La larga agonía del modelo económico actual (I)

La crisis económica se está agravando en Estados Unidos. Un país muy poco competitivo donde el sector industrial contribuye tan sólo al 11% del PIB y que sufre un importante déficit presupuestario y una balanza comercial negativa de manera crónica. Si, tal como resulta evidente, la economía estadounidense no es competitiva, el Gobierno de Washington deberá enmendar el presupuesto federal. Para ello, la Comisión de la deuda, designada por el Presidente Barack Obama, y conformada por demócratas y republicanos, comenzó a trabajar sobre la base de dos ideas: limitar las deducciones fiscales y establecer estrictos techos tanto para el ingreso como para el gasto federal.

En caso contrario, el resultado sería una deuda nacional galopante que llegaría a amenazar con absorber su economía, como si fuera un agujero negro, y llevaría a Estados Unidos a la quiebra soberana, con resultados nefastos para el resto de los países del mundo, especialmente para los países asiáticos que son sus principales acreedores. El recurso a devaluar el dólar, dándole a la manivela de editar dólares, es tan sólo la punta del iceberg de lo que que avecina con la guerra de las divisas.

Otras actuaciones son también esperadas. Los recortes de los gastos sociales y los aumentos de los impuestos son también unas de ellas. Pero esto último no está muy claro. Depende del poder de la plutocracia y de la coherencia y puesta en práctica de la transición a un nuevo modelo económico sostenible por parte de los demócratas

En efecto, los presidentes de la Comisión bipartidista del presidente Obama resaltaron la importancia estratégica que tiene la reducción de la deuda nacional de Estados Unidos. Para ello, señalaron la necesidad de emprender una política provocativa y, en consecuencia, lanzaron un paquete ambicioso de recortes de gastos y de aumentos de impuestos que lo más probable abrirá un fuerte debate.

Seguramente será estéril y lo único que hará será hacer perder el tiempo a un mundo que se ahoga en su modelo neoliberal de la economía. De cualquier modo, una cosa cierta es que, tras el triunfo de las tesis del ‘Tea Party’ este debate hará sufrir al país norteamericano durante los próximos años.

Para el senador Kent Conrad, presidente del Comité de Presupuesto e integrante de la Comisión de la Casa Blanca, Estados Unidos se enfrenta a la posibilidad real de convertirse en “una potencia económica de segundo nivel” si no se afronta el déficit superior al billón de dólares.

Con este objetivo, el plan propuesto por la Comisión bipartidista persigue realizar profundos recortes tanto del gasto interno como de los gastos militares, un aumento gradual del impuesto federal a la gasolina de 15 centavos por galón, limitar o eliminar los recortes o deducciones de impuestos tanto para las rentas más bajas como para los beneficios y, finalmente, retrasar la edad de jubilación para poder acceder a las prestaciones sociales.

Con estas medidas, se persigue reducir el despilfarro y el fraude pero se considera que no basta para resolver el problema del déficit. Por ello, se insiste en que los cambios a los programas de seguridad social —sanidad y régimen de pensiones— son necesarias debido a que ambos programas se encaminan hacia la insolvencia.

El debate está servido. Si bien es cierto que la gente quiera mantener lo que ya tiene, también es cierto que deberá valorar si lo que tiene es sostenible o no. El hecho de que se esté produciendo un mayor concentración de la riqueza en manos de unos pocos. La política fiscal en lo que se refiere a la sostenibilidad y distribución de la renta es otro de los puntos del debate. Los ricos deberían pagar muchísimo más de lo que hacen pero sobre este punto la Comisión bipartidista apenas lo ha hecho.

Estos cambios y otros más parecidos —ninguno de los cuales entrarían en vigor antes del año 2012 para evitar que se socave la recuperación económica tibia— reduciría en casi cuatro billones de dólares el déficit presupuestario para el 2020, y lograría estabilizar la deuda acumulada.

Sin embargo, existen voces discordantes con la negociación desarrollada dentro de la Comisión bipartidista que el primero de diciembre como fecha límite para la presentación de un plan final. Nadie duda de que el posible acuerdo representa todo un reto para ambos partidos.

Para los demócratas, después de haber sufrido el varapalo de las últimas elecciones, donde perdieron la mayoría de la Cámara de Representantes, significaría poder demostrar que se toman en serio sus promesas de dar soluciones a los déficits a largo plazo y, para los republicanos, significaría demostrar que no están al mero servicio de los plutócratas, a pesar de que, en su mayor parte, ya hayan descartado tan sólo estudiar una eventual subida de los impuestos, en total contradicción con sus promesas de impulsar las adhesiones a la responsabilidad fiscal. (Continuará)

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