Las energías renovables exigen redes eléctricas adecuadas

También se trata de destacar que las redes eléctricas de transporte y distribución se vuelven obsoletas, precisamente cuando más necesitados estamos de ellas para optimizar el desarrollo de las fuentes de energía renovables. Esto está ocurriendo ya en el Estado de Nueva York. En dicho Estado cuando los propietarios del parque eólico Maple Ridge —cerca de Lowville, Nueva York— se gastaron 320 millones de dólares para instalar casi 200 aerogeneradores en Nueva York, pensaron muy optimistas que lograrían amortizar la inversión produciendo electricidad y vendiéndola.

Pero, en bastantes casos, las líneas eléctricas regionales se están volviendo tan congestionadas que impiden que se aprovechen las energías renovables de manera eficaz. Así, el parque eólico Maple Ridge no ha podido evacuar la electricidad que generaba y, en esas circunstancias, al no poder almacenar la energía que producía, se ha visto obligado a parar los aerogeneradores, incluso cuando contaban con un  viento que soplaba de manera adecuada como para obtener altos rendimientos.

Éste es tan sólo un síntoma de lo que representa un profundo y extenso problema relativo a la producción y consumo de electricidad, a partir de las energías renovables. Es un problema que, aunque por ahora no nos afecte  a nosotros, sí lo sufre Estados Unidos —un país que es líder mundial en el uso de la energía eólica para generación de energía eléctrica. A pesar de que tanto Al Gore como el propio Barack Obama tengan la esperanza de que gracias a las energías renovables se podrán reemplazar todos los combustibles fósiles o de acabar con la dependencia del petróleo en una década, todo podría quedar en un sueño.

En efecto, los sueños, acerca del desarrollo que ofrecen las posibilidades de expansión de las fuentes de energía renovables, podrían chocar contra la realidad de una red eléctrica que, ahora, ya no es capaz de satisfacer, muchas veces, las nuevas demandas de transporte de electricidad —que exigen los parques eólicos que se están construyendo— porque las líneas eléctricas se encuentran cercanas a su punto de saturación.

Por eso, las enormes inversiones que Barack Obama prometió, en su discurso realizado con ocasión de la Convención Demócrata, cuando fue designado candidato oficial a la presidencia de Estados Unidos, son del todo coherentes. Obama se comprometió a invertir la fabulosa suma de 150.000 millones de dólares,  durante la próxima década, para que la electricidad ganerada por las diferentes fuentes de energía renovables —en especial, la energía eólica, la energía solar y la próxima generación de biocombustibles— pudiera obtenerse a precios asequibles.

Según el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, se trata de un inversión que dará lugar a nuevas industrias y creará cinco millones de nuevos empleos que se pagarán bien y no podrán nunca ser objeto de contratación externa. Lo inconcebible es que ahora que la energía limpia se está pudiendo generar de manera cada vez más fácil y rentable, esta energía no puede llegar al mercado por problemas ajenos a su generación.

La actual red eléctrica de transporte y distribución de Estados Unidos, según los expertos, es un sistema concebido hace 100 años para que las compañías eléctricas de distribución pudieran utilizarla a fin de reducir el número de apagones, compartiendo el suministro de energía eléctrica con otros productores de electricidad en ámbitos territoriales restringidos o en pequeñas regiones. En cierto sentido, la red eléctrica se asemeja a una red de calles, avenidas y carreteras dentro de un estado pero sin apenas conexión con otros estados. En general, la red eléctrica carece de sistemas de transporte de electricidad interestatales.

Obviamente, si hoy en día, cuando la energía eólica aporta tan sólo el 1% del total de la electricidad, se producen problemas para evacuar la electricidad que se genera a partir de la energía eólica, en algunos estados,  a medida que se vaya acercando la producción eólica al objetivo del 20%, la red eléctrica se llegará a mostrar no sólo obsoleta sino también fuente de la quiebra de muchas personas que hayan invertido en parques eólicos. O lo que es igualmente grave, pudiera suceder que, por culpa de la obsoleta e inadecuada red eléctrica de transporte y distribución, no sea luego posible alcanzar los objetivos de renovables.

Hemos de tener en cuenta que un 20% de producción de electricidad, en base a la energía eólica, plantea que sería necesario transportar grandes cantidades de energía a través de largas distancias. Será necesario transportar la electricidad desde las escasamente pobladas llanuras del centro del país —donde el viento sopla casi habitualmente— hasta las populosas zonas costeras del este y del oeste. También se contemplan parecidos problemas para las grandes centrales termoeléctricas —que funcionan en base a la energía solar y que se ubican en los desiertos y zonas áridas de Estados Unidos— ya que plantean las mismas dificultades de transporte.

También se da el hecho de que, según las zonas, existe una gran disparidad en cuanto a rendimientos de los aerogeneradores. Así, en algunas zonas de Wyoming, una turbina podría tener un rendimiento 50% más alto que el mismo modelo instalado en Nueva York o Texas. Además, debido a la carencia de líneas eléctricas de transporte, existen lugares muy ventosos que no se pueden aprovechar para generar electricidad.

El problema básico es que muchas líneas de transporte y distribución, y las conexiones entre ellas, son líneas eléctricas demasiado pequeñas como para evacuar más electricidad a través de ellas. La dificultad es todavía más acusada para transporte a larga distancia, pero, a veces, los problemas se producen también a distancias de unos pocos cientos de kilómetros.

Desde hace mucho tiempo, los políticos de Washington son conocedores de las limitaciones de la red eléctrica pero han hecho escasos progresos en lo referente a la solución de estos problemas. Hasta ahora las red eléctrica es competencia de los Estados. El Gobierno Federal no interviene. Además, los congresistas se muestran contrarios a pisotear las competencias de los gobiernos estatales, que tradicionalmente han ejercido su autoridad sobre la red eléctrica y que, además, cuentan con pocos incentivos para impulsar mejoras en su propio estado que sean beneficiar a los estados vecinos. Es obvio que existe un vacío legal y hay que llenarlo cuanto antes con una Ley Federal.

En Texas, el magnate del petróleo, T. Boone Pickens, que ha construido el parque eólico más grande del mundo, planea hacer frente al problema de la saturación de la red eléctrica mediante la construcción de unos 450 kilómetros de líneas de transporte de electricidad que unan Panhandle —donde se ubica el megaparque eólico que ha construido— con Dallas —donde se encuentra uno de los principales mercados para el consumo eléctrico de Texas.

Pickens lo va a poder hacer, aprovechando que existe una concesión para conducción de agua mediante acueducto —lo que también supone disponer del derecho de paso y, a lo largo de ese “paso”, es por donde piensa construir la línea eléctrica. De cualquier modo, si las líneas eléctricas tuvieran que atravesar diferentes estados, y tal como están las cosas, lo más lógico sería que fracasaran en el intento, ya que las empresas eléctricas y las normativas de cada estado serían diferentes y, además, ponerse en el precio de acuerdo, con los propietarios de todos los terrenos por donde pasaría la línea eléctrica, sería toda una epopeya. Por ello, se cree muy conveniente que exista una legislación a nivel de la Unión que regule y agilice estas actuaciones.

Mientras tanto, algunos alcaldes de diferentes ciudades de Estados Unidos, como el alcalde de New York City, Michael Bloomberg, ya van dando sus pasos y hasta se muestran entusiasmados con el impulso que sus políticas están dándoles a las energías renovables, en especial a la energía eólica. Algunas empresas eléctricas están, incluso, reviviendo ideas acerca del almacenamiento de generación eólica de energía utilizando aire comprimido o ruedas giratorias.

Sin embargo, los expertos dicen que, sin una solución al problema de la red eléctrica, el uso eficaz y eficiente de la energía eólica, a gran escala, es muy probable que siga siendo un sueño, durante muchos años. El punto de partida es de lo más caótico. Actualmente, la red eléctrica se encuentra balcanizada. En realidad, son cerca de 360.000 kilómetros de líneas eléctricas  que pertenecen a 500 propietarios diferentes. De este modo, el transporte de electricidad, a grandes distancias, involucra a múltiples empresas —además de muchos gobiernos de los estados— y requiere obtener numerosos permisos.

A su vez, cada ampliación que se hace de la red eléctrica no hace más provocar pleitos con los propietarios de terrenos y  edificios. Estos obstáculos que surgen también nos están diciendo que frente al dinamismo que está producción en la generación eléctrica, las actividades del transporte y la distribución están más bien paradas. Este hecho coincide con los datos federales, donde se aprecia claramente que, en Estados Unidos, la generación eléctrica está creciendo cuatro veces más que el transporte.

En 2005, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley de energía que otorgaba al Departamento de Energía la facultad de intervenir en los estados para aprobar el transporte de electricidad. Naturalmente, siempre y cuando los estados se negaran a actuar. El DOE ha designado dos zonas prioritarias de actuación, a nivel nacional. Una zona se ubica en el Atlántico Medio y la otra en los Estados del Suroeste. Se ha hecho algo pero ya han salido catorce senadores que firmaron una carta diciendo que el DOE estaba siendo demasiado agresivo.

Para los dirigentes del Departamento de Energía de Estados Unidos, si bien reconocen que son comprensibles las preocupaciones de las comunidades locales por donde está realizándose un trazado de cualquier nueva línea eléctrica de alta y media tensión, la modernización de la infraestructura eléctrica es un problema federal que requiere urgentes actuaciones y que es algo que, en teoría, todos comparten.

Además, a diferencia de otras respuestas que se da a muchos problemas energéticos, las mejoras en la red eléctrica de alta y media tensión no requieren la utilización de tecnologías avanzadas. El Departamento de Energía planea que para que la energía eólica represente el 20% de la electricidad total de la Unión se necesitaría contar con una línea interestatal de alta y media tensión que funcionara como que si fuera la columna vertebral del país. La longitud de esta línea sería de unos 3.700 kilómetros y estaría operada por una empresa llamada ‘American Electric Power’.

El coste sería alto, unos 60.000 millones de dólares o más, pero, en teoría, el proyecto podría ser desarrollado a lo largo de muchos años y contando con decenas de millones de clientes abonados al servicio de electricidad. Sin embargo, en la mayoría de los estados, las normas utilizadas por las comisiones de servicio público para evaluar las inversiones en transporte de electricidad interestatales desalientan la realización de proyectos de este tipo.

Para empezar, en algunos estados —sobre todo, en los que cuentan con bajos precios de la electricidad— los funcionarios electos temen que las nuevas líneas eléctricas se conviertan en el medio por el que se exporte su energía barata, para más tarde, conocer un aumento significativo de las tarifas eléctricas. Cualquiera que aprobara actuaciones de este tipo podría ser hasta linchado.

Así pues, sin que se sepa una clara forma de cómo recuperar los costes de inversión y de obtener beneficios de la inversión realizada —y dado el tan escaso liderazgo que demuestra la ya finalizada administración Bush— ninguna empresa u organización se ha ofrecido para encarar las batallas políticas necesarias para lograr que esa línea troncal de transporte de electricidad se convierta en una realidad. Se espera que tanto con McCain como con Osama las cosas variarán en 180º.

Recientemente, tanto Texas como California han hecho algunos progresos en lo que se refiere a la construcción de líneas de transporte y distribución para evacuar la electricidad generada mediante la energía eólica. Sin embargo, a nivel de los 48 Estados contiguos de la Unión, el problema, lejos de resolverse, lo más probable que empeore. Hoy en día, el Estado de Nueva York tiene alrededor de 1.500 MW de capacidad eólica instalada y está planificando la instalación de otros 8.000 MW nuevos de capacidad de generación eléctrica y todavía el tema de las nuevas líneas eléctricas de transporte está sin solucionar del todo.

Además, lo más seguro es que estos aerogeneradores, para que sean eficaces y rentables, tengan que instalarse lejos, en zonas que cuentan con grandes recursos eólicos. Sin embargo, todavía no está suficientemente claro que, una vez instalado el parque eólico, se contará con líneas eléctricas de transporte, que sean adecuadas y suficientes, como para transportar esta electricidad hasta los lugares de su consumo. En consecuencia, invertir en líneas de transporte es algo que resulta obligado, además de útil y beneficioso. Así, gracias al ahorro que suponen las dos conexiones submarinas a Long Island, el Estado de Nueva York no ha tenido que construir una nueva línea eléctrica, en 20 años.

En un puñado de estados como California, que se han fijado metas ambiciosas para el impulso y desarrollo de las energías renovables, se están viendo obligados a hacer frente a esta cuestión, ya que son conscientes de que los objetivos no podrían cumplirse sin las necesarias líneas eléctricas de transporte y disribución. Desgraciadamente, y a pesar de estos esfuerzos de algunos estados de la Unión, estos esfuerzos parciales no serán suficientes como para desarrollar todo el potencial que tienen las energías renovables.

Tan sólo dos estados de la Unión, de los que cuentan con más recursos eólicos, Dakota del Norte y Dakota del Sur, en principio, podrían generar la mitad de la electricidad que pudieran demandar los 48 Estados contiguos de Estados Unidos. Pero, por la forma en la que la red eléctrica nacional está configurada, la mitad del país tendría que trasladarse a vivir a cualquiera de las dos Dakota, si es que quisiera consumir electricidad producida a partir de la energía eólica.

En suma, la red eléctrica nacional de Estados Unidos en una red eléctrica más propia de un país tercermundista y mucha culpa de ello la tiene el Gobierno Federal que no invierte, ni establece Normas Federales, ni buenos mecanismos de regulación y, básicamente, deja que otros tomen la iniciativa.

Salvo en los temas relacionados con los de llevar a cabo perforaciones de petróleo y con la producción de combustibles fósiles, los demás temas no le preocupan a la administración Bush. Por eso, la red eléctrica no ha sido modernizada, ni preparada, especialmente, para sacar el máximo provecho a la energía eólica. pero todo apunta que las cosas no seguirán así por mucho tiempo. Tanto Obama como McCain han apostado fuertemente por las energías renovables por lo que es seguro que, durante la próxima legislatura, la situación empezará a cambiar totalmente.

De cualquier modo, si bien todo esto está ocurriendo, hoy en día, en Estados Unidos, dentro de diez años, la situación será completamente diferente. No es lo mismo que pienso para nuestro caso. Es cierto que, a nivel del Estado español, la situación de la redes eléctricas de transporte y distribución es muchísimo mejor pero no me fío mucho de cómo será nuestra situación dentro de unos años si las redes de distribución continúan en manos de compañías eléctricas privadas que tienen fuertes intereses tanto en generación eléctrica como en comercialización.

Dejar que estas compañías sean las que sigan controlando las redes eléctricas de distribución es como dejar al zorro cuidando al gallinero. Los intereses creados de las compañías eléctricas, cuando actúan más en régimen de monopolio, cada vez son más antagónicos con los que son los intereses generales. Es muy difícil conciliar —por no decir imposible— el desarrollo óptimo de las energías renovables con la maximización de beneficios, máxime si se trata de un servicio público. Las compañías eléctricas están dirigidas por financieros más obsesionados por la cotización de la acción en bolsa que por realizar las debidas inversiones en la red, que nos permitan luego implementar la generación eléctrica distribuida.

Además últimamente está habiendo sensibles recortes en las inversiones en líneas y centrales eléctricas, nuevas y existentes, cono ha quedado bien patente en Catalunya, con ocasión de las múltiples averías que están sufriendo allí, tanto la centrales nucleares como las líneas eléctricas de distribución. Además, las inversiones en desarrollar redes eléctricas de baja tensión, del tipo ‘smart grid’, para el aprovechamiento óptimo de las energías renovables se están retrasando demasiado, lo que mermará el servicio público que ofrezcan Iberdrola y Endesa, entre otras. La solución es liberalizar la red eléctrica de transporte y distribución de manos privadas y crear una empresa pública que administre la red eléctrica, para que nadie haga un negocio de lo que es un servicio público de tanto valor estratégico.

Por ello, no me cansaré de insistir en que si no queremos más tarde fracasar, cada vez es más urgente y necesario rescatar y liberar de manos privadas todas las líneas y redes eléctricas de transporte y distribución, de alta, media y baja tensión, ofreciendo así un buen servicio público, más en consonancia con un fuerte desarrollo de todas las energías renovables y con la legítima defensa de los intereses generales frente a los intereses creados de las compañías eléctricas.

De cualquier modo, existen más problemas. Uno de ellos podría ser, en el caso de que se haga una mala planificación de las necesidades de la red eléctrica —que no se contemple el peso mayoritario de las energías renovables en el futuro— y otro, en el caso de que las compañías eléctricas sigan recortando gastos en inversiones en nuevas líneas eléctricas de distribución de media y baja tensión y en el mantenimiento de líneas y redes de distribución para mejorar sus cuentas de resultados. No olvidemos que todo esto, desde la lógica que busca la maximización de beneficios, es práctica común en algunas empresas. Ambos casos tendrían consecuencias negativas cara al futuro pues podrían originarnos problemas a la hora de desarrollar, al máximo, el potencial que tienen las energías renovables.

En suma, en Estados Unidos los problemas ocurren cuando la energía eólica que se produce, se desperdicia porque no puede ser evacuada por la incapacidad física de la red eléctrica. En nuestro caso, aunque el mallado de la red eléctrica de transporte, por ahora, esté bien, podrían aumentar los problemas debido a una mala gestión de la red, a la persistencia de las insuficiencias detectadas en inversiones en la red eléctrica de distribución y a la falta de preparación de la red de media y baja tensión —del tipo ‘smart grid‘— para aprovechar, de manera óptima, la evacuación de la electricidad generada por las energías renovables, en especial, los nuevos desarrollos de la energía solar PV que se podrían instalar,  generalizadamente, en los tejados de las casas y edificios de nuestras ciudades.

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2 respuestas a Las energías renovables exigen redes eléctricas adecuadas

  1. Sirenita dice:

    Está clarísimo! A las electricas hay que decomisarles las redes electricas de transporte y distribución. Y de nuevo Red Electrica volvera al cauce de lo que es que la res publica y de donde nunca hubo de haber salido. Me parece magnifico y a mas, a mas considero que es lo correcto.

    🙂 Au revoir!

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