La prospectiva estratégica como arma de futuro

Necesitamos luchar contra la tiranía que nos impone el corto plazo, estableciendo nuestra visión a largo plazo y optando por aquel escenario apuesta que nos traslade a una economía sostenible. En nuestros tiempos, muchos de los males que padecemos —e incluso, la propia crisis económico-financiera que actualmente tanto penaliza, lastra y limita nuestras vidas— se deben a las consecuencias derivadas del cortoplacismo en el que hemos instalado nuestra vida social, política y económica.

No se trata, en absoluto, de un problema que afecta exclusivamente a un sólo país. También el cortoplacismo es un fenómeno que sufre el conjunto de los países del mundo. Naturalmente, en unos países se da mucho menos que en otros porque invierten en Prospectiva Estratégica y la aplican a la construcción de su futuro deseable. Desgraciadamente, y con la crisis, las tradicionales  políticas de muchos países, sin excepción, en mayor o menor medida, están experimentando un importante desgaste debido a la pérdida de visión con respecto al tiempo. Lo inmediato se ha convertido en el máximo valor. El cortoplacista mundo financiero se ha apoderado del alma de la sociedad con el permiso y la complicidad de los gobiernos.

Parece como si el corto plazo constituyera el único horizonte que mantenemos como referencia para justificar nuestras acciones. El corto plazo se ha convertido en el lugar espacio-temporal indispensable donde se encuentran los mercados financieros, la satisfacción de nuestras necesidades, las ansias de amor y de felicidad y, por desgracia, también la utilidad de las políticas. El mundo que conforman los medios de comunicación también lo ha erigido como la única referencia noticiable. Por decreto de los que detentan dichos medios, el largo plazo no es ni tan siquiera noticia. ¡Cuánta incultura y cuánto error histórico estamos cometiendo!

A su vez, sumergidos en la grave recesión económica que estamos viviendo, no sólo la sufrimos, también asistimos a una de las últimas fases del modelo productivo que hemos conocido a lo largo de casi siglo y medio y que está basado en el petróleo barato. A pesar de todo, con crisis o sin ella, parece como si la humanidad hubiese otorgado un valor nulo a la distancia temporal.

Parece como si la historia futura se hubiese replegado exclusivamente sobre el valor del presente. Así es como el corto plazo lo hemos convertido en un horizonte cerrado. Ya no hay perspectiva ni trascendencia en las acciones de los hombres. Incluso, pretendemos una ausencia del propio horizonte. Para nuestra desgracia, ésta es, y no otra, la dimensión temporal del mundo acelerado que vivimos en la primera década del siglo XXI.

A la vez que el tiempo se ha ido contrayendo, también ello ha impuesto sus propios modos de gestión. De esta manera, es como hemos magnificado lo que no son más que simples criterios de actuación en las empresas y en los países. Criterios que valieron antes pero que ahora se nos muestran obsoletos. La lógica de la urgencia no da lugar más que a las respuestas directas y precipitadas. Sólo puede ofrecernos políticas improvisadas y llenas de errores, fracasos y falsas ilusiones. No nos permite realizar un análisis que sea riguroso. Ni tan siquiera da lugar a la previsión y muchos menos a la prevención. Se trata de una forma de respuesta refleja con el objetivo de obtener una salida que nos saque, por el momento, del paso.

Estas respuestas tan erróneas y equivocadas se deben a políticas improvisadas que cada vez se aplican más. Son iniciativas llevadas cabo por parte de gobiernos irresponsables. Son políticas que tampoco conllevan, ni muchos menos, una investigación reflexiva que busque las soluciones a largo plazo. Ignoran la Prospectiva; lo que las vuelve más irracionales y sujetas a grandes sesgos, vaivenes y a corruptelas. No nos olvidemos nunca que nuestra civilización actual, debido a las inercias, tiene enormes problemas que no pueden resolverse a corto plazo y muchas veces, ni tan siquiera es posible que lo hagan a medio plazo, ya que demandan cambios estructurales radicales que requieren el paso del tiempo.

La lógica de trabajar exclusivamente sobre lo urgente responde a un imperativo que busca un resultado inmediato, una especulación enfermiza, una rentabilidad que sea directa y que se corresponda con el esfuerzo realizado en cada momento. Así es como esta lógica financiero-especulativa se ha erigido en uno de los paradigmas indispensables de nuestra época, en un valor exclusivo de nuestras sociedades donde la avaricia prima sobre el resto de los valores.

En el reino de la eficacia, con la visión cortoplacista y miope que hemos instaurado, sólo son válidas las acciones que rinden en el corto plazo. El nuevo ídolo se conoce como la maximización del beneficio y a tan imprudente propósito se destinan la inmensa mayoría de los recursos con que contamos. Incluso hasta los políticos que nos gobiernan son capaces de arruinar a las clases medias de sus países con tal de salvar a sus “amigos” financieros que tan asiduos compañeros de corruptelas han sido y quieren seguir siendo.

Todo pensamiento que busque el medio y largo plazo, en la práctica, es considerado inútil. Lo mismo pasa con todo intento de realizar un trabajo que sea constructivo y que transcienda a las siguientes generaciones. En efecto, nuestra miopía cortoplacista nos impide considerar que al construir puertos e infraestructuras de ferrocarriles, al edificar unas viviendas que sean sostenibles, al implementar las redes eléctricas inteligentes, al electrificar las carreteras haciendo viables a los coches eléctricos y al incorporar masivamente la multimedia a la educación estamos realizando acciones que transcenderán muchísimos años.

A ninguno de estos proyectos se le destinan recursos para estudiar sus efectos sobre el medio y el largo plazo y, así, poder optimizarlos. Vivimos en un mundo, donde la prospectiva estratégica apenas tiene sentido, ni aplicación práctica, a la hora de tomar las grandes decisiones. La prudencia, el bienestar social, el desarrollo sostenible han perdido el poco peso que tenían. Los intereses creados de las oligarquías financieras, al amparo de la corrupción política, prevalecen sobre cualquier otra consideración.

Esta es la razón por la cual las políticas actuales se muestran, a veces, tan estériles y contraproductivas. Así es como nos ha sorprendido la crisis cuando, desde la prospectiva, era obvio que los precios de las viviendas no podían seguir subiendo indefinidamente y que el actual modelo productivo hace tiempo que daba síntomas de estar agotándose. Así es la suerte que corren todas las especulaciones de tipo piramidal. Así es como nuestros políticos y dirigentes sociales, económicos y financieros, al carecer de proyectos de futuro, se han sometido torpemente al yugo del determinismo de quienes deseaban continuar por la vereda de la avaricia y el enriquecimiento fácil de unos pocos. Su objetivo, aquí y ahora, no es otro que el de seguir manteniendo sus injustos privilegios.

Así es como no es de extrañar que sintamos que la crisis que padecemos sea una pesadilla que nunca termina de pasar. Así es como lograremos que nuestra vejez llegue convertirse en un infierno, increpados por nuestros hijos y los nietos y recriminados por ser causantes de las múltiples miserias del mundo que ellos heredan de nuestra parte. ¿De qué les vale a las naciones estar orgullosas de su pasado si no luchan por estarlo también de su futuro?

El futuro no se prevé, se prepara. La tiranía de lo urgente, el síndrome del cortoplacismo, es una enfermedad social que puede ser sanada. La ciencia de la prospectiva, entendida como aquella ciencia que estudia el futuro para influir en él o, en su caso, para prepararnos anticipadamente y, de este modo, no tener que sufrirlo como acostumbramos, es nuestra mejor arma para preparar el futuro con éxito. Así pues, contra la crisis, la Prospectiva Estratégica y las herramientas que ella aporta es la mejor receta que tenemos. Naturalmente, siempre y cuando nuestra estrategia persiga la economía sostenible.

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9 Responses to La prospectiva estratégica como arma de futuro

  1. Gonzalo dice:

    Totalmente de acuerdo. Resulta paradójico vivir en la sociedad de la información, y que esta sea la sociedad más inculta, domesticada y adocenada que nunca ha existido desde que el hombre se organiza socialmente. Uno hecha de menos las contestaciones y las revueltas de tiempos pasados, en los que el pueblo si era soberano y estaba más organizado y sobre todo menos influido. Ahora en vez de la sociedad de la información, estamos en la sociedad de la anestesia colectiva………..

    Gonzalo

  2. snk dice:

    Yo también coincido con lo que dices. El gran problema es que hace falta una revolución, un gran cataclismo o una gran depresión económica que nos entierre por más de una década para que reaccionemos en la dirección correcta.

  3. ph7 dice:

    El nihilismo del futuro, una pandemia universal. Miedo, horror y asco en el futuro. El futuro es de las ratas. El último hombre, el más pequeño, insignificante y miserable que ya no puede confiar ni en su futuro ni en el de sus hijos. Tiempos crepusculares. Hombres con miedo, el futuro será peor y más horrible. El genocidio del futuro. Sin embargo, las oligarquías tienen sus prospectivas y en ellas los simples humanos no tenemos cabida. Nos dejan la última libertad del pobre: la de morirse.

    Este nihilismo del futuro para los comunes es fruto del futuro que nos preparan las oligarquías. Sr. Gabiña, ¿no es esto prospectiva estratégica?.

    NO NOS QUIEREN EN SU FUTURO!!!!!!!!!!!!!!!.

  4. snk dice:

    Es curioso lo cerca que puedo estar de tu opinión ph7. Pareciera como si hubiéramos deducido el secreto de este deplorable y mal regido mundo al mismo tiempo. Creo que Gonzalo, Dalmata 102, tú y yo deberíamos celebrar algo aunque sea tan cruel como celebrar que hemos descubierto que los oligarcas NO NOS QUIEREN EN SU FUTURO. ¿Si nos prefieren muertos, no habrán mandado una letal gripe A para que actue como la peste negra y acabe con casi toda la humanidad?

  5. Fundacion Cedros Rep. Argentina dice:

    El Futuro es hoy, es a si como se entiende aquello que nos pasa el dia a dia,
    Estimado Juanjo en la vida hay aciertos y errores….pues quien no lo entienda que se quede a mitad de camino;
    un abrazo desde este rincon del planeta Americano
    Saludos…Eduardo._

  6. jmi dice:

    Los 7.000 millones de homínidos del planeta azul nos dividimos en dos grupos que a su vez viven en dos mundos que no se interseccionan.
    Tenemos a los pertenecientes a la subespecie “homo ciberneticus” (4.500 millones) y a la subespecie “homo genuflexus” (2.500 millones).
    El homo ciberneticus tiene viviendas con luz, agua, alimentos y medios de transporte. El 80% de ellos habita en centros urbanos congestionados.
    El homo genuflexus no tiene vivienda, ni luz, ni alimentos, ni bicicletas y deambula todo el día por un extenso territorio buscando pan y agua.
    El catastrofismo que pronostican Gonzalo, Snk y Ph7 responde a la premonición que tienen respecto a las tres vulnerabilidades de los homos cibernéticus con cuyos efectos moriremos todos más rápido que con la peste de la edad media. Estas vulnerabilidades son: la electricidad (si pulsamos el interruptor de sa o la oficina y no hay corriente, ¿qué pasa con el frigo o con internet?), la movilidad (¿cómo trasnportamos los alimentos y nos transferimos servicios sin camiones y utilitarios?) y la potabilidad (no solo el agua para beber, sino para regar las cosechas y limpiar los mares).
    El homo genuflexus está vacunado, por carencia, de estas tres vulnerabilidades. Luego su pronóstico de vida no puede ser peor que el que ya tiene.
    El homo cibernéticus ¿a quién interesa?. Primero a la supervivencia de sí mismo en condiciones no peores a las actuales, claro. Pero a quién interesa muchísimo es a las oligarquias que no comparten más que un único objetivo de vida, cual es el de adorar al becerro de oro, alimentando cada minuto sus escandalosas rentas, las cuales no podrían conseguir si prescindieran de los “consumidores homos cibernéticus”. Luego a ellos támbien les interesa que no haya un cataclismo, ni que haya hombres con miedo y horror al futuro. Ello obligará a que tanto “oligarcas” como “consumidores” renuciemos a nuestras “anestesias” correspondientes (adorar al becerro por una parte y pan y circo por la otra) y habramos mutuas conversaciones constructivas referentes a la vida sostenible, economía sostenible y solidaridad sostenible.
    Nos hará falta, por tanto, mucha prospectiva estratégica como arma de futuro, como dice Juanjo.

  7. Tomás dice:

    Me ha parecido bien Sr Juanjo, me gustaria encontrarme un dia con usted y hablar sobre estos temas, porque me interesan mucho
    Muchas Gracias

    Saludos

  8. […] Gabiña, J. (2009). La prospectiva estratégica como arma de futuro. España. Recuperado el 13 de 10 de 2014, de https://juanjogabina.com/2009/08/26/la-prospectiva-estrategica-como-arma-de-futuro/ […]

  9. […] Gabiña, J. (2009). La prospectiva estratégica como arma de futuro. España. Recuperado el 13 de 10 de 2014, de https://juanjogabina.com/2009/08/26/la-prospectiva-estrategica-como-arma-de-futuro/ […]

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