La increíble impunidad de la avaricia

Durante las últimas décadas, y al amparo de la mundialización y/o globalización creciente de la economía, la sociedad mundial ha podido conocer un alto desarrollo de sus niveles de riqueza. Sin embargo, lo que no se suele decir es que esa riqueza se ha ido concentrando, cada vez más, en unas pocas manos y, actualmente, amenaza con destruir a las clases medias, gracias a las injustas ayudas que el sector bancario está recibiendo de los poderes públicos, a cargo del contribuyente. Hoy en día, el 1% de la población de Estados Unidos posee el 30% de su riqueza, frente al 20% que poseía hace tan sólo ocho años, cuando Bush comenzaba su primer mandato. De este modo, se comprueba que el rico se hace más rico a expensas del resto, gracias a las políticas neoliberales de la ‘derecha’. Lo malo es que esto haya estado ocurriendo también en países donde, supuestamente, gobierna la ‘izquierda’ como en España.

La avaricia triunfa en nuestro mundo porque los enfermos codiciosos tienen los dados trucados cuando juegan en ese ‘gran casino’ que representa nuestro sistema financiero. Cuando las cosas van bien, los beneficios son para ellos y cuando van mal, somos el resto, los que con nuestro dinero, debemos acudir al rescate de sus quiebras para pagar sus deudas. Lo más grave de todo es que los gobiernos les ayuden, sin nacionalizar las entidades financieras que están a punto de quebrar. También resulta muy grave que lo hagan a costa de empobrecernos al resto y encima, mientan como bellacos cuando afirman que las ayudas destinadas a la banca y a las cajas de ahorros no les costará nada a los ciudadanos. Estas cínicas opiniones de los políticos y otras parecidas que dicen y hacen, me predisponen a pensar que, o bien los políticos están en nómina de alguna institución financiera que otra, o bien piensan estarlo en el futuro.

Por otra parte, poco antes del inicio de la gran crisis económica actual, y gracias al amplio ritmo de progreso tecnológico conocido hasta ahora, la sociedad mundial asistía a dos movimientos de signo contrario y que representaban, a su vez, intereses antagónicos. Por una parte, nos expandíamos, cada vez más, todos en todo. Ello se debía a la expansión del comercio, de la ciencia y la tecnología, de los hábitos y comportamientos, del turismo, de las telecomunicaciones, de las relaciones humanas, etc. Por la otra, asistíamos a una mayor concentración del poder y de la riqueza en manos de unos pocos, cuyas actividades se desarrollaban en dos ámbitos diferentes. Son dos sectores que viven del rentismo, que apenas aportan desarrollo tecnológico y que florecen gracias a su gran tamaño y al desmesurado trato de favor que reciben de los poderes públicos.

El primer ámbito de actuación se correspondía con las actividades maduras, de capital intensivo, como las multinacionales comprendidas en los sectores básicos como el sector petrolero, siderúrgico, eléctrico y químico, preferentemente, y que, desde hacía tiempo, actuando como ‘lobbies’, habían penetrado en casi todas las estructuras de poder público como gobiernos y parlamentos. De este modo, gracias a la corrupción imperante, obtenían del sistema toda suerte de privilegios, aun a costa del interés general.

El segundo ámbito de actuación se relacionaba con las actividades financieras e inmobiliarias que, a medida que el tiempo pasaba, se convirtieron en actividades cada vez más especulativas, donde la ‘economía del ladrillo’ fue el principal exponente. En torno a la burbuja inmobilaria, se desarrollaron todo tipo de derivados financieros asociados al crédito, como los famosos ‘Credit Default Swaps’, CDS, que llegaron a contaminar —debido a acciones arriesgadas y cargadas de codicia de muchos dirigentes de entidades financieras, en connivencia con la irresponsabilidad de los gobiernos, organismos públicos de control financiero y agencias de calificación o de rating— a todo el resto de la sociedad, en especial a los que vivimos en la economía real, poniendo, de este modo, nuestro propio futuro, en grave riesgo.

Nadie está a salvo

Hoy en día, nadie está a salvo. La enfermedad que hiciera sucumbir la banca de inversión y acabara con la existencia centenaria de Lehman Brothers empieza a afectar seriamente a la banca comercial. El primer brote se ha desatado en Estados Unidos, afectando de muerte al holding Citigroup —un banco que hasta hace dos años fuera considerado como el mayor banco del mundo. Este banco ha tenido que ser rescatado urgentemente por el Gobierno Federal para evitar una quiebra que hubiera tenido consecuencias catastróficas para todo el sistema financiero internacional.

Hasta ahora, se creía que los grandes vencedores de la crisis habían sido los grandes ‘holdings’ financieros ya que, hasta el momento, a nivel mundial, habían quebrado diecisiete de entidades financieras —en efecto, a excepción de Lehman Brothers, las demás bancos, aseguradoras y cajas de ahorros se han librado de la bancarrota gracias al dinero público que han recibido.

Se pensaba que estas entidades financieras que combinaban la banca comercial con la banca de inversión y que su negocio tradicional residía en la captación de depósitos para financiación de hipotecas y de créditos al consumo, era un negocio más seguro. Un negocio que ofrecía un escudo protector que volvía a la banca comercial inmune contra las fuertes pérdidas que había sufrido la banca de inversión. Poco pensamos entonces que todo el sistema financiero, en mayor o menor medida, había sucumbido a la tentación de la especulación y del dinero fácil.

En estos últimos días, ha quedado demostrado que la teoría que defendía la inmunidad a la crisis de la banca comercial era falsa. Lo hemos visto tras la constatación de la gran falta de liquidez que padece todo el sistema financiero mundial. La incapacidad de bancos y cajas de ahorros para conceder créditos a las familias y empresas pertenecientes a la economía real, nos muestra hasta qué punto el sistema financiero está contaminado. Naturalmente, en función de los niveles de exposición a la economía del ladrillo que haya desarrollado cada entidad financiera, el riesgo de quiebra será mayor. De este modo, no es de extrañar que el pánico se haya apoderado hasta de los espíritus más tranquilos y calmados.

Poco a poco, y, muchas veces, de manera inconsciente e irreflexiva, vamos interiorizando que nunca, en la historia más reciente de la humanidad, se habían conjuntado tantos peligros a la vez. El hundimiento del sistema financiero, con bancos y cajas de ahorro al borde de la quiebra, y unos gobiernos atónitos y cariacontecidos acudiendo prestos al rescate de la banca especuladora, sin importarles la enorme deuda pública que dichas ayudas están suponiendo y que, mañana, tanto contribuirán al empobrecimiento de unas sociedad que supo sortear las crisis económicas anteriores sin que se produjeran inevitables consecuencias.

En busca de ejemplos parecidos a la crisis económica actual, tan sólo destaca la Gran Depresión que se produjo con posterioridad a la crisis que desató en 1929 y que sumió al mundo civilizado en una década de penurias y tribulaciones que, finalmente, condujeron a la II Guerra Mundial. Quizás — es lo más probable— no lleguemos a sufrir nunca una nueva guerra, aunque casi con toda seguridad, en el caso de que no se reinvente la economía, en clave de sostenibilidad, es muy probable que se desaten numerosas guerras por el control de los recursos, al tiempo la una profunda depresión económica podría apoderarse de nosotros durante más de una o dos décadas.

La amenaza del ‘corralito’ y la expulsión de la eurozona

A corto plazo, todo es posible e, incluso, en algunos países europeos que se encuentren muy endeudados, podrían verse obligados a salir de la eurozona para poder devaluar su propia moneda y, así, hacer frente a la recesión económica. También podría acontecerles el llamado ‘corralito’, que, como sabemos, a finales de 2001, bloqueó los ahorros de los ciudadanos argentinos, haciendo saltar en pedazos el sistema financiero de Argentina y colocando a dicho país, de golpe y porrazo, dentro de la categoría de los países tercermundistas. El ‘corralito’ incluso se puede producir en muchos países pertenecientes a la OCDE, como España, un país que tanto alardea de la solidez de su sector financiero cuando está tan expuesto a la economía del ladrillo.

Al igual que otros muchos, soy de los que considero que la solidez y solvencia de los bancos y cajas de ahorros es mucho menor de lo que se dice. No se trata de ninguna cuestión de fe que algunos pretendan, ingenuamente, hacer incontrovertible. Afirmar que el sistema financiero español es el más sólido del mundo porque no está expuesto a los riesgos de las hipotecas ‘subprime’ de Estados Unidos es algo que resulta muy relativo, por no decir muy difícil de creer. La prueba es la gran aceleración que están experimentado los niveles de morosidad de la banca y cajas de ahorros y que algunos expertos consideran que podrían alcanzar la cifra del 9%.

En España, los bancos y cajas de ahorros saben perfectamente que, dentro de sus registros de créditos concedidos, esconden sus propias hipotecas basura. Un sector financiero que presta tanto dinero a promotores y constructores y, encima, crea su propia inmobiliaria, se deshace malamente de las viviendas que quedaron sin poder vender, y sin quererlo, se habrán dotado de multitud de hipotecas basura. De igual modo, una economía, donde, por término medio, las familias tienen que destinar el 48,7% de sus ingresos al pago de hipotecas, no podemos decir que cuente con la solidez financiera deseable ya que los riesgos de morosidad son terribles, a poco que la economía haya entrado en recesión. Además, se trata de unas cuantías muy superiores a las que tienen que soportar las familias estadounidenses para el pago de la amortización e intereses mensuales de sus famosas hipotecas ‘subprime’.

Durante los últimos cinco años, se concedieron más de ocho millones de hipotecas, de la cuales, una parte nada despreciable de ellas fueron suscritas por jóvenes mileuristas, inmigrantes que trabajaban en el sector de la construcción y parejas donde, por lo menos uno de los dos, tenía un empleo temporal y/o poco estable. A la vista del progresivo aumento que está experimentando la tasa de paro, no sería nada extraño que muy pronto —si no lo están ahora— estos trabajadores se encuentren en situación de parados sin posibilidad alguna de hacer frente a los pagos de la hipoteca.

La avaricia rompe el saco

El dilema y el sufrimiento de estas personas atrapadas es patético. Por una parte, no pueden poner sus viviendas en venta porque si hubiera algún interesado en comprarla, el posible comprador se encontraría con el problema de acceder a un crédito de vivienda que no establezca condiciones draconianas para obtenerlo y, por la otra, tampoco pueden pagar la hipoteca de una vivienda que, por lo menos, vale la mitad de precio que pagó por ella y que, encima, las cuotas mensuales le han crecido ya más del 50% ya que, muchos de ellos, suscribieron hipotecas crecientes, donde las primeras cuotas eran muy bajas, para dar facilidades a aquellas familias que contaran con bajos ingresos y, así, posibilitar que el ‘disparate del ladrillo’, empecinado en construir más viviendas que el Reino Unido, Alemania y Francia juntos, pudiera venderlas.

La tragedia que viven bancos y cajas de ahorro, tampoco es de recibo. Si las instituciones financieras no venden las viviendas que tienen recogidas en sus activos inmobiliarios, no podrán hacer frente a los 800.000 millones de euros que deben a la banca extranjera y quebrarán. Pero, para venderlas, tendrían que rebajar los precios en un 50% y, además conceder créditos para poder hacerlo, algo que parece casi imposible. Si lo hacen, el valor de los activos inmobiliarios disminuirían significativamente por lo que entrarían en fuertes pérdidas y quebrarían también.

La verdad sea dicha es que, a pesar de las fusiones que hagan, a aquellos bancos y cajas de ahorros que estén muy expuestos al ladrillo, cada vez les veo un futuro más negro y, como son tantos —en especial las cajas de ahorros— los que se encuentran en la misma situación, al final, quedarán muy pocos en pié y estos supervivientes serán los que se hagan con todo el pastel, con el permiso de los bancos acreedores extranjeros, en especial, alemanes y franceses. Aquellos que gritan ahora que, por la entrada de Lukoil en la compra del 30% de las acciones de Repsol, España está en venta, no han visto nada todavía, en comparación con lo que vendrá. Entonces, España no sólo estará en venta, sino que, además, lo estará a precio de saldo.

               

 

 


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2 Responses to La increíble impunidad de la avaricia

  1. Dalmata 102 dice:

    Muy bueno este artículo. Conciso, veraz y escrito sin tapujos, como debe ser.

    Es bueno que sepamos lo que pasa para que no nos hagan comulgar con ruedas de molino pensando que somos idiotas.

    Un cordial saludo

  2. Encontré tu blog por pura casualidad y los artículos que publicaste me gustaron mucho. Ya llevo un rato navegando por aquí. Acabo de incluir tu blog en mi lector de noticias RSS. Si estás aburrido, accede a mi blog. Nos vemos!

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