Una revolución en la red que marcará distancias

En Estados Unidos, en los últimos años, y a pesar de la crisis económica financiera que soportamos a nivel mundial, las empresas de capital-riesgo han invertido más de mil millones de dólares en ‘start-ups’ —empresas de hi-tech recién creadas— especializadas en el diseño y construcción de redes eléctricas inteligentes. Dos de estas empresas de nueva creación, GridPoint y Silver Spring Networks, obtuvieron unos ingresos de 220 millones de dólares y de 170 millones de dólares, respectivamente.

También está ocurriendo que grandes empresas de ingeniería eléctrica y gigantes de la información y de la tecnología se están uniendo para colaborar estrechamente en proyectos relacionados con las ‘smart grids’. Siemens espera ganar pedidos por valor de 6.000 millones de euros en los próximos cinco años. Según la visión de IBM, las ‘smart grids’ contribuirán a que el planeta entero se vuelva inteligente.

Cisco, el mayor fabricante del mundo de equipos de conexión de redes —‘networking gear’— considera que la red de comunicaciones sobre la que descansen las redes eléctricas inteligentes será 100 o 1.000 veces mayor que la de Internet. Google y Microsoft también quieren unirse a la fiesta.

Todo parece como si se tratara de una revolución que, de repente, hubiera surgido pero, por otra parte, las redes eléctricas inteligentes no son nada sorprendentes. Ni tan siquiera se trata de una nueva idea. Siempre se ha sabido que los sistemas de transporte y distribución de las electricidad sufrían muchas pérdidas y que eran muy vulnerables a las averías. Cuando las tecnologías lo han permitido es cuando se ha planteado su diseño y construcción. Por ello, es absurdo e irracional continuar ya con las obsoletas redes eléctricas actuales.

En Estados Unidos y Europa, las enormes cantidades de energía eléctrica que se pierden debido a problemas técnicos o a robos alcanzan hasta un 10% del total de la energía consumida y llegan a superar el 50%, en algunas grandes ciudades de los países en vías de desarrollo. En concreto, los cortes de suministro eléctricos —o apagones como vulgarmente se acostumbra a decir— cuestan a la economía estadounidense más de 150.000 millones de dólares al año.

Con las redes eléctricas inteligentes no debería haber ninguna necesidad de enviar furgonetas y de tocar el timbre de las puertas cada vez que falla la alimentación de corriente eléctrica en una determinada área. Bastarían una pocos clics con el ratón del ordenador para hacer el truco de solucionar la avería eléctrica o, incluso, de ajustar el equipo eléctrico.

Los sensores en las líneas de transporte y los contadores inteligentes —‘smart meters’— situados en los locales de los clientes le indican a la compañía de electricidad cuál es la causa de la avería y mediante indicaciones a los interruptores inteligentes — ‘smart switches’— modifican la ruta que ha de seguir la corriente eléctrica, circunvalando el punto donde se ha producido la avería. Este funcionamiento es similar a lo que se realiza en Internet cuando se redirigen por otros caminos aquellos paquetes de datos que han quedado enganchados.

De cualquier modo, el hecho de que una red que sea más resistente o no sería la mitad de importante en esta historia. Lo importante es que sea inteligente. En este sentido, las estimaciones de la consultora Brattle Grou, señalan que los beneficios de una red eléctrica inteligente podrían ascender a 227.000 millones de dólares en los próximos 40 años, tan sólo en Estados Unidos.

Así como la red eléctrica original facilitó las innovaciones industriales del siglo XX, a lo largo de este siglo, la red eléctrica inteligente debería apoyar los mayores avances que se den hacia la sostenibilidad. De igual modo, sin contar con redes eléctricas inteligentes, la mayoría de las nuevas tecnologías llamadas sostenibles no funcionarían.

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One Response to Una revolución en la red que marcará distancias

  1. Dalmata 102 dice:

    Nosotros tenemos muchos centros tecnológicos que no aportan casi nada de innovaciones, alguna patente que otra y reciben en cambio copiosas cantidades de dinero público.
    Ya muchos expertos consideran que se han convertido en un fin en si mismo o que son empresas de ingeniería encubiertas que hacen competencia desleal al resto por los ayudas públicas que reciben.
    ¿Será un mal endémico éste de la picaresca española que hace que también los centros tecnológicos sigan viviendo las esencias del que dijo que “inventen ellos”?.
    Luego pretenderán descubrir el Mar Mediterráneo pidiendo dinero público para inventar redes eléctricas inteligentes cuando ya todo esté inventado y bien patentado.
    ¡Ver para sufrir!

    Saludos cordiales

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