El expolio de los recursos de África (I)

Me refiero también a las sanguinarias guerras que padece este continente. A esos graves conflictos que sufre África y que son debidos, en una gran medida, a la explotación y al control que muchas potencias mundiales quieren ejercer sobre sus recursos naturales. Es sabido que las guerras forman parte de la historia de cualquier civilización. Eso es algo que los europeos tenemos muy claro cuando estudiamos la historia de Europa. También es el caso de África, el de Asia y el de América.

De cualquier modo, en el continente africano, —tantas veces olvidado por los países ricos como el nuestro— tanto las pequeñas tribus como sus naciones más poderosas han estado envueltas en guerras desde la edad de piedra, desde que sus antiguos habitantes fueron capaces de tallar los cuchillos de piedra, por primera vez. Más tarde, con el desarrollo de los metales y aleaciones, como el cobre, el bronce y el hierro, las armas de guerra se pudieron fabricar mucho más poderosas y sanguinarias. Los motivos de las guerras que acontecieron, a lo largo de la historia, pudieron ser muy diversos y variados, pero, los conflictos internos que muchos países africanos mantienen hoy en día, tienen un denominador común: el control de los recursos naturales.

Para el que no lo sabe, le diré que el continente africano podrá ser el más pobre del mundo, pero, sin embargo, es muy ‘rico’ en recursos naturales. Y eso es algo que los países desarrollados y emergentes, así como las multinacionales, lo saben perfectamente. Sin embargo, dichos recursos han sido muy poco utilizados para beneficio de los africanos. La agricultura intensiva que se desarrolló en el norte de África, sin apenas racionalidad en su uso y carente de los regadíos necesarios, arruinó la tierra convirtiendo los antaño fértiles campos en eriales secos y estériles, llenos de aridez. De este modo, el desierto del Sahara avanzó, convirtiéndose en el rasgo dominante de casi la mitad de África.

La producción y suministro de alimentos se convirtió en una tarea cada vez más difícil, lo que implicó que algunas tribus tuvieran que luchar contra otras para poder obtener un acceso a los alimentos. A veces, una región tenía incluso que luchar para proteger la orilla de un río y, así, garantizar la seguridad de la pesca de la que, principalmente, se alimentaban sus habitantes.

En otras ocasiones, los países africanos han tenido que defenderse contra el trueque o intercambio abusivo que imponían los países colonizadores. Los comerciantes vinieron de Europa y Asia para lucrarse y, a veces, incluso para robar hasta los propios suministros de alimentos, madera y recursos. De igual modo, en las diferentes ‘cruzadas’ religiosas emprendidas en el continente, los habitantes de África tuvieron que soportar imposiciones para que aceptaran, a la fuerza, religiones como el islamismo, el cristianismo y el catolicismo y demás culturas extrañas. A subrayar el hecho de que tanto las religiones como  las culturas eran ajenas a África.

Actualmente, además de la hambruna y de la sequía, el principal problema que padece África es que, muchas de las guerras fratricidas que se conocieron a través de los siglos, se siguen librando todavía en muchas partes del continente.  En efecto, todavía hoy, los países africanos están sumidos en guerras y/o conflictos, algunos de ellos étnicos o tribales —muchos de ellos brutales y genocidas— que se originan por el control de las fronteras, la religión o los recursos. Si bien, la guerra por el control de los recursos sea el principal motivo, con diferencia.

En todas estas guerras, los países desarrollados y las multinacionales no suelen estar muy lejos de las causas que las provocan. Además, las guerras vienen acompañadas por el lucrativo negocio de la venta de armas a los contendientes y que algunos países desarrollados incluyen, cínicamente, como dentro del capítulo de ‘ayudas al desarrollo’. Se trata de un dato, muy a tener en cuenta, cuando nos cerramos a la inmigración africana siendo, en una gran medida, los causantes de los males que les obligan a emigrar. Y también es un barómetro de nuestros niveles de caradura y de cinismo puesto que, directa o indirectamente, también nos beneficiamos del expolio y de la venta de armas.

En la actualidad, son quince países africanos los que, o bien participan en las diferentes guerras, o bien han participado, recientemente, en una guerra o conflicto. En el África occidental, entre los países más conflictivos se incluyen Costa de Marfil, Guinea, Liberia, Nigeria, Sierra Leona y Togo. En el África oriental, los países conflictivos son Eritrea, Etiopía, Somalia, Sudán y Uganda. En el África central, los países más conflictivos son Burundi, República Democrática del Congo y Ruanda. En el norte de África, el país que sufre los conflictos es Argelia y, finalmente, en el sur de África, los países considerados conflictivos son Angola y Zimbabwe. Daros cuenta del detalle de no incluir a la República de Sudáfrica porque allí la violencia, en especial en la zona de Johannesburgo, tiene más bien características de delincuencia urbana.

El origen de estas guerras, aunque la religión y las guerras fraticidas entre tribus —principalmente, entre las etnias, hutu y tutsi, por ejemplo— tengan o hayan tenido una importancia notable, es algo que se busca por otros motivos.  Son odios que se mantienen latentes y se provocan pero, fundamentalmente, están muy relacionados con las luchas que se desarrollan por el control de la riqueza que ofrecen los recursos naturales como: petróleo, diamantes, minerales con el coltán, maderas nobles como la caoba, cacao, drogas, etc.

Cada uno de estos países pobres, paradójicamente, suele ser ‘rico’ en madera, petróleo o diamantes. Además, estos recursos, en la mayoría de los casos, son explotados por industrias extractivas extranjeras que agravan la situación ya que todas las explotaciones se desarrollan en una atmósfera llena de fraude y opacidad. Las empresas extractoras no declaran los pagos que efectúan a los gobiernos —muchos de ellos dictatoriales— y los gobiernos no declaran cuanto dinero ingresan, ni que gran parte del uso de dinero se destina a la compra de armas y a la financiación de las guerras que emprenden como ‘cortina de humo’.

Las guerras en África tienen el propósito de crear distracción y actúan de tapadera. La mayoría de los medios de comunicación caen —o se dejan caer porque es más cómodo y, además, les da igual— en la trampa del engaño, destacando mucho aspectos colaterales de las guerras, cuando éstos no tienen apenas importancia. Incluso, los ancestrales odios étnicos, que tanto se resalta como causa de las atrocidades que se cometen, son algo que se provoca deliberadamente. Hablando sin tapujos, el principal motivo de las guerras es el lucro derivado del control de los recursos naturales, por parte de las multinacionales y las potencias exteriores a África.

En estas guerras, hay mucha hipocresía, cinismo, impiedad, brutalidad y usura. En los países donde las guerras ocurren,  sus habitantes se ven obligados a huir, dejando casas, escuelas y tierras donde abundan los recursos naturales. Estas tierras abandonadas por los más diez millones de desplazados, se conceden a compañías extranjeras para su explotación, a cambio del pago de dinero en efectivo, para el uso personal y la acumulación de fortunas de los partidos gobernantes o para atesorar la escandalosa fortuna personal de los propios dictadores.

Los conflictos tribales son deliberadamente provocados para distraer la atención y, así, poder hacerlos culpables de los conflictos. Igualmente, ciertos grupos alegan exclusión política o negación de derechos para iniciar la lucha, aunque, en realidad, lo que pretenden es lograr el control de ciertos recursos naturales —con frecuencia, la única fuente posible de ingresos en sociedades que cuentan como muy escaso desarrollo económico.

Para acabar con los conflictos, muchos expertos consideran que es necesario acabar con las causas que los originan. Por ello, sostienen que sería necesario el que se tomaran medidas, a nivel internacional, para prevenir futuras atrocidades, violaciones de los derechos humanos en masa y acabar, así, con las olas de millones de refugiados y desplazados en África.

No olvidemos que la financiación de los conflictos con recursos locales incluye, a menudo, prácticas delictivas como el saqueo a la población civil o los secuestros, la apropiación indebida de la ayuda humanitaria, el tráfico de drogas, y la extracción y venta de recursos naturales. En Angola, los dos bandos se financiaron. respectivamente. con el petróleo y los diamantes. Paradójicamente, en Mozambique, un país vecino con una guerra gemela y que no disponía de estos recursos, fue más fácil la consolidación de la paz cuando cesaron los apoyos externos.

En general, los estudios realizados sobre la polemología de estas guerras coinciden en que el objetivo principal de estos conflictos bélicos no es otro que el de mantener el control de los recursos como el petróleo, las piedras preciosas y las maderas y los minerales que tiene un alto valor. En estas guerras, paradójicamente, el hecho de tomar el poder del país puede ser algo secundario o, incluso, algo inexistente, tal como ocurrió en el caso del conflicto bélico de Sierra Leona. En suma, podemos concluir diciendo que muchas de estas guerras o conflictos tienen que ver más con las consecuencias de la extracción comercial de los recursos naturales que con otra cosa. (Continuará)

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4 Responses to El expolio de los recursos de África (I)

  1. Fernando dice:

    Buen artículo.

  2. l.l dice:

    me ha venido perfecto esto para un trabajo GRACIAS!

  3. benchi dice:

    hola!
    es muy interesante el análisis que has presentado. yo tengo un programa de radio en La Plata, Argentina, donde todos los viernes dedicamos un segmento a la historia y se me hace difícil encontrar fuentes pues, áfrica como Asia, siempre han sido bastardeadas. un abrazo

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