China y su apuesta por liderar el futuro sostenible

Algo parece que se empieza a mover en China, a favor de la lucha contra el Cambio Climático. Algunos observadores consideran que está a punto de comenzar una nueva revolución industrial que sustituya la China de las chimeneas sucias de sus fábricas por otra China, donde la lucha contra el Cambio Climático y la contaminación local ocupen un lugar preferente en su estrategia de desarrollo socioeconómico. Pero, no sólo es eso, la Estrategia es global. China ya ha apostado por liderar el mundo por el camino de la sostenibilidad.

China que está considerada como la economía más contaminante del mundo, poco a poco, y en silencio, también está tomando iniciativas tendentes a que su modelo socioeconómico evolucione hacia una economía de bajos niveles de emisiones de CO2 —‘Low Carbon Economy’.

A pesar de que está construyendo una central termoeléctrica de carbón a la semana y que, durante el periodo 2002-2007, sus emisiones de dióxido de carbono pasaron, de representar el 7% del total mundial a representar actualmente más del 24%, China también está haciendo progresos en lo que se refiere a su apuesta decidida por las energías renovables y las llamadas tecnologías limpias.

Según nos manifiesta Changhua Wu, director de la organización ‘The Climate Group’ en China —una ONG, sin ánimo de lucro, que asesora a las empresas y a los gobiernos mundiales en la lucha contra el Cambio Climático— se trata de una injusticia que China esté siendo vista, cada vez más, como un monstruo que contamina pero, sin embargo, se desconozcan todos los grandes esfuerzos que está haciendo en pro de la sostenibilidad del Planeta.

China es ya líder, junto a otros países, en algunas tecnologías limpias. En lo que se refiere al sector eléctrico, nos encontramos con el liderazgo de China, a nivel internacional, en tecnologías que permiten la captura y almacenamiento de CO2. Lo mismo podríamos decir con respecto a la energía solar y a la energía eólica. En el sector del transporte, China también está impulsando, tanto el desarrollo de coches que sean mucho más eficientes, como también el desarrollo de los coches eléctricos.

Recientemente, se ha publicado el informe “China’s Clean Revolution” que nos muestra que la transición de China hacia una economía de bajos niveles de emisiones de CO2 está en marcha. Esta transición está liderada por el propio Gobierno chino y cuenta con el apoyo de las diferentes políticas gubernamentales. No sólo se está impulsando la innovación, en tecnologías de bajos niveles de emisiones de CO2, sino que también se están invirtiendo miles de millones de dólares en eficiencia energética y en energías renovables.

El informe revela también que una economía de bajos niveles de emisiones de CO2 es tan atractiva para los países en vías de desarrollo —como es el caso de China— como lo es para los países más ricos como Reino Unido, Japón y Alemania y, muy pronto, lo será también para Estados Unidos.

La combinación entre las ventajas de costes que aporta China, su claro y bien definido marco político de desarrollo, su fuerte dinamismo empresarial, el entorno empresarial que contribuye a su propio desarrollo y las abundantes oportunidades de reducción de emisiones de CO2 con que cuenta, están demostrando que los países en vías de desarrollo tienen mucho que obtener, si no más, invirtiendo en soluciones que entrañen unos bajos niveles de emisiones de CO2 ya que, al tiempo que ofrecen una mejor calidad de vida y se mitiga el Cambio Climático, se crean puestos de trabajo cualificados, se generan beneficios sociales y se impulsa el crecimiento económico.

A pesar de que su economía dependiente del carbón, el informe revela que el Gobierno chino y las empresas se han embarcado en una Revolución Sostenible sin precedentes. De hecho, China ya se ha convertido en un líder mundial en la fabricación de paneles de tecnología solar fotovoltaica —Solar PV— donde sus empresas más grandes de energía solar tienen, en conjunto, un valor de mercado superior a los 15.000 millones de dólares.

Durante los próximos 12 meses, el país asiático también estará listo para convertirse en el primer exportador mundial de aerogeneradores. De hecho, actualmente, está compitiendo agresivamente en otros mercados que persiguen bajas emisiones de CO2, incluidos los calentadores de agua a partir de la energía solar, los electrodomésticos energéticamente eficientes y las baterías recargables.

De cualquier modo, es obvio que China tiene por delante un largo camino que recorrer aunque ha empezado a exigir que debido a la contaminación atmosférica que sufren sus ciudades. Todos los vehículos nuevos deban incorporar un catalizador para reducir emisiones y uno de los componentes esenciales de estos catalizadores es el platino. Este hecho, y de seguro, esta apuesta por lo catalizadores de platino está afectando al precio del platino ya que la oferta, a nivel mundial, está muy ajustada con la demanda.

China produce unas emisiones de CO2 por valor de 5,1 toneladas per cápita —una cuarta parte de lo que emite Estados Unidos— pero si China alcanzara los niveles de Estados Unidos, las emisiones de China serían iguales a las que emite actualmente todo el planeta.

Por su parte, Estados Unidos subraya que no podrá hacer nada para combatir el calentamiento global a menos que China tome medidas para reducir sus crecientes emisiones de gases de efecto invernadero, GEIs, y que produce, fundamentalmente, debido a la combustión de combustibles fósiles que realiza tanto en el sector de generación eléctrica como en el transporte.

Este enorme país asiático, junto con otros grandes países en vías de desarrollo, sostiene que la mayor parte del CO2 que existe en la atmósfera fue debido a las emisiones de los países desarrollados, por lo tanto, los países desarrollados son los que deberían asumir la carga de hacer frente a sus causas y efectos.

Según la organización ‘The Climate Group’ en China, los países desarrollados necesitan, realmente, realizar un gran esfuerzo en la lucha contra el Cambio Climático para, en primer lugar, demostrar que son sinceros, en segundo lugar, para demostrar la viabilidad real de las soluciones que proponen y, en tercer lugar, para demostrar que son serios y responsables en la aplicación de las políticas de lucha contra el Cambio Climático.

Coincido plenamente con la ONG cuando dice que son los países desarrollados, como los nuestros, los que deberían primero predicar con el ejemplo. También considero que exigirles a los países en vías de desarrollo un mayor compromiso en la lucha contra el Cambio Climático, cuando muchos de los países desarrollados, en especial Estados Unidos y los países situados en el sur de Europa —sobretodo, España e incluidas sus comunidades autónomas más avanzadas— no han hecho casi nada, es puro cinismo. Además, no es algo de recibo, ni tan siquiera aceptable desde posiciones éticas, sino más bien una verdadera tomadura de pelo, que países desarollados que están tan lejos de cumplir con el Protocolo de Kyoto arremetan ahora contra China, India, Brasil, etc., echándoles a estos países emergentes la culpa de la aceleración del Cambio Climático.

De cualquier modo, y a pesar de tener China toda la razón, el desacuerdo se limita tan sólo a un importante enfrentamiento diplomático. En la práctica, China ya lleva tiempo actuando por su cuenta, quizás impulsada por el gran presión interna que supone la grave y galopante contaminación de sus ciudades y el aumento de los precios de los alimentos originado, en una gran medida, por el impacto que la producción de ciertos biocombustibles, obtenidos a partir de materias primas alimenticias como el maíz, la colza y la soja.

La gran suerte que tiene China es que sus dirigentes políticos son todos de la misma mentalidad o, al menos, coinciden plenamente en cuanto a la necesidad del desarrollo sostenible se refiere. Cuando China abrió sus puertas al mundo, hace 30 años, el ‘milagro económico’ que ha conocido ha tenido que pagar un alto precio ya que, para ello, se hubieron de consumir enormes recursos que, a su vez, producían una gran contaminación ambiental en las ciudades donde, recientemente, se han producido como protesta grandes disturbios.

Los dirigentes chinos temen a los conflictos y, durante cierto tiempo, estuvieron pensando que la “Estrategia china de Desarrollo” debería tomar un nuevo itinerario. Era evidente que no podían repetir el camino del pasado como, desgraciadamente, se acostumbra a hacer en algunos países desarrollados de nuestro entorno. Los chinos supieron muy bien —tampoco era difícil— que el nuevo camino a emprender debía estar limpio, tenía que ser más eficiente, en los que se refiere al consumo de energía y, finalmente, tenía que reducir las emisiones de CO2, significativamente. Este es, en concreto, el escenario apuesta.

El informe dice que China, que es el mayor fabricante mundial de paneles de energía solar, se va a convertir en el primer exportador de aerogeneradores. También afirma que dos tercios del mercado mundial de calentadores de agua solares se encuentran en dicho país del extremos oriente. China es también es uno de los principales productores de energía de los electrodomésticos eficientes y baterías recargables.

Al mismo tiempo, se han aprobado estrictas medidas para impulsar la eficiencia energética y la producción de bicicletas impulsadas por corriente eléctrica, así como, los coches compactos eficientes. Poco a poco, parece que el mensaje por la sostenibilidad está calando en China. De hecho, las empresas que han apostado por una economía de bajos niveles de emisiones de CO2 están obteniendo ya buenos beneficios. Además, China, cada vez más, cuenta con un mercado potencial en innovaciones sostenibles que llegara a ser enorme.

De modo parecido a como lo hizo Japón —que, después de la Segunda Guerra Mundial, supo reconstruir su economía, partiendo casi desde cero, enfocando los esfuerzos derivados de su dinamismo industrial hacia el liderazgo mundial— los esfuerzos de los países emergentes como China y la India están buscando el liderazgo mundial en una nueva era emergente, caracterizada por unos niveles bajos de emisiones de CO2.

De hecho, en China, los dirigentes políticos y empresariales están muy convencidos de que, en 20 o 30 años, China será el líder mundial. Saben, además, que para ser respetado como país, para ser un líder responsable del mundo, China tiene que empezar a pensar ahora sobre lo que deberá hacer para ser el país líder del mundo y para hacerlo bien. Por ello, están firmemente convencidos de que el Cambio Climático es una de las cuestiones sobre las que sus políticas de desarrollo más deberán incidir. Incluso, colocando la lucha contra el Cambio Climático en el centro de todas sus estrategias. Algo que hace tiempo debimos hacer nosotros.

En suma, la Estrategia de Desarrollo de China consiste en una apuesta inteligente y responsable. Sin embargo, es un camino que está plagado de emboscadas. El agotamiento progresivo del petróleo podría ser un motor, como también un freno para su economía. Según como se mire, la apuesta es demasiado hermosa para ser verdad, ‘too nice, to be true’. Pero, también, es la única salida con la que cuenta para ser un país que salga airoso de la prueba. Definitivamente, ‘la Chine est un pays à suivre’

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