La larga agonía del modelo económico actual (y IV)

En este momento, uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el Congreso estadounidense saliente es al de la posibilidad de prolongar o no, durante otros diez años, los recortes de los pagos a Hacienda por los ingresos fiscales y que benefician con menos impuestos a todos los contribuyentes y, de manera muy especial, a las clases más ricas. Estas reducciones fiscales provienen de la era Bush y su plazo de aplicación expira el próximo 31 de diciembre de 2010. Los republicanos quieren que las reducciones fiscales se prorroguen.

Por el contrario, los demócratas consideran que es una oportunidad para modificar esta norma y hacer que sólo se aplique a los que tienen ingresos por debajo de 250.000 dólares al año, tal como el Presidente Obama y los demócratas desean. El plan de Bowles-Simpson incluye una opción que supondría ampliar la categoría de los que reciben ingresos más bajos y, a su vez, acabar con todos los tipos de impuestos de la era Bush y sustituir la actual tabla de impuestos por otra más sencilla, que tenga en cuenta los impuestos más bajos y donde las ventajas fiscales sean menos numerosas.

En caso de prorrogar otros diez años todos los recortes fiscales que se aprobaron durante la presidencia de Bush, la Administración federal dejaría de recaudar, hasta el año 2020, una cantidad de dinero que sumaría más de cuatro billones de dólares y que serviría para reducir significativamente la deuda. Casualmente, es la misma cantidad que se pretende recortar en base a otras alternativas más penosas como son las debidas a los recortes de gastos sociales opciones durante el mismo período de tiempo.

La propuesta de simplificación de la tabla tributaria podría derogar o modificar una serie de exenciones fiscales que son consideradas como muy populares —se incluyen las deducciones por pagos de intereses hipotecarios— de manera que los tipos del impuesto sobre la renta podría reducirse en base a una nueva tabla. En una de las opciones planteadas, para el grupo de ingresos más bajos los tipos impositivos sobre la renta se reducirían hasta un mínimo del 8% —ahora es el 10%— y hasta el 23% para las rentas más altas —en la actualidad es el 35%. La tasa del impuesto de sociedades que ahora es del 35%, podría reducirse hasta un mínimo del 26%.

Sin embargo, lo que las tasas de impuestos vayan a bajar dependerá de cuantas ventajas fiscales sobre los impuestos se reducen o se eliminan. Algunas de estas ventajas, como la deducción por intereses hipotecarios y la exención de impuestos para gastos de salud de los trabajadores, se considera que tienen un marcado carácter político de “vacas sagradas”.

Entre 2013 y 2015, el impuesto federal de gasolina de 18,4 centavos por galón aumentaría en 15 centavos de dólar con el fin de que los gastos de transporte ya no necesiten cubrirse con el dinero de la Hacienda pública.

El plan que, provisionalmente, se propone perseguiría reducir el gasto de dos dólares por cada dólar que se recaude como nuevos ingresos. El gasto total sería cercano al 22% del PIB y los ingresos se situarían en torno al 21%.

Los recortes en el gasto anual que se realiza de manera discrecional, tanto a nivel de de política interior como militar, serían los mayores de las últimas décadas. Los subsidios y ayudas agrícolas se reducirían. De igual modo, y para reducir aún más el crecimiento en los programas de ayuda social que son de rápido crecimiento, el plan también perseguiría un importante ahorro de los costes sanitarios relacionados con el cuidado y atención a la salud.

Dentro de un mes sabremos hasta donde ha llegado este ambicioso proyecto de reducción del deficit presupuestario pero mucho me temo que el resultado será un tanto descafeinado.¡Mucho ruido y pocas nueces!

Y mientras tanto, en Europa continua la saga de los países quebrados que nunca podrán llegar a pagar la deuda que han amontonado. Junto con Estados Unidos, Irlanda, Grecia, España, Italia, Reino Unido y Portugal se enfrentan a una cruda realidad. Son países que han vivido muchos años por encima de sus posibilidades. Recurrieron irresponsablemente al crédito internacional y lo más seguro es que no puedan devolver nunca más lo prestado.

La solución no residirá en lograr hacer las mayores quitas sino en cambiar de modelo económico. Una transición que cuanto más tarde se logre, más larga y dolorosa será la agonía del obsoleto modelo neoliberal sobre el que hemos basado nuestro lamentable e insostenible desarrollo económico. Un claro ejemplo de lo que puede llegar a hacer la codicia de unos pocos —aunque también poderosos plutócratas— que es capaz  de hipotecar el futuro de todos por el lucro enfermizo de un puñado de avaros.

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