Prospectiva sobre el Alzheimer (XII)

Entre los profesionales que tratan la enfermedad de Alzheimer, de sobra era conocido que la capacidad de detectar las primeras etapas del Alzheimer permitiría que los nuevos medicamentos contra el Alzheimer que se probaran, lo harían con las personas enfermas adecuadas y en el momento adecuado. Pero para ello, previamente era necesario establecer los plazos o etapas en los que se producen las primeras señales del Alzheimer.

Recientemente, y gracias a las investigaciones realizadas, los científicos han podido establecer las etapas, plazos o “timeline” del progreso invisible que experimenta la enfermedad de Alzheimer, antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Durante un tiempo, un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington observó a las familias que tenían riesgo genético de contraer la enfermedad. Según las investigaciones realizadas, los primeros signos aparecieron hasta 25 años antes del comienzo previsto de la enfermedad.

Este dato es muy importante ya que la capacidad de detectar tempranamente el Alzheimer crearía mejores y mayores oportunidades de que el tratamiento fuera luego un éxito.

En la investigación realizada se contó con una muestra representativa de enfermos potenciales. En total, fueron 128 las personas sujetas al estudio de su evolución. Estas personas eran residentes en diferentes países como Reino Unido, Estados Unidos y Australia.

Todas las personas estudiadas tenían un 50% de probabilidades de heredar una de las tres mutaciones determinantes a la hora de causar la enfermedad de Alzheimer precoz y que, a menudo, se desarrolla en personas con edades comprendidas entre los treinta y los cuarenta años —mucho antes de que aparezca la modalidad más común de la enfermedad de Alzheimer, que generalmente afecta a la gente a partir de los sesenta años.

Para comprender las mutaciones que contribuyen al desarrollo de la enfermedad,  y situarlas en el tiempo de una manera más precisa, los investigadores partieron de la edad que los padres de los 128 participantes en la investigación tenían cuando desarrollaron la enfermedad. De este modo, resultaba más fácil fijar el número de años más probable que deberían trascurrir antes de que ellos también comenzaran a mostrar síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

Los participantes en el estudio de investigación sobre la enfermedad de Alzheimer se sometieron a análisis de sangre y del líquido cefalorraquídeo, así como a escáneres cerebrales y a evaluaciones de la capacidad mental.

El primer cambio que se descubrió fue la disminución de los niveles de líquido espinal de los ingredientes clave de las placas cerebrales del Alzheimer. A resaltar que este cambio puede ser detectado veinticinco años antes de la edad prevista para el inicio de la enfermedad.

A los quince años, los niveles elevados de “tau”, una proteína estructural que tienen las neuronas o células del cerebro, pueden ser vistos en el fluido espinal e, incluso, puede ser detectada también una contracción en algunas zonas del cerebro.

Los cambios en el uso del cerebro de la glucosa y los problemas leves de memoria se manifiestan diez años antes de que los síntomas aparezcan. En la investigación llevada a cabo también se evaluaron otros miembros de familias sin mutaciones hereditarias y no se encontraron cambios en los marcadores que se estaban investigando.

De este modo, esta investigación puso de relieve que los principales cambios en el cerebro, relacionados con la forma hereditaria de la enfermedad de Alzheimer, se producen décadas antes de que los síntomas de la enfermedad comiencen a mostrarse. Este descubrimiento es extraordinario por las implicaciones importantes que tendrá para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad en el futuro.

A su vez, estos hallazgos podrían convertirse en un buen indicador para el diagnóstico precoz, a la hora de detectar estos cambios importantes en el cerebro par detectar de manera temprana las personas que, sin saberlo, están desarrollando la enfermedad de Alzheimer no hereditaria.

Sin embargo, es necesario confirmar un vínculo definitivo entre la forma hereditaria de la enfermedad de Alzheimer y la no hereditaria. Si bien, para el Dr. Eric Karran, director de Investigación sobre la enfermedad de Alzheimer del Reino Unido, este vínculo está bien claro cuando afirmó: “Estos resultados obtenidos en las personas que padecen la forma hereditaria de la enfermedad de Alzheimer parece ser muy similar a los cambios en la que se conoce como la enfermedad de Alzheimer no-genética, la forma más común de sufrir la enfermedad”.

A partir de ahora, está demostrado que cualquier nuevo tratamiento de la enfermedad de Alzheimer deberá asumir la importancia que tiene el hecho de que este tratamiento pueda suministrarse en los primeros estadios de la enfermedad, para así tener mejores oportunidades de éxito en el tratamiento y cuidado de la enfermedad de Alzheimer.

En conclusión, la mayor o menor capacidad que los Servicios de Salud de cualquier país tengan para detectar las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer, no sólo permitirán a las personas planificar y acceder a la atención y a los tratamientos existentes de la enfermedad de Alzheimer mucho antes, sino también permitirá que se les suministren a los enfermos los nuevos medicamentos que ya se fueron probados con éxito en las personas enfermas adecuadas y en el momento adecuado.

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