Tomas Moro y los rentistas del sistema (II)

Por si fuera poco, en tiempos de Thomas More, la incompetencia y la mediocridad que caracterizaban a los monarcas y los príncipes de sus época producía unos efectos tan nefastos y desastrosos en el gobierno de sus reinos que hasta los más tranquilos y confiados vasallos comenzaban a mostrarse temerosos de su suerte.

Los monarcas y príncipes, halagados por los grandes comerciantes, habían despilfarrado fortunas en guerras, en la construcción de palacios de capricho y en la celebración continua de grandes faustos y bacanales. Así pues, la mayoría de los monarcas europeos habían gastado todo lo que tenían y lo que no tenían también.

Muchos reyes y príncipes quebraron y para financiar sus enormes y crecientes deudas no se les ocurrió otra cosa que la de aumentar y aumentar los impuestos y vender parte de sus extensos dominios a burgueses enriquecidos y a nobles poderosos, sin importarles un comino las consecuencias que ello tendría para el empobrecimiento de sus siervos, muchos de ellos sometidos al desarraigo forzoso y al expolio fiscal. Todo ello tuvo unas consecuencias desastrosas que impulsaron la avaricia y la especulación entre nobles, clérigos y comerciantes.

De este modo, se crearon, de la noche a la mañana, grandes fortunas que fueron precisamente quienes manejaron los hilos, no sólo del comercio, sino también de la política. A los pequeños agricultores —muchos de ellos siervos de la gleba aún— se les echaba de las tierras donde habían vivido y trabajado sus campos durante generaciones. Eran las tierras. propiedad del señor feudal, que, hasta entonces, habían sido la base de su sustento y el de sus familias. A su vez, en las ciudades se marginaba a estos campesinos humildes que habían sido echados a los caminos, expulsados de sus casas y tierras por sus, hasta hace poco, sus señores feudales, los nobles y abades. Para poder mantener a sus familias, se les obligaba a vivir de trabajos temporales malpagados o a refugiarse en la mendicidad, cuando no a tener que vivir del robo y de la violencia.

Thomas More escribía sobre lo que estaba sucediendo entonces lo siguiente:

“…la atmósfera se muestra taciturna, las gentes están inquietas y crispadas en razón del deseo de mantener sus derechos adquiridos. Los universitarios se empecinan, perdiendo el tiempo miserablemente, en discutir sobre detalles nimios y que no tienen ninguna utilidad. Algunos burgueses siguen reclamando con vehemencia que se ahorque a los holgazanes, vagos y maleantes. Otros predican la vuelta a las tradiciones e incluso, algunos que se creen los más sabios, optan por ocultar su desesperación en el cinismo.
No quieren saber nada acerca del “qué hacer” y el “adónde ir” y prefieren mantenerse eternamente en la duda: o bien transigir ante el monarca o el príncipe, cortejándoles lo suficiente como para que ello les permita llegar a ser su consejero, o bien rechazar cualquier compromiso con la defensa del sistema y preguntarse si, finalmente, no será lo económico la causa de los males que padecemos y si, al final, no sería menos cierto que es el hombre, suficientemente animado por el deseo y la razón, quien podría emprender, por sí solo, la reconstrucción del mundo…”.

Poco más o menos, éste era el mundo y el dilema que se encontraban viviendo tanto More y Erasmus como Machiavelli. Así lo sentía profundamente Thomas More cuando, en 1516, terminó de escribir su obra literaria que lleva por título “Utopía”. Lo que para el que fuera canciller de Enrique VIII de Inglaterra resultaba una crisis sin precedentes, sería algo que, sin embargo, a pesar de los siglos transcurridos, se convertiría en un episodio que se repetiría a lo largo de la historia y que ahora nos resulta tan familiar y conocido, cuando también nos encontramos al final de una era. La crisis que padecieron los coetáneos de Thomas More fue también una situación muy parecida a la grave crisis económico-financiera que nos encontramos sufriendo, hoy en día, cuando entramos en el último cuatrimestre del año 2010.

La coyuntura actual tiene numerosos parecidos con la que conoció Thomas More, a finales del siglo XV. El letrado inglés también vivió un mundo en crisis, sujeto a profundas transformaciones y sin embargo, fue un modelo de cómo huir del fatalismo y del determinismo histórico, poniendo toda su esperanza en la urgente necesidad de alcanzar un nuevo humanismo en base a la voluntad y a la razón. La Universidad, la de hoy como la de ayer, vivía anclada en sus compartimentos estanco llenos de retórica. Vivía inmersa en sus clásicos, en sus asignaturas y en sus disciplinas. Sin embargo, para More, en la vida apenas existían las asignaturas. Lo que había eran problemas y muy grandes y complejos, por cierto. (Continuará)

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2 Responses to Tomas Moro y los rentistas del sistema (II)

  1. Lourdes P dice:

    Soy lectora en la trastienda de tu blog. Gracias por hacernos reflexionar de manera diferente. Me está gustando mucho esta entrega de Thomas More.

  2. Sirenita dice:

    A mi tambien me esta gustando esta entrega

    Sl2 🙂

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