Acerca de los rentistas del sistema que impiden los cambios para salir de la crisis (y III)

La coyuntura actual tiene numerosos parecidos con la que conoció Thomas More, a finales del siglo XV. El letrado inglés también conoció un mundo en crisis, sujeto a profundas transformaciones y sin embargo, fue un modelo de cómo huir del fatalismo y del determinismo histórico, poniendo toda su esperanza en la urgente necesidad de alcanzar un nuevo humanismo en base a la voluntad y a la razón. La Universidad, la de hoy como la de ayer, vivía anclada en sus compartimentos estanco llenos de retórica. Vivía inmersa en sus clásicos, en sus asignaturas y en sus disciplinas. Sin embargo, para More, en la vida apenas existían las asignaturas. Lo que había eran problemas y muy grandes y complejos, por cierto.

Por ello, no es de extrañar el que la Universidad no supo, no ha sabido —y esperemos que sepa algún día— qué hacer con la “Utopía”. ¿Se trata de un libro de filosofía?, ¿Por el contrario, no será más que un libro de sociología o de política?. ¿O quizás se trate de un clásico pre-marxista?. Sean cuales sean las opiniones que se tengan sobre el libro, sea cual sea el estereotipo que se le haya asignado, el hecho cierto es que para algunos académicos, devoradores de hemerotecas y de sus polvos, la obra no consiste más que en una simple sátira de los finales del siglo XV o principios del XVI, una obra audaz, simpática pero, en cierto modo, también molesta pues cuestionaba el orden imperante como injusto y carente de sentido.

Thomas More en la “Utopía” crea un escenario fundamentalmente riguroso, un escenario en el que More llega a formular un postulado plausible y digno de alabanza dentro del cual se desarrollan y discuten, por contraste, todas las demás implicaciones. Para él, el aumento de los crímenes y de la violencia sólo podía explicarse por el aumento de la pobreza y las desigualdades sociales: “¿Y si la causa o razón fundamental de los males que nos aquejan residiera en la forma como manejamos la economía?” —se preguntaba. Es obvio y, en consecuencia, lógico y razonable pensar que este postulado podría parecernos, hoy en día, como bastante cierto y banal; pero, sin embargo, en aquellos tiempos supuso una idea-fuerza revolucionaria.

No deberíamos olvidar que cuestionaba la creencia de que el mal y su existencia era algo intrínseco al hombre. Con la “Utopía” ponía punto final a los diez siglos de Edad Media. Cuestionaba a la monarquía y a la propia nobleza. Cuestionaba a los banqueros, a los abogados, a los frailes e, incluso, a los intelectuales que, hoy como ayer, mayoritariamente se distinguían por defender al poder, para mantener vigente el ‘status’ del momento. De esta manera, frente a la mediocridad de sus pensamientos y la escasez de aportaciones intelectuales, gracias al arte de la adulación que tan bien practicaban, es como se ganaban la notoriedad y los privilegios que detentaban, en su sentido más literal.

En nuestra caso, mientras no nos cuestionemos, de manera parecida, que sólo a partir de una fuerte apuesta por la transición hacia una economía sostenible, donde no haya lugar para la especulación y el apalancamiento financiero, donde la generación eléctrica en base a las energías renovables sea mayoritaria dentro del ‘mix’ de energía, donde la productividad de los recursos y el ahorro y la eficiencia contribuyan a incrementar sustancialmente los niveles de uso de la economía circular, etc., es como podremos salir de la grave crisis en la que estamos inmersos.

A pesar de las mentiras que diariamente nos cuentan nuestros dirigentes políticos, nuestro gran reto actual consiste en evitar que las soluciones que existen se nos vuelvan imposibles. Tampoco debemos permitir que nos ganen la partida los rentistas del sistema a costa de nuestra propia supervivencia. Pero no olvidemos que el camino hacia el futuro está lleno de emboscadas y que, hasta el día de hoy, ningún rentista del sistema ha renunciado voluntariamente a sus prebendas. Sin lucha nunca habrá recompensa. Si los bancos no cumplen su función de prestamistas, entonces se les corta las ayudas, se deja que quiebren y luego se nacionalizan, exigiendo responsabilidades penales a los causantes de tanto disparate. Lo mismo deberíamos aplicar a los diferentes oligopolios que amordazan nuestra débil y dañada economía.

Hemos de ser conscientes de que los rentistas del sistema permanecerán defendiendo sus privilegios aunque con ello crezca también la injusticia, la miseria, el llanto, el dolor, la angustia y la incertidumbre entre sus propios conciudadanos. Son como psicópatas, incapaces de sentir algo por los demás. En consecuencia, no queda otro remedio que arrebatarles esos privilegios que impiden que caminemos hacia un futuro donde la justicia y la equidad social y los principios y valores humanos prevalezcan sobre la corrupción y la avaricia. Al menos, que nuestro declive no se deteriore aún más y que nadie abuse de nosotros sin nuestro consentimiento.

Los seres humanos siempre tropezamos con la misma piedra. Cuando hasta hace poco meses todavía acariciábamos el poder y la riqueza sin límites o, al menos, en dicha ilusión de falsa y artificial prosperidad vivíamos, muchos humanos, embriagados por el éxito se creyeron que D-s no era necesario, ignoraron su Providencia y decidieron construir su propia torre de Babel. Esta vez, la construyeron en forma de ‘gran pirámide financiera’, que es en lo que se ha convertido finalmente la economía mundial. Es el nuevo ídolo de oro con los pies de barro que le diera tantas pesadillas a Nabucodonosor.

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Sin embargo, a las puertas de otro estrepitoso fracaso, convertido en otra ‘Gran Depresión económica’ y, sin la reconfortante cura de humildad que tanto echamos en falta, tampoco renacen las ideas-fuerza que habrían de enmarcar el revitalizante ‘Proyecto de futuro’ que necesitamos. Sin un proyecto de futuro que nos permita realizar la transición hacia una economía sostenible, nos resultará mucho más difícil encarar con fuerza la debacle que, a nivel de toda la humanidad, se nos viene encima.

Tampoco contamos con líderes que sea capaces de movilizar a los ciudadanos, ni que creen la suficiente ilusión como para que intentemos hacer frente a la fatalidad y al determinismo. Apostar por el gobierno es como apostar por morir ahogado. Apostar por la oposición es hacerlo por morir quemado. Ambos partidos políticos sólo dan prioridad a los intereses creados de los rentistas del sistema, bien sea el sector financiero, bancos y cajas de ahorro, el energético —petroleras y eléctricas—  como el resto de los sectores oligopólicos. Con todo ello, una fatal atmósfera de mediocridad ha invadido nuestro ambiente y nos ha dejado entregados al mayor de los desastres, turbados y sin que guardemos calor siquiera en el corazón.

Mientras tanto, los dirigentes de los ‘negocios de la fe’ —religiones y organizaciones similares— y los ‘nihilistas’ surgidos de la estupidez humana se pelean por el hecho de la existencia de D-s. Nos ocurre como a los sabios bizantinos que discutían sobre el sexo de los ángeles mientras los turcos escalaban las murallas de Constantinopla. En base a los orígenes de este paradisiaco planeta Tierra en el que habitamos, la discusión siempre se ha centrado entre si su existencia es fruto del azar o de la creación de D-s. Pues bien, la probabilidad de que D-s no exista es la misma que la de lanzar los naipes al aire y que, al caer después al suelo, se forme un castillo con dichos naipes. Cada uno que se quede con lo que quiera creer. La inteligencia no es patrimonio de todos los seres humanos; como tampoco lo es la honradez intelectual. Otras cosa es que D-s y los ‘negocios de la fe‘ sigan teniendo muy poco —en algunos casos, nada— que ver.

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7 respuestas a Acerca de los rentistas del sistema que impiden los cambios para salir de la crisis (y III)

  1. Sirenita dice:

    Por fin llegamos al final de la saga y que me he quedado con un sabor agridulce y muy pensativa por el mensaje final. Hasta ahora me he declarado agnostica pero creo que tendre que ordenar mis ideas acerca de Dios y dejar la puerta abierta por lo que pudiera venir. Gracias.

    Sl2 🙂 🙂 🙂

  2. Dalmata 102 dice:

    No sé que pensar pero me ha sabido a poco. Quizá sería una buena idea Juanjo que nos escribieras sobre la Utopía que necesitaríamos para el siglo XXI. Escribiste un libro que lleva ese título “Utopía en el siglo XXI” no?

    Saludos cordiales

  3. Gonzalo dice:

    En tu discurso, resulta extraño que mentes a Dios, más cuando los fanáticos acrecientan sua ataques contra todo y contra todos, más cuando un “laico” o cualquiera comenta algún tema transcendente.
    Pero es posible que tengamos que trancender, es posible que la situación actual sea otra lección “divina” o fruto del destino y la necesidad para darnos cuenta que somos como seres humanos y recapacitemos sobre la vida, sobre el mundo y sobre nuestro planeta Tiera.
    Tu trilogía es francamente interesante, ya te lo he comentado anteriormente, me parece un poco corta y hasta cierto punto poco práctica. Como se puede hacer participes a sabios y gobernantes, a las Universidades y gobiernos mundiales si hablan en “distintas” lenguas y además tienen intereses contrapuestos e incluso injustos, si lo que se pretnede es seguir manteniendo y acrecentando un sistema “insostenible” y que sume en la pobreza y en la marginalidad a gran parte de la población mundial…
    Me sume en una profunda reflexión, no se si tendrás alguna idea para hacernos ver algo de esperanza, acaso el libro de “Utopía” proponía algo…
    Un saludo
    Gonzalo

  4. jjgabina dice:

    Gracias por vuestros comentarios e ideas. Procuraré reescribir ‘Utopía en el siglo XXI’ en este Blog

    Un saludo
    Juanjo

  5. Iniciativa plus dice:

    Juanjo, a mi encantaría que reescribieras “Utopía en el siglo XXI”. Tengo ganas de leer algo que sacie mis deseos de saber lo que nos podríamos ganar si hiciéramos las cosas bien. Por ahora no te negaré que lo veo todo muy negro. Así que ¡ánimo!

  6. Notenfades dice:

    La explicación histórica que has dado sobre los tiempos de Tomás Moro no es la que me dieron a mi.
    Ahora entiendo mucho más como algunos tienen tanto y otros tan poco.
    Me da tanta rabia encontrarme en algunas reuniones de negocios con actores finacieros que … parecen estar totalmente hipnotizados. Lo pero es cuando alguo dice: Bueno, ya se arreglarán en Africa solos” Cínicos casi todos aunque he encontrado personas que luchan desde dentro.
    ¿No ayudar a los ologopolios u otras empresas que nos dan servicios desembocaría en quizás su bancarrota, pero no llegariamos a una guerra mundial de esta forma?

  7. angelina dice:

    muy bueno el informe

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