundo donde pesa tanto la incertidumbre, la recuperación de los mercados emergentes más fuertes —la gran esperanza para la economía global— no será lineal y tendrá que sufrir frenazos inevitablemente porque ningún país se encuentra económicamente aislado del resto de los demás países.

De hecho, y empezando por el caso de China —aunque lo mismo ocurre con el crecimiento de muchas economías de los países emergentes— su crecimiento dependerá, en una gran medida, de los recortes que se produzcan en las economías de los países desarrollados porque los recortes afectarán al consumo y, con ello, sus exportaciones quedarán perjudicadas. La crisis puede afectar a países muy exportadores como China, sobre todo, si no refuerzan su consumo interno.

Cada vez es más evidente que es el propio modelo macroeconómico capitalista-financiero el que no funciona. Intentar salir de la crisis, sin modificar el obsoleto modelo neoliberal, es como intentar salir de una habitación a través de las paredes. ¿Aprenderemos pronto que el camino de salida es la transición hacia una nuevo modelo macroeconómico de índole sostenible? Me temo que no, por tres motivos diferentes:

  • En primer lugar, porque no somos tan inteligentes como pensamos que somos. En especial, los economistas financieros cegados como están por la codicia y los resultados a corto plazo.
  • En segundo lugar, porque nuestros actuales dirigentes no tienen la voluntad, ni el nivel suficiente como para enfrentarse a un cambio de modelo económico y,
  • En tercer lugar, porque el poder de los oligopolios y demás rentistas del sistema —contrarios acérrimos a los cambios para no perder sus privilegios—  es tan grande, gracias a la omnipresente y, a la vez, impune corrupción política, que impide realizar los cambios necesarios en las políticas de manera que nos conduzcan hacia la sostenibilidad.
  • En estas condiciones, muchos consideran que los que detentan el poder permitirán la transición hacia la economía sostenible sólo cuando no haya más remedio y cuando, para muchos países en su permanente declive, todo sea ya demasiado tarde.

    Con todo, siempre hay un lugar para la esperanza, pero también es cierto que cada vez ésta es más escasa y apenas existirá si no se pone en valor al conjunto de la economía cuanto antes —eliminando burbujas, apalancamientos, paraísos fiscales y especulaciones financieras— y se apuesta con rigor por la transición hacia la economía sostenible.

    No podemos seguir creciendo económicamente en base a burbujas —como lo hacen la mayoría de los países desarrollados— porque todo tiene un límite y éstas, al final, explotan. Sólo países como Estados Unidos, que cuentan como amplios recursos, un nivel tecnológico elevado y una gran capacidad para introducir innovaciones sociales y tecnológicas serán los ganadores de esta estúpida carrera hacia el crack mundial.

    Una situación estúpida por lo evitable que hubiera sido si acabáramos ahora con los rentistas del sistema. De cualquier modo, este crack mundial será el que nos facilite las condiciones para realizar este obligado cambio de modelo económico actual, sustituyéndolo por otro de naturaleza sostenible. Lo malo es que ello prueba cuán grande es la estupidez y la cobardia humana ya que sólo reaccionamos cuando estamos al borde del abismo.

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