Los tres pilares del desarrollo sostenible sin retórica ni tapujos

Es cierto que el Desarrollo Sostenible tiene mucho que ver con el cuidado y la protección, cuando no la recuperación, del medio ambiente. Sin embargo, también tiene que ver con otros factores que no son sólo los ambientales. Se deben tener en cuenta también los factores sociales y los factores económicos. Así pues, podemos considerar a los factores económicos, a los factores sociales y a los factores ambientales como los tres pilares que sustentan el Desarrollo Sostenible.

Los factores económico-financieros son los más favorecidos debido a la corrupción política

En teoría, se debería perseguir un equilibrio armónico entre el desarrollo de los tres factores. Sin embargo, conviene recordar aquí que, hasta ahora, han sido los factores de índole económica los que han prevalecido frente al resto. Los intereses creados de los lobbies o grupos de presión financieros pesaban mucho. Algunos políticos de entonces pareciera que estaban en nómina de las grandes empresas. Ahora y con la llegada de la crisis estructural del modelo económico actual, los niveles de corrupción, aún siendo parecidos a los de hace unos diez años, están siendo más evidentes y generalizados. Ya no hay lugar para la esquiva y el disimulo. Es algo así como ocurre en las piscinas que, cuando baja el nivel del agua, se sabe entonces que bañistas visten traje de baño.

Por este motivo, no es de extrañar que, aunque el peso de las oligarquías en las decisiones políticas siempre ha sido decisivo, ahora se nota más que nunca porque están empobreciendo al resto de capas sociales, incluso hasta a las abundantes clases medias de los países desarrollados. Así, en la práctica y en general, desde los comienzos de la revolución industrial, han sido las razones económicas las que únicamente han sido tenidas en cuenta. En especial, han sido los factores económico-financieros los que han prevalecido por encima de todos los demás factores. Y así sigue ocurriendo, en esta época que vivimos, donde lo que prima es la corrupción política, la avaricia del sector financiero y los intereses creados de los demás sectores oligopólicos como la industria del petróleo y del gas natural, multinacionales de la alimentación, empresas eléctricas y de telecomunicaciones, entre otros.

Los factores sociales y los factores ambientales apenas fueron considerados a la hora de valorar las diferentes alternativas. Bastaba con justificar la viabilidad económico-financiera de un determinado proyecto para que éste fuese aprobado sin más discusión. A veces, ni tan siquiera era necesario que el proyecto fuera viable, si el beneficio para las oligarquías política y financiera representaba una cuantía importante. Las grandes fortunas, salvo honrosas excepciones, no provienen de las rentas de trabajo. Si alguna vez, pensó que sí, ¡Olvídelo!

Sin embargo, sobre todo cuando los proyectos suponían un cambio de escala importante, a veces surgía una fuerte contestación ciudadana. Tal fue el caso de la central nuclear de Lemonitz. Al principio, se levantaron algunas voces en contra. Poco a poco, aumentaron estas voces de protesta hasta hacerse un gran clamor en Euskadi, contrario a Lemonitz. De alguna manera, tomó sentido el hecho del peligro potencial que representaba tener una central nuclear tan cerca de una gran núcleo de población como era el Bilbao-Metropolitano.

Personalmente opino que fue la gran oposición a su construcción que se creó la que determinó su paralización. Sin embargo, reconozco que hay bastantes más que consideran que, sin la implicación directa de ETA, la paralización de las obras de Lemonitz hubiera sido una tarea casi imposible. Cada cual que juzgue la historia como quiera. Lo que deseo destacar aquí es que para hacer valer los factores sociales y ambientales se necesitaba luchar mucho contra la imposición determinante de los factores económico-financieros. Nada era gratuito.

Del mismo modo acontecía con los factores sociales y con muchos factores económicos no financieros. El enfoque cortoplacista de las políticas hacía que, en general y en aras de garantizar el crecimiento económico, fueran factores que también resultaban perdedores. De hecho, hasta que no surgieron los movimientos obreros y éstos se consolidaron en partidos y sindicatos, estos factores, al igual que los ambientales, apenas tuvieron valor como factores importantes. También es de reconocer, aunque ello ocurriera bastante más tarde, cuando las rentas era ya altas, que los factores ambientales ganaron pujanza gracias a los movimientos ecologistas y a la mayor concienciación de la gente sobre el medio ambiente.

Por suerte y por la lucha de muchos, Europa —y, poco a poco, el resto del mundo— ha consolidado una sociedad donde los factores sociales y ambientales —e incluso aquellos factores económicos que atienden el largo plazo— han ido ganando mucho peso, a la hora de la toma de decisiones estratégicas sobre el desarrollo. A partir de entonces, la creación de empleo, la mejora de la calidad ambiental y el crecimiento económico han ido casi siempre de la mano.

Los diferentes gobiernos socialdemócratas y progresistas conocidos le dieron una gran importancia a las conquistas sociales y contribuyeron a la creación del Estado de Bienestar. Es así como se alcanzaron estas cotas tan altas en materia de educación, de sanidad, de urbanismo y algo menos del bienestar que, hoy en día, todavía disfrutamos, aunque a tenor de cómo se está planteando los repartos en la distribución de la riqueza, será por poco tiempo.

La  avaricia y predominio del sector financiero en la economía y la extendida corrupción política impiden la salida a la crisis

El Estado del Bienestar se va desmoronando poco a poco, al ritmo que aumenta el deficit y la deuda para pagar los despilfarros e imprudencias del sector financiero. La corrupción política y una gobernanza mediocre han impedido evitar las fatales burbujas inmobiliarias y financieras que hemos conocido y han colocado a muchos países en situación de quiebra. Un despropósito que, año tras año, va arruinando a las clases medias que han de soportar, angustiosamente, las nefastas políticas e incoherencias de los gobiernos que acuden en ayuda de los bancos culpables principales de la crisis, gastando miles de millones de euros que nunca serán devueltos. De este modo es como se va arruinando al resto de la población de los países que se encuentran en estas circunstancias.

Corrupción, corrupción y más corrupción de la política son los vientos que todavía siguen favoreciendo a los ricos que, al no tener que soportar el peso de la crisis como debieran por ser ellos los principales culpables, se vuelven todavía más ricos. Como colofón, al bajar la recaudación debido a las altas tasas de desempleo y a la disminución de la actividad económica, los ingresos se muestran insuficientes para mantener la costosa e inoperante maquinaria del Estado.

Una gran falacia: Los sueldos de los excesivos funcionarios no los pagan los gobiernos sino los impuestos de las empresas y de los trabajadores del sector privado

De este modo, los funcionarios se desnudan enseñando las vergüenzas de su alto coste y, comparativamente con el resto de los trabajadores que los mantienen, sus enormes privilegios. Como los funcionarios, absurdamente, no pierden sus empleos, siguen acudiendo a un trabajo donde las tareas han quedado muy disminuidas por la crisis y la consiguiente necesidad de recortar presupuestos para los programas que ellos ejecutaban.

Así es como han acabado llevándose la parte del león de los gastos de las administraciones públicas. Los ciudadanos ya no reciben lo que pagan, ni mucho menos. Mientras tanto, las TIC y las técnicas modernas de organización y planificación en base a la prospectiva estratégica aguardan para modernizar el sector público pero faltan líderes con capacidad y voluntad para poner este sector —tan ineficaz e ineficiente,— en valor para los ciudadanos y para las empresas que son quienes, realmente, lo financian con el pago de sus impuestos.

Durante décadas, el desarrollo tecnológico y la introducción de innovaciones y el hecho de poder contar con una fuente de energía barata como era el petróleo contribuyeron decisivamente al desarrollo económico, e impulsaron una mayor conciencia ambiental debido a los altos niveles de contaminación consecuencia de la industrialización experimentada hasta mediados de los años 70.

Sin embargo, la globalización de la economía, las continuas burbujas inmobiliarias, financieras y otras, la competencia desleal con países que explotan terriblemente a sus trabajadores y el fin del petróleo barato, han contribuido a que se den ya muestras evidentes del agotamiento del actual modelo económico neoliberal. Además, debido al calentamiento global del Planeta, ha surgido con fuerza la amenaza de un cambio climático que, poco a poco, se va acelerando y nos presagia incluso, el advenimiento de una nueva glaciación. En el horizonte se vislumbran unos nubarrones muy negros para la humanidad entera.

Hemos entrado en una profunda depresión económica de la que tardaremos más de una década en salir y mucho más si no ponemos freno a la alta corrupción política y a la insaciable codicia del sector financiero. La única salida digna y menos traumática consiste en establecer un nuevo modelo económico de naturaleza sostenible y ajustar a dicho modelo el conjunto de los factores ambientales, económicos y sociales que intervienen en su desarrollo.

Un engaño agregado: Confundir ecológico o verde con sostenible cuando, bastantes veces, son conceptos opuestos

Pero no olvidemos que tampoco todos los factores ambientales son sostenibles. La llamada agricultura “ecológica” —o aquella agricultura que tan erróneamente se hace llamar ecológica como si la mayoría del resto de los métodos agrícolas no lo fueran— a veces, lo que verdaderamente hace es encarecer los productos básicos para que éstos no sean asequibles por la inmensa mayoría de la población. Lo que no sea asequible por las clases económicas menos ricas o favorecidas economicamente, nunca podrá calificarse de producto sostenible. Además, el ecologismo no es ninguna religión, ni debería ser una ideología, sino una herramienta más a la hora de construir nuestro futuro común.

Lo mismo pasa con la llamada edificación “verde” que muchos entienden como la construcción de villas de lujo para ricos en zonas residenciales de baja densidad. Tampoco los impactos visuales y otros factores subjetivos y opinables pueden justificar la paralización de las energías renovables de la forma tan abusiva como se hace hoy en día. La edificación sostenible debe ser más barata que la tradicional porque así lo es y lo he constatado en los diferentes proyectos en los que he tomado parte. En caso contrario, sería una nueva estafa a los ciudadanos que contaría con la ayuda inestimable de los políticos al servicio del sector financiero y de las empresas de la construcción.

Estamos hablando de construir el futuro de manera que sea sostenible y de contar para ello con unas energías limpias que sustituyan a las energías fósiles. ¡Seamos serios y responsables!. Un impacto ambiental tan subjetivo y cuestionable como el cacareado impacto visual no puede estar al servicio de los intereses de la oligarquía que controla la industria petrolera o al sector eléctrico que es contrario al desarrollo masivo de la energía renovable. La introducción masiva del coche eléctrico, financiando el Estado gran parte las infraestructuras necesarias que lo hagan posible, y la edificación sostenible, son las grandes apuestas de futuro de cualquier país que quiera salir airoso de la grave depresión económica que estamos padeciendo. ¡La economía mundial se encuentra en quiebra!.

Nos encontramos al final de una Era basada en un modelo de desarrollo económico neoliberal que ya está agotado. Los países que inicien cuanto antes su transición hacia el nuevo paradigma o modelo económico sostenible sufrirán, de una manera mucho menos traumática, el Cambio de Era. El tema es muy serio y el éxito depende de la utilización coherente y adecuada de los tres pilares del desarrollo sostenible.

No se trata de discutir sobre la ropa que me pondré mañana para estar más guapo sino sobre cómo y cuantos podremos vivir con dignidad en un futuro, todos y de manera sostenible, máxime cuando la amenaza del cambio climático es tan real. ¡Nadie se ha muerto por culpa de un impacto visual!. Concluiré este post diciendo de nuevo que en la políticas, el equilibrio entre los tres pilares debería ser una cuestión prioritaria a la hora de planificar el futuro de manera sostenible. De igual modo, la economía circular debería ser una base sólida para lograr la sostenibilidad del modelo económico futuro.

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