Las preocupaciones de Obama por la escalada del déficit público

En una conferencia que recientemente impartió Barack Obama, el presidente electo de Estados Unidos intentó distinguir entre la necesidad de ejecutar lo que es probable que establezca records en lo referente al volumen del déficit, durante varios años, y la necesidad de comenzar a disminuir, de una manera significativa, este déficit en los años posteriores.

Añadió también que, al tiempo que se prepara un plan de estimulación de la economía que con llevaría un presupuesto de casi 800.000 millones de dólares en concepto de nuevos gastos y recortes de impuestos durante los próximos dos años, se aseguraría que el dinero se gaste con prudencia de manera que se garantice que las inversiones se hagan de manera prudente y bien gestionadas. Obama mismo se comprometió a trabajar con el Congreso para aprobar la aplicación, en todo el presupuesto federal, de un severo control del gasto, así como ajustadas medidas de eficiencia.

Sus palabras trataban de tranquilizar a los legisladores y a los mercados financieros afirmando que era consciente de los peligros a largo plazo que supone tener enormes niveles de déficit público y que, por ello, adoptaría medidas para limitar y reducir estos niveles de déficit.

 
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 Un gran déficit obliga al gobierno a pedir prestado más dinero, a dejar hipotecadas a las futuras generaciones que se verán obligadas a soportar grandes cargas financieras y a dejar al país dependiente de los gobiernos extranjeros y de los otros grandes inversores que presten el dinero. Actualmente, el problema se ha vuelto mucho más grave aún ya, en los últimos meses, que los mercados de crédito se han puesto mucho más difíciles y más costosos. La financiación de un enorme déficit público contribuiría a que tanto las empresas como las familias encontraran todavía más serias dificultades a la hora de obtener préstamos.

El presidente electo hizo también un llamamiento a la creación de una comisión de supervisión y control de la recuperación económica, donde se incluyan asesores externos para controlar el gasto —así como para detectar abusos— del plan de estímulo económico.

“Cuando la gente habló el pasado mes de noviembre, lo hizo para exigir cambios en las políticas que tanto han ayudado a que se produzca la peor crisis económica que hemos visto desde la Gran Depresión” —enfatizó Obama ante los periodistas, para añadir— “La gente también estaba pidiendo que se restableciera un sentido de responsabilidad y de prudencia en el modo de dirigir nuestro gobierno”.

Sin embargo, algunos representantes políticos republicanos y demócratas en el Congreso estadounidense que son más conservadores en cuestión de política fiscal han expresado su preocupación por el mayor endeudamiento que supondría la aprobación de un plan de estímulo económico. Se teme que un nuevo gasto de 800.000 millones de dólares podría barrer, durante años, cualquier esfuerzo serio por lograr que el gasto público vaya en consonancia con los ingresos.

La mayoría de los economistas de casi todo el mundo apoyan el que los gobiernos vayan incrementando el déficit público hasta límites muy peligrosos. Los gobiernos lo hacen para financiar los planes de ayuda al sector financiero pues creen ingenuamente que así podrán hacer frente a la lucha contra la recesión económica. Sin embargo, cada vez se oyen más gritos de alarma pues no es menos cierto que los riesgos debidos a los desequilibrios fiscales van en aumento y ello podría quebrar el sistema económico financiero entero.

El recurso a ‘la manivela’ o al deficit, en un período en el que el envejecimiento de la población generará grandes tensiones presupuestarias debido a los crecientes costes de la salud pública y la seguridad social, puede pasar una factura que haga cierto el dicho ese que dice que es peor el remedio que la enfermedad. Obama ya comienza a ver las orejas al lobo, cosa que Zapatero, que no acaba de comprender la extrema gravedad y el profundo calado de la crisis que estamos viviendo, ni tan siquiera se la huele. Obama plantea una salida que apueste por la economía sostenible. Zapatero, en cambio, impulsa una política obsoleta al servicio de los rentistas del sistema.

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Zapatero y algunos políticos de la autonomías —Ibarretxe y otros— inexplicablemente  no tienen ningún plan. Sus políticas son tan sólo reactivas y malas además. Tampoco han comprendido que no se puede seguir haciendo más de lo mismo. Irresponsable e infantilmente piensan que todo es fruto de una mala pesadilla, que la culpa de todo la tiene las hipotecas ‘subprime’ y que pronto volveremos a los tiempos de antes. ¿Qué habremos hecho para merecer tanta desgracia y tanto político incompetente junto?. Es obvio que sin liderazgo político nuestro futuro cada vez será más negro y comprometido. La tenemos clara.

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