La nueva nobleza germen de la antidemocracia

En los tiempos actuales, ha resurgido con fuerza un nuevo tipo de “nobleza”. Se trata de una serie de castas que se diferencian entre sí y del resto por los privilegios que disfrutan y que se disfrazan y se esconden tras sus siglas institucionales, tras sus siglas comerciales o empresariales, tras sus oficios y/o categorías profesionales o tras sus siglas o nomenclaturas políticas y sindicales.

Ahora que el modelo productivo y energético actual da innumerables muestras de estar agotado y que funciona quebrado, como no dando más de sí, ahora es cuando más destacan las injusticias, las desigualdades sociales, los privilegios de unos cuantos y la corrupción política y el nepotismo que se practica diariamente para favorecer a unos pocos frente a la inmensa mayoría de la población que sufre en silencio tanto robo y tanto oprobio y escarnio. Ésta es la típica forma de gobierno de nuestros días, producto de la antidemocracia imperante en una gran mayoría de países que se creen ilusoriamente que viven en democracia. “Todo para unos pocos pero con el pueblo”.

Hoy en día, nos guste o no, la inmensa mayoría de los ciudadanos —integrantes de una cada vez menos solidaria y sostenible, a la vez que más débil, desorientada e inculta sociedad civil— nos hemos convertido en los nuevos “villanos” que, desprovistos del acceso y de la participación en la toma de decisiones estratégicas que tanto afectan a nuestras vidas, nos encontramos condenados a sufrir el futuro, en vez de intentar conquistarlo como hubiera sido deseable.

Esta “nobleza” que nos oprime y esclaviza, fundamentalmente tiene un marcado carácter oligárquico. Está formada por diferentes estratos sociales, ocupaciones y organizaciones que, a veces, defienden privilegios e intereses que pueden dar lugar a conflictos que incluso suelen ser antagónicos. Tal es el caso de los funcionarios y  sindicatos respecto a las empresas oligopólicas.

De cualquier modo, esta variopinta “nobleza”, aunque mantenga sus fuertes contrastes, se ocupa eficazmente de que las reglas de juego obsoletas no varíen y así, ella no pierda sus privilegios. La oligarquía financiera que gobierna bancos, empresas petroleras, gasistas, eléctricas, telecomunicaciones, medios de comunicación, construcción y obras públicas, etc., es la capa más oligárquica de esta privilegiada casta.

Es también la que controla casi el 100% de las decisiones estratégicas que se toman en el interior de cualquier país, independientemente del partido en el poder, y a pesar de que no llegan nunca a representar ni tan siquiera el 1% de su población.

El conjunto que forma esta nueva “nobleza”, o casta de favorecidos, no solamente es la oligarquía financiera. Existen más grupos y entre todos, aunque den la apariencia de estar enfrentados, son los que impiden la tan necesaria democratización y profundización de la economía, los que se oponen a que se recorten sus privilegios, pues bien saben que es imposible que todos gocemos de los mismos beneficios.

Esta casta de favorecidos es también la que dificulta que se elaboren estrategias —y se acometan las acciones y medidas políticas correspondientes— tendentes a hacernos salir de la persistente recesión económica —si lo prefieren, una etapa más de la grave depresión económica— en la que vivimos.

Son adoradores del corto plazo, por definición, y no quieren saber nada de todo aquello que pueda trastocar las actuales reglas de juego, aunque éstas ya sean del todo injustas, obsoletas y caducas. El futuro de la humanidad y la solidaridad es algo que no va con ellos.

De este modo, es como no se nos permite efectuar una transición exitosa hacia el nuevo modelo productivo y energético emergente. Un nuevo paradigma que, a su vez, se caracteriza por ser un modelo más acorde con la economía sostenible.

Para evitar que el pánico cunda entre la gente, el discurso oficial —cada vez mas alejado de la realidad— se ha ido transformando en una gran patraña. Tanto las palabras del gobierno como las del principal partido de la oposición se han convertido en meros gestos, en simulacros, en espejismos, en intenciones, en palabras huecas sin ningún tipo de contenido.

Todo es hablar y hablar, para parecer que se hace algo más que arruinar a las clases medias, y no tener que tocar los privilegios y quiebras de los rentistas del sistema.

Ninguno pretende cambiar nada sino mantener o hacerse con el poder y favorecer a las empresas del sector bancario y cajas de ahorro, a las empresas de telecomunicaciones, energéticas, etc.

Al final, se ha impuesto en nuestras vidas una típica ceremonia de la confusión, manejada por expertos trileros, donde toda política consiste en hacer como si se hace para luego no hacer nada. En mover, incluso mucho, las cosas —al estilo lampedusiano más clásico— para que todo siga como hasta ahora.

De este modo, los más perjudicados serán las próximas generaciones a las que dejaremos un mundo de asco, cargado de deudas. Todo para que los rentistas del sistema, los actores pertenecientes a estas nuevas castas que integran la ‘nobleza’ puedan socializar sus pérdidas y/o mantener sus buenos salarios y resultados o márgenes de ganancia a costa del erario público que pagan en un 100% los contribuyentes.

En el caso de las empresas de servicios públicos —como la telefonía, electricidad, combustibles fósiles— permitiendo tarifas y precios abusivos. En el caso del sector bancario y otros sectores como el del automóvil, a los que se inyecta dinero público a mansalva y además se les permite todo tipo de engaños contables. Por último, en el caso de los funcionarios y asimilados, se mantienen o se agravan unas diferencias, en cuanto a condiciones laborales, sueldo y seguridad en el puesto de trabajo se refiere.

Estas condiciones laborales son abusivamente  mucho más favorables para los funcionarios, en comparación con las se aplican al resto de los trabajadores. Los salarios de los funcionarios  representan un tremendo gasto para los contribuyentes mermados en sus ingresos y muchos de ellos en situación de desempleo.

Corrupción, corrupción y más corrupción de la política son los vientos que todavía siguen favoreciendo a los ricos que, al no tener que soportar el peso de la crisis como debieran por ser ellos los principales culpables, se vuelven todavía más ricos. Como colofón, al bajar la recaudación debido a las altas tasas de desempleo y a la disminución de la actividad económica, los ingresos que se recogen a través de los impuestos se muestran insuficientes para mantener la costosa e inoperante maquinaria del Estado.

De este modo, al bajar las aguas de la piscina de la recaudación sabemos que administraciones no llevan traje de baño. Como consecuencia de ello, los funcionarios se ven obligados a desnudarse, enseñando las vergüenzas de su alto coste y el agravio comparativo que su status supone en relación con el resto de los trabajadores, que son precisamente los que mantienen con sus impuestos sus enormes privilegios.

Mientras, muchos emprendedores a los que se les niega ayuda observan atónitos cómo los funcionarios se comen lo que iría destinado a gastos de inversión en generación de riqueza y creación de empleo. En un sistema que requiere ajustes y curas de adelgazamiento radicales para poder poner en valor la función pública, absurdamente, los funcionarios apenas pierden sus empleos. Los funcionarios  son los únicos trabajadores que cobran por estar en el trabajo. Los funcionarios siguen acudiendo a un trabajo donde las tareas han quedado muy disminuidas por la crisis y la consiguiente necesidad de recortar presupuestos para los programas que ellos ejecutaban.

Así es como han acabado llevándose la parte del león de los gastos de las administraciones públicas. Los ciudadanos ya no reciben lo que pagan, ni mucho menos. Mientras tanto, las TIC y las técnicas modernas de organización y planificación en base a la prospectiva estratégica aguardan para modernizar el sector público pero faltan líderes con capacidad y voluntad para poner este sector —tan ineficaz e ineficiente,— en valor para los ciudadanos y para las empresas que son quienes, realmente, lo financian con el pago de sus impuestos.

El hecho de que, a pesar de la gravedad de la crisis, sean sólo las empresas y los trabajadores del sector privado los que soporten sus demoledores impactos y que la administración no se someta a curas de adelgazamiento para reducir el gasto público sin privar a los ciudadanos de los servicios públicos necesarios es totalmente injusto e insolidario. El empleo de por vida y unos salarios que no justifican el trabajo efectuado son privilegios que tanto escandalizan en épocas de crisis.

El caso de los partidos políticos y de los sindicatos —como también rentistas del sistema que son— merecería un capítulo aparte, por lo grave que representa que hayan apostado fundamentalmente por sus intereses creados, por mantener o elevar sus cotas de  poder en unas democracias que se han convertido en un filón inagotable de casos de corrupción que pringan tanto a los partidos del gobierno como a los de la oposición.

De este modo, la democracia se muestra privada de una de sus principales palancas de cambio y de adaptación al nuevo paradigma emergente. Nuestra sociedad se convierte en una democracia sin demócratas —la antidemocracia— en la que sólo interesa alcanzar el poder, hacer carrera en la política y lucrarse de ella, favorecer a los rentistas del sistema como compañeros de viaje que son e impedir con su pasividad, nepotismo y/o corrupción que progresen empresas que contengan los gérmenes de cambio y que son las empresas que harían posible y viable la economía sostenible que tanto necesitamos y necesitarán mucho más nuestros hijos y nuestros nietos.

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5 respuestas a La nueva nobleza germen de la antidemocracia

  1. CUANDO LA VERDAD NO EXISTE,

    La sociedad democrática o anti-democrática, más que una dinámica social es un fenómeno valórico.
    Siguen siendo las ideas, el pensamiento en el sentido histórico de Spengler, lo que marca una sociedad.
    Creo que no se debe confundir el lenguaje ( uno de los traumas de la actual sociedad post-moderna) y creo que se debe hablar de oligarquías exitosas casi tecnócratas, pero no de ” nobleza ” . Esta palabra es noble y como tal debemos respetarla. El que los nobles actuales hayamos abandonado en gran medida el honor y se conviertan en farándula, se debe entre otras cosas por una crisis de representatividad. Ya eso no representa nada ni a nadie. Pero ser noble esta vigente, siempre lo estará, el valor de la lealtad, del honro, de la palabra, la hidalguía de la honestidad aún permanene aterrada, pero incólume.
    Otra cosa son las cúpulas de la alta burguesía proveídas de grandes socios como el mundo mercantil, en su mayoría especulativo. El producir era honroso, hoy el ganar es fantástico.
    A todo lo anterior que eroda la democracia, tenemos que agregar el nuevo mundo virtual que tanto nos entretiene.
    Pero creo que estamos frente a un tema mucha m´s hondo que las aparienciencieas que tan brillantemente se analisan.
    El valor de fondo en la verdad. La verdad es hoy un valor subjetivo, transable, diríamos negociable.
    Valdría la pena decir que la verdad es buene en la medida que no es útil.
    Hasta la verdad solo se valida en el ámbito de la utilidad de ella, casi en las “leyes del mercado”
    El realativismo total destruye el sosten ético-social de las instituciones de las que emanan las conductas colectivas.
    Casi lo sustentable hoy es simplemente lo que es verdadero.
    Inluída la democracia social.
    Cuantas son hoy ls naciones que viven democracias sustentadas en la verdad ?
    Cuantas son la naciones que logran sus ciudadanos pasar de la cultura del ego a la cultura del alma?
    De hecho, cuantas son las democracias occidentales que tienen alma?
    Si no tienen alma, en qué se sostiene el esqueleto social y sus vasos comunicantes?
    Acaso estas sociedades desalmadas vulnerables en su textura son fácilmente manipulables por codiciosos líderes que tienen noción, sin visión ?
    Si observamos sociedades democráticas tan disímiles como Bolivia e Israel, veremos que que distinta manera esas naciones han creado un alma propia de la que se nutre su democracia. Israel, asediado se cohesiona en su tremenda mística que hace que su sociedad sea muy de verdad, no hay espacio para cuentos, todo es muy intenso, muy real. Bolivia en su pobreza extrema tiene su alma en su propio drama.
    Pero naciones como la española que piensan que todo lo han resuelto, sin haber resuelto nada, su alma se extravía cotidianamente y aparecen los fantasmas de la anarquía y la mitad de los españoles ” viven del cuento ” de un desarrollo sin progreso.-
    Las cúpulas son cómplices porque les conviene serlo.
    Es la verdad vivida la que nos ennoblece, a todos sin distinción..

  2. snk dice:

    Siempre ha sido así. No se engañen. La democracia en sí es un bonito cuento. Son las cúpulas de los partidos políticos las que deciden las listas de candidatos. Todos están comprados desde antes de las elecciones. De este modo, todo queda bien atado desde el principio. A los llamados “ciudadanos” tras lavarnos la cabeza durante años con los medios de comunicación y desinformación que la oligarquía controla solamente nos toca hacer la pantomima e ir a votar.

    Como diría nuestro insigne filósofo Platón, “el hombre vive en un mundo de sueños, de tinieblas, cautivo en una cueva de la que sólo podrá liberarse si se ocupa de hacer el bien”. Cada día que pasa nos muestra que el nivel de egocentrismo, mezquindad y avaricia crece entre nuestros dirigentes y que las masas se manifiestan más incapaces de reaccionar pues su perenne estulticia les incapacita para aprender nada.

    “Panem et circenses” para todos y que sean felices

  3. Eli dice:

    la verdad es una mentira que aun no ha sido descubierta. En cuanto al articulo, mi opinión es que me parece muy bien que a los funcionarios se les pague bien y no se les baje el salario por estar en crisis. Y lo dice alguien que dejó un trabajo “fijo” para irse al paro y ahora trabaja de autonomo buscandose la vida de contrato en contrato. Sabemos que hay gente que trabaja lo justo y sin motivación, pero eso pasa igual o más en el sector privado. El hecho de que lo publico lo paguemos directamente entre todos no nos debe hacer actuar como los empresarios sin escrúpulos que para seguir ganando dinero (fin último, y casi único de las empresas) echan al paro a miles de trabajadores. Mejor sería reducir la jornada laboral por ley a 5 horas. Ya veríamos como sube el empleo! eso si, las empresas y sus empresarios ganarían menos… y eso está bien para los demás, pero para uno mismo no, verdad?

  4. Sirenita dice:

    No estoy nada de acuerdo con lo que dice Eli y no me considero ningun empresario sin escrupulos sino alguien con sentido de la justicia. No se puede seguir tolerando que haya castas sociales que tengan privilegios, prebendas o prerrogativas que no puedan extenderse al resto. A mas, a mas, el salario de los funcionarios lo pagamos entre todos y en mi empresa estamos ya en regulación de empleo. Se habla de que un 30% iremos a la calle. ¿Por que no se aplica lo mismo en la administracion publica si los ingresos han caido en casi un 20%? Me parece una canallada y una estafa que el primer dinero que entre en las arcas publicas sea para pagar la nomina de los funcionarios dejando entonces muy disminuidos los servicios publicos que prestan porque no hay dinero.

    Sl2 😦

  5. oscar dice:

    Se olvida que muchos de esos funcionarios y casi todos los de mas alto nivel, están pluriempleados, de manera que ocupan puestos en en ámbito privado, que podrían ocupar otros ciudadanos que tienen el mismo derecho constitucional a tener un empleo digno. Implantar unas normas que regulen la incompatibilidad de funciones, así como adaptar los salarios de los servidores de la ciudadanía a la capacidad de los ciudadanos a los que sirven, no solo es justo socialmente, sino del mas puro sentido común. Del mismo modo que nadie intuía que las propiedades inmobiliarias podrian no ser una inversión segura, parece impensable que algún día no pueda pagarse el salario de los funcionarios. Es elemental, si la oferta supera la demanda, bajan los precios y si los gastos superan los ingresos no quedamos sin fondos. Creo que va siendo hora de que todos, incluidos los ciudadanos de a pie, comencemos a reutilizar el noble arte de razonar,especialmente cuando elegimos a nuestros representantes o bien a votar en blanco cuando no nos convenzan los candidatos posibles. Existe otra solución, que sería salir a la calle y manifestarse, pero para eso sería necesario una cierta actividad intelectual previa, con lo cual queda invalidada. Para terminar, cito el comentario de Eli en referencia a la verdad, como ejemplo de la posición intelectual imperante. Si renunciamos a la búsqueda de la verdad, mediante el arma de la razón, jamás alcanzaremos la justicia social y a largo plazo la supervivencia. O es que con el excepticismo hemos viajado al espacio o curamos las enfermedades, basta ya de estupidez, por favor.

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