Envejecer sí, pero… ¿Cómo envejecer?

En lo que se refiere al envejecimiento de la población y continuando con mis reflexiones sobre este tema que tanto me preocupa —independientemente de que pronto empezaré a formar parte de este colectivo— os diré que también soy de los que consideran cierto que un aumento del número de las personas enfermas de edad puede contribuir a un aumento de los costes de salud. Esto no es nada nuevo y hay muchos expertos que lo comentan.

Sin embargo, apenas se dice nada acerca de que, a pesar del aumento del número total de personas mayores de edad de la tercera edad y cuarta edad —entre 65 y 74 años y más de 75 años, respectivamente— que conlleva el envejecimiento de la población, no deberían generar unos costes médico-sanitarios suplementarios que pudieran llegar a ser considerables, siempre que estas personas se mantengan en buena salud.

De cualquier modo, aunque apenas se diga nada, algo sí que se intuye y, por ello, se han elaborado, por diferentes empresas de estudios sociológicos e institutos de opinión, una serie de escenarios de futuro —por cierto que, metodológicamente, mal elaborados— que pretenden estimar, según los diferentes escenarios, cuál sería la calidad de vida de los más viejos de nuestra sociedad. Desgraciadamente, señalaré que los resultados obtenidos hasta ahora, al menos en la mayoría de los trabajos efectuados, no son del todo convincentes por cuanto que carecen de fuertes rupturas con el pasado. Son los clásicos escenarios que pretenden, erróneamente, explicar el futuro en base a extrapolaciones del pasado.

 

 

Así pues, dentro de estos escenarios, y considerando tan sólo los optimistas, se prevé que tanto las personas de la tercera edad, como de la cuarta edad, vivirán mucho tiempo, tendrán una calidad de vida elevada y podrán gozar de una salud funcional que se considerará normal, por lo menos. Se trata de procesos de envejecimiento con salud y que algunos definen como “successful ageing”. Por el contrario, los escenarios pesimistas se basan en la presunción de que las personas mayores, comprendidas dentro de la tecera y cuarta edad, vivirán mucho tiempo, pero lo harán de modo deficiente, ya que padecerán enfermedades y serán cada vez más dependientes —y, por tanto, menos autónomas— ya que sufrirán, en mayor o menor medida, alguna incapacidad que les restará cierto grado de autonomía funcional.

Felizmente, los datos actuales apuntan a lo contrario, ya que se está produciendo una cierta estabilidad entre la ganancia de años de vida y el número de años en los que las personas mayores disfrutan de una buena salud funcional. Y esto ocurre en los países desarrollados, donde hay desigualdades raciales y socio-económicas que todavía persisten, cuando no se agravan, al menos las desigualdades socioeconómicas. A fin de mejorar las oportunidades de la población envejecida, para prolongar sus años de vida con buena salud, sería bueno que se promoviera, por un lado, una mayor investigación —al menos más importante y profunda— en materia de gerontología y, por el otro, que se trabajara, de manera anticipativa, desde la prevención —que trata de llegar a los problemas antes de que éstos ocurran para, o bien curarlos y sanarlos, o bien cuidarlos y hacerles más llevadera la enfermedad o enfermedades que padecen.

Naturalmente, al ser un problema —el del envejecimiento de la población— que afecta, en mayor o menor medida, a todos los países, se trata de un problema al que debería dársele un tratamiento, a nivel mundial. Por ello, sería bueno que funcionara la solidaridad internacional, a la hora de poner en marcha diferentes proyectos y aprender, cuanto antes, por medio del retorno de experiencias, a través del ‘benchmarking’. Ello permitiría que nuestros programas de adaptación fuesen, no solamente más eficaces y efectivos, sino también muchísimo más eficientes en una economía donde los recursos públicos destinados a la tercera y cuarta edad cada vez van a ser más escasos.

También, a la hora de describir los conflictos debidos al envejecimiento, además de las tensiones intergeneracionales y de otros problemas y de conflictos más específicos que también están relacionados con el envejecimiento de la población, deberíamos pensar en el hecho de que sean, principalmente, mujeres las que, abrumadoramente y de manera mayoritaria, sean el género humano que alcance las edades más avanzadas. En diversos foros —y aunque es algo sobre lo que no se comenta mucho— desde hace años, se sigue produciendo una cierta polémica en torno al creciente número de mujeres centenarias que conoceremos, en los próximos años.

Hay algunos que sostienen que habrá un equilibrio entre los hombres y las mujeres dentro de la cuarta edad, en lo referente al ‘sex-ratio’, ya que se reducirá el diferencial entre la esperanza de vida de los hombres y las mujeres particularmente. Otros, sin embargo, afirman que sería más lógico y probable pensar que, a medida que aumenta la esperanza de vida para los seres humanos, será más probable que aquel género —el género ‘femenino’— que ha demostrado tener las condiciones fisiológicas mejores para alcanzar una mayor esperanza de vida, también sea el género que más se beneficie de la prolongación del ciclo de vida.

Cuando se considera el género de las personas mayores, los datos sobre el número de personas centenarias nos indican que el 80% de ellas serán mujeres. Estos datos están apoyando esta última tesis. Así pues, si la proporción de mujeres centenarias es muchísimo más elevada que la de los hombres habría que preguntarse porqué. Las respuestas no faltan y hay quienes sostienen que, a lo largo de la vida, quizás debido al carácter ‘vivencialista’ de la mujer, que por naturaleza e instinto presta mayor atención a su salud que los hombres, las mujeres se está beneficiando de ello —y hacen muy bien en hacerlo, a ver si el ‘atrasado’ genero masculino espabila, de una vez.

Por otra parte, las mujeres también gozan de un factor protector que es natural, tal como es el relativo a los estrógenos. En efecto, los estrógenos, al ser hormonas femeninas, influyen en el metabolismo de las grasas y el colesterol de la sangre. Gracias a la acción de los estrógenos, los niveles de colesterol se mantienen bajos e inducen la producción del “colesterol bueno” y actúan sobre el metabolismo del hueso, impidiendo la perdida de calcio del hueso y manteniendo la consistencia del esqueleto. Todo ello favorece que la longevidad progrese más entre las mujeres.

Así pues, no extrañar que en el colectivo de personas centenarias, las mujeres sean mayoría. Son mujeres centenarias que viven solas y que, al aumentar cada vez más en número, podrían necesitar un reajuste de los servicios médicos, sanitarios y sociales existentes. A su vez, es muy posible que las mujeres centenarias carezcan de medios financieros suficientes como para poder vivir totalmente autónomas ya que, muchas veces, estos medios económicos dependen de si, durante la vida activa, ellas realizaron alguna actividad laboral y de la cuantía de las pensiones de viudedad que cobren pero que intuyo que seguirán siendo siempre bajas, por muchos demagogos políticos que tengamos y que se esfuercen, en época de elecciones, en decir lo contrario para ganar el voto de las personas mayores.

Como la solución es díficil si no nos anticipamos, considero, por ello, que sería bueno que los diferentes países crearan un fondo para atender y acoger a sus mayores centenarios, en los niveles de dignidad que se merecen. Sin embargo, y desgraciadamente para nosotros, preparar responsablemente el futuro no es algo que ocupe un puesto destacado en la agenda de nuestros actuales gobernantes. Otro de los impactos negativos sobre el envejeciendo que habría que destacar es el tema de los conflictos multirraciales y multiétnicos que se producirán a lo largo de este siglo en Europa y en consecuencia también nos afectará a nosotros.

Las declaraciones hechas, a finales del siglo pasado, por Heribert Barrera sobre el hecho de que la existencia futura de Catalunya como nación peligraría por la invasión de inmigrantes no es ninguna afirmación gratuita pues lleva mucho razón. Desgraciadamente, fueron declaraciones, hipócrita y superficialmente, tachadas de racistas que apenas se debatieron. Tan sólo fueron criticadas, olvidándonos de que tenían la virtud de que, cuanto menos, podían inducirnos a reflexionar sobre el futuro de Catalunya en relación con la inmigración, al objeto de prepararlo mejor.

Los huecos demográficos que produce el descenso de la tasa de fecundación serán rellenados por el aporte de inmigrantes muchas veces desconocedores de la cultura y de los modos de vida del país que los acoge y, sobre todo, de la lengua autóctona originaria que lucha por sobrevivir como lengua minoritaria. Para una nación como Catalunya —que no es soberana pues depende políticamente de España— una fuerte inmigración que no pudiera ser integrada, cultural y lingüísticamente, dentro del mundo catalán, podría llegar a ser una trampa mortal para su propia existencia en el futuro.

A nivel general, y aunque el tema de la inmigración que está llegando podría ser preocupante en sí, si no se integra debidamente. En el caso de que las comunidades autónomas que cuentan con lengua propia podría ser peor. Estas comunidades, deberían prepararse para ello a tiempo, tal como presumiblemente no ocurrirá debido a la estupidez humana —la de de sus dirigentes y la de sus dirigidos— tan anclada en el cortoplacismo e inherente a nuestra actual manera de vivir que confunde lo urgente con lo importante.

A pesar de ello, y aunque no espero nada sobre el particular de nuestros miopes y cortoplacistas políticos, insisto en que este tema bien merecería un análisis prospectivo estratégico ‘ad-hoc’. Finalmente, y con respecto a este último punto, sí que añadiré un comentario sobre un hecho diferencial que presentan las comunidades de inmigrantes. Éstas se suelen caracterizar por nutrirse de etnias cuyas tasas de natalidad y fecundidad son muchísimo más elevadas que las tasas de fecundidad del país de acogida, lo que, en algunos barrios de ciertos ciudades y poblaciones —cuando no comarcas y provincias— puede dar lugar, con el paso del tiempo, en caso de no integración, a una serie de fenómenos conflictivos entre mayorías inmigrantes y minorías autóctonas.

Estos conflictos, obviamente, acostumbran a ser de caracter xenófobo y, en general, suelen acabar rompiendo el equilibrio social y cultural existente en muchas poblaciones del país de acogida que no ha sabido preparar la integración social y cultural de la inmigración. A veces, incluso, los que fueron inmigrantes, una vez que se han asentado y son mayoría en una determinada comarca, si no se han integrado, terminan provocando la excisión de una parte del territorio del país, como ocurrió en Kosovo o, más recientemente, en Osetia del Sur.

La cuestión es clara. Si no nos preparamos a tiempo, integrando la emigración en un mismo proyecto de país, luego vendrán los problemas. ¿Seremos inteligentes?. Sinceramente, creo que no. Sería un milagro encontrarnos con algún político que quisiera preparar con rigor el futuro, dotando al país y a sus ciudadanos de un proyecto compartido, ilusionante y movilizador.

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