La caída del neoliberalismo (y VI)

El sistema que conforman las sociedades actuales se encuentra en plena batalla interna. En medio de esta profunda crisis económica en la que vivimos, esta batalla se nos muestra aún más encarnizada. En todos los países, en unos más que en otros, existe una fuerte tensión dinámica entre dos principios antagónicos: un principio que abarca el individualismo, el egoísmo, el despilfarro consumista y las desigualdades sociales, por una parte; y el principio que abarca a la comunidad, la solidaridad, la sostenibilidad y la equidad social, por la otra. Las formas que adopta un determinado sistema socioeconómico se encuentran siempre en movimiento en base a las relaciones de poder.

De manera permanente e inmanente, toda política noble y sana se preocupará por el largo plazo y por encontrar soluciones y compromisos que persigan la satisfacción de la felicidad de los ciudadanos, en el corto, medio y largo plazo. Para luchar contra el nuevo Leviatán que defiende la felicidad de unos pocos —en un contexto de recursos limitados y a costa del sacrificio y sufrimiento de muchos— un intervencionismo limitado de los gobiernos es una necesidad que se encuentra en los mismos genes de la democracia.

Sólo, a partir de la intervención de los gobiernos es como se pueden introducir elementos que equilibren las relaciones de fuerza entre los ciudadanos, independientemente de la riqueza que ellos tengan. Si el capitalismo ha sobrevivido hasta hoy en día, ha sido porque ha estado contaminado por algunos virus del socialismo. La economía social de mercado es una realidad que conviene defender a toda costa.

Si ahora, aprovechando la crisis, se intenta rechazar todos los elementos del socialismo que la democracia ha sabido integrar, sería el preludio de futuras catástrofes, donde la violencia y las revoluciones sangrientas no estarían descartadas. Pero tampoco se puede defender que haya trabajadores que gocen de privilegios que no puedan extenderse al resto de los trabajadores.

Me refiero a los funcionarios y asimilados que se han atrincherado en el lobby de aquellos que tienen el empleo asegurado de por vida. Debo recordar aquí que la crisis también viene como consecuencia de que las cargas públicas nos resultan ya insoportables para el normal desenvolvimiento de la economía. Cualquier persona honesta, que sea mínimamente inteligente e informada -bien sea ideológicamente de derechas o de izquierdas—  considerará que el sector público requiere una urgente cura de adelgazamiento y una gran mejora de sus niveles de productividad y eficacia.

Si, en el futuro, se mantuvieran estructuras lobbistas o de grupos de presión del modelo socioeconómico obsoleto vigente —también conocidos como rentistas del sistema— y que nos está llevando hacia la Tercera Depresión económica, sería una regresión de los principios que rigen y sustentan la democracia. Un logro que la humanidad tan a duras penas ha conquistado. Si se perdieran dichos principios de la democracia, los gobiernos se transformarían en meros gestores del presente y abandonarían la construcción del futuro a la “suerte” de unos pocos plutócratas.

Los gobiernos sólo actuarían para socializar las pérdidas de los plutócratas y privatizar sus beneficios, al tiempo que la función más importante de la política, el arte de la política —el arte consistente en preparar el futuro— se olvidaría. Una idea añadida —y que también resulta del todo evidente— sostiene que, mientras persistan las ideas neoliberales rigiendo los destinos de nuestra civilización, seguiremos en declive hasta que, finalmente, se produzca la caída del neoliberalismo y nuestra propia caída.

La caída del neoliberalismo es un hecho. La duda es si con el neoliberalismo caerá también la humanidad entera. El neoliberalismo es un modelo inviable que para sobrevivir necesita unos precios de la energía que sean baratos. Algo que ni la naturaleza, ni la tecnología misma podrán ofrecerle a un mundo cuya población crece constantemente y que basa su crecimiento económico en el consumismo y su consecuente despilfarro. Además, la crisis energética está ya a la vuelta de la esquina. Necesitamos un modelo basado en la economía sostenible cuanto antes. Sólo la cobardía y la corrupción política mantienen a la bestia del Leviatán con vida. ¿Es así como queremos ser recordados?

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One Response to La caída del neoliberalismo (y VI)

  1. snk dice:

    Desgraciadamente, es todo bien cierto

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