Los políticos europeos divididos por la reducción de emisiones de CO2

Los temores a una brusca desaceleración de la economía están obligando a que se replanteen muchos objetivos comunitarios, preferentemente de índole ambiental y social, y algunos económicos —en general, aquellos más comprometidos con el nuevo paradigma emergente. Obviamente, estos temores están siendo muy bien aprovechados por los que más se beneficiaron de situaciones pasadas —y que son, en una gran medida responsables, de la crisis actual— como son las grandes empresas rentistas del sistema. Son también aquellos actores socioeconómicos que no quieren oír hablar, para nada, del desarrollo sostenible. Por ello, una de las primeras cuestiones a tumbar, y que están aprovechando estos actores, han sido los ambiciosos planes de lucha contra el Cambio Climático que tiene la Unión Europea, pero, esta vez, con la inestimable ayuda de algunos países europeos de reciente incorporación a la UE.

Así, algunos países —caracterizados por ser muy dependientes del carbón y, por tanto, grandes emisores de GEIs, como Polonia y Rumania— y otros —dirigidos por profesionales al servicio del rentismo de su propios países como Silvio Berlusconi— han comenzado a oponerse frontalmente a estos objetivos, hasta el punto de llegar a amenazar con vetar las propuestas, a menos de que se hicieran más asequibles. Lo que también quiere decir que sean menos realistas y ajustadas al reto que nos plantea el Cambio Climático — como si el calentamiento global, que se ha acelerado en los últimos años, nos fuera a esperar. A subrayar el hecho de que a personajes cínicos como Berlusconi, y a otros vendidos a su entorno ideológico-financiero, lo que le pase al resto de la humanidad, después de que ellos hayan muerto, les importa un bledo.

De este modo, en la reciente reunión de la Cumbre de la Unión Europea, que fue una sesión dominada por el temor a las repercusiones de la crisis financiera, los debates sobre la forma de lograr las reducciones de las emisiones de CO2, fueron caldeándose, a medida que pasaba el tiempo. Los veintisiete países que integran la Unión Europea llegaron, incluso, a intercambiarse airadas respuestas que, en algunos momentos, podrían haber sido consideradas de hasta feroces y combativas.

Italia y varios países de Europa oriental dijeron que, debido a la crisis económica, no podían aceptar las propuestas actuales, insistiendo en que podrían llegar a utilizar el derecho a veto que ellos tienen. Lo que comprometía seriamente cualquier proceso de acuerdo, al impedir a que una salida progresista al contencioso fuera posible.

En el fondo, y en lo que se refiere a la lucha contra el calentamiento global, también se puso en juego la credibilidad de Europa para reclamar su liderazgo. Algunos políticos insistieron en que, para llegar a un acuerdo en diciembre, un fracaso sería particularmente perjudicial, ya que socavaría la capacidad de Europa para negociar con la nueva administración de Estados Unidos. Se espera que, de la últimas elecciones presidenciales, el ganador de las mismas —sobre todo si es Barack Obama— sea más abierto y permeable a los esfuerzos necesarios que exige hacer frente al Cambio Climático.

En un contexto de fuerte y creciente pesimismo económico, los esfuerzos por parte de Francia, que ocupa la presidencia de la UE, para acelerar los planes para la lucha contra el Cambio Climático fracasaron, al negarse estos países a comprometerse con el objetivo francés de lograr un acuerdo en el mes de diciembre. De cualquier modo, Francia insistió en que sus objetivos seguían teniendo prioridad.

En la Cumbre, todo el mundo era consciente de que, a fin de poder alcanzar el objetivo de reducción de emisiones de GEIs del 20%, para el año 2020, la legislación sobre los límites máximos de emisión de la UE con respecto a la energía y a las empresas fabricantes debería ser más estricta, a partir de 2013. Para cada uno de los países de la UE, el paquete de medidas a poner en marcha debería también establecer los objetivos a cumplir. Estos objetivos deberían marcar el impulso y desarrollo de las energías renovables, al objeto de incorporar energías las más limpias, en un plazo razonable.

El Presidente francés, Nicolas Sarkozy, insistió en la necesidad de encontrar una solución antes de enero. Consideró que no sería propio de Europa esconderse detrás de la crisis, cuando ahora más que nunca se necesita que ejerza su papel de liderazgo. Resulta vital para la humanidad, que Europa siga dando ejemplo al resto de los países y enseñándoles que el camino de salida de la crisis actual pasa por el desarrollo sostenible.

Sin embargo, los encontrados intercambios de opiniones que se entrecruzaron los jefes de gobierno de los diferentes Estados miembros, durante la cena, crearon el ambiente de enfrentamiento propicio para que, al día siguiente, se diera una prolongada batalla dialéctica. Las discusiones se centraron sobre quién debería asumir, Comisión o Estados Miembros, la mayor parte de los gastos originados por el cumplimiento del objetivo de reducción de las emisiones de CO2, en un 20%, para el año 2020.

La conversaciones de la Cumbre de la UE se basaron sobre la aprobación de un conjunto de proyectos de ley que habían sido propuestos por la Comisión Europea, y que detallaban la forma en que la que el objetivo de reducción de CO2, del 20%, debería ser perseguido por cada uno de los veintisiete Estados miembros. Sarkozy sostuvo que era necesario alcanzar un acuerdo, rápido y cuanto antes, para que la legislación consiguiente pudiera ser aprobada por el Parlamento Europeo, antes de que éste llegara al final de su legislatura, en junio.

Además, un fracaso sobre este tema, debido a que no llegara a un acuerdo antes en diciembre, pondría la tarea de lograr un acuerdo en manos de la República Checa —que sería el Estado miembro que asumiría la presidencia de la UE, en enero— que quizá no estaría mucho por la labor, ya que su coalición de gobierno se encuentra muy dividida por el tema del Cambio Climático.

El Primer Ministro de Italia, Silvio Berlusconi, lideró el ataque contra la aplicación de dicho paquete de medidas orientadas a la reducción de emisiones de GEIs, diciendo que cuando se aprobaron el año pasado, él no era Primer Ministro aún. A su juicio, inmersos en una crisis económica, tan profunda  como incierta, no parece que estos sean los momentos para avanzar por nuestra cuenta, como si fuéramos Don Quijote.

Berlusconi añadió, de su propia cosecha, cartera y sinrazón, que para luchar contra el Cambio Climático teníamos tiempo. Lo dijo sin sonrojo, ni vergüenza alguna. Lo dijo a pesar de que más de 2.500 científicos de todo el mundo, que llevan trabajando, más de una década de años, investigando sobre el Cambio Climático, digan todo lo contrario. He aquí una prueba de cómo la estupidez humana, mezclada con grandes dosis de vanidad irresponsable, va calando entre algunos políticos representantes de la plutocracia.

El problema es serio, y los enemigos del desarrollo sostenible, se frotarán las manos de alegría. La salida se ve difícil, debido a que, en la UE, este tema habrá que acordarlo por unanimidad. Los posicionamientos contrarios al acuerdo como Italia, Polonia, Bulgaria, Hungría, Letonia, Lituania, Rumania y Eslovaquia, no lo hacen nada fácil. Al igual que Berlusconi, el Primer Ministro de Polonia, Donald Tusk , también dijo que los objetivos de reducción del CO2 acordados se habían fijado antes de que él estuviera en el Gobierno, por lo que no le comprometían a cumplirlos. Lo que nos demuestra que, hoy en día, cualquier idiota puede ser elegido presidente, aunque no en todos los países.

El Primer Ministro polaco también subrayó que los problemas que tiene su país, para dejar de depender tanto de las centrales eléctricas de carbón, son enormes por no decir insalvables. Añadió que su caso es muy diferente del de Francia. donde las centrales eléctricas nucleares son el componente mayoritario del mix eléctrico. Obviamente, no hizo la comparación con otros países que también tienen centrales térmicas de carbón, como Reino Unido y Alemania, y que sí se han comprometido a cumplir con el objetivo.

Por su parte, el Primer Ministro de Letonia, Ivars Godmanis, declaró que su país podría vetar el paquete de medidas, a menos de que hubiera más concesiones para los países que se adhirieron a la UE, en 2004. Alemania también dejó clara su preocupación por el impacto potencial que tendría el sistema de comercio de emisiones de la UE sobre los niveles de competencia de las industrias europeas de gran consumo energético. Para la canciller alemana, Angela Merkel, hay que asumir el hecho de que, a nivel mundial, estas empresas europeas deben competir con empresas de otros países donde, casi con seguridad, no se llegará a adoptar ningún sistema similar de comercio de emisiones.

La magnitud de las reacciones negativas al acuerdo que mostraron algunos Estados miembros también causó una gran preocupación en Dinamarca. Como se sabe, este país deberá ser la sede donde, el año próximo,  se deberán desarrollar unas cruciales conversaciones sobre el Cambio Climático, entre todos los Estados miembros de la Unión Europea.

En un esfuerzo por disipar mayores preocupaciones acerca del impacto de la desaceleración económica de la industria, Sarkozy realizó un examen sobre una serie de medidas que podrían estimular la economía. De manera especial, se refirió a la industria del automóvil, que ha pedido ayudas de miles de millones de euros como fondos de rescate. A su juicio, la industria europea del automóvil, como principal motor del desarrollo económico que es,  debería reconvertirse y suministrar coches limpios, eléctricos e híbridos a la sociedad. Pero, para ello, estas empresas automovilistas necesitarían modificar todo el aparato industrial, y ello, consideró Sarkozy,  no lo podrían hacer si no cuentan con ayudas públicas.

A su vez, el Presidente francés, manifestó su convencimiento de la necesidad que hay de redefinir el sistema capitalista y cuestionó el futuro de las agencias de calificación crediticia o de ‘rating’ que, según dijo, no había podido impedir la reciente crisis financiera.

Con todo, los líderes de la UE respaldaron la celebración de una reunión conjunta con diversas potencias económicas —entre ellas, China, Rusia e India— para realizar una revisión de los mercados financieros, similar a la que se hizo, en 1944, con ocasión de la aprobación de los Acuerdos de Bretton Woods que fueron los que establecieron, hasta 1971, las reglas de comercio y las relaciones financieras, a nivel internacional.

En conclusión, el Consejo Europeo ha tenido que resistir uno de los embates más serios, por parte de países que colocan en segundo plano la lucha contra el Cambio Climático. Pero estos países no están solos. En el interior de cada país, existen también poderosos sectores económicos que presionan para que no se haga nada. Son las empresas más contaminantes de todas, como las empresas eléctricas, petroleras y gasistas, cementeras y metalúrgicas, etc., las que quieren apartar de la agenda política la preocupación por el Cambio Climático.

No es la primera, ni la última vez, que estas empresas rentistas del sistema, por boca de sus gobiernos títeres, aprovechan cualquier coyuntura para pedir que se desande el camino de Kyoto. Esta vez, la excusa ha sido la crisis económica-crediticia-financiera. Mañana será otra cuestión. Sin embargo, esta senda iniciada hacia la sostenibilidad es ya algo irreversible. El premio Nobel de la Paz, Rajendra Pachauri, lo decía bien claro cuando afirmaba que ceder ante el rentismo, sería un grave error ya que la crisis que actualmente padecemos, y que nos muestra innumerables facetas de declive y deterioro, es la prueba palpable del agotamiento del actual modelo socioeconómico.

Estamos viviendo el fin de una era. Y, a su vez, estamos viviendo las vísperas del amanecer de otra nueva era, puesto que el actual modelo económico es insostenible del todo. La solución pasa por el desarrollo sostenible. Hoy se celebran las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Hoy puede ser que cambie la ‘fortuna‘ que tanto les ha sonreído —durante muchos, muchos años— a los rentistas del sistema. Espero, vivamente, que, desde mañana, comience a sonreírnos a aquellos que llevamos décadas luchando por el desarrollo sostenible y recibiendo golpes y porrazos por todas partes. Barack Obama es también nuestra gran esperanza. Su victoria será también la de todos los que queremos cambiar el mundo hacia la sostenibilidad. Amén.

 


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