El expolio de los recursos de África (y II)

A menudo, en África, los beneficios derivados de la extracción de recursos van a parar a las manos de una pequeña elite que controla el poder y que los usa para su provecho personal y no para el bienestar colectivo como debería ser. Por el contrario, las poblaciones afectadas sufren las consecuencias de esa extracción de recursos como los diamantes, el petróleo —deterioro del medio ambiente, imposibilidad de continuar con las actividades tradicionales como la agricultura, la caza o la pesca, expropiaciones de tierras, etc— pero no son consultadas ni reciben compensación por ello. En Sierra Leona, los diamantes fueron el detonante del conflicto y sirvieron para sostenerlo durante años. En el delta del Níger, ya ha empezado a ocurrir algo parecido.

La explotación de los recursos es uno de los factores que explican por qué las guerras contemporáneas tienen un 90% de víctimas civiles. Si el objetivo son los recursos, para establecer y mantener el control sobre esos recursos es necesario hacerse con las tierras, mediante el sometimiento de la población que vive en la región. Crear una atmósfera de caos, de hambruna, de muerte y de terror suele ser práctica común para expulsarla. El reclutamiento forzoso de niños soldados se inscribe en esta lógica de terror, así como las mutilaciones y los actos salvajes de intimidación.

La extracción de petróleo en África está también, en muchas ocasione,s asociada a la corrupción y permite que los gobiernos implicados obtengan ingresos importantes, sin necesidad  del apoyo de la población y sin tener que recurrir a la recaudación de impuestos, ni dar cuentas a nadie. La diferencia estriba en que, en el caso del petróleo, no sólo son las multinacionales, sino también las potencias extranjeras, las que , directa o indirectamente, intervienen en los conflictos.

Estos países acuden a África con el deseo de satisfacer sus necesidades de petróleo. Como no hay petróleo para todos y, además, se trata de un juego de suma cero —donde lo que uno se lleva de más, otro se tendrá que llevar de menos— los países que quieran petróleo mandarán a sus petroleras que estarán obligadas a jugar, incluso sucio, para poder obtener concesiones petrolíferas de explotación de yacimientos.

De esta manera tan especial, el acceso a los recursos energéticos se ha convertido en un elemento clave para la paz y la seguridad internacional. Ya que, si hay un recurso natural, por excelencia, del que dependen los países industrializados para mantener tanto su crecimiento económico como sus niveles de vida y bienestar, ése es el petróleo.

África ha pasado a ocupar un lugar privilegiado para las relaciones exteriores de Estados Unidos, debido a dos motivos. Uno de ellos, especialmente, por la necesidad de asegurarse los flujos de petróleo, ‘upstream‘. El otro motivo coincide con el hecho de que el territorio africano —Chad, Sudán, Somalia— forma parte de su guerra contra el terrorismo internacional. Además, los negocios del petróleo han ido muy lejos.  África supone, actualmente, el 19% del petróleo que se importa desde Estados Unidos y se prevé que este porcentaje podría llegar a aumentar hasta un 25%, en 2015.

Por ambas razones, Estados Unidos ha colaborado en la financiación, instrucción y equipamiento de las fuerzas armadas de seguridad de varios países africanos en los que le interesa mantener una estabilidad que permita la extracción continuada de petróleo y/o asegure el control de los movimientos terroristas relacionados con el fundamentalismo islámico.

En realidad, el giro hacía África fue una apuesta estratégica de Estados Unidos que se ha ido desarrollando tras el 11 de septiembre del 2001. Sin embargo, también es cierto que sus antecedentes se remontan al año  2000, cuando las petroleras estadounidenses, especialmente Exxon-Mobil y Chevron-Texaco, destacaron el potencial energético del continente negro ante una reunión del subcomité África de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos.

Si en la actualidad, África exporta casi cinco millones de barriles diarios, las predicciones optimistas apuntan a que la producción de petróleo africano vaya creciendo hasta representar, para el año 2020, el 11% de la producción mundial, con un total de doce millones de barriles diarios.

En la zona del Golfo de Guinea, se considera que la producción de crudo de petróleo podría pasar de los tres millones de barriles diarios que se producen actualmente, a más de seis millones, en 2010. A su vez, sus reservas se estiman en 24.000 millones de barriles —lo que ofrece una explotación de los yacimientos que podría durar un máximo de diez años. La región del Golfo de Guinea se caracteriza porque, a excepción de Nigeria, los otros países no pertenecen a la OPEP, con lo que no tienen una cuota limitada de producción, y, además, son centros de producción ‘offshore’.

Es decir,  alejados de la costa y, muchas veces, en altamar, en yacimientos considerados como ultraprofundos, pues algunos de ellos llegan a alcanzar la profundidad de 3.000 metros bajo el nivel del mar. Gracias a la tecnología E&P desarrollada que lo permite, cada vez se extrae el petróleo más lejos de la costa, más profundo y, por supuesto, todo sale más caro. La tecnología E&P también conlleva disponer de barcos exploradores capaces de permanecer hasta tres meses fijos sobre un punto en el mar y sin anclajes, megaordenadores, robots de control remoto e, incluso, satélites de comunicaciones.

De este modo, es como las grandes compañías petroleras se afanan por encontrar nuevas reservas de petróleo. Aunque los nuevos descubrimientos de petróleo hace tiempo que dejaron de poder cubrir el agotamiento progresivo de los yacimientos maduros —los yacimientos del mar del Norte conocen un declive del más del 10% anual— las exploraciones las hacen, o las han hecho, en siete áreas principales del mundo y una de estas áreas es el golfo de Guinea.

El hecho de que los yacimientos de petróleo se encuentren alejados de la costa asegura que las extracciones estarán también lejos de los posibles conflictos de los países dueños de los yacimientos petrolíferos y que el petróleo extraído se cargue, directamente, en petroleros para ser transportado y procesado en refinerías situadas a miles de millas del lugar de extracción. Es más. se da la paradoja de que, mientras las compañías petroleras extranjeras se llevan el petróleo que extraen en altamar, en el país propietario de los yacimientos, el suministro de gasolina conoce innumerables cortes y su precio está por las nubes pues tiene que importarlo, ya que carece de refinerías. Estos países tienen petróleo pero no lo ven y los beneficios de su extracción se los reparten entre sus dirigentes corruptos y las compañías petroleras.

La lucha por el control del petróleo africano es considerada como una de las causas principales de la inestabilidad de los países productores. Nigeria ya ha está sufriendo importantes conflictos que han detenido las operaciones extractivas de petróleo en el Delta del Níger. El petróleo justifica casi todo. Así, Estados Unidos ha actuado reforzando los gobiernos de varios países del Golfo de Guinea, desde el acercamiento al dictador Teodoro Obiang, incluida su eliminación de la lista de países que infringen, sistemáticamente, los Derechos Humanos, a los contratos de mantenimiento y financiación que han firmado con el nuevo presidente de la Republica Democrática de Santo Tomé y Príncipe —una isla situada en el Golfo de Guinea y que fue colonia española.

Resultó muy sintomático el hecho de que, en 2003 —apenas tres meses después del golpe de Estado en la Republica Democrática de Santo Tomé y Príncipe— las petroleras estadounidenses Exxon-Mobil y Chevron-Texaco anunciaran una inversión de 500 millones de dólares para llevar a cabo la explotación de los yacimientos de petróleo ‘offshore ‘.

Sin embargo, Estados Unidos no es el único país interesado en tomar posiciones de fuerza, en África, para explotar el petróleo. No debemos olvidar que Francia nunca ha abandonado sus redes de poder y de influencia en el Continente africano, fundamentalmente, en sus ex-colonias. Actualmente, la petrolera franco-belga, Total-Fina-Elf, es la empresa petrolera que mayor número de barriles/día extrae en África. Total está presente en cuarenta países africanos, de los que, en treinta de ellos, controla la mayor parte de las extracciones y del mercado de petróleo que allí se operan.

A poca distancia, le sigue la empresa norteamericana Chevron-Texaco, que está participando activamente en operaciones de extracción de petróleo, ‘upstream’, en unos cincuenta países, y se ha especializado en la prospección y extracción ‘offshore’, incluso en aguas profundas y ultraprofundas. A todo esto debemos añadir que tanto las compañías petroleras europeas —Total, Shell, BP, y bastante menos Eni, Repsol— como las petroleras estadounidenses —Exxon-Mobil y Chevron-Texaco— se están haciendo con el control y la propiedad de las sucesivas privatizaciones de las extracciones petroleras africanas con el impulso y apoyo de las instituciones financieras internacionales.

Sin embargo, no todo está siendo para las compañías petroleras de Europa y América, todavía ha caído gran parte del pastel en manos de petroleras asiáticas. En efecto, en toda esta carrera por el control de los recursos naturales, y en concreto, en el caso del petróleo, podemos decir que China no se ha dormido para nada. Actualmente, China controla un 31% de las importaciones mundiales de petróleo y este porcentaje crecerá a medida que aumente su consumo. Para satisfacer sus necesidades actuales y futuras de petróleo, su participación en el control del petróleo africano era algo que se consideraba vital —y, por tanto muy estratégico— para China y su futuro.

De este modo, al control sobre el petróleo de África que realizan Estados Unidos y Francia, se debe añadir el de China, que, para asegurarse un suministro constante de petróleo que garantice sus elevados ritmos de crecimiento económico, ha desembarcado en África con varias propuestas y proyectos que están compitiendo seriamente con los de las petroleras europeas y estadounidenses.

China necesita asegurarse sus suministros de petróleo para poder cubrir sus necesidades de importación de crudo de petróleo. Para ello, negocia acuerdos sobre inversiones que, tradicionalmente, no suelen cubrirse mediante las ayudas de los países occidentales. Recientemente, China ha firmado un acuerdo con Nigeria por valor de 3.200 millones de euros en infraestructuras, a cambio de cuatro licencias de explotación petrolífera.

Igualmente, China es el país que más está invirtiendo en Sudán, de donde obtiene el 8% ciento de sus importaciones totales. A cambio, le suministra armas y su inestimable apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU. Poco importa que el gobierno de Sudán sea considerado como genocida, acusado de haber cometido más de un millón de crímenes en Darfur.

En suma, podemos concluir que las previsiones para África no son tampoco muy halagüeñas pero esto es lo que hay. Lo más probable es que, a medida que se vayan agotando otros yacimientos petrolíferos más maduros, como los de Alaska, los del Mar del Norte y los de China —en especial, los yacimientos chinos de Daqing y Shengli— aumente la dependencia de la UE, Estados Unidos y China con respecto al crudo de petróleo africano. En cualquier caso, dada la complicidad de la UE, Estados Unidos y China, con sus respectivas petroleras, las posibilidades de que prime la ética en las transacciones comerciales de petróleo seguirán siendo mínimas. Así, gracias a nuestra hipocresía y doble moral, el petróleo seguirá siendo, para los africanos, sinónimo de corrupción y de pobreza, de deterioro del medio ambiente, de hambre y de violencia, para beneficio exclusivo de multinacionales, gobiernos locales y potencias occidentales y, obviamente, de nosotros que así podemos comprar el carburante —gasóleo, gasolina, queroseno— para nuestros coches, barcos y aviones, a precios asequibles.

Así y todo, siempre quedarán en manos de los nuevos dirigentes occidentales —Barack Obama tendría mucho que decir sobre este tema— y de los nuevos dirigentes africanos, las posibilidades de liderar un cambio radical en las políticas que se llevan a cabo en los diferentes países africanos. Deberían ser políticas donde se penalizara la corrupción y los países occidentales persiguieran judicialmente a las compañías petroleras que actuasen como presuntos corruptores. Deberían ser políticas que también primaran el control y la transparencia de los acuerdos, concesiones y beneficios sobre los recursos naturales. De este modo, es cómo, realmente, la explotación de los recursos naturales podrá llegar a suponer una inyección de ingresos importante para los países productores y así poder financiarse el desarrollo y no, para enriquecer los bolsillos de unos pocos corruptos y sanguinarios dirigentes, como ha sido hasta ahora.

 


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2 respuestas a El expolio de los recursos de África (y II)

  1. Alejo Etchart dice:

    Hola Juanjo:

    Soy Alejo Etchart. Te escuché en el Ciclo de Cambio Climático de la UPV y en la III Asamblea de Ciudades por el Clima, y tuve el placer de conocerte personalmente en el cocktail posterior a ésta. Como te comenté, estaba decidido a orientar mi vida profesional hacia el Desarrollo Sostenible, y en un último correo te preguntaba si creías que era mejor el programa que ofrecía De Monfot University (Leicester) o uno nuevo promovido por el CSIC y la Menéndez Pelayo en Mallorca. Tras haberme asesorado bien por otros medios, opto por el de Leicester (puedes ver más en http://www.dmu.ac.uk/Subjects/Db/coursePage2.php?courseID=5048), a pesar de ser mucho más caro y hacer mucho más frío. El próximo martes 16 septiembre estaré volando hacia allá para empezar con ello, con una enorme ilusión por aportar valor a la sociedad, y… ¡con una energía insostenible -o incontenible!

    No he podido conseguir una beca, así que me lo tendré que financiar solito, desahorrando netamente durante un año entero. Tanta necesidad hay de expertos en la materia, y tan urgente es, y no me dan un duro. “País”. Sigan los muy necios gastando el dinero público a paldas en banalidades, que pronto se darán cuenta de que problemas como la potenciación del euskera -¡y que viva el euskera!- son de importancia insignificante en comparación con la que se nos avecina con la insostenibilidad del modelo económico vigente.

    Como supongo que no verás este mensaje en tu correo, te lo voy a dejar también el el blog. Para lo que quieras -incluyendo orientación sobre puntos calientes de estudio e investigaciones que te interesen y que pueda promover a nivel universitario-, mi correo es alejoetc@gmail.com

    Seguiré conectándome a tu blog con frecuencia.
    Un abrazo, Juanjo; y gracias de nuevo por tu blog.
    Alejo (hasta el martes, estoy también en el 639.391854)

  2. vicente avila dice:

    estimados soy supervisor de taladro desearia trabajar con ustedes estoy disponible en cualquier momento espero reciban esta informacion y me llamen a trabajar me despido de ustedes hasta luego

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