Cuando informar ya no consiste en contar la verdad (III)

Cuando tanto los responsables oficiales de Japón, como los de Estados Unidos y los de otros países informados, comienzan a guardarse datos acerca de la situación real de la central nuclear se empieza a pensar en lo peor. Se podría entender cierta precaución a la hora de hacerlos públicos pero nunca engañando como lo están haciendo. Todos tenemos el derecho a conocer la verdad, al menos en teoría. Pero lo que no tiene perdón es que los medios de comunicación callen ante tanta censura y engaño.

El ejército de Estados Unidos, por ejemplo, tiene acceso a toda la información necesaria que analiza para extraer datos que más tarde se comunican puntualmente a las autoridades japonesas. Sin embargo, Japón es reacio a divulgar las imágenes de la central nuclear tomadas por aviones no tripulados del ejército estadounidense.

En concreto, según fuentes diversas, la semana pasada ya se sabía que el gobierno japonés tenía en su poder un video de la central nuclear Fukushima 1 que había sido filmado por un avión de reconocimiento militar de Estados Unidos, pero que todavía no había sido hecho público.

Las imágenes habían sido tomadas desde un avión no tripulado, RQ-4 Global Hawk, que está equipado con una cámara de alto rendimiento que transmite imágenes, casi en tiempo real, sobre el estado interno de la central nuclear. Estas tomas se transmiten vía satélite a una base militar que la Fuerza Aérea estadounidense tiene en California para su interpretación y posterior envío al gobierno japonés.

A su vez, otra fuente de datos eran las grabaciones del núcleo realizadas por cámaras de seguridad de alta tecnología instaladas por una empresa israelí, Magna BSP, que registran los acontecimientos que ocurren en cada uno de los seis núcleos desde el interior de los reactores. Son cámaras estereoscópicas que recogen imágenes sensoriales y térmicas. Obviamente, estas imágenes también han sido filmadas en los núcleos que han experimentado explosiones y sobrecalentamientos.

En declaraciones hechas al periodico israelí en lengua inglesa,The Jerusalem Post, el pasado lunes, el presidente de Magna BSP, Haim Siboni, declaró que las cámaras térmicas también tenían la capacidad para detectar la presencia de nubes radiactivas en el aire, pero agregó que Magna no había sido capaz de acceder a las imágenes grabadas por las cámaras ya que si bien es capaz de acceder de manera remota a su sistema informático, que recibe las imágenes de las cámaras, la empresa israelí por entonces no había sido autorizada para hacerlo.

Así que, a pesar de que existía mucha información, las autoridades niponas y la empresa eléctrica, Tepco, se encargaban de ésta no se filtrara al público. Los medios de comunicación, tan amantes y defensores cuando quieren de la libertad de expresión y de información, no dijeron ni esta boca es mía. Como dicen en Catalunya: ”El que paga mana”.

De cualquier modo, el análisis de un vídeo ‘shaky-cam’ que se difundió el domingo pasado ya revelaba lo que parecía ser un sorprendente punto caliente en los escombros del reactor 1. También empezaron a aparecer datos muy preocupantes sobre la contamización radiactiva de la zona pero como se confundía deliberadamente radiactividad con contaminación radiactiva parecía que cuando los niveles de emisión radiactiva bajaban también bajaba la contaminación radiactiva del lugar, lo que resultaba ser ya un total engaño.(Continuará)

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