Tras las imágenes de la Creación (I)

Desde los comienzos de nuestra historia, los seres humanos hemos recorrido un largo camino en nuestro estudio del Universo. Incluso el hombre primitivo, cuando fue consciente de que el Universo existía, empezó a sentir la necesidad de tener una mayor comprensión acerca de lo que significaba el Universo para su mísera existencia. El recurso a la mitología como explicación de los orígenes e historia del Universo, de la cual se apropiaron las diferentes culturas y religiones, fue el siguiente paso para satisfacer la genuina curiosidad del hombre.

Tanto en los inicios místicos que versaron sobre la cosmología como en las narraciones explicatorias de las diferentes religiones acerca de la creación y los orígenes del Universo, hasta llegar al estadio actual de la ciencia moderna, los seres humanos hemos sido capaces de proporcionar teorías más o menos firmes para responder a algunas de las preguntas clave que nos hacemos en relación con el Universo: ¿Cómo es nuestro Universo? ¿Qué edad tiene el Universo? ¿Cómo se creó la materia que compone el Universo?, etc.

¿Quién creó el Universo? Es otra de las grandes preguntas que nos hacemos pero no es una pregunta científica, aunque para una gran mayoría, entre las que me encuentro yo, la respuesta es obvia: Si el Universo tuvo un principio, es razonable pensar que alguien que existía desde siempre tuvo que crearlo. Llamémoslo como queramos pero a ese Ser Creador la mayoría le llamamos Dios.

Pero nada podemos dar por seguro porque la teoría del Big Bang es tan sólo una teoría que tiene muchos puntos y dudas todavía que aclarar y muchas preguntas complejas a las que responder. Obviamente, no se trata de preguntas sencillas y fáciles de contestar como tampoco debieron serlo las que se hacían en un pasado, habida cuenta del nivel de desarrollo de la ciencia y la tecnología que había por entonces.

En efecto, durante nuestra breve historia en este Planeta, que apenas se remonta a algo más de un millón de años,  la humanidad ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a dar con alguna pista que nos descubriera los misterios de los orígenes del Universo. Sin embargo, a pesar de toda la energía que se ha gastado a lo largo de los siglos para conocer cómo se produjo el comienzo del Universo, gran parte de lo que hemos sabido hasta ahora, ha sido mera especulación, cuando no, fruto de nuestra fantasía y nuestra imaginación que tanto han iluminado nuestros mitos y creencias.

De igual modo, nuestra curiosidad nos ha llevado a cuestionar nuestra ubicación en el universo e, incluso, el lugar que ocupa el universo mismo con respecto a nosotros. Así, durante muchos siglos, la Tierra era considerada el centro del Universo y aquellos que lo negaran podían correr el riesgo de ser, incluso, condenados a muerte. Como casi le llegó a ocurrir al célebre Galileo.

Felizmente, esos periodos negros de la historia han sido casi superados y, hoy en día, la razón se ha impuesto a la mitología en la mayoría de los lugares de nuestro Planeta. Aunque, desgraciadamente la luz de la razón y de la ciencia no ha llegado a todos los rincones de la Tierra y es que las religiones tienen mucho culpa de que ello siga ocurriendo a comienzos del siglo XXI.

Así pues, y sin querer entrar a valorar la naturaleza mitológica de las explicaciones religiosas sobre la Creación del Universo por razones obvias, me referiré solamente a la valorar los conocimientos acerca del Universo que nos están proporcionando los avances de la ciencia que, fiel a su propia naturaleza, se ha encontrado con que la mayoría de las respuestas que ha formulado sólo la han llevado a hacerse más preguntas.

Estas nuevas preguntas profundizan o agudizan las dudas por lo que las preguntas acerca de la materia y de la Creación del Universo están siendo cada vez más intrigantes y más complejas. Lo que demuestra, como algo inherente a nuestras ansias por conocer, que las preguntas sobre el Universo siempre seguirán existiendo. No olvidemos que reside en la condición humana su naturaleza limitada.

En particular, son las preguntas relativas a la creación del Universo las que más frecuentemente se han formulado como un intento de resituarnos en el espacio y en la realidad evolutiva de la propia naturaleza. Todo ha sido un intento para resolver algunas cuestiones fundamentales acerca de nuestra propia razón de ser: de dónde procedemos y hacia dónde nos dirigimos.

De este modo, es como podríamos iniciar a responder a la sempiterna pregunta existencial: ¿Para qué estamos aquí?. Aunque dudo mucho que la ciencia algún día pueda contestar a esta pregunta de índole metafísica. La ciencia con responder al misterio de los orígenes del Universo tiene trabajo suficiente.

Así es como, gracias a los conocimientos que nos va aportando la ciencia, surgen teorías como la del Big Bang intentando responder a una de las preguntas que más se han formulado a lo largo de la historia de la humanidad: ¿Cuándo y cómo fue creado el Universo?

Durante mucho tiempo, eran bastantes los científicos que sostenían que el Universo no tenía principio, ni fin y que era verdaderamente infinito. Tras el surgimiento de la teoría del Big Bang, y su amplío nivel de aceptación científica, ya no pudo seguir considerándose al Universo como algo infinito. Así pues, el concepto de Universo se vio obligado a asumir las características de todo aquel fenómeno que sea finito; es decir, que, por fuerza, ha de poseer una historia y un comienzo. Y aquí es cuando comenzaron a hacerse nuevas preguntas que buscaban encontrarse incluso con las imágenes del propio Creador del Universo en el momento mismo de la Creación.

(Continuará)

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