La caída del neoliberalismo (V)

La doctrina del liberalismo que enseñara Adam Smith estaba destinada a demostrar que una sociedad podía existir sin la omnipotencia del Estado absoluto. Era una doctrina revolucionaria dirigida contra el poder del absolutismo, del Leviatán de aquellos tiempos. Sin embargo, en ningún momento, Adam Smith se imaginó que una sociedad podría vivir sin contrato social.

En una democracia, la política es fundamental para lograr la aplicación óptima del contrato social. El Estado actúa como garante. Asumir que, por principios, el gobierno del Estado deba ser impotente o que su actuación siempre será un daño o perjuicio para con la economía, es algo cínico e irracional. Se podrán denunciar abusos en su intervencionismo pero siempre son actuaciones que dentro de una democracia se pueden corregir. El principio de subsidariedad podría ser la solución. Pero de ahí a considerar que el gobierno es el problema y que no debe intervenir en la economía es no entender lo que es la democracia. Un gobierno, de cualquier país, no puede hacer dejación de sus responsabilidades. Lo contrario sería más bien decretar la inutilidad del contrato social y regresar, de nuevo, a la edad de la barbarie.

La desaparición de los regímenes comunistas de los países del Este fue una victoria de la democracia. Sin embargo, el nuevo Leviatán nos lo presentó como si fuera una victoria del neoliberalismo. Hace casi veinte años escribía que si el capitalismo cayera en la trampa del nuevo Leviatán y excluyera a la política del juego económico, con el tiempo convertiría al sistema en una democracia corrupta y desestabilizadora de la paz social, lo que contribuiría a su propio hundimiento. Hoy en día, constatamos que esto es evidente y que, además, como despedida nos ha dejado el regalo envenenado de una crisis sin precedentes.

La casi desaparición del comunismo sobre la faz de la Tierra, no sería más que el preludio de la desaparición del capitalismo. Nunca, en ningún periodo de la historia del hombre, los errores y malfuncionamientos de la economía habían sido mayores que los actuales: desempleo masivo, corrupción política, inaguantable apalancamiento de la economía, impresionante aumento de las desigualdades en el interior de los países desarrollados, aumento del “gap” entre los países ricos y los países pobres, etc., no son más que datos que no pueden y no van a dejar a la democracia indiferente, al menos durante muchos años.

Vivíamos en un sistema formado por “democracias de mercado” que todavía se podrían recuperar. La Tercera Depresión económica se encargará de dejar las cosas en su sitio. Pero no olvidemos nunca que, según el neoliberalismo o Leviatán, el control de los mercados se debe basar en el sufragio censitario, donde la participación en el poder sea proporcional a los recursos económicos y financieros que cada uno tiene. Por el contrario, la democracia se apoya en el sufragio universal donde cada persona es un voto, independientemente del dinero que tenga.

Por eso son enemigos irreconciliables Leviatán y democracia. El Leviatán quiere que sean los más ricos los que detenten el poder real y, por este motivo, la democracia ha de luchar contra los privilegios de unos pocos —en nuestro caso,  contra los privilegios de los lobbies, de los rentistas del sistema— que quieren usurpar el poder al pueblo soberano y seguir imponiendo un modelo económico basado en el consumismo y el despilfarro ya caduco y obsoleto. Los límites que imponen la escasez de muchos recursos naturales y el deterioro climático no dan mucho más de sí. (Continuará)

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2 respuestas a La caída del neoliberalismo (V)

  1. snk dice:

    La plutocracia siempre ha estado al acecho, aguardando su turno para hacerse con el poder. Cuando el poder era de la nobleza se hizo nombrar conde o marqués en pago a favores al rey. Cuando el poder se hizo burgués se volvió republicano y hasta hubo un tiempo en el que fue demócrata. Pero a partir de finales del siglo pasado, se volvió antidemócrata. No lo dice pero actúia de ese modo.

    Lo explica muy bien Paul Adams en su artículo “Plutocracia versus democracia”:

    “De hecho, el enorme poder político que se ha desplegado este año para hacer una eficaz resistencia junto con los grandes bancos a las reformas en el sector financiero, a pesar de haber causado el sector financiero un inmenso dolor y sufrimiento al pueblo estadounidense, también es incompatible con la democracia.

    No importa si un miembro del Congreso o un senador es republicano o demócrata, conservador o liberal, libertario o progresista, pro-elecciones o anti-elecciones, pro-medio ambiente o en favor de quien contamina, urbano o rural o suburbano. Si estás en contra de dividir en pequeños bancos a los grandes bancos para que éstos tengan menos poder, sean menos peligrosos y desestabilizadores para la economía, es que estás en contra de la democracia y a favor de la plutocracia.”

    Por lo demás, ¡Enhorabuena Juanjo por la marcha y la onda del blog!

  2. Dalmata 102 dice:

    No sé si todos somos iguales ante la ley. Lo que si sé es que unos, los más ricos, lo son más que otros. Y donde la corrupción política es alta sólo son unos, los más ricos, el resto no pintamos nada.

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