Copenhague 2009 o la clave de nuestro futuro

El año 2009 va a ser un año decisivo. Sobre todo, cuando, tras irrumpir una peligrosa tregua en la lucha contra el Cambio Climático, nos enfrentamos a un largo e incierto periodo de recesión económica. Sin embargo, aunque algunos lo ignoren todavía, otros lo tenemos muy claro. La lucha contra el Cambio Climático es la llave de paso para salir también de la crisis. El problema es el de derrotar a los poderosos rentistas del sistema que se oponen fuertemente a cualquier cambio que modifique su actual ‘status’ y reduzca sus injustos privilegios.

Después de un año en el que el mundo se volvió loco, por el impacto de la recesión económica y la quiebra generalizada del sector financiero, y casi perdió su brújula, la lucha contra el Cambio Climático entra en un nuevo año, 2009. Un año en el que necesitaremos contar con el compromiso político al más alto nivel. Un año muy difícil en el que requeriremos una mejora significativa de nuestro pensamiento creativo para salir del agujero negro donde los sectores inmobiliario y financiero nos han metido y, por último, un año en el que para reparar los daños ocasionados por el disparate de la especulación y el apalancamiento necesitaremos cantidades ingentes de dinero que no sé de dónde sacaremos.

De cualquier modo, y a pesar de las penas y sufrimientos que pasemos, considero que todos desearíamos que, el año que viene, se cumpliese un gran sueño. Sería bueno que para finales del año 2009, la inmensa mayoría de los países del mundo hubieran rubricado en Copenhague un tratado que persiguiera reducir el calentamiento global, convirtiendo este gran peligro que acecha a la humanidad entera en un problema manejable.

Sin que tenga precedentes tanto en escala como en complejidad, este acuerdo, debería empezar a aplicarse a partir del 2012, con el objetivo de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global y, a su vez, lanzar un salvavidas a los países pobres que están expuestos a sufrir profundas modificaciones en sus modelos meteorológicos.

Sin embargo, la realización de este sueño requerirá hacer un esfuerzo extraordinario por parte de todos los países, incluidos los países emergentes. El Cambio Climático se puso de moda en 2007, cuando científicos de las Naciones Unidas publicaron un informe que nos hablaba de los graves impactos que nos produciría el Cambio Climático. En consecuencia, nos hablaba acerca de los peligros debido al aumento de los mares, a las sequías, inundaciones y tormentas. Fue todo un logro que, como culminación, obtuvo para Al Gore, el Premio Nobel de la Paz.

En 2008, el tema del Cambio Climático comenzó a perder importancia, y desapareció casi por completo, cuando los primeros reveses debidos a la crisis financiera mundial aparecieron en escena. En comparación con la enorme demanda de miles y miles de millones de euros y la necesidad de salvar millones de puestos de trabajo, de repente, los problemas que plantea el Cambio Climático se volvieron muy chiquitos. A muchos políticos, ‘influenciados’ por los rentistas del sistema, el Cambio Climático comenzó a parecerles como una amenaza lejana, situada más allá del horizonte que nos marca la agenda de lo urgente.

A pesar de todo —y quizás debido a las malas noticias procedentes del Ártico que nos hablaban de la aceleración del deshielo— el interés por el calentamiento global logró retornar a la agenda mundial, hacia finales de este año. El recién presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, prometió suprimir la controvertida política sobre el clima del presidente George W. Bush.

Durante la campaña de las elecciones presidenciales, Obama se comprometió a establecer topes obligatorios para Estados Unidos, en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y a planificar el regreso de este gran país americano a la escena mundial, después de ocho años de aislamiento y en lo que se refiere a la lucha contra el Cambio Climático.

Por su parte, la Unión Europea superó su disputa interna sobre quién financiaría los costes de la reducción de emisiones de GEIs —fijadas en un 20% para el año 2020, y con respecto a las emisiones de 1990— al tiempo que impulsa y estimula la eficiencia energética y las fuentes de energía renovables.

Este acuerdo entre los 27 Estados miembros de la UE se logró, hace unas dos semanas, durante la celebración en Bruselas de una cumbre comunitaria cargada de temas. Fue como un soplo de vida para llevar a las conversaciones que se celebrarían en Poznan, Polonia, la semana siguiente.

En la ciudad polaca, justo antes de la madrugada del sábado, 13 de diciembre de 2008, los 192 países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, UNFCCC, aprobaron un programa de trabajo para el desarrollo de las negociaciones que, en teoría, deberían permitir el logro del Tratado de Copenhague sobre el Cambio Climático, en la conferencia cumbre a celebrar en la capital danesa, entre el 30 de noviembre y el de 11 diciembre del 2009.

De este modo, los acuerdos de la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático —celebrada en Bali 2007, COP 13— aunque escasos y mínimos, permitieron abrir el camino para la Cumbre de Poznan 2008, COP14, celebrada con mucho éxito recientemente. Ahora, tras los acuerdos logrados en la ciudad polaca, se inicia un marcha hacia la Cumbre de Copenhague 2009, COP15, que implicará mucha generosidad y trabajo, en un contexto donde, incluso, la cura de humildad que nos proporcione la actual recesión económica nos vendrá muy bien.

En Copenhague, se habrá de negociar un nuevo Protocolo que sustituya, en 2012, al Protocolo de Kyoto. Según muchos expertos, ésta puede ser la última oportunidad que tengamos para evitar un Cambio Climático y no podemos dejar, por ningún motivo, que se nos escape definitivamente de las manos.

El escenario está ahora preparado para que, en los casi doce meses de trabajo que restan hasta la celebración de la conferencia, los debates se centren sobre las siguientes preguntas:

  • ¿Quienes deben reducir sus emisiones de CO2 equivalente, en cuánto y cuándo han de hacerlo?
  • ¿La reducción de GEIs —gases de efecto invernadero— debería sea asumida sólo por los países ricos o desarrollados, a los que, históricamente, se les hecha la culpa del calentamiento del planeta?
  • ¿O, por el contrario, deberían también comprometerse los gigantes países emergentes como China y la India —actualmente, países que son grandes contaminadores y que, además, llegarán a ser el mayor problema en las próximas décadas— de manera que se abran nuevos espacios de colaboración entre las economías avanzadas y las economías emergentes, para asumir compromisos que sirvan a la consecución de aquellos objetivos destinados a  la reducción de emisiones de GEIs?

A cambio de estos compromisos con la reducción de GEIs, los países en vías de desarrollo o emergentes deberían ver satisfechas sus fuertes demandas de ayuda y colaboración. Para ello, el dar con soluciones que sean totalmente innovadoras será algo esencial para garantizar la viabilidad de los acuerdos. De este modo, es como lograremos que los costes que supone eliminar y/o reducir significativamente la adición al petróleo salgan más baratos, al evitar el consumo de hidrocarburos fósiles  importados y, a su vez, consolidar la reducción de emisiones de GEIs, en la lucha contra el Cambio Climático

Ahí está el ‘quid’ de la cuestión pues, si se hacen las cosas bien y las ayudas a los países emergentes se realizan, la viabilidad económica está garantizada. De cualquier modo y siendo reslistas, con los negros nubarrones que se ciernen sobre la economía mundial, las perspectivas de Copenhague no son buenas. a juzgar por el principio del deterioro que ejerce el paso del tiempo.

En cierto modo, podríamos coincidir en que el desgaste de lo que va a suponer esta fuerte y prolongada recesión económica que hemos empezado a padecer, siempre le ganará en importancia a cualquier problema de índole ambiental —como ocurre con el Cambio Climático que se nos presenta como un evento muy peligroso para el futuro de la humanidad  pero que cuyos impactos más graves todavía estén lejos de producirse.

Además, la gente que ha de tomar las decisiones son políticos, mayoritariamente elegidos en las elecciones de sus respectivos países. No son los científicos, ni los técnicos, ni los ecologistas los que han tomarlas.

Durante décadas, los que somos partidarios del desarrollo sostenible hemos defendido la necesidad de desligar el crecimiento económico del consumo de energía, en general, y de los hidrocarburos fósiles, en particular. Hoy en día, tanto Barack Obama como el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, son firmes defensores de dicho principio.

Durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, a celebrar en septiembre de 2009, Ban Ki-moon pretende organizar una cumbre especial para dar un impulso adicional a las conversaciones sobre el clima que allanen el camino a ‘Copenhague 2009’.

A su vez, muchas de las esperanzas puestas sobre el éxito de la Cumbre sobre el Clima, a celebrar dentro de un año, en Copenhague, descansan en la figura de Obama. Sin embargo, el próximo presidente de Estados Unidos apenas tendrá meses para cambiar el rumbo de las políticas sobre el clima de Estados Unidos, ya que serán, de manera diametral, distintas y opuestas a las políticas de la administración Bush sobre el clima. Además, para cuando se celebre la Cumbre sobre el Cambio Climático en Copenhague, las batallas y confrontaciones con los poderosos ‘lobbies’ rentistas del sistema estadounidense, en su intento por salir de la recesión económica, de seguro que traerán alguna que otra sorpresa que, finalmente, dificultará la toma de acuerdos, aunque confío en que no lograrán evitarlos.

El economista británico Nicholas Stern, autor del Informe ‘2006 Stern Review’ que trata sobre los costes que originará el Cambio Climático, manifestó que el año 2009 exigiría audacia. En Poznan, el propio Strern declaró que el mundo tiene ahora la oportunidad de realizar un cambio histórico que sirva para salir de la crisis y caminar hacia una economía sostenible. Durante los próximos años, podremos realmente sentar las bases para que, en el futuro, se logren crecimientos económicos, compatibles con unos niveles de emisiones de CO2 que sean bajos.

Sin embargo, Stern agregó que nada nos iba a ser regalado, ni ‘a priori’ se podría dar por sentado tampoco nada. A su juicio, la raza humana ha desarrollado, de una manera increíble, la capacidad de ‘cagarla’ en los momentos más cruciales de su existencia, y es posible que, esta vez, también se pierda esta gran oportunidad que tenemos para alcanzar una economía que sea sostenible. Desgraciadamente, ello tendría fatales consecuencias. El tema es muy serio pues nos va en ello la supervivencia futura de la raza humana.


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7 Responses to Copenhague 2009 o la clave de nuestro futuro

  1. Dalmata 102 dice:

    Feliz año 2010!!!!! porque del 2009 mejor ni hablar…..

    Saludos cordiales

  2. mauricio merchan dice:

    un blog muy interesante =)

  3. Ne O dice:

    Impulsemos medidas concretas: masificar del auto eléctrico y parar la deforestación. Excelente blog. Ne O

  4. Ne O dice:

    Salvar el capitalismo o salvar el planeta

  5. hola ¡¡¡¡¡ a tdos lo s q leee est program aqui present nosotrs le dams ls invitacions pra q asistn al event de san cristobal

  6. Copenhague 2009 fue un total fracaso. Desde entonces hemos ido a peor. No creo que luego podamos pedir milagros que no merecemos. El Cambio Climático es imparable. La duda es si éste llegará a ser abrupto y conoceremos una nueva Glaciación o no. Pero me temo que nos ocurrirá lo peor por nuestra estupidez. Un mundo basado en la usura no puede tener un buen final.

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