Nuestra adicción al petróleo nos destruirá

La mayoría de los gobiernos de los países ricos en petróleo ha nacionalizado la extracción de petróleo. Algunas empresas petroleras se quejan del hecho de que estos países ni dejen, ni sientan la necesidad de abrir sus economías a la inversión extranjera. Siendo honestos, considero que lo mismo haríamos nosotros si tuviéramos el 70-80% de las reservas mundiales de petróleo. Entonces, nacionalizaríamos los recursos, estableceríamos cuotas de producción e impediríamos que las empresas petroleras internacionales invirtieran en nuestros territorios, limitando, en el mejor de los casos, dicha inversión a una participación minoritaria o a la subcontratación como servicios técnicos.

Nuestro problema principal es otro. Es cierto que lo que hagan los países de la OPEP puede condicionar nuestro futuro, pero ello será mucho más cierto si seguimos siendo adictos al petróleo. Éste es nuestro verdadero problema: nuestra enfermiza adicción al petróleo. El consumo de sus derivados —gasóleo, gasolina y queroseno— se ha convertido en una especia de droga que nos resultará cada vez más cara, destrozando asi nuestro patrimonio y riqueza, y que, debido al Cambio Climático ya iniciado, cada vez es más probable que también arruine nuestra salud y la del planeta entero.

A estas alturas, considero con pesar que nos esforcemos o no en reducir nuestras emisiones de CO2 —que no creo que intentemos hacerlo nunca pues somos tan necios y egoístas que nos importa bien poco la herencia que dejemos a nuestros hijos y nietos— el Cambio Climático lo tenemos asegurado. Tampoco hacemos nada por suprimir totalmente nuestro consumo de hidrocarburos fósiles como debiéramos. Ello sería bueno y muy recomendable tanto por razones ambientales como por razones económicas e, incluso, por razones de supervivencia.

Cada vez más, todo lo que está relacionado con el consumo de derivados del petróleo, como los combustibles fósiles, no nos crea más que problemas. No sólo deteriora nuestra competitividad, pues los costes de la energía aumentan y sube la tasa de inflación. También nos va arruinando poco a poco, al tener que deducir mucho dinero de nuestros presupuestos para pagar la enorme factura energética que ellos nos origina. Además, a la nacionalización de los recursos que hacen los países de la OPEP, habría que añadir el papel de organizaciones terroristas como Al-Qaeda que desean que los precios sean aún más altos y, para ello, no dudan en atentar contra las instalaciones de petróleo.

Los yihadistas, que conocen muy bien nuestra fatal adicción al petróleo, en su discurso contra el imperialismo de los países occidentales, persiguen debilitar la economía occidental por medio de los cortes de suministro de petróleo y logrando una precios tan altos que haga imposible cualquier salida.

Para Estados Unidos y la UE, ambos importadores de unos 12 millones de barriles/día, tienen que pagar, cada uno, una cuantía de unos 75.000 millones de dólares al año. Lo suficiente como para cubrir, diez veces más, las pérdidas declaradas por Citigroup. Todo podría ser mucho peor si Al-Qaeda —como ya lo han intentado en varias ocasiones— lograra atacar a una de las gigantes instalaciones petroleras de Arabia Saudita.

En febrero de 2006, unos terroristas suicidas llevaron camiones, cargados hasta los topes de explosivos, a Abqaiq —la mayor refinería de petróleo del mundo— y, en abril de 2007, fueron arrestados decenas de terroristas que tenían la intención de provocar un accidente de avión sobre instalaciones petroleras sauditas.

Solamente, el hecho de que se llegue a producir un ataque, perpetrado por los yihadistas, colocaría los precios del crudo de petróleo por encima de los 200 dólares/barril, durante un período prolongado de tiempo, causando incalculables pérdidas económicas y un consiguiente aumento de los pagos en divisas a los gobiernos de los países productores de petróleo de Oriente Medio.

Además, el odio que desde el Islam radical se tiene a los denostados países occidentales es tan fuerte que solamente la idea de que este atentado fuera posible bastaría para que hubiera cantidad de voluntarios islámicos fundamentalistas que estarían dispuestos a sacrificar sus vidas con el fin de dañar económicamente a Occidente.

Con respecto al futuro, no deberíamos tener ninguna duda de que unos altos precios del petróleo van a posibilitar la creación un nuevo orden económico mundial, desplazando el equilibrio económico hacia los países de la OPEP. Hemos de tener en cuenta que si, en 1972, Estados Unidos gastaba cuatro millones de dólares en importaciones de petróleo —una cantidad que equivalía al 1,2% del presupuesto de defensa— en 2006, gastó 260 millones de dólares que equivalen a la mitad del total del presupuesto de defensa.

Durante el mismo período, los ingresos por petróleo de Arabia Saudita pasaron de ser 2.700 millones de dólares a 200.000 millones de dólares y, con este aumento, también creció su capacidad para financiar el Islam radical. En los próximos años, este diferencial económico crecerá a pasos agigantados.

Para entender el grado de las fuerzas en juego es instructivo visualizar la magnitud de la OPEP, el potencial de riqueza que tiene la OPEP en comparación con el de los países consumidores de petróleo. Si, hoy en día, pudiéramos capitalizar las reservas de petróleo de la OPEP, sobre la base de un coste del barril de petróleo de 100 dólares, la OPEP en el mercado de capitalización —teniendo en cuenta sus reservas probadas de petróleo, a día de hoy— valdría casi 70 billones de euros.

Este enorme cantidad de dinero representa un 10% más de lo que producimos, a nivel mundial y durante un  año. Es también casi la mitad del total mundial de activos financieros o casi el doble de la capitalización de mercado de todas las empresas que operan en los 27 mercados de valores más importantes del mundo. Solamente el petróleo de Arabia Saudita capitalizaría un valor de casi 19 billones de euros —siete veces el valor total de todas las empresas que cotizan en la Bolsa de Londres.

Si al enorme valor contable que representa la riqueza de la OPEP se le añade las enormes reservas de gas natural que tienen, así como nuevas reservas de petróleo que aún no han sido descubiertos, el valor total se llegaría a doblar. Si los precios del petróleo subieran a 200 dólares/barril, como el presidente de Venezuela, Hugo Chávez advirtió antes de que se acelerara la recesión económica que padecemos, a nivel mundial, el valor contable de capitalización sería cercano a los 300 billones de euros.

Esta riqueza tan fabulosa, y que no conoce precedentes en la historia, es la que permite que el poder adquisitivo de los países del petróleo sea monumental. Como prueba de ello es que, a razón de 100 dólares el barril de petróleo, la OPEP podría comprar el Bank of America con el valor de los ingresos que percibe en menos de dos meses.

Para comprar Apple Computers necesitaría los ingresos de dos semanas y para comprar General Motors tan sólo los ingresos de seis días. De igual modo, se necesitaría menos de tres años de producción de la OPEP para hacerse con la participación de un 20% —que en esencia garantiza una votación en bloque en la mayoría de las empresas— de las acciones de todas las empresas incluidas en el índice S&P 500.

Por supuesto que el hecho de que produzcan unas adquisiciones de esta magnitud es algo poco probable, al menos, en un futuro previsible, pero lo que también está claro acerca de la nueva realidad económica es que, mientras el poder económico de Estados Unidos y el de sus aliados se encuentra en constante erosión, la cuantía de las participaciones de la OPEP está siguiendo una sólida trayectoria ascendente.

Mirando hacia el futuro, hemos de tener en cuenta unos altos precios del petróleo —alcanzables en cuanto la economía real, una vez haya hecho limpieza de sus perversiones usureras y ludópatas que la acompañan, comience a encontrar su ritmo normal—  y asumir como buenas las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, donde el 95% de la población mundial tendrá que confiar su bienestar económico a las decisiones que se tomen por cinco o seis países en el Oriente Medio.

En estas condiciones, es difícil imaginarse cómo podría ser que el masivo poder de compra de la OPEP interviniera en los mercados de capitales, sin alterar tanto la economía de los países occidentales como su soberanía política. Reconozco que, en cierto modo, a los países desarrollados se les haría pagar con la misma moneda.

A la luz de los últimos acontecimientos, con respecto a los rescates conocidos para el sector financiero, esto es particularmente cierto, y así seguirá en la medida que la economía de Estados Unidos y, algo menos, la economía de la UE continúan haciendo agua. A su vez, a medida que las poblaciones de los países desarrollados vayan envejeciéndose, es sólo una cuestión de tiempo que la financiación de la asistencia sanitaria y de los sistemas de pensiones de jubilación comiencen a tener problemas de liquidez similares a los que experimenta, hoy en día, el sector financiero.

Gracias al aumento de los precios del petróleo, los gobiernos de los países petroleros de Oriente Medio tendrán mayor capacidad de compra de cualquier multinacional importante. Podrán crear pánico en los mercados, a capricho e, incluso, gracias a su enorme poderío financiero extorsionar e intimidar a los países donde surjan diferencias políticas con ellos. Hasta la fecha, la afluencia de petrodólares no se ha traducido en una presencia dominante de representantes de los gobiernos de los países que integran la OPEP en los consejos de administración de las empresas.

De hecho, muchos de los fondos soberanos compran participaciones en empresas por debajo del 5% que permitiría el control reglamentario y la ocupación de asientos en el consejo de administración. Pero, teniendo en cuenta la actual tasa de inversión, y con los ingresos que ofrecen unos pocos años más de petróleo por encima de 100 dólares/barril, los gobiernos de los países de la OPEP estarían más dispuestos a invertir de manera que su riqueza monetaria se tradujera en poder.

Una vez estos países ricos en petróleo se hayan hecho con el poder de las empresas e instituciones clave, podrían establecer en dichas empresas una contratación selectiva y dócil a sus intereses, imponer determinadas prácticas comerciales, vetando ofertas, nombrando directivos que simpaticen con sus gobiernos y despidiendo a aquellos directivos que sean críticos de ellos.

En suma, el nuevo orden económico, si no se reacciona a tiempo apostando por una economía no dependiente del petróleo, tiene visos de convertir a los países occidentales en meras sucursales títeres de los países árabes ricos en petróleo. Lo mismo que ocurría, unos cuantos siglos atrás, cuando países que exportaban sal, por medio de su comercio, controlaban al resto.

Finalmente, una pregunta que me hago se refiere a saber, si, como se deduce tan fácilmente, el consumo de petróleo es tan nocivo para nuestro futuro, por qué no contamos con ningún plan que nos permita suprimir las importaciones de petróleo, en una década, como ya lo han puesto en marcha algunos países de nuestro entorno occidental. ¿Será debido a la corrupción de nuestros dirigentes políticos que parecen estar en nómina de las empresas petroleras o de las entidades financieras que son accionistas de las petroleras o, incluso, en nómina de alguno o algunos países exportadores de petróleo por lo que no se hace nada? ¿En el caso de su país, ustedes qué opinan?. Escarben un poco sobre el tema, buscando la verdad y verán cómo empiezan a resultar sus sospechas ciertas.

                   

 

 


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2 Responses to Nuestra adicción al petróleo nos destruirá

  1. Dalmata 102 dice:

    El precio del petróleo volverá a estar por las nubes, y esto beneficiará a las petroleras y a los regimenes islamistas.

    La disminución del consumo del petróleo beneficiará a la humanidad por disminuir el efecto invernadero , por disminuir la financiación al terrorismo que realizan Irán y otros países islamistas que son los grandes productores de petróleo, y por disminuir las aportaciones económicas de Arabia Saudita a las madrassas.

    Además beneficiará a las economías de los países consumidores por no tener que desviar recursos para costear la compra de energía.

    El interés de las petroleras, tanto árabes como norteamericanas y europeas y el de los regimenes de los países de la OPEP es mantener la petróleo-dependencia de todas las economías no siendo en absoluto partidarias de que la humanidad se independice del oro negro, a pesar del efecto invernadero por lo que es de esperar la gran resistencia de estas compañías y países productores y exportadores de petróleo al avance de las energías alternativas de este.

    A mayor independencia del petróleo, mejor medio ambiente, más ahorro en divisas y menor financiamiento del islamoterrorismo y de las madrassas.

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