Prospectiva eléctrica 2025 (II)

A su vez, la estrategia eléctrica que se propugna no puede sustraerse de la problemática energética global. Es cierto que, para un lejano año-horizonte 2050, no requiere plantear la emergencia del ‘Peak Oil’. Se da por hecho que el ‘Peak Oil’ se producirá bastante antes. Sin embargo, cuando acortamos los plazos y el año-horizonte lo acercamos a la década 2011-2020, necesitamos que los objetivos estratégicos se conviertan en objetivos que sean mucho más rupturistas con el pasado. Además, las probabilidades de entrar en una depresión económica son cada vez mayores.

3.- Garantizar que todos los sectores internalizan los costes de las emisiones de gases de efecto invernadero

El logro de reducciones significativas de las emisiones de CO2 en Europa requiere que todos los sectores desempeñen su papel en la reducción de emisiones. Para evitar las distorsiones del mercado, los responsables políticos deben establecer mecanismos que exijan a todos los sectores económicos internalizar los costes de sus emisiones de CO2.

Es necesario tener en cuenta todo el sistema energético en su conjunto y hacer hincapié en que las ganancias de eficiencia energética que logran a través de la electrificación darán lugar a una reducción de los costes de la energía como porcentaje del PIB.

4.- Promover activamente un acuerdo internacional sobre el cambio climático

Gran parte del beneficio económico de contar con un sector energético, neutro en emisiones de carbono —dentro de una economía de la UE de bajas emisiones de carbono— se derivan del hecho de tener un mercado internacional del carbono. Al tiempo que ello anima a Europa para continuar con su papel de líder en la promoción de un acuerdo internacional sobre el cambio climático, también debe ser reconocido que deberán llevarse a cabo fuera de Europa unas reducciones significativas de CO2. Por lo tanto, los responsables políticos deberán garantizar una transición adecuada hacia un compromiso global sobre el cambio climático, la cual brinda el marco político adecuado para realizar inversiones en tecnologías de bajas emisiones de carbono.

5.- Asegurarse de que las instituciones públicas adoptan un papel de liderazgo en materia de ahorro y eficiencia energética, adoptando normas e incentivos que ayuden a los consumidores a elegir tecnologías que sean más eficientes energéticamente

Sin el uso eficiente de la energía, Europa no será capaz de cumplir sus objetivos de reducción de carbono. Sin embargo, tanto las barreras comerciales como las no comerciales, así como las condiciones que influyen en las decisiones económicas que tienen que tomar los particulares, siguen impidiendo a los clientes aprovechar plenamente el gran potencial que tiene el ahorro y la eficiencia energética.

Es importante señalar que la mayor parte de las inversiones adicionales necesarias para reducir el consumo final de energía tendrán que ser realizadas por los usuarios finales en otros sectores diferentes del sector de la energía. Sin duda, todo esto constituye un reto para la propia formulación de políticas. En consecuencia, el desarrollo y difusión de la tecnologías de eficiencia energética necesita el apoyo de las instituciones públicas —por ejemplo, mediante la adopción de normas sobre productos y edificios que consumen energía y sobre las nuevas tecnologías— y, en su caso, se necesita el establecimiento de incentivos para alentar a los consumidores a invertir en estas tecnologías.

6.- Impulsar la aceptación pública de las infraestructuras energéticas modernas

La participación de todos los actores interesados — stakeholders— y de todos aquellos quienes toman las decisiones es del todo necesario para contribuir al aumento de los niveles de comprensión pública de la necesidad de infraestructuras energéticas para satisfacer los objetivos climáticos de la energía. Al mismo tiempo, y sin menoscabo de la integridad ambiental del ecosistema, los procedimientos de concesión de licencias deben ser más ágiles y sencillos, a fin de fomentar las inversiones oportunas en el sector eléctrico.

Las regulaciones en ahorro y eficiencia energética y en la producción y consumo de las energías renovables reducen los gastos y mejoran la calidad del suministro eléctrico, lo que coloca a las empresas en una posición competitiva superior en el mercado internacional así como a la productividad que también mejorará.

Debemos contemplar a la contaminación como un despilfarro. En efecto, es un despilfarro de recursos, es un despilfarro de energía y un despilfarro de materiales.  Las empresas que eliminen estos despilfarros estarán utilizando de forma más productiva tanto su capital como su tecnología y sus materias primas para producir el máximo valor y así ser más competitivas.

Una vez establecidas las normas de ahorro y eficiencia energética y de uso de renovables es necesario impedir que los lobbies presionen para que las normas no funcionen.  Es necesario que no metan las narices ni los abogados, ni los grupos de presión y que solo trabajen en la aplicación y mejora de estas normas los técnicos y los ingenieros. No olvidemos nunca que la  mejor energía es aquella que no necesita ser generada porque se ha suprimido la demanda. (Continuará)

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