Entre cínicos anda el juego: La OPEP versus la AIE

La OPEP ha realizado un furibundo ataque contra el informe WEO 2008 de la Agencia Internacional de la Energía, AIE. Le molestó mucho el doble discurso del Informe. Al comienzo —según la OPEP— la Agencia manifiesta que nos enfrentamos a un grave y doble desafío y que se debe realizar, incluso, una ‘revolución energética’ para, a continuación, seguir planteando un idílico escenario de Referencia que continúa, como si nada pasara en el mundo, con un aumento previsto de la demanda mundial que podría ser, en teoría, fácilmente cubierta por la oferta.

La verdad es que todo aparenta como si el informe lo hubieran redactado dos personas que pensaran de manera, diametralmente, opuesta. Es cierto que el informe se realizan afirmaciones que ponen el dedo en la llaga, pero pareciera que el WEO 2008 no se atreve a seguir profundizando en lo que los datos aportan y, por arte de magia —siguiendo, quizás, las consignas de ciertos poderes fácticos relacionados con las multinacionales del sector del petróleo— se saca un escenario de Referencia que más bien parece el himno al optimismo gratuito en clave de “Tranquilos muchachos, aquí, todo va bien, aunque el futuro se vea lleno de nubarrones negros y el granizo haya acabado con nuestras cosechas de este año”.

El informe de la AIE, con sede en París, y que asesora en lo referente a la energía al club de países ricos pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, dice que para compensar el agotamiento de los yacimientos petrolíferos, en el año 2030, el mundo tendría que encontrar una nueva producción equivalente a 45 millones de barriles al día, o la producción de cuatro Arabias Saudita juntas, para mantener los actuales niveles de suministro. Lo que también equivale a decir que ‘apaga y vámonos’ porque aquí no hay solución que valga.

A su vez —y todavía, para dejárnoslo más claro— el WEO 2008 añade que sería necesario una producción adicional equivalente a seis Arabias Sauditas juntas, en el caso de que se previera un aumento de la demanda de petróleo que pasara de 85 mb/d a 106 mb/d. Como seguramente —y a la vista de la cada vez más reducida tasa de descubrimientos que estamos conociendo desde los años 1970— ni tan siquiera llegaremos a descubrir el equivalente a otra Arabia Saudita y media más, es normal que nos sorprenda el hecho de que la AIE presente escenarios de muy difícil realización, por no decir imposibles. A menos que se hayan recuperado aquellas virtuosas demostraciones matemáticas, en base a la reducción al absurdo.

La AIE, que basó sus conclusiones en un estudio acerca de las tasas de disminución o declive de los 800 yacimientos petrolíferos existentes más grandes del mundo, concluye afirmando que, en teoría, existen suficientes reservas en el subsuelo como para satisfacer la demanda. Algo que sabíamos todos pues esa afirmación es propia de Perogrullo. Sin embargo, al ser la extracción de petróleo más un problema que depende del tamaño del grifo que del tamaño del depósito, la AIE, para cubrirse en salud, añade que se requieren inversiones de alrededor unos 450.000 millones de dólares al año, contando con que la mayor parte de estas reservas pertenecen a los 13 Estados miembros de la OPEP.

En definitiva, que es lo mismo que decir que aunque haya sequía en muchas zonas del mundo, en realidad no hay problemas de falta de agua porque tenemos agua de mar suficiente y que el verdadero problema es que no se invierte lo suficiente en desalinizadoras, potabilizadoras, acueductos y sistemas de bombeo, depósitos y tuberías de distribución y saneamiento. Según mi manera de pensar, este tipo de estudios que dicen (-A) pero añadir luego, sin aclarar porqué, que la respuesta es  (A), son estudios duales antagónicos que bien podrían estar muy relacionados con el más puro de los cinismos.

Como cinismo es también lo que declara, a continuación, Abdullah al-Badri, el secretario general de la OPEP, cuando establece una insulsa sentencia sobre el informe de la AIE manifestando que no confía en el informe, ya que, a su juicio, la AIE no está equipada para examinar estos 800 yacimientos petrolíferos y, en consecuencia, no ve la forma de cómo las conclusiones del WEO 2008 puedan llegar a ser útiles.

Abdullah añadió que la OPEP —el cártel que conforman los trece países exportadores de petróleo y que producen el 40% del petróleo que se extrae, a nivel mundial— tampoco había participado en la elaboración del estudio y que, además, el informe le parecía que era alarmista por lo que lo desestimaba. Al-Badri insistió en que la OPEP tiene la mayor parte de las reservas y que, en consecuencia, tienen el petróleo suficiente como para satisfacer las demandas de futuro previsibles. Lo que no dijo, en ningún momento, es con qué reservas —pues los países productores es bien sabido que mienten mucho— en base a qué tecnologías, con cuántas inversiones y a qué precio.

El verdadero mensaje de la AIE

En su intervención en Londres, durante el acto de lanzamiento del informe ‘World Energy Outlook 2008’, celebrado el pasado miércoles día 12, Nobuo Tanaka, director ejecutivo de la AIE —un líder experto en energía de la Agencia— utilizó un tono marcadamente diferente. Su voz expresaba un sonido grave que advertía acerca de los desafíos energéticos a los que, ineludiblemente, se ha de enfrentar el mundo. A juicio de la AIE, las tendencias actuales tanto en lo que se refiere al suministro como al consumo de energía son claramente insostenibles —económica, social y ambientalmente. Son tendencias que se pueden y se deben modificar cuanto antes.

Tanaka llegó a decir que se necesitaba, con urgencia, una “revolución energética” para poder satisfacer la creciente demanda mundial. Pronosticó que la demanda mundial llegaría a dispararse en un 45%, para el año 2030. Este crecimiento de la demanda de energía sería impulsado, principalmente, por China y la India. También pronosticó que, al mismo tiempo, se llegarían a adoptar fuentes de energía de bajos niveles de emisión de CO2 para impedir que se produjeran ‘cambios climáticos catastróficos’ (sic).

La controversia entre la AIE y la OPEP se sitúa en el centro del debate que existe sobre el ‘Peak Oil’ y de la manera como se podrían cubrir, en los próximos años, las necesidades energéticas, a nivel mundial, a partir de sus actuales yacimientos petrolíferos puede suministrar en los próximos años. En el informe ‘World Energy Outlook’ de este año, se evalúa la cantidad de petróleo que, a nivel mundial, sería capaz de producir en 2030, y se hace más hincapié que nunca en la necesidad de desarrollar alternativas a los hidrocarburos fósiles. En este sentido, se contrapone a la opinión de la OPEP que, tradicionalmente, ha sido acusada de exagerar sus reservas por motivos políticos y para desalentar el desarrollo de energías alternativas.

El informe de la AIE también avisa de que la actual desaceleración económica podría tener consecuencias perjudiciales, a nivel mundial, para los suministros de energía, al socavar inversiones en E&P que son cruciales para poder garantizar los suministros de petróleo, dentro de dos o tres años. Para el director de la AIE, es bien evidente que no podemos permitir que la crisis financiera y económica retrase las actuaciones políticas que se necesitan con urgencia, tanto para garantizar la seguridad y el suministro de energía como para reducir el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

A su juicio, debemos impulsar, cuanto antes mejor, el comienzo de una ‘revolución energética’, a nivel mundial, mediante la aplicación de políticas radicales que persigan una reducción sustancial de la intensidad energética —en base al ahorro y a la eficiencia energética— y un aumento considerable del desarrollo de aquellas energías caracterizadas por sus bajos niveles de emisiones de CO2. En suma, que tras escuchar la exposición de Nobuo Tanaka y releer el escenario de Referencia me reafirmo en considerarlo el ‘escenario de lo absurdo’. Algún día nos enteraremos de las presiones que dieron origen a tamaña estupidez, al plantearlo,  en lugar de utilizar escenarios más cercanos a la realidad como hubiera sido el ‘escenario tendencial’ o escenario más probable.

                

 


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