Se anuncia una fuerte recaída de la crisis financiera mundial (III)

Las acciones de los mercados de valores están excesivamente infladas. Debido a la nefasta especulación bursátil sus valores están muy por encima del valor real de las acciones que se cotizan. Se calcula que, por término medio, las acciones están sobrevalorados en más de un 70%. En consecuencia, las bolsas son una tremenda bomba de relojería que pesa sobre este modelo capitalista financiero que nos tiene atrapados en un callejón sin salida.

La situación actual nada tiene que ver con el pasado, cuando los mercados que estaban bajistas se volvían muy prudentes, tal como ocurrió en Estados Unidos, en 1930 y en 1970, y en Japón, en 1990. Ahora los mercados de valores funcionan de una manera muy imprudente. Lo que hace pensar que un tipo de especulación ludópata y enfermiza se ha hecho dueña de los mercados bursátiles.

En efecto, es muy curioso comprobar que, en la Bolsa de Nueva York, cuando el dólar baja, el índice Dow Jones sube, y viceversa. El auge que experimentan los diferentes mercados bursátiles se debe a que la burbuja inversora se dirija especialmente hacia la compra de acciones de mayor riesgo y de mayor adicción, de manera que aumentan excesivamente los riesgos. De este modo, a los inversores naturales se les deja menos espacio para obtener sorpresas positivas y mucho más espacio para perder dinero invertido.

En medio de esta perjudicial dinámica especulativa que los diferentes gobiernos mantuvieron y siguen manteniendo gracias a sus irresponsables planes de rescate del sector financiero, las acciones bursátiles se mantiene caras. Si comparamos los precios de las acciones de una empresa determinada con los costes de reposición de los activos de la empresa, la rentabilidad por dividendo apenas alcanza el 2%.

Son acciones que muchos inversores esperan vender, a medida que se les acerque la edad del retiro. Un dato importante a tener en cuenta es que  los nacidos durante el ‘Baby Boom’ —es decir las generaciones que nacieron poco después de la segunda guerra mundial— ya empiezan a alcanzar esa edad de jubilación. Si la puesta de acciones en venta se realiza de manera masiva las consecuencias en los mercados financieros pueden ser gravísimas.

Por otra parte, la bomba de tiempo que suponen los derivados financieros está siendo más grande que nunca y cada vez su peligro y su capacidad destructiva es mayor. Poco antes de que Lehman Brothers colapsara, en lo que ahora se conoce como el nivel de la última burbuja, las empresas financieras que operan en Wall Street contabilizaron en sus libros de contabilidad inversiones arriesgadas en derivados financieros por un valor que superaba la suma astronómica de 183 billones de dólares ($183 trillion). Esta cantidad representaba trece veces el tamaño de la economía de Estados Unidos.

Quien piense que aquello era una locura, tiene razón, lo era. Pero, desde entonces, por la cobardía y/o corrupción de los diferentes gobiernos se ha ayudado al sector financiero sin controlar la especulación. Lo que se ha conseguido es que la especulación vaya en aumento y que la deuda soberana de los diferentes países se haya disparado. Hemos estado sufriendo cuatro años ininterrumpidos de pánico, que han impedido el retorno a la sobriedad financiera y, al final, nos han dejado al borde del abismo.

El estallido de esta renovada gran burbuja financiera está muy próxima. ¿Cuál es el valor de los derivados financieros ahora?. ¡Agárrese a la silla! Tan sólo en Estados Unidos, estamos hablando de 248 billones de dólares ($248 trillion). La suerte del dólar está echada. Es cierto que pronto dejará de ser considerada una moneda universal pero las consecuencias en los mercados especulativos actuales de todo el mundo se resentirán fuertemente.

Será como una especia de tsunami  que derribará los mercados financieros por un tiempo. Aquellos países que antes comiencen a trabajar exclusivamente en la economía real serán los que antes saldrán adelante. Esta puesta en valor de la economía real permitirá que de nuevo las aguas bajen al cauce normal. Sin embargo, antes será necesario repensar el modelo económico y ponerlo en práctica para poder salir de la depresión económica.

La supeditación del crecimiento económico a los limites físicos que impone el agotamiento de los recursos físicos va a ser una condición obligatoria en el funcionamiento del nuevo modelo modelo económico. A su vez, la supeditación, tanto del sector financiero a la economía productiva como de la economía productiva a la prosperidad de los ciudadanos, serán las bases sólidas sobre las que deberá apoyarse este nuevo modelo económico de futuro. Evidentemente, se trata de un nuevo modelo que deberá funcionar en clave de sostenibilidad. (Continuará)

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