Prospectiva para necios

A los seres humanos nos cuesta admitir que el porvenir no nos viene hecho y que tampoco está predeterminado. Para una gran mayoría, son los dioses los que deciden nuestro futuro y nuestra única solución es rogarle al Creador de este mundo y a quienes le representan, según las diferentes religiones, que tengan piedad de nosotros. Incluso, son muchos los agnósticos que piensan que el azar es una especie de diosecillo que regula nuestras vidas y que ante él apenas tenemos márgenes de libertad.

Por el contrario, discrepando abiertamente con estas posiciones tan psicópatas e insanas, considero firmemente que el determinismo es una falacia y que su apología se utiliza para jugar con nuestras vidas y con nuestras libertades. Sostengo que el porvenir se encuentra abierto a un amplio abanico que engloba numerosos futuros posibles y que al irse concretando, su realidad, dependerá en un 85 % de lo que hagamos ahora para alcanzar un futuro u otro. De nosotros depende, pero es igual, porque no somos tan inteligentes, ni tan valientes como pensamos. Somos necios hasta decir basta, al cabo de transcurridos cien años.

Pero proclamar que el futuro no está predeterminado no es algo gratuito. Ello exige un fuerte compromiso. Significa también afirmar que el futuro es esencialmente desconocido y que, por lo tanto, no puede existir una futurología considerada como una ciencia que adivine el futuro. Por mucho que nuestros modernos instrumentos de investigación pretendan sustituir a la lectura de la mano, a la bola de cristal, a las cartas del tarot y a los posos del café o del té por potentes sistemas expertos, ello nunca nos permitirá predecir con exactitud qué es lo que sucederá en el futuro. El futuro es una página en blanco que nos queda por escribir. Quién diga que el futuro será exactamente de una manera o de otra cometerá una impostura.

Supongo que, como seres inteligentes que somos, a más de uno le decepcionará el hecho de que afirme que nunca inventaremos una máquina capaz de adivinar el futuro. Julio Verne e Isaac Asimov cuando escribieron sus novelas no pretendían más que relatar una ficción. Precisando aún más, también sostendré que, debido al ritmo acelerado de las mutaciones, el nivel de incertidumbres con respecto al futuro va creciendo, lo que hace más difícil el trabajo de quienes intenten vanamente predecir el futuro. Por dicha razón, cuando se considera que el futuro no se prevé sino que se inventa y que, por tanto, se construye, es cuando la Prospectiva adquiere todo su valor y significado como fuente reductora de angustias y de incertidumbres que es.

Desde los comienzos de la historia, las ansías y la inquietud que han manifestado los hombres por conocer el futuro han sido tremendas. Los oráculos y las pitonisas han jugado un gran papel en la adivinación del destino. Sin duda, podríamos afirmar que, hoy en día, esta inquietud no está dormida. Por el contrario, se ha acrecentado en la medida que ha aumentado y acelerado la velocidad con la que se producen los cambios. De igual modo, observamos cómo las rupturas con el pasado, día a día, se multiplican y cómo una extraña sensación de caos se imponen en nuestras vidas, acabando con la existencia de un orden que, hasta hace unos pocos años, considerábamos que estaba perfectamente reglamentado.

Éstas son unas de las razones de nuestra angustia y de nuestros temores actuales ante la crisis. Son temores que crecen en la medida en que se amplia el abanico de los futuros posibles —desgraciadamente, cada vez, peores— y que nos abruman cuando comprobamos que, en cualquier caso, las incertidumbres van creciendo siempre y, de este modo, resultan ser cada vez mayores los riesgos de equivocarnos, máxime cuando cada vez desconfiamos más de nuestros políticos al servicio de los oligarcas.

Nuestro modelo socioeconómico poco a poco se va agotando. Es imposible que la economía real respire en medio de un océano de especulaciones financieras que ya no buscan la creación de valor y de empleos sino que tan sólo se preocupa del lucro. Este mundo se muere y somos tan estúpidos que sólo lo arreglaremos cuando lo hayamos perdido casi todo. Y todo por no querer preparar el futuro con anticipación para que los rentistas del sistema puedan seguir disfrutando de sus privilegios el mayor tiempo posible.

Sin embargo, no deberíamos caer en la fatalidad ni el pesimismo. La salida es luchar apostando por la transición al nuevo modelo socioeconómico en clave de sostenibilidad y, para ello, nuestra mayor baza es trabajar por el largo plazo desde ahora. El presente está completamente hipotecado y endeudado como nos lo muestra la situación financiera actual del mundo. La Prospectiva es también la Ciencia de la Esperanza.

Pero también es difícil que la Prospectiva trabaje para nosotros cuando es muy poco lo que la utilizamos. No deberíamos olvidar tampoco que los hombres y mujeres somos unos seres limitados y que, desde siempre, consciente o inconscientemente, sobre todo en épocas de fuertes crisis, hemos tendido a confiar la superación de nuestras desgracias en los charlatanes más demagogos.

Mi preocupación es que, como parte integrante de la masa humana que somos, cedamos nuestras libertades a los que siempre nos engañaron sobre nuestro futuro e implantaron las dictaduras. El hecho de que estemos viviendo una época caracterizada por el liderazgo del capitalismo avaricioso, la corrupción y la mediocridad de la política, nos perjudica aún más. Se acerca un cambio de era y no es extraño de nos dé miedo el fracaso ante el futuro.

Quizás nos pase que, cuando estemos ya al borde del precipicio, sea cuando de verdad reaccionemos. ¿Será tarde?. Para muchos sí. No hay duda de que una importante mayoría morirá en la transición al nuevo paradigma socioeconómico. Los que sobrevivan en el empeño olvidarán pronto lo estúpidos que fuimos por no haber preparado el futuro de manera anticipada. Ganarán los fuertes, los sabios y los ricos pero perderán los sacerdotes. Como decia Hölderlin: “Cuando más crece el peligro más crece también lo que puede salvarse”. Será entonces cuando todos, sin apenas excepción, comprenderemos a la perfección que el futuro o es sostenible o no habrá futuro posible.

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One Response to Prospectiva para necios

  1. Roberto Carlos Pinzón dice:

    Magnífico y muy bien redactado Señor

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