Una economía mundial quebrada que intenta huir hacia delante inútilmente (II)

Desde el Fondo Monetario Internacional se nos alarma describiendo un panorama apocalíptico para Estados Unidos, otro de los focos de inestabilidad de la economía mundial. Es cierto que Estados Unidos es un país teóricamente quebrado pero que como tiene la facultad de imprimir moneda —en un mundo irracional e irresponsable, gobernado al antojo de ludópatas avariciosos, que no hacen más que crear dinero de la nada e hinchar la burbuja financiera— lo más probable es que quiebren antes los países acreedores de Estados Unidos y los países compradores de dólares como reservas de divisas.

Por otro lado, escapando como siempre de poner el dedo en la llaga y de aportar verdaderas soluciones, el FMI, y otros muchos foros al servicio del agotado modelo económico actual, consideran que el año que viene puede llegar a ser catastrófico, si Estados Unidos no aprueba un nuevo techo de deuda. Nada nuevo bajo el sol. La pena es que no se meten con los bancos y las instituciones financieras, como causantes principales de la burbuja financiera actual, y les limitan el poder que tienen los bancos para crear dinero electrónico y promover el apalancamiento financiero y continuar con las trampas en la contabilidad y productos financieros.

Estados Unidos está acostumbrado a vivir gastando más que lo que ingresa y eso no lo van cambiar porque para ello tendrían que cambiar también de modelo económico e instaurar un nuevo modelo de transición hacia la economía sostenible. Mientras tanto, su alto nivel de endeudamiento, 70% del PIB, y a su elevado déficit fiscal que este año se sitúa en el 9% del PIB, según la Oficina del Presupuesto del Congreso, continuarán aumentando.

Pero, actualmente, el problema se ha agravado. Ello se debe a que Estados Unidos ya ha superado otra vez el techo de endeudamiento permitido. O se llega a un cuerdo político para aumentar el techo de la deuda o intervendrán automáticamente una serie de políticas tendentes a reducir tanto el déficit fiscal como el nivel de endeudamiento.

Tras la victoria reciente de Obama, aunque haya congresistas que deseen cortar con los gastos públicos y suprimir el Estado del Bienestar, la mayoría querrá seguir huyendo hacia delante, incrementando aún más el déficit y la deuda, aunque ello suponga aumentar la burbuja financiera. La solución más probable consistirá en aprobar un nuevo techo de deuda.

En caso contrario, se amenaza a los congresistas, a las empresas y a la opinión pública norteamericana con el hecho inevitable de que se produciría el famoso “Fiscal Cliff”, que no es otra cosa que el término popular utilizado para describir el dilema al que el gobierno norteamericano se enfrentará a finales de 2012, cuando los términos de la Ley de Control del Presupuesto del año 2011 está previsto que entren en vigor al objeto de reducir el tamaño de la deuda.

Pero reducir la deuda, y a su vez el déficit fiscal y presupuestario, no es algo que salga gratuito. Ello supondría drásticos recortes de gasto y subidas de impuestos que deberían entrar en vigor de forma automática el año que viene.

Naturalmente, la entrada en vigor de drásticas políticas de ajuste fiscal y presupuestario es un escenario posible pero improbable porque no conviene ni al sector financiero, ni a las empresas, ni a los ciudadanos. Lo más probable es que se llegue a un acuerdo en el, recién salido de las urnas, Congreso de Estados Unidos.

Obama plantea, entre otras medidas, incrementos adicionales en los impuestos a los más ricos. Es posible que lo logre pero la contrapartida de reducción de gastos será también muy dura para las clases menos favorecidas. Aunque, quizá la apuesta sea hacer quebrar a todos los países del mundo para comenzar en serio la salida a la actual depresión económica.

No olvidemos el gran poder que tiene Estados Unidos para reconvertirse de las crisis y aumentar su hegemonía. Su capacidad de crear e introducir innovaciones es paradigmática. Es cierto que se trata de otro país quebrado pero, sin embargo, es un país que tiene tanto peso en la economía mundial, que su bancarrota se llevaría a todos los países por delante para, más tarde, resurgir, gracias a sus enormes recursos y a su gran capacidad de adaptación a los cambios, como aquella Ave Fénix que renace vigorosa y triunfante, en su transición al nuevo paradigma emergente, en clave de sostenibilidad. (Continuará)

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