Japón, un país al borde de la quiebra (II)

Lo más necio e irresponsable de todas las desgracias que está padeciendo la población japonesa es que, en un país donde se producen varios terremotos al día, no tuvieran un Plan de Contingencia o Plan B para situaciones tan graves como la que, actualmente, Japón está viviendo. Lo más seguro es que hubiera algún ingeniero que lo planteara en su día, pero automáticamente fue silenciado por los jefes financieros de las empresas. Aprobar un Plan B sería haber incurrido en gastos considerados como “gastos extra” y lo más importante para este capitalismo codicioso son los beneficios, por no decir que es lo único que les importa a sus dirigentes.

Con el suministro de piezas que se fabricaban exclusivamente en Japón, ha ocurrido lo mismo. Diseñaron un sistema de fabricación y suministro de piezas y materiales muy complejo para obtener el máximo beneficio empresarial que sólo funciona si las cosas marchan más o menos bien. Los directivos de las empresas, supeditados a las órdenes que determina el máximo valor para el accionista, debieron entender que no siempre las cosas funcionan bien pero miraron a otro lado, de un modo del todo irresponsable, cuando ingenieros, como los de Toyota, plantearon la necesidad de aumentar los gastos de seguridad y de mantenimiento.

De igual modo, tal como algunos técnicos predijeron hace varias semanas, los impactos de los cortes de energía llegarían a afectar a la economía productiva con el tiempo, como así está ocurriendo. Ésta es una característica de los sistemas complejos, que son inherentemente impredecibles y que, por lo general, deben ser observados a lo largo del tiempo para ver qué tipo de comportamientos nocivos se originan cuando surgen cambios importantes en la situación de partida que afectan a todo el sistema.

Los modelos de simulación de sistemas tan complejos son costosos pero, a veces, muy necesarios para anticiparse a los problemas. No se trata de ningún capricho de los ingenieros como se acostumbra a decir desde la dirección de las empresas, demasiado cargada de economistas financieros para los que el negocio de la empresa es fundamentalmente ganar mucho dinero en el corto plazo.

Hoy en día, es evidente que la caída de la producción japonesa está impactando fuertemente sobre la confianza del consumidor, la producción de las empresas y la cadena de suministro y, a medida que la crisis se prolonga en la planta de energía nuclear, el daño a la economía japonesa va siendo cada vez más grave. Como manifestara Takuji Okubo, economista jefe para Japón de Societe Generale: “En Japón, estamos ya en recesión económica”.

Algunos empresarios achacan al famoso sistema de reparto ‘just-in-time’ de ser un factor que está retrasando aún más la recuperación de la fabricación. El futuro podrá ser incierto pero no tanto. Aquellos que se crean la teoría de que el país nipón experimentará una recuperación rápida y que los efectos sobre la economía japonesa serán mínimos, es que no entienden para nada la importancia que tiene la energía en el funcionamiento de las actividades industriales.

En efecto, aunque no podamos predecir exactamente qué es lo que va a pasar de aquí a tres años en Japón y tampoco podamos determinar cuándo un sistema complejo y sofisticado de fabricación —como es el de Japón y que se encuentra tan gravemente dañado— podría quedar como nuevo y arreglado, sí podemos comprender qué tipo de actuaciones habría que poner en marcha para empezar a arreglarlo. Por suerte, y en nuestro caso, dando tan sólo un paso hacia atrás en el tiempo y recordando cómo funcionaba el sistema, nos resultará muy fácil observar que todos los sistemas complejos deben su funcionamiento al flujo continuo de energía que circula a través de ellos.

Sin contar con la energía requerida, estos sistemas, diseñados para producir el máximo beneficio financiero, fallarían porque apenas tendrían margen de maniobra en los procesos de fabricación. Los problemas aumentarían de manera sinérgica cuando dichos productos o bienes intermedios colapsaran la cadena de suministro. Lo mismo que ahora está ocurriendo en Japón y en aquellos países donde existan empresas que, para su fabricación, dependan, exclusivamente,  de las importaciones de piezas, materiales o equipos japoneses. (Continuará)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: