Prospectiva sobre el Alzheimer (VI)

Los interrogantes que plantea el progresivo potencial de desarrollo de la enfermedad son también muy grandes. Por ejemplo, en los próximos años, la investigación científica que realiza sobre el Alzheimer bien podría despertarnos un día con la grata noticia de que se ha encontrado el remedio o tratamiento que impide que avance el deterioro que causa la enfermedad.

De cualquier modo, si nuestras previsiones se realizan en base al escenario tendencial, “Business as usual”, entonces nos encontraremos con un panorama que subraya el hecho de que  se producirá un aumento global del número de prevalencias de la enfermedad de Alzheimer. Los trabajos de investigación sobre el Alzheimer realizados en el mundo así lo perciben.

Esta tendencia puede señalarnos que quizá las cifras con las que se valoran los enfermos de Alzheimer, probablemente, se queden cortas. Por otra parte, hemos de darnos cuenta de que los avances terapéuticos que retrasan la progresión de la enfermedad nos llevarían a un escenario donde se produjera un aumento de la prevalencia de la enfermedad. Sin embargo, en promedio, los casos de prevalencia de la enfermedad serían menos graves.

Los recursos necesarios para atender a un paciente de Alzheimer son muy variables y dependen de la etapa en la que se encuentre la enfermedad. Los programas socio-sanitarios que ofrecen una atención en centros de día al enfermo de Alzheimer pueden ser adecuados durante las primeras etapas de la enfermedad pero no son aplicables en etapas finales.

En efecto, las etapas finales de la enfermedad requieren un alto nivel de atención, lo que equivale a impulsar la creación de una cantidad importante de asilos de ancianos con Alzheimer para hacer frente a las necesidades. Así pues, a medida que envejece la población mundial, nos enfrentaremos a una epidemia inminente de la enfermedad de Alzheimer. Los Sistemas de Salud se enfrentarán, cada vez más, al reto de tener que satisfacer las necesidades de los pacientes y las de sus cuidadores de una manera eficaz y, cada vez, más eficiente porque los recursos son cada vez más escasos.

Según algunas estimaciones en base al escenario “Business as usual”, los costes totales que podría representar el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer en todo el mundo podrían ser de varios billones de euros. Una cifra tan alta que cualquiera podría considerar que un tratamiento digno y adecuado de la enfermedad es un objetivo inalcanzable, máxime cuando hemos entrado en una profunda depresión económica de la que tardaremos más de una década en salir de ella.

La determinación de las causas que motivan esta enfermedad son también un grave problema para avanzar. En efecto, el problema fundamental, como en la mayoría de las enfermedades graves, radica en que actualmente, y a pesar del gran desarrollo de la ciencia, no se conocen sus causas.

La consecuencia lógica es que, al no conocerlas, estas causas no pueden ser evitadas o combatidas directamente. En este sentido, existe un gran consenso en el hecho de que trata de una enfermedad que depende de múltiples factores; es decir, que, por lo general, no responde a una única causa, sino a varias, existiendo también diversas hipótesis que no han podido ser todavía verificadas en su totalidad.

Con todo y, a pesar de la cruda realidad que nos toca vivir, no podemos caer en el desánimo por ello, pues ahora es cuando más debemos preparar el futuro, ahora que estamos a tiempo. Puede ser que muchos opinen que la prevención de la enfermedad de Alzheimer es un sueño, una utopía, una mera ambición que, hoy por hoy, no puede ser plenamente alcanzable en el corto plazo.

Sin embargo, todos los proyectos de la humanidad que han sido capaces de fertilizar la realidad del futuro han empezado con un sueño que más tarde se ha ido concretando en diferentes ambiciones, antes de convertirse en realidades y progresos de la humanidad. Por de pronto, retrasar la discapacidad de los que sufren la enfermedad de Alzheimer en sus primeras etapas es un objetivo que puede ser alcanzable.

Además, si se dan incluso modestos avances en las estrategias terapéuticas y preventivas, estos avances ocasionarán retrasos, tanto en la aparición como en la progresión de la enfermedad de Alzheimer, lo que, en definitiva, también podría reducir significativamente la enorme carga mundial que sin duda llegará a representar el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Por dicha razón, todo lo que sea prevenir, de manera temprana, esta enfermedad es una idea portadora de futuro.

Sería necesario contar con jornadas de sensibilización pública para aumentar los niveles de concienciación acerca de la enfermedad. Se trata de desdramatizar la enfermedad de Alzheimer para que los enfermos que la padecen no se sientan mancillados.

Hasta que no se logre un gran avance se lleva a cabo en el área de la investigación en tecnologías relativas a las llamadas ciencias de la vida, es obvio que los principales esfuerzos deberán centrarse en el diagnóstico precoz de la enfermedad.

De igual modo, una vez diagnosticada la enfermedad, se deberán crear las ayudas, medios y condiciones que sean necesarias para que las familias logren evitar el aislamiento de los enfermos de Alzheimer, de manera que ello contribuya a retardar la progresión de los síntomas.

Un primer paso insoslayable: Lograr una masiva concienciación sobre la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer, y otras que también conllevan síntomas de demencia, han sido identificadas adecuadamente en todos los países, culturas y razas en las que se ha llevado a cabo una investigación sistemática. Sin embargo, los niveles de concienciación varían enormemente.

El problema de la escasa concienciación, no se limita a los países de rentas bajas y medias. Por ejemplo, hay países desarrollados como el Reino Unido donde socialmente se estigmatiza esta enfermedad y se evita hablar sobre el problema que causa un enfermo de Alzheimer como si fuera un apestado. También están muy extendidas una serie de falsas creencias. Destacaremos las dos siguientes. La primera es que la demencia forma parte, de manera natural, del proceso de envejecimiento de la población y, la segunda falsa creencia, es que no se puede hacer nada para luchar contra la enfermedad.

Tanto la ocultación y encubrimiento de esta enfermedad como si de una lacra social se tratara, como las falsas creencias que se tienen acerca de ella son factores que explican un tanto, aunque no lo justifican, la falta de identificación de enfermos con Alzheimer o, incluso, la carencia en las prestaciones de ayuda a los enfermos y familiares de aquellos que sufren la enfermedad de Alzheimer.

En un estudio de investigación social realizado a mediados de la década pasada, en el Reino Unido, se comprobó que la gente solía esperar tres años antes de informar a su médico sobre los síntomas de demencia que padecía desde hace años. El 70% de los cuidadores —en general, familiares— declaraban no ser conscientes de los síntomas de demencia antes del diagnóstico y el 58% de los cuidadores creían que los síntomas formaban parte del proceso normal del envejecimiento. Por último, la investigación sociológica señalaba que sólo el 31% de los médicos de atención primaria consideraban tener suficiente formación como para diagnosticar y controlar los casos de demencia. (Continuará)

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