Se inicia la transición hacia el coche eléctrico

En Estados Unidos, los tres grandes fabricantes de coches con sede en Detroit han comenzado a reaccionar. Chrysler, Ford y General Motors se muestran desafiantes, a pesar de la enorme caída de ventas que se prevé para este año y que se sitúa en torno al 50%. El ‘as’ que guardaban entre la manga no es otro que el coche eléctrico.

Como ocurrió con la burbuja inmobiliaria y la pirámide financiera, la burbuja del automóvil ha pinchado. En Estados Unidos, los bajos tipos de interés y las facilidades financieras de crédito permitieron, entre el año 2000 y el 2007, la venta de unos 16 millones de coches al año. Los créditos avalados para la compra de coches a plazos pasaron de ser 40.000 millones de dólares, en 1998, hasta 106.000 millones de dólares, en 2005.

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En estos momentos, unas previsiones moderadamente optimistas, como son las que presenta la consultora SM Worldwide, prevén que, en los próximos dos años, se llegarán a vender, como mucho, diez millones de automóviles. Es obvio que, en estas condiciones, habrán de establecerse medidas traumáticas si es que se quiere garantizar la supervivencia de la empresas automovilísticas. Todo implicará fuertes recortes en producción, lo que conllevará amplios despidos y un cierre importante de plantas de fabricación. A pesar de estos recortes, se estima que el exceso de capacidad será todavía de casi el 60%.

La reconversión de la industria automovilística plantea una fuerte apuesta por el coche eléctrico, así como por vehículos más pequeños y, en consecuencia, menos pesados. De este modo, Detroit inaugura la era post carburantes fósiles. Es decir, la era posterior a la que, en el sector del automóvil, protagonizaron los derivados del petróleo como el gasóleo y la gasolina. Lo ha hecho quince años después de que General Motors sabotease sus propios prototipos de coche eléctrico que surgieron a principios de los años 1990 y tan misteriosamente desaparecieron del mercado.

Esta semana, en cambio, en el Salón del Automóvil de Detroit que se está celebrando durante estos últimos días, Ford y General Motors han presentado nuevos modelos de vehículos eléctricos que pretenden revitalizar la industria automovilística en la peor crisis de la historia que sufre la industria automovilística. Los motivos del cambio hacia el coche eléctrico se deben a que se temen fuertes subidas del precio de la gasolina en cuanto remonte la crisis económica actual y, por otro lado, con la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, se sabe que su apuesta por automóviles que sean más acordes con una economía sostenible va a ser determinante.

El primer coche eléctrico de Ford es un compacto, sin motor de combustión, y fabricado en colaboración con la empresa de baterías Magna. Su autonomía llegará a alcanzar los 160 kilómetros. El lanzamiento del modelo de coche eléctrico plantea una producción inicial que oscilará entre 5.000 y 10.000 unidades que se pondrán a la venta el año que viene. El presidente ejecutivo de Ford —biznieto del fundador de Ford— William C. Ford Junior, comentó que, junto al coche eléctrico, también ofrecían un plan completo para vehículos basados exclusivamente en baterías, al objeto de facilitarles la seguridad energética en materia de recarga eléctrica.

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El nuevo Cadillac híbrido de GM, al igual que el Chevrolet Volt, tendrá una autonomía de 60 kilómetros funcionando con la batería, si bien ambos coches estarán equipados con un pequeño motor de gasolina para el recorrido de distancias más largas. El giro que ha dado Detroit —tanto en su discurso de propaganda como en su  filosofía— ha sido de 180 grados. Quien iba a decirnos que Bob Lutz —el que fuera el flamante gurú del diseño de General Motors— hace menos de un año, hubiera calificado las advertencias sobre el calentamiento global como un cubo lleno de ‘mierda’. Su despido está más que justificado por ‘bocazas’ e irresponsable.

La lucha contra el cambio climático implica una fuerte reducción de las emisiones de CO2. A su vez, la mejora de la competitividad de la industria estadounidense requiere reducir sensiblemente las importaciones de petróleo. Ahorro y eficiencia energética y producción de electricidad y calor en base a las energías renovables es también una apuesta obligada para hacer frente a la llamada electrificación de la carretera. Las redes eléctricas inteligentes, ‘smart grids’, los puntos de carga y descarga de baterías y las estaciones de intercambio de baterías son otros aspectos de infraestructura a desarrollar para el impulso y posterior generalización del coche eléctrico.

En esta transición iniciada del automóvil hacia el coche eléctrico, el apoyo de la administración Obama va a ser decisivo. La última palabra la tiene el tendrá el gobierno federal y parece que encaja muy bien en su plan de estímulo de la economía. Por de pronto, el Congreso de Estados Unidos aprobó una legislación en el 2007 que obliga a los fabricantes de coches a aumentar en un 30% la eficiencia de sus vehículos.

Para materializar la transición hacia la nueva era eléctrica de la movilidad, se facilitarán 25.000 millones de dólares a las empresas automovilistas. A su vez, y dada la gravedad de la actual crisis económica, se ha dado luz verde a la adjudicación de subvenciones sin condiciones por una cuantía de 17.000 millones de dólares. La era del coche eléctrico ha empezado a dibujarse precisamente en Detroit. El resto del mundo lo haremos a continuación. ¡Bueno!, algunos países no lo harán y lo pagarán caro.

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