Cuando informar ya no consiste en contar la verdad (I)

Las enormes contradicciones que existen entre las noticias que recibimos desde Japón, acerca del desastre ocurrido en la central nuclear de Fukushima-1, están evidenciando la sarta de mentiras que los medios de comunicación son capaces de manifestar para ocultar la verdad a la gente y ponerse al servicio de intereses espúrios. En efecto, algunos medios se justifican diciendo que es para que no cunda el pánico entre la gente, pero cada vez somos más los que sospechamos que también es para salvar al poderoso lobby de la energía nuclear y a las compañías eléctricas que explotan las centrales nucleares.

Cuando Tepco —la compañía eléctrica operadora de la central nuclear de Fukushima-1— informó que se habían hallado niveles inusualmente altos de elementos radiactivos en el agua del mar de zonas próximas a esa central japonesa, todas las historias relativas a que la central nuclear empezaba a estar controlada y fuera de peligro se esfumaron porque no eran más que humo y paja. El hecho de que los niveles de yodo-131 fueran 126,7 veces superiores al límite establecido, los de cesio-134 estuvieran 24,8 veces por encima de los niveles máximos permitidos y los de cesio-137 también estuvieran 16,5 veces por encima, dejó que la realidad se impusiera a los manejos interesados de la información.

Tras once días después de que ocurriese el tsunami, las últimas jornadas han transcurrido sin mayores novedades, no porque no hayan ocurrido sino porque ya apenas se cuenta nada excepto la noticia de que el cable eléctrico que la compañía tendía hasta los reactores llegaba por fin a su destino. Obviamente, la alimentación externa de electricidad es fundamental para afrontar la refrigeración del combustible nuclear y controlar definitivamente la situación pero en el caso de deterioro en el que se encuentran algunos reactores vale para muy poco.

El lunes pasado, y durante toda la mañana, los trabajadores de Tokyo Electric Power Co., Tepco, la compañía propietaria de la central, estuvieron comprobando si funcionaban o no los equipos eléctricos de los reactores dañados. Pero a la tarde de ese mismo lunes, una columna de humo negro volaba desde el reactor 3 —el más peligroso por contener plutonio en su combustible.

El color negro indicó que se trataba de algún componente que se estaba quemando. Ya no sería vapor de agua como había estado saliendo hasta entonces, a excepción de las explosiones de los primeros días. Se trataba de vertidos radiactivos de sólidos en suspensión debido a las altas temperaturas que se estaban generando.

Se sacaron fotografías y vídeos que indicaban que las temperaturas del foco serían muy superiores a los 3000 ºC y que, presumiblemente, estaría ardiendo metal o residuos radiactivos pero estas noticias no transcendieron pues fueron silenciadas previamente. Este hecho ocurrió tras el anuncio hecho el domingo de que los técnicos de Tepco se habían hecho con el control de este reactor. Otra mentira más que tardaría muy poco en destaparse.

Se quiera o no, es un hecho cierto que la central nuclear de Fukushima-1, la más afectada por el terremoto y posterior tsunami del 11 de marzo, sigue emitiendo radiaciones pero la Organización Internacional de la Energía Atómica, OIEA, decía hasta hace muy poco que ignoraba cuál era la fuente. Lo cual no es cierto ya que existían películas en su poder que lo atestiguaban.

Las condiciones de trabajo en la central nuclear están siendo muy difíciles debido a la alta radiación y al derrumbe de los edificios de los reactores 1, 3 y 4. Y, aún así, con un no disimulado cinismo, algunos “expertos” creen que quizá algún cuadro o circuito eléctrico podría estar dañado pero no lo ven seguro. Parece ser que, según estos “expertos”, las explosiones de hidrógeno que se llevaron el techo y las paredes de los edificios de los reactores, de manera milagrosa, no hubieran destruido ningún cable eléctrico.

La OIEA decía que también carecía de datos sobre las temperaturas de las piscinas de combustible agotado de los reactores 1, 3 y 4. Ante la gravedad manifiesta de la contaminación radiactiva del exterior a la central que se destapó tras la lectura de los datos sobre la contaminación radiactiva del mar, de la leche y de las verduras de la Prefectura de Fukushima, y hasta la del agua de suministro de Tokio. La noticia de que la nube radioactiva que emana la Central de Fukushima-1 ya había llegado a Islandia y a California no tardaría tampoco en producirse.

Las autoridades niponas, que sí habían estado aportando noticias constantemente, ya no pudieron seguir dando informaciones tan confusas y erradas que parecían indicar que el control de la central nuclear era una cuestión de horas. La sombra de la mentira que cubría toda la información que se hacía hasta entonces, por un momento se desvaneció, pero mucho me temo que comience de nuevo.

Se trataría con ello de salvar a la industria nuclear y a las compañías eléctricas que explotan estas centrales de una manera tan irresponsable. En este sentido, cada vez hay más denuncias acerca de que estas empresas oligopolistas, para conseguir los sabrosos dividendos que las compañías eléctricas reparten anualmente a sus accionistas, no dudan en reducir al máximo los gastos de mantenimiento de las centrales nucleares. Las reverencias del presidente de Tepco pidiendo perdón suenan tan falsas como el extendido “je suis désolé” de los franceses.(Continuará)

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