Los coches eléctricos comprometen el futuro de la automoción (III)

Al principio, la diferencia fundamental que uno aprecia al conducir un coche eléctrico, con respecto a los vehículos de motor de combustión interna, es la falta ruidos y de vibraciones. Es alucinante el placer y el sosiego que uno siente cuando el ruido desaparece en la conducción de un coche. Es como si se nos ampliara el grado de percepción y de conciencia necesarios para realizar una conducción dotados del más extremo de nuestros reflejos. Es como atravesar la ciudad conduciendo una brisa.

El eco de los suaves controles del coche eléctrico se mezcla con el amortiguado sonido de las ruedas al rozar sobre el asfalto y produce un silencioso zumbido largo. De hecho, el ruido que saca es tan imperceptible que, sin ningún dispositivo auxiliar de generación de ruido, sería difícil que los peatones paseando por las aceras llegaran a oír el paso de los coches. Ello contribuiría a que la contaminación sonora descendiera sensiblemente produciendo un significativo confort ambiental en las ciudades, demasiado vapuleadas por el ruido del tráfico.

Desde adentro del coche, al presionar el pedal del acelerador se nota una ligera pero mayor resistencia que queda recompensada con el aumento del impulso que genera un motor eléctrico más fuerte. Sin ruido, sin cambios de marchas, con sólo la aceleración, el coche se desliza elegantemente por la carretera. Pero el coche eléctrico nos sorprende aún más todavía cuando apreciamos su escaso consumo y su alto rendimiento.

En efecto, el consumo de energía es ridículo en comparación con lo que consumen los coches de gasóleo o de gasolina. Los coches eléctricos apenas llegan a consumir 2,5 € de energía eléctrica los 100 km, frente a los 7,0 € de carburante que consumen de media los vehículos dotados de motor térmico.

La explicación es bien sencilla. El rendimiento de los motores térmicos, desde el punto de vista de la eficiencia energética, es muy bajo ya que apenas superan un rendimiento del 25%-30%. El resto son pérdidas de calor, bien a través del bloque del motor, del radiador o del escape. Frente a estos rendimientos tan bajos se erige el motor eléctrico con un rendimiento que llega a alcanzar valores próximos al 96%.

En conclusión, tan sólo por razones de eficiencia energética habría que apoyar a los coches dotados con motor eléctrico. La energía útil es igual a la energía que se recibe menos la energía se pierde. En un motor eléctrico, la maxima energía que se pierde se produce en el bobinado. Esta energía se disipa en forma de calor. A esta energía que se pierde en la bobina también se le suele llamar ‘pérdidas en el cobre‘. El resto de las pérdidas son mínimas y se deben a las pérdidas electromagnéticas —llamadas también ‘pérdidas en el hierro’ (histéresis y corrientes parásitas o de Foucault)— y a las pérdidas mecánicas que se producen por roce en los rodamientos, ventilación, etc.

El rendimiento energético de un motor eléctrico es un valor que varía según se trate de motores pequeños o de motores grandes y oscila entre el 85% y el 96%, cuando el motor eléctrico está trabajando a plena carga —en el punto de máxima eficiencia. De cualquier modo, en los motores eléctricos los rendimientos también pueden variar según tipos de motores y de la calidad de fabricación.

Por el contrario, en los motores térmicos ya hemos visto que la mayor parte de la energía se pierde en forma de calor por lo que hay que refrigerar el motor para evitar que los materiales mecánicos alcancen temperaturas de fundición y es ahi donde todavía aumenta más la energía que se pierde. Como resultado nos encontramos que los motores térmicos alcanzan unos rendimientos muy bajos que oscilan entre un 25% para el motor de gasolina y un 30% para el motor diesel.

El hecho de que el motor diesel tenga menos pérdidas de calor es lo que hace que tenga un ligero mayor rendimiento con respecto al motor de gasolina. También éste es uno de los motivos por el que el motor diesel gasta menos carburante que un motor de gasolina para recorrer los mismos kilómetros.

Así pues, y en cualquier caso, dados estas grandes diferencias en cuanto a rendimientos, es un absurdo, una grave falta de responsabilidad y un insulto a los ciudadanos y a las empresas el que, en plena crisis energética, con unos precios de petróleo que cada vez serán más altos, no se apoye, de manera más drástica, el despliegue masivo del coche eléctrico, construyendo cuanto antes la infraestructura eléctrica de carga y de sustitución de baterías que lo permite. Máxime cuando se trata de una infraestructura que se amortiza en muy pocos años, gracias al ahorro que supone la eliminación de importaciones de petróleo y sus derivados. (Continuará)

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3 Responses to Los coches eléctricos comprometen el futuro de la automoción (III)

  1. Dalmata 102 dice:

    Que vengan los coches eléctricos ya y que se acabe con la intromisión de las empresas energéticas en la política!

  2. Jürgen dice:

    Un artículo interesante, gracias.

    Para saber más sobre coches eléctricos recomiendo este libro:
    http://www.green-and-energy.com/es/productos-y-servicios/las-diez-preguntas-mas-frecuentes-sobre-los-coches-electricos/

  3. Me pareció muy completo y claro este artículo.
    un saludo,
    Juan

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