Carbon-free Economy

Una de las noticias que más ocultan los medios de comunicación de los países desarrollados —sobre todo, en aquellos países en los que, en la práctica, no están interesados en la lucha contra el Cambio Climático— es el hecho de que, técnicamente, es posible  alcanzar una economía sin consumo  energético de hidrocarburos fósiles, y en menos de una década. También se oculta —o se disfraza, al menos— el gran número de intereses creados que existen, en los diferentes países, para no modificar el ‘status’ actual, donde, tan sólo el parque automovilístico llega a ser tan grande y poderoso que le desanima a cualquiera, aunque sea un objetivo posible y alcanzable, intentar escapar del consumo de petróleo. Así, Estados Unidos cuenta con un sector del transporte que comprende unos 220 millones de coches y camiones, frente a los 200 millones de la UE.

Por otro lado, sabiendo como sabemos que los precios del crudo del petróleo van a ir en aumento, a medida que la economía se recupere y crezca la demanda mundial, el hecho de continuar consumiendo petróleo, durante las próximas décadas —más o menos, como hasta ahora— es una absoluta temeridad. Sin embargo, tanto el sector petrolero como el sector automovilístico no están por la labor de evitarlo y para ello estos sectores han contado, por si era preciso, con una gran ‘influencia‘ sobre los políticos. Esta capacidad que estos sectores han tenido hasta hace muy poco, ha sido la razón principal por la que nunca se adoptaron medidas firmes, y rupturistas con el pasado, para escapar, totalmente, de nuestra dependencia del petróleo. Un objetivo que hubiéramos podido alcanzar en algo menos de diez años.

Además, no sólo es por la lucha contra el Cambio Climático por lo que debería reducirse el consumo de hidrocarburos fósiles como causantes principales del calentamiento global. También deberían hacerlo los países importadores de petróleo al objeto de aumentar sus niveles de competitividad mejorando su balanza comercial y produciendo riqueza genuina y duradera, así como innumerables puestos de trabajo ocupados en las actividades relativas al ahorro y la eficiencia energética, a la producción de electricidad y calor en base a las fuentes de energía renovables y a la mejora de la productividad de los recursos.

Finalmente, y sobre todo por sentido de la supervivencia, la supresión de importaciones de crudo sería deseable para evitar que la OPEP se haga con la económica de los países desarrollados. Esta es otra razón capital para que los diferentes gobiernos de los países occidentales impulsaran políticas que redujeran drásticamente las importaciones de petróleo. En cierto modo, se repite la historia ya que esto es exactamente lo que sucedió con la sal, en el siglo XIX.

En efecto, a lo largo de la historia, sabemos que la sal fue utilizada para conservar los alimentos. Ello permitía a los barcos veleros navegar, durante meses, sin tener que recalar en tierra para aprovisionarse de comida, mucho más difícil de hacerlo que de obtener agua para la bebida. También permitía a los ejércitos avanzar sin cuidado, puesto que, gracias a la conservación de los alimentos que la sal permitía, resultaba muy manejable que la intendencia y el suministro de comidas se acomodaran a los rápidos avances de los ejércitos. De igual modo, también se utilizaba la sal para la producción de municiones que permitía a los imperios luchar entre sí, ocasionándose entre ellos un mayor número de bajas. El cuero se curaba con sal y mediante la reacción química del sodio con las sales de plata, se separaba la plata del mineral.

Aquellos países que eran ricos en minerales y metales preciosos eran los que adquirían riqueza y prestigio internacional. También eran los países que, curiosamente, no tenían que pagar por la sal y, mucho menos, luchar por conseguirla como ocurre, hoy en día, con el petróleo. Como ejemplo gráfico de lo que pasa, hoy en día, no tenemos más que sustituir las palabras “Reino Unido“, “Portugal” y “sal” por “Estados Unidos”, “Arabia Saudita” y “petróleo” en el siguiente extracto del libro de Mark Kurlansky, un ‘best-seller’ que lleva por título “Sal: una historia del mundo y vea cómo se parece la realidad del siglo XVIII a nuestros días”:

“Para el Almirantazgo británico, la solución a la falta de sal consiste, o bien en adquirirla por la fuerza, o bien en obtenerla con diplomacia y trueque de regalos, de aquellos países o lugares donde se produzca. Portugal tenía sal pero necesitaba protección…el Reino Unido no tenía sal y la necesitaba pero tenía una buena armada. Y así fue como el Reino Unido y Portugal formaron una excelente alianza comercial para la protección naval de la sal. La armada del Reino Unido protegía a los barcos portugueses, cargados de sal, y, cambio de este favor, Portugal regalaba al Reino Unido la sal que dicho país necesitara”.

Toda la gran importancia y valor que se atribuía a la sal —salario es una palabra que proviene de latín ‘salarium’: cantidad que se daba a los soldados para que se compraran sal— se acabó con la invención de la comida enlatada, la refrigeración, la congelación y la química compleja que permitía, mediante el uso de conservantes, retrasar significativamente la fecha de caducidad de los alimentos envasados. De acuerdo con las tendencias actuales, a nivel mundial, la sal ya no es una mercancía estratégica y los países o territorios ricos en sal, como Orissa, Tortuga, Boa Vista, Turk, Salt Cay y Gran Inagua que tanta importancia e influencia tuvieron una vez, hoy en día, no son ni siquiera unos enclaves que sean conocidos, incluso por los más aficionados a la geografía.

Es cierto que todavía estos territorios exportan sal y que los que países que no tienen salinas o plantas desalinizadoras siguen comprándola, pero, sin embargo, no gana tanto como para levantar — tal como va a hacerlo, próximamente, Dubai— la torre más alta del mundo. Son pequeños países o islas que no podrán construirse los centros comerciales más grandes del mundo, ni tampoco podrán acumular las armas más sofisticadas, ni tan siquiera ser mínimamente países reverenciados por todos los dirigentes del mundo.

Si ahora convirtiéramos la sal en petróleo y quisiéramos vernos libres de su dependencia, también nos deberíamos librar de su consumo. De lo que se trataría entonces, sería de realizar una transición mundial hacia un sistema de transporte basado en la próxima generación de carburantes. No sería una economía basada en los derivados del petróleo, de manera que los coches y camiones siguieran funcionado gracias a su consumo. Además de la utilización masiva de trenes, tranvías y monorraíles para el transporte, la solución radicaría en utilizar también coches eléctricos y coches híbridos —dotados motor térmico de biocombustible y motor eléctrico. Ambos vehículos cuentan con posibilidades de enchufarse a la red eléctrica para la carga y descarga de las baterías a la red, en periodos ‘pico de demanda’ de electricidad.

En Israel, a comienzos de este año, su gobierno decidió apoyar el coche eléctrico para convertirse, a su vez, en el primer país que se libere de la pesada carga que representa el consumo de petróleo. El plan diseñado pretende contar con medio millón de plazas de parking habilitadas para la carga de las baterías de los coches y crear, a su vez, una red de estaciones de servicio para la sustitución inmediata de baterías e impulsar, al mismo tiempo, la oferta de coches eléctricos que, por cada recarga, contará con una autonomía de unos 170 km.

Quizás, en un pequeño país como Israel, donde las distancias a conducir no son muy largas, la oferta eléctrica que proporcionan las baterías actuales de ión litio sea más que suficiente. En otros países, como Francia, esta oferta podría satisfacer tan sólo al 85% de los automovilistas. No obstante, si se establecieran unas mil estaciones de servicio para la recarga y sustitución inmediata de baterías, el plan de electrificación total de la carretera sería completamente viable.

Para Israel — como dijo su propio Presidente, Shimon Peres, en el acto de presentación del proyecto— el hecho de no depender del petróleo es una cuestión de supervivencia. A su juicio, el petróleo, si no lo es ya, está llamado a convertirse en el mayor problema de todos los tiempos e Israel tiene que deshacerse de él. En efecto, no en balde, su combustión produce los gases de efecto invernadero que son lo que más contaminan el Planeta, debido a que son los causantes principales del calentamiento global. Sin olvidarnos de que, además, gracias a los petrodólares, es como se financia una gran parte del llamado terrorismo islamista.

En suma, tanto para Estados Unidos como para la UE y demás países importadores de petróleo, una fuerte apuesta por una economía no dependiente de los hidrocarburos fósiles, debería tener prioridad máxima en todas las estrategias que diseñaran. Por ello, la apuesta por el coche eléctrico debería tener un alta consideración en las políticas energéticas de los gobiernos. A la postre, continuar como hasta, con una economía tan dependiente del petróleo, significaría una pérdida significativa de competitividad —incluso, de la propia soberanía como país— un fuerte declive económico y político y una importante supeditación a los caprichos de los países de la OPEP. Por consiguiente, una medida prudente sería la de impulsar, cuanto antes, las energías alternativas al petróleo. La electrificación del transporte y la construcción de redes eléctricas inteligentes son algunos de los primeros pasos a dar.


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3 Responses to Carbon-free Economy

  1. nombre dice:

    A un espíritu tan contradictorio como el mío le admira leer un artículo tan bonito. Chapó Juanjo!

  2. Flamenquito dice:

    Efectivamente, la política exterior de la Unión Europea es tan criminal como la de los Estados Unidos, y no por establecer misiones militares al modo norteamericano, cosa que nosotros no hacemos, pero sí por las Restricciones al Comercio que imponemos a los pobres impidiéndoles beneficiarse del mismo, del que nosotros sí que hacemos uso. Impidiéndoles vendernos parte de lo poco que saben producir (bananos, cereales, etc), les negamos las divisas necesarias para comprarnos otros productos que les hagan mejorar gradualmente su calidad de vida (gafas, pasta dentífrica, etc) y bienes de capital (máquinas agrícolas en vez de rastrillos, por ejemplo, con los que especializarse en aquellas actividades en las que tengan mayores ventajas competitivas) que les permitan maximizar sus beneficios, esto es, aumentar la productividad (clave absoluta para hacer crecer la calidad de vida del día a día: aumentar la productividad + aumentar la productividad + aumentar la productividad ), con lo que disponer aún de más divisas y poder liberar mano de obra que se dirija a otros sectores aún más productivos, como la industria, los servicios, o la emigración, al modo de lo que hicieron y hacen los países ricos (“Y Mr. Rockefeller le dijo a Rhama Jundra: si quieres ser rico, haz lo que hicieron los que hoy son ricos cuando aún eran pobres. No debilites la propiedad, no fuerces el mercado, contrata conforme a tu buen juicio, no rindas tu voluntad a la tutela de los moralistas”, “Porque quien cede su libertad a cambio de seguridad, pierde la una y la otra”.).
    La transferencia forzada de propiedad monetaria de los bolsillos del ciudadano de las naciones prósperas a los bolsillos de los caciques del Tercer Mundo, por la fuerza coactiva del poder político de turno, sólo lleva, como 60 años de “solidaridad” nos demuestran, a la dictadura y a la miseria.
    Permitamos a los pobres del mundo beneficiarse del principal activo que comparte la Unión Europea: el comercio, a través del Mercado Común. Lo que nos sirve a nosotros para vivir en la abundancia, también les sirve a ellos. Es el mejor y legítimo medio (junto a la solidaridad de verdad, esto es, a las donaciones voluntarias de propiedad, y no a las “ayudas al desarrollo” que son meras meteduras de manos en los bolsillos de los ciudadanos indefensos por parte de los moralistas institucionalizados de éste siglo) para hacer eficientes y eficaces la búsqueda del máximo beneficio, de la máxima utilidad de los recursos, que son escasos, para todas las partes intervinientes.
    Creo que el mejor ejemplo de ello puede serlo China o la India. Hasta hace poco millones de personas han llevado unas vidas homogéneas en la pobreza, para acabar muriendo uniformados en la miseria, tras vidas más cortas que largas, en esclavitud. Ahora siguen rompiéndose el lomo trabajando, pero parece que materialmente son menos pobres, y espiritualmente menos oprimidos y más esperanzados en su futuro y en sus capacidades humanas. Y todo esto empezó dejando comerciar a los paupérrimos agricultores chinos allá por 1978.
    Me niego a aceptar que están condenados a vivir de la caridad. Se oye a menudo que África no ha salido de la pobreza por culpa del mercado. Yo creo que África no ha salido de la pobreza precisamente por que no le han permitido disfrutar del mercado, porque no ha llegado el comercio, porque no se les deja defender sus propiedades al modo occidental, esto es al modo europeo o norteamericano básicamente. De la misma manera que el nivel de vida aumentó para los españoles eliminando los aranceles internos, forjando un mercado nacional, globalizándose internamente, paso que se llevó a cabo posteriormente entre los miembros de la Unión, así los ciudadanos europeos debemos salir masivamente a manifestarnos para exigir a la nomenclatura que borre las fronteras y extienda la globalización panaeuropea al continente siituado a nuestro sur. Y que dejen de mantener, con las “ayudas al desarrollo”(que no salen sino de violentar la intimidad del trabajo de los curritos), a los dictadores y demás gobiernos pseudo democráticos que se encargan de acumular poder (despojándoles a los pobres su capacidad natural de querer y entender y de vender y competir en el mercado, de ser seres responsables, mayores de edad, no sujetos a tutela, como nos vienen demostrando últimamente los analfabetos y pauperrísimos clientes del Grammen Bank, en el que prestamista y prestatario salen ganando buscando cada uno su lucro partidista), obligándoles a pasar por el aro de la “autoridad”.

  3. Sirenita dice:

    Coincido esta vez contigo Nombre. Es un artículo muy bonito aunque, con el perdó de Juanjo, estoy convencida de que hay otros muchos que son mejores.

    Sl2 🙂

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