La productividad de los recursos como idea-fuerza

En términos políticos, una estrategia que favorecería a cualquier país, sería aquella que persiguiera mantener unos niveles altos-medios y estables de crecimiento económico pero sin que hubiera externalidades económicas, sociales y ambientales. Con la mejora la productividad de los recursos, se logra producir más gastando menos recursos, se obtiene un mayor valor económico por cada unidad de producción, logrando que se desacople el crecimiento económico de un consiguiente aumento del consumo de recursos.

En todo plan que pretenda encarar el futuro con éxito —y, obviamente, lo quiera hacer desde un enfoque sostenible— la mejora de la productividad de los recursos debe ser un objetivo prioritario a alcanzar. El mayor problema que tendremos será que, para alcanzar este objetivo, se requerirá aplicar la gestión de la demanda. Es evidente que resulta mucho más cómodo concentrar los esfuerzos en el lado de la oferta —buscando los cambios tecnológicos que mejoran la eficiencia del uso de los recursos— que tener que enfrentarse a crisis profundas, cargadas de graves problemas como los que actualmente padecemos y cuya solución, en una gran medida, se encuentra en el lado de la demanda.

Hasta ahora —y mucho más con la crisis actual donde el ahorro insatisfecho comienza a ser una componente muy importante de la mejora de la productividad de los recursos— los datos sobre el consumo total de recursos, en la mayoría de los países desarrollados, son también muy alentadores. Una comparación reciente entre países de la Unión Europea colocó al Reino Unido como uno de los primeros cinco países, en términos de eficiencia en el uso de los recursos. La investigación realizada por el Instituto Wuppertal de Alemania mostró que, en el Reino Unido, entre 1970 y 1999, la demanda total de materias primas creció, solamente, el 12%, mientras que el PIB aumentó en un 88%, durante el mismo periodo de tiempo.

Se había producido un desacloplamiento entre el crecimiento económico y la utilización de recursos que llegó a sorprender a muchos expertos, dadas las enormes dificultades que el Reino Unido había tenido para desarrollar una política de reducción, recuperación y reciclaje de residuos que fuera eficaz. ¿Dónde estaba entonces el truco?. El Instituto Wuppertal dió con la respuesta cuando descubrió que la mayor parte del desacoplamiento alcanzado se debía atribuir al cambio experimentado en las actividades económicas.

Este cambio era debido, fundamentalmente, a que, en la sociedad, se había producido una transición importante de la producción de bienes a la producción de servicios, que es desarrollada por actividades que tienden a tener un consumo de recursos muy inferior por unidad de PIB. De este modo, en el Reino Unido, y durante los últimos treinta años, es como el consumo total de recursos per cápita ha podido permanecer estable a pesar de los considerables aumentos del PIB.

Sin embargo, en algunos sectores clave de la economía, la mejora de la productividad de los recursos no se ha producido, sino todo lo contrario. Así, en el sector del transporte, y con respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero, se puede decir que las mejoras en eficiencia han venido acompañadas por grandes aumentos de consumo, con lo que las emisiones de GEIs han crecido sustancialmente, en los últimos años.

En particular, estos son los casos del transporte aéreo y del transporte por carretera, donde la situación es peor ya que los aumentos del consumo exceden a las mejoras debidas a la eficiencia. Incluso, en la mayoría de los países europeos, a pesar de las mejoras previstas de ahorro y eficiencia energética, relativas al consumo de queroseno de los aviones, no ha podido evitarse que crecieran significativamente las emisiones GEIs, correspondientes al subsector del transporte aéreo. Los aumentos del tráfico aéreo que se han producido han sido tan altos que, con las ganancias en ahorro y eficiencia alcanzadas, no se ha podido reducir más que sólo un 30-50% de la reducción de emisiones GEIs que se tenía que haber hecho, ya que era lo comprometido, en conformidad con el Protocolo de Kyoto.

Para la mejora de la productividad de los recursos, un problema grave a solucionar es el hecho de que los mercados sólo recompensan la mejora de la productividad de los recursos si, a su vez, esta mejora reduce también los costes. En la medida que el consumo de recursos —al igual que los impactos totales que produce dicho consumo— sean menos caros, comparados con otros factores de producción, las empresas mejorarán su posición competitiva consumiendo más recursos. Se impone, por tanto, la fiscalidad sostenible. Si la ‘zanahoria’ no vale para convencer habrá que recurrir al ‘palo’, aunque explicando bien porqué. También hay que establecer normativas que exijan una importante introducción del bioqueroseno en la aviación comercial, en especial, el obtenido a partir del aceite de jatropha

En cierto modo, y sin que exista fiscalidad sostenible que cree señales claras en el mercado, con la mejora de la productividad de los recursos, se produce la paradoja de los barquitos del río Mississippi que, para navegar corriente arriba, deben superar la fuerza descendente del enorme caudal del río que va corriente abajo. Al final, el resultado es demoledor pues se llega a desperdiciar el 30% de la energía que se consume. Si llega a haber esclusas estas pérdidas sería nulas para el barco.  La fiscalidad sostenible actúa como las esclusas que nivelan las aguas entre tramos del río que se sitúan a diferente altura, haciendo menos fatigosa la marcha de aquel barco que navega contra corriente, siguiendo el curso del río, en dirección aguas arriba.

Por otro lado, el ejemplo del transporte en coche en lugar del transporte público, que generan los centros comerciales —sobre todo, cuando están situados en las afueras de las ciudades— es un ejemplo claro y sintomático de lo que significa desperdiciar energía. De igual modo ocurre con las tecnologías digitales que decían que habían logrado la ‘oficina sin papel’. En realidad, estas tecnologías están propiciando un aumento del consumo de papel ya que, al reducirse los costes y los tiempos de impresión, ahora se sacan muchísimas más copias, por todo, que antes.

Y, en otros campos que las tecnologías digitales, tampoco hay ninguna evidencia de que vayan a modificar, de una manera considerable, la intensidad energética de la economía. Y así seguirá todo, mientras los diferentes gobiernos no se tomen el tema de la productividad de los recursos de un manera mucho más seria y responsable y empiecen a aplicar la fiscalidad sostenible como hace tiempo debieran haber hecho, si no fueran tan mediocres y cobardes.

Siguiendo con el Reino Unido, allí, en algunas áreas, sí que se han tomado acciones decisivas. Por ejemplo, a partir del 2005, la tasa por vertido aumentó en tres libras por tonelada al año, hasta alcanzar la tarifa de 35£ por tonelada y aunque todavía era mucho menos que en algunas otras regiones europeas, sí representaba una señal bastante clara de la necesidad que tenemos de efectuar cambios importantes en nuestra estrategia de gestión de los residuos.

Necesitamos tomarnos en serio el tema de la productividad de los recursos y hacer un seguimiento de ello. Lo hemos de hacer de una manera sistemática, siguiendo el consumo de recursos y de energía, en todos los sectores de la economía. Las décadas de subvenciones perversas y de externalizaciones de costes que se han autorizado a actividades muy contaminantes para mantener los precios bajos, están pasando factura.

En el Reino Unido, las imágenes de las protestas sobre el impuesto a los combustibles, que ocurrieron el año 2000, quedaron grabadas en la memoria de los funcionarios públicos e, igualmente, en la de los ministros, como un ejemplo de lo que puede pasar cuando un instrumento fiscal sostenible se aplica como si fuera un castigo para los consumidores y no se explica lo suficiente. El hecho de que nadie en el Gobierno británico tuviera el coraje de defender esta medida fiscal sobre el consumo de combustibles, “fuel tax escalator” —que era una medida clave de la política sostenible del transporte y de las estrategias contra el Cambio Climático que impulsaba el propio Gobierno— fue algo, profundamente lamentable y un recordatorio importante sobre lo que, aún siendo algo tan simple como es el ejercer el liderazgo en temas relacionados con las demandas de productividad de los recursos, en esta ocasión, no hubo liderazgo alguno y ello no fue por casualidad.

¿Qué que se podría esperar, entonces, que se dijera en términos de mejora de la productividad de los recursos? Me diréis que todo depende de cada recurso y así es. No es lo mismo hablar de las diferentes fuentes de energía que de los metales preciosos, de las materias primas que utiliza nuestra industria básica como la chatarra, de las sustancias químicas, de los minerales, de los cereales, etc. También depende del grado de ‘tecno-optimismo’ que tengan aquellos que hagan las estimaciones.

Otro hecho es también cierto. A pesar de que el consenso general que existe entre expertos, industriales y académicos, en materia de productividad de los recursos, sea aplastante, ello, por sí solo, no basta. Tampoco logrará que los diferentes actores económicos, sociales y políticos se pongan de acuerdo sobre las características que debería tener el crecimiento económico, Mucho menos, se pondrán de acuerdo sobre el imperativo de tener que aprender a vivir dentro de los límites biofísicos y las capacidades de carga que nos impone la Tierra.

Si todavía hay quien duda del Cambio Climático, ahora que estamos sufriendo una de las peores crisis económicas de la historia moderna, las dudas ‘interesadas‘ van a ser multitud, con lo que la importancia que se le de a los los límites biofísicos de la Tierra va a ser cada vez menor. Por lo tanto, sé que lo tenemos cuesta arriba, todos aquellos que sabemos que es necesario seguir preocupándonos por la construcción de un futuro que sea sostenible. Por ello, debemos hacer frente al desafío que nos plantea una producción y un consumo sostenibles.

Y es ahora cuando nos surge la ‘pregunta del millón’ ¿Será posible desacoplar la mejora de la calidad de vida de las personas —o sus niveles de satisfacción de vida— de los incrementos de consumo?. En otras palabras, ¿Podremos mejorar nuestros niveles de calidad de vida sin necesidad de caer en el consumismo?. Sé que la mayoría de los políticos y de los sectores económicos más poderosos piensan que no es posible y,  en base a dicha asunción, es como intentarán aplicar políticas que son una mera continuación del pasado,  para hacernos salir de la crisis actual. Para nuestra desgracia, será perder el tiempo y el dinero que no tenemos, en intentar reeditar un pasado que nunca más volveremos a ver. Una de las lecciones más importantes de esta crisis es que el futuro será sostenible o no será. La otra es que la estupidez humana no tiene límites.


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2 Responses to La productividad de los recursos como idea-fuerza

  1. Luis Fernando dice:

    Hola, soy nuevo y me ha encantado este blog. Es un blog chevere.

    Le felicito Sr juajo Gabiña

  2. Asier y Duque dice:

    nos encanta tu blog, enhorabuena, sigue asi.
    Formamos parte de una gran organización y nos estamos pensando en publicar tu blog en televisión.
    Esperemos que sigas informando a la gente de esa manera.
    Mucha suerte y adelante!

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