La cultura del perdedor se basa en la urgencia

Se suele decir que cuando algo es urgente, significa también que ya es demasiado tarde. A medida que los cambios se aceleran, sobre los despachos de los dirigentes que tendrían que tomar serias decisiones se multiplican los informes que requieren soluciones. Como el trabajo se les acumula y dicen que no llegan a todo, resuelven algunos de los problemas en función del orden que les dicta el sentido de la urgencia. Por desgracia, aquello que es importante permanece sin resolver y así es como los ciudadanos tenemos que purgar la negligencia de nuestros dirigentes que irresponsablemente persisten en vivir en el día a día, obligándonos a sufrir el futuro, en lugar de intentar dominarlo.

De este modo, se retrasan las soluciones y la crisis permanece. Los problemas importantes no se hallan inscritos en la agenda de ningún dirigente hasta que el fuego es tan intenso que no hay lugar para la esquiva, ni para el disimulo y es entonces, cuando pretenden resolverlos tarde y mal. Es una constatación que, durante la mayor parte del tiempo, los dirigentes políticos y empresariales de nuestros días, debido a la falta de previsión y a su innegable negligencia, se encuentran privados de un espacio de tiempo que les garantice una mínima libertad de movimientos cuando surgen los grandes y graves problemas.

Las decisiones se suelen tomar cuando el agua nos llega hasta el cuello, cuando apenas tenemos margen de maniobra. Por eso, las decisiones suelen ser tan traumáticas y desagradables que nunca llueven a gusto de todos. ‘A grandes males, grandes remedios’, dice el refrán. Lo que no se dice es que ‘todo mal grande en su día fue también pequeño’. Queriendo ignorar esto último, estos dirigentes justifican sus imperfectas decisiones diciendo que no tenían otra opción, que se encontraban forzados o apremiados pero dicha excusa es del todo falsa e incorrecta.

En efecto, la realidad es bastante diferente ya que deberían decir que no tenían otra opción por culpa de ellos, porque habían dejado que la situación llegara hasta un punto tal que ya no disponían de ninguna libertad como para poder influir sobre los acontecimientos, y en consecuencia, por su negligencia, asumían resignadamente que estos acontecimientos fueran los que les arrastraran irremediablemente. En definitiva, implícitamente están aceptando que carecen del poder suficiente como para hacer frente al futuro, con dignidad.

En este sentido, convendría ahora señalar que el hecho de tener que caer bajo el imperio de la necesidad es la prueba palpable de las consecuencias que entraña la falta de anticipación. La única manera de evitar que ello suceda es la de tomar conciencia de que las malas situaciones que se van creando tienen sus orígenes. Es entonces cuando éstas podrían ser fácilmente moldeables, antes de que crezcan y se deterioren tanto que se conviertan en una inevitable imposición.

Dicho de otra manera, sin el ejercicio de la Prospectiva, no existe la libertad de decisión, lo que implica que tampoco se tiene poder para actuar eficazmente sobre el futuro. Los decisores que se instalan en la gestión de lo urgente, en la práctica, son las personas que disponen de menos libertad de acción. Y esto sí que es una contradicción y una desgracia, a tenor de las grandes responsabilidades que tienen contraidas con la sociedad.

Es necesario admitir cuanto antes, si se quiere evitar el tener que hallarse continuamente abocado a gestionar lo urgente, que resulta absolutamente obligatorio desarrollar la cultura de la anticipación. La aceleración de los cambios hace que todavía sea más necesaria la Prospectiva. La metáfora del farol que nos narraba Gastón Berger es un claro exponente de esta necesidad:

“En una carretera vecinal, sin mucho tráfico y conocida, el conductor de un carro tirado por animales, por la noche, para circular lentamente por dicha carretera no necesita más que una simple linterna que le ilumine su camino. Por el contrario, en una carretera regional que desconoce el conductor y que está cuajada de curvas y de desniveles, de noche, cualquier automóvil que se aventure a ir rápido por dicha carretera, necesitará unos potentes faros. Conducir sin ver bien a larga distancia, sería una auténtica locura”.

La rapidez de los cambios, su imprevisible crecimiento, suscitan muchas críticas acerca de la aplicación de la estrategia basada en el desarrollo de teorías como la de la reactividad. Es la estrategia del bombero, la del apagafuegos, que si bien es cierto que, en el pasado, cuando los ritmos de cambio eran más lentos, funcionó bastante bien, ahora se nos muestra obsoleta y poco recomendable porque el que copia cada vez llega más tarde.

Algunos expertos defienden que dicha estrategia sigue siendo válida. Consideran que como no vemos con claridad el futuro que se avecina, lo que tenemos que hacer es intentar ser cada vez más flexibles y adaptables. La flexibilidad es la palabra de moda. El concepto, en sí, es muy seductor pero quienes se dejen seducir por ello se olvidan de que la adaptabilidad instantánea no deja de ser más que una mera ilusión, un espejismo.

Se olvidan de que las competencias, los conocimientos y la experiencia no pueden ser renovados en un instante y, mucho menos, cuando hablamos a nivel del equipo humano que constituye una organización determinada. La movilidad implica apropiación y ello requiere un tiempo de maduración e, incluso, un retorno de experiencias. Se necesita que los proyectos en marcha cuenten con un periodo de tiempo determinado para poder experimentarlos. La adaptación a los cambios es algo que no se improvisa. Si se quiere salir airoso de esta prueba es necesario impulsar estos tres conceptos-base de la competitividad estratégica: Anticipación, Innovación, Rapidez.

El largo plazo es lo único que puede garantizar el éxito de las acciones que comprometen nuestro futuro. El corto plazo es una trampa mortal si uno gasta todas sus energías en querer dominarlo. En él sólo existe lugar para la sangre, el sudor y las lágrimas. Sin embargo, todos estaríamos dispuestos a sufrir si supiéramos con qué nos encontraremos después de atravesar el túnel del esfuerzo, de las privaciones y del sufrimiento. Cuando trabajamos en el largo plazo es cuando la economía cobra todo su sentido. Es cuando destinamos el corto plazo al servicio de las metas u objetivos generales establecidos en el largo plazo. Es cuando la voluntad y la razón se funden devolviéndoles a los seres humanos toda su integridad. Es entonces cuando comenzamos a dotarnos de espacios llenos de poder.

El corto plazo implica políticas de parcheo. En el largo plazo es donde se inscriben aquellas acciones profundas que modifican el curso de los acontecimientos. Cuando hablamos de nuevas infraestructuras, de coherencia formación-empleo, de cambios de mentalidades y de comportamientos, etc., estamos refiriéndonos a horizontes que superan los tres o cinco años, por lo menos. Nunca nos referimos a unos pocos meses porque las acciones con respecto a estos objetivos se hallan ya tomadas y es obvio que, con perspectivas sujetas al corto plazo, los márgenes de maniobra de los que se disponen siempre son muy limitados.

Anuncios

5 Responses to La cultura del perdedor se basa en la urgencia

  1. oscar dice:

    Sin duda me parece que es una argumentación muy acertada, pero tu partes de que el objetivo de nuestros dirigentes es el bienestar y progreso del grupo, cuando desgraciadamente eso no es la realidad. Es palpable que las organizaciones a las cuales delegamos el poder ejecutivo, lo utlizan para perpetuarse en el o bien aprovechar la coyuntura para beneficiarse lo máximo posible, vamos llenarse sus bolsillos y los de su clan. No hablamos de una mala o nula utilización de la prospectiva para cumplir unos objetivos, sino que nos mienten en cuanto a las metas que persiguen. Para ello no necesitan mas que dominar los medios de comunicación y aprovechar la muy fomentada incultura de los españoles. Juanjo, por desgracia, me temo que el problema tiene solución, pero sería a muy, muy largo plazo. Gracias por tus artículos y por seguir aportando soluciones, que cunda el ejemplo.

  2. Sirenita dice:

    Ahora me explico por que cada vez iremos mas de mal en peor.Lo nuestro tiene solucion?

    Sl2 😦

  3. Marqués L. Silva de Balboa dice:

    Hay un tema colateral pero esencial que emana de este acertado análisis; los denominados “dirigentes” se motivan por dos elementos yuxtapuestos: el ego y su protagonismo.
    Quedan muy pocos que trabaje para la humanidad, vale decir para el largo plazo que requiere la fecunda labor de la inteligencia aplicada a la visión. Visionarios ya no hay.
    Lo que si encontramos y bastante, son aquellos que cuidan sus parcelas de poder inmediato, ahora, sin retardo o alteraciones de ningún tipo.
    Se dice que los pueblos tienen lo gobiernos que merecen. O sea, sus dirigentes son la expresión de una realidad socio-política colectiva y real.
    La “cultura” de corto plazo, es la inseguridad de una sociedad que no cree en sí misma, como soterradamente es la española. El largo plazo es un acto de fe.
    Los españoles tienen Grandes de España, pero en realidad han extraviado la verdadera Grandeza que hace siglos dorados se tuvo.
    La farándula en que vive España a todos sus niveles, el doble stándar creado por esta idiosincracia de lo improvisado e inmediato hace que se vive el día a día, como lo hacen los sobrevivientes de un naufragio.
    La España de hoy, no producirá ideas de peso global ni hará aporte alguno al devenir histórico de la humanidad, en las actuales condiciones valóricas y sociales. El tema es cultural. Gracias por este aporte y espacio de debate honesto y claro.

  4. Ana dice:

    Bueno pues como estamos con el agua casi al cuello, a pesar de pasarme media vida reciclando; habrá que bucear, estamos vivos!. Cada vez somos mas los que trabajamos a largo plazo.

  5. […] ¿E que hai da mellora dos faros dos vehículo? ¿E da adecuación da velocidade da marcha ás condicións ambientais? Fonte: https://juanjogabina.com/2009/04/15/la-cultura-del-perdedor-se-basa-en-la-urgencia/ […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: