Prospectiva sobre el Alzheimer (I)

Para los prospectivistas, no existe ninguna enfermedad, que nos presente con mayor impacto, que no refleje una imagen nítida de la sociedad envejecida del futuro que la famosa enfermedad de Alzheimer. Cualquiera que sea la forma clínica (Alzheimer, demencia de Korsakoff) se trata de la pérdida progresiva de las funciones intelectuales superiores, lo que conlleva a originar una angustia, tanto entre las personas que cuidan al enfermo como entre los profesionales, a los que se les encarga los cuidados de estos enfermos.

Obviamente, nuestro siglo XXI, a medida que vivimos más también, se deberá enfrentar de manera progresiva a enfermedades de índole degenerativa ya que son enfermedades nuevas, que aparecen con el aumento de la esperanza de vida y que, todavía, los conocimientos que tenemos sobre ellas son embrionarios, por lo que, en un primer momento y por prudencia, habría que prepararse para hacer frente a los grandes retos que supone el crecimiento y desarrollo de esta terrible enfermedad.

Pero, no sólo habría que potenciar la investigación sobre las causas que originan el Alzheimer, a fin de poder combatirlo atacando la propia raíz del problema, reforzar los apoyos y ayudas al tratamiento clínico en las viviendas donde los enfermos residen para mejorar la asistencia a domicilio, también habría que habilitar residencias especiales con el fin de aportar los cuidados y los servicios apropiados que este tipo de enfermedad en sus etapas finales requiere, con el fin de mejorar la calidad de vida, no solamente de las personas aquejadas por esta enfermedad, sino también la de sus familias.

Los sistemas de salud deberían adaptarse y transformarse para ayudar a las personas que sufren una pérdida de autonomía debido a esta estigmatizada enfermedad porque, con el aumento del envejecimiento, el porcentaje de dichas personas enfermas de Alzheimer crecerá cada vez más y serán una presión creciente sobre los sistemas de salud y sanidad, caso de no prepararse a tiempo.

Por consiguiente, máxime cuando entramos en una era donde se tendrán que poner en valor los servicios públicos como la sanidad, en un contexto de fuerte limitación al uso de los recursos, se trata de una prioridad máxima ya que mucho nos tememos que los modelos de organización clásicos de la asistencia sanitaria y de la asistencia en hospitales, no permiten ofrecer servicios de geriatría activa para aquellas personas que sufren una enfermedad degenerativa cerebral y que les origina una pérdida importante de autonomía.

El futuro no se prevé, se prepara. Por consiguiente, en una gran medida, depende de nosotros. Pero ello no es, en absoluto, gratuito. Tanto una buena gestión pública como una buena gestión privada exigen que, en cada momento, se sepa administrar el presente inmediato anticipándose al futuro.

Se trata de conocer, desde ahora, cómo podríamos dotarnos de los medios y las condiciones necesarias para hacer frente a los grandes desafíos que nos supone la enfermedad de Alzheimer, en un mundo cada vez más inestable y cambiante.

El planteamiento de un proyecto de futuro que haga frente a este reto, exigirá que se atienda al largo plazo —a escala global pero, a su vez, teniendo en cuenta los recursos de un determinado país— para así poder evaluar bien cómo los gastos de hoy suponen los ahorros del mañana, tanto a nivel económico como a nivel social, donde la calidad de vida y bienestar de los ciudadanos adquiere su máxima importancia.

Pero nunca nos olvidemos que las personas mayores, junto con los niños, son los seres más indefensos de nuestra sociedad, sobre todo en un momento de grave crisis económica (más bien deberíamos llamarla depresión económica) donde lo que más prima sigue siendo la acumulación codiciosa de capital en manos de unos pocos.

En estas condiciones, es cuando más destacan aquellos países que, a pesar de las dificultades, son capaces de garantizar la dignidad a los ciudadanos más débiles aunque éstos sean muchos. La enfermedad de Alzheimer está llamada a crecer mucho, tanto como que se va a convertir en algo propio de nuestra vida cotidiana.

Es una enfermedad que no distingue entre ricos y pobres. Constituye una potencial amenaza para todos lo que aquí estamos presentes, tanto de manera real y presencial, como, en mi caso, de manera virtual. Si se mantiene las tendencias actuales, no sería muy difícil predecir que mañana, muchos de nosotros podemos estar padeciendo esta cruel enfermedad.

Aunque sea tan sólo por nuestro propio interés, empecemos desde ahora a combatirla con visión prospectiva, seriedad y rigor multidisciplinar. No hay cosecha para quien no siembra con anterioridad, ni milagros para quien no se loes merece, y tampoco, porque tengamos un martillo como es el sistema de salud actual podemos pensar que todo se soluciona a base de martillazos. El futuro es espacio de libertad si dicho terreno lo abonamos y lo preparamos desde ahora. El futuro depende de nosotros. Lo que bien quiere decir que el Sistema de Salud será otro o, de lo contrario, la solución será casi imposible. (Continuará)

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