La guerra contra los hidrocarburos fósiles (I)

Si no reducimos tres cuartas partes del consumo de combustibles fósiles que actualmente realizamos, la lucha contra el cambio climático se considera que estará perdida. Así es como viene a decirlo, con toda crudeza y claridad, un informe que recientemente ha publicado la revista británica ‘Nature‘. Si, de verdad, se pretende hacer frente el calentamiento global —un objetivo que cuenta ya con un amplio apoyo, a nivel mundial— habría que apostar con fuerza y decisión por reducir drásticamente los consumos de hidrocarburos fósiles y sus derivados que utilizamos como carburantes.

Habría que pasar de las palabras a los hechos con eficacia y contundencia. Habría que penalizar fuertemente todo tipo de emisión de GEIs. Siendo rigurosos, luchar contra el cambio climático y/o mitigar sus efectos, obligaría a que, en la primera mitad del siglo XXI, la humanidad hubiera sido capaz de quemar menos de una cuarta parte de las reservas probadas de combustibles fósiles que quedan hoy en día.

Es una apuesta por nuestra supervivencia que no nos deja lugar para la esquiva, la hipocresía o el disimulo. Se trata de decir al petróleo, al gas natural y al carbón que se acabó, que la combustíón de hidrocarburos fósiles es incompatible con nuestras apuestas de futuro e invertir profusa y abundantemente en las energías renovables y en el resto de las energías alternativas desde ahora. 

Además, hemos de tener en cuenta que sólo si hablamos del petróleo, de seguir consumiéndolo como hasta ahora, éste se agotaría en algo más de 35 años. Las reservas de gas natural lo harían en unos cuanto años más tarde y el carbón podría consumirse durante algo más de cien años. El reto es que necesitamos cortar cuanto antes con estos combustibles fósiles, bastante años antes de que se agoten. Tan sólo contamos con unos 20 años para hacerlo.

Así es como han apostado países como Suecia, Dinamarca e Israel que, para el año 2030, pretenden suprimir el consumo de petróleo y sus derivados como carburante. Se trata de un objetivo rigurosamente posible, realizable y deseable.  El cumplimiento de un escenario ausente de emisiones de CO2 es un objetivo que exigirá muchos sacrificios y desgarradores conflictos con los rentistas del sistema. Es un escenario cuyo proceso completo analizaré y desgranaré en otros posts posteriores.

El informe publicado por ‘Nature’ subraya que sólo una revolución en el uso de la energía podría permitir que se alcanzara el objetivo de limitar el calentamiento medio global a menos de 2 ºC por encima de los niveles preindustriales. No tenemos otra salida que cortar sobre todo con el petróleo y para ello debemos prepararnos. La solución es posible si se apuesta fuertemente por el I+D+i energético, las energías renovables, las redes eléctricas inteligentes, la electrificación del sector transporte, etc.

Desgraciadamente, existen demasiados intereses creados para que todo siga funcionando como hasta ahora aunque gran parte del mundo tenga que sufrir unas graves consecuencias, de índole catastrófica, debidas al cambio climático. No olvidemos que  el hecho de lograr este objetivo —que ya fue aprobado por la Unión Europea, UE, y por un gran número de científicos de todo el mundo— significa que habría que emprender desde ahora una rápida transición hacia una economía sostenible donde se persiga, además de la eliminación del consumo de energías fósiles, una reducción significativa de la intensidad energética.

A su vez, para alcanzar este objetivo,  a cuya consecución algunos países ya han emprendido la marcha, se demanda que también se acometan otras políticas energéticas complementarias que deberán ser completamente diferentes de las actuales. Se deberá acabar con aquellas políticas herederas del pasado que tanto protagonismo adjudican a los combustibles fósiles: petróleo, carbón y gas natural. Las industrias petrolera, gasista y del carbón y la mayoría de las empresas del sector eléctrico es seguro que están siendo los principales enemigos de estas políticas y hacen todo lo que esté en su mano para evitarlas.

En efecto, salvo que cambien mucho los presupuestos de partida, nunca admitirían una política que, para que fuera eficaz en la lucha contra el cambio climático, significase que, entre 2000 y 2050, sólo podrían ser emitidas a la atmósfera 1.000 millones de toneladas de dióxido de carbono, CO2. Para muchas empresas de hoy es antes el dividendo del accionista a corto plazo que la viabilidad de la especie humana a largo plazo y el sector energético no es una excepción. ‘Mañana todos muertos’ dirían muchos de sus dirigentes dando muestras de un despreciable cinismo.

Es la hora de decir basta. Llevamos mucho tiempo haciendo como si hacemos algo serio en la lucha contra el cambio climático, cuando prácticamente seguimos actuando igual o peor que antes. Así es como se explica que, en lo que va de siglo, en tan sólo nueve años, el mundo haya emitido ya un tercio de los 1.000 millones de toneladas de CO2 que tenemos permitido evacuar a la atmósfera durante la primera mitad de siglo. La humanidad entera cada vez se encuentra más cerca de sufrir un grave cataclismo.

Por consiguiente, si queremos evitar que nos sobrevenga lo peor —por ejemplo, un cambio climático abrupto— y queremos ser responsables con las próximas generaciones sólo podremos emitir unos 700 millones de toneladas de CO2 más, en los próximos 41 años que quedan hasta el 2050.

Para lograrlo, la clave reside en evitar que la corrupción condicione las políticas energéticas de nuestros diferentes gobiernos. Necesitamos que los gobiernos democráticos puedan liderar nuestra transición hacia un futuro que sea sostenible. Necesitamos que se vean libres de la tiranía de las empresas energéticas y persigan un nuevo modelo productivo donde las energías renovables sean mayoritarias y se potencie la productividad de los recursos tal como lo exige cualquier  economía que quiera ser sostenible.

“Si continuamos quemando combustibles fósiles como lo estamos haciendo hasta ahora, habremos agotado el presupuesto de carbono que tenemos en tan sólo 20 años y, entonces, el calentamiento global crecerá por encima de 2 ºC” , señaló con fuerza el autor principal del estudio, Malte Meinshausen, del Instituto Potsdam que investiga sobre el impacto climático —‘Potsdam Institute for Climate Impact Research’— y que tiene su sede en Berlín. (Continuará)

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5 respuestas a La guerra contra los hidrocarburos fósiles (I)

  1. Sirenita dice:

    Todavía este informe refuerza mas mi idea acerca la escasa calidad de nuestro lideres en un mundo donde la corrupcion es moneda corriente.

    Sl2 😦 😦

  2. Dalmata 102 dice:

    ¡Enhorabuena, Juanjo! Es un artículo valiente y con el que estoy completamente de acuerdo. Coincido contigo en que un mundo sin petróleo como carburante es posible y son los intereses espurios los que lo hacen imposible con su falsa propaganda pagada por los petrodólares. Por eso hay tanto tonto útil que niega lo evidente y tacha de demagogia propuestas como éstas. Y así, muchas veces y sin quererlo, se ponen al servicio de aquellos a los que el destino de la humanidad les importa un carajo.

    Saludos cordiales

  3. snk dice:

    Por mucho que os esforcéis tú y mil como tú no podréis detener el plan de los poderosos. Todo está atado y bien atado. Aunque el mundo arda siempre lo hará para otros. Mientras unos pocos consoliden su poder, controlen los gobiernos títeres, disfruten de los placeres de la vida y ganen todo el dinero que puedan, las energías fósiles seguirán siendo hegemónicas. Lo repito. Aunque el mundo arda.

    ¡Carpe diem!

  4. Foro Solar Andaluz dice:

    Hola, hemos inaugurado un foro para recoger opiniones y debate con motivo de los días solares europeos. No dejéis de visitarlo.

    http://www.agenciaandaluzadelaenergia.es

    Saludos!

  5. Iniciativa plus dice:

    Nuestro insaciable apetito por la energía procedente de combustibles fósiles es la principal causa de la actual crisis del cambio climático. El rápido crecimiento en la extracción y quema de combustibles fósiles (como carbón, petróleo y gas natural) ha conducido a la aceleración del cambio climático que causan los gases de efecto invernadero, especialmente CO2. Tenemos que reducir rápidamente el uso de esta energía tan sucia como son los hidrocarburos fósiles.

    Cada año, las emisiones mundiales son más de 6 millones de toneladas de carbono (gigatoneladas o GTC), en forma de dióxido de carbono (CO2) que provienen de la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural). Estas emisiones han continuado aumentando en torno al 2% al año durante varios decenios de años. La quema de combustibles fósiles es responsable del 80% de emisiones de GEIS a nivel mundial.

    El daño que se origina al clima es sólo una de las muchas formas de daño ambiental que viene causado por la quema de combustibles fósiles. En resumen, tenemos que concluir con nuestro consumo de combustibles fósiles. Un estudio encargado por el Grupo de los Verdes del Parlamento Europeo ha expuesto una visión de cómo ello es posible.

    Saludos cordiales

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