La energía eólica marina gana adeptos (III)

El ‘impacto visual’ es una interesada ‘enfermedad’ moderna —por no decir una triquiñuela decadente y burguesa— que, al parecer, abunda mucho a la hora de oponerse a la energía eólica pero de la que, hasta la fecha, no se conoce ningún accidente mortal y, a pesar de ello, se utiliza demagógicamente, cuando se quiere disimular el egoísmo opositor a proyectos que son buenos y necesarios para la comunidad pero que perjudican a unos pocos ególatras insolidarios.

En el caso del proyecto ‘Cape Wind’, que se pretendía ejecutar en Massachusetts, las estúpidas objeciones de los residentes de las urbanizaciones costeras de Cape Cod ganaron. Estas objeciones se debieron a que, con la construcción del parque eólico marino, los propietarios de las villas residenciales perderían las hermosas vistas de un océano sin aerogeneradores.

Como si para que estos residentes de Cape Cod disfruten de unas prístinas vistas desde sus chalets no habrán tenido que perder vistas de espacios naturales los demás. Las han perdido y han sido muchos los que lo han hecho para que otros vivan mejor. Pero también lo siguen haciendo para dejarles paso a estos insolidarios hasta su residencia —convirtiendo así el hermoso suelo herbáceo de los demás en asfalto para ellos.

No olvidemos tampoco que también son muchos lo que han perdido sus ‘vistas de la naturaleza’ para que estos cicateros residentes puedan echar sus basuras en algún sitio, para tratar las aguas sucias que ellos producen, para que puedan comunicarse con sus móviles entre un mar de antenas que las soportan las casas de otros, para que consuman energía eléctrica que para generarla recalentamos el planeta y llenamos de postes y líneas eléctricas el resto del territorio, etc.

Una vez más, gracias a la estupidez humana, el debate se centró en la metrosexual  e inmadura pregunta: “¿Qué ropa me pongo mañana?” cuando la verdadera pregunta de fondo era: “¿Mañana de qué vamos a comer si sube el precio del petróleo?”

Sin embargo, los patrocinadores del proyecto de la línea eléctrica submarina ‘Atlantic Wind Connection’ tendrán más suerte ya que los aerogeneradores, situados lejos de la costa atlántica, ofrecerán menor ‘impacto visual’, aunque bien es seguro que saldrán otras objeciones del poderoso lobby que se opone a las energías renovables y los tontos útiles de turno, algunos incluso disfrazados de eco-fascistas.

Por otra parte, los obstáculos a los que enfrenta el proyecto también tienen más que ver con los procedimientos administrativos que con los problemas de ingeniería o con los debidos a sus resultados económicos.

Por ejemplo, para cuando el Departamento de Interior adjudique los permisos para la construcción de dicha línea eléctrica de transporte submarino, el programa de ayudas federales a la energía eólica ya habrá concluido en el 2012. Otra dificultad u obstáculo añadido es el que podría plantear el grupo regional de la electricidad responsable de aprobar el proyecto, PJM Interconnection.

Este grupo eléctrico —que también se encargaría de evaluar a las empresas eléctricas de distribución que forman parte del proyecto en base a los costes resultantes— hasta el momento, no tiene ninguna herramienta de cálculo, ni ningún procedimiento integrado para efectuar la evaluación estimada del valor añadido que las tres tareas a desarrollar por la línea eléctrica submarina ‘Atlantic Wind Connection’ lograrían: conectando nuevas fuentes de generación de energía eléctrica, reduciendo la congestión en el transporte eléctrico y mejorando la propia fiabilidad de la red eléctrica.

A su vez, existe el recuerdo de que, en el pasado, los políticos de Virginia ya se opusieron una vez al transporte de electricidad interestatal porque temían que, al nivelarse los precios eléctricos en todos los Estados del Atlántico Medio, posiblemente se elevarían los precios de la electricidad para sus electores. Las posibilidades de que vuelva a ocurrir lo mismo prevalecen, aunque, esta vez, sean mucho más remotas.

Pero, a pesar de todo, el atractivo que ofrece el viento del Atlántico es muy fuerte. En aquella zona, el Océano Atlántico tiene unas aguas que son relativamente poco profundas y que se extienden hasta decenas de millas de la costa, a diferencia de las costas que son bañadas por el Océano Pacífico en Estados Unidos, donde el suelo marino se desvanece de manera muy abrupta. (Continuará)

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