La inteligencia como un valor que va a menos

Para nuestra desgracia, ahora que nos encontramos ante el fin de una era y que necesitamos, más que nunca, de la innovación, la inteligencia es un valor que, entre nosotros, cada vez se valora menos. Los jóvenes lo saben y conocen que las carreras técnicas ni están bien pagadas, ni ocupan puestos de trabajo que estén reconocidos socialmente, en una sociedad donde prima el ‘pelotazo’ y destacan las ocupaciones que están relacionadas con la apariencia —política y ciertos medios de comunicación y de entretenimiento— y las finanzas.

Todo esto ocurre entre nosotros, al contrario de lo que sucede en otros países líderes en innovación como son Israel y Finlandia, donde las carreras técnicas como las de ingeniería, entre otras, están muy prestigiadas y ya, desde el principio, se las remunera el doble que a las otras. Sin ingenieros, ni físicos, ni químicos… la innovación es prácticamente imposible. Estos países, líderes en innovación, saben el valor estratégico de la innovación y actúan en consecuencia. Por ello, a la obtención de unos altos rendimientos educativos —excelencia educativa— y a los objetivos que persiguen elevar el nº de ingenieros per cápita les dan tan gran apoyo y destinan, a su vez, tantos recursos al I+D+i —hasta cuatro veces más que nosotros.

En nuestro caso, el hecho de que las carreras técnicas sean unas profesiones que, en la práctica, cada vez cuenten con menor prestigio social, que estén cada vez peor pagadas y que, encima, se dé el caso de que apenas ocupen, en la actualidad, escalafones altos en muchas empresas importantes, es algo que desanima a la hora de optar los jóvenes por los exigentes y difíciles estudios de ingeniería.

Los puestos de dirección, incluso en empresas eléctricas, los ocupan profesionales del área de económicas y  finanzas que desconocen lo que es un kW y que, incluso, no tienen la mínima idea de lo que representa la tecnología y la innovación para el futuro de la empresa. Por definición, como el político son también cortoplacistas y miopes y sus estrategias suelen ser lamentables.

Sólo les interesa los dividendos aunque sea a costa del futuro de la empresa que no gasta apenas nada en innovación tecnológica. Éste es uno de los motivos por el que cada vez hay menos jóvenes que quieran estudiar ingeniero. Los niveles del prestigio y los niveles de dificultad deberían ir parejos.

Ante el declive del número de alumnos en carreras técnicas, las diferentes ‘Escuelas de Ingeniería’ han apostado por rebajar las exigencias de entrada puesto que, en caso contrario, se quedarían sin alumnos. Paradójicamente, las carreras de ingeniería están catalogadas como las carreras más difíciles. Hasta hace unos cuarenta años, el esfuerzo que representaba su aprendizaje estaba reconocido por el salario y el prestigio social que la profesión de ingeniero tenía para el desarrollo industrial y el progreso científico y tecnológico.

Hoy en día, cualquiera que estudie carreras mucho más fáciles como empresariales o económicas estará mucho mejor pagado y los jóvenes lo saben. Además, los ingenieros, en muchas empresas —como ocurre con compañías eléctricas de nuestro entorno— donde se supone que deberían ocupar los puestos de máxima responsabilidad,  a duras penas se quedan en los escalafones intermedios.

Mientras tanto, son los abogados y economistas, expertos en el mundo financiero, los encargados de dirigir los destinos de estas empresas. De este modo, no es muy extraño que ocurra que muchas de las empresas estén más ocupadas en elevar el valor de la acción para el accionista que en satisfacer las necesidades de innovación de sus propias empresas porque es un mundo sobre el que los financieros no entienden. Ocurre lo del viejo chiste de Oto que era tan tonto que, para comprar gasolina, se le ocurrió vender la moto.

Desde otro enfoque, y a falta de avances en materia de innovación, donde nos encontramos a la cola de los países desarrollados, lo que sí abundan, en cambio, son teorías sobre la inteligencia. Algunas teorías son divertidas, pues demuestran cierto rigor intelectual, y otras, en cambio, me parecen más aburridas por lo fantasiosas y especulativas que son. Desgraciadamente, sólo son teorías muy lejos de aplicarse de manera generalizada. Si contáramos con buenos profesionales en la enseñanza, no dudo de que estas teorías podrían elevar el nivel de competencias de los licenciados en la universidad. Ello es necesario, si es que queremos hacer frente a nuestras necesidades de recursos humanos en I+D+i, al ritmo que necesitamos desde las políticas de anticipación y no, al ritmo que se nos marca desde la oferta.

Como tampoco hay políticas de anticipación —y para no tener que criticar a saco a quienes sólo se ocupan de vivir en lo urgente, olvidándose de lo importante— comentaré, separando el grano de la paja, que algunas de las teorías acerca de la inteligencia son o podrían sernos muy útiles. Sin embargo, he de matizar que este tipo de teorías nunca podrán ser aplicables en países donde lo que prima es la codicia y la estética frente a la lógica y la ética. Por ello, esperando que surjan políticos que restauren, en la práctica, los principios y valores morales que la economía del ladrillo y del ‘pelotazo’ se han cargado, considero que sería bueno retomar en serio algunas teorías sobre la inteligencia, salvando aquello que merece la pena y volver a lo que, de verdad, nos debería importar.

La inteligencia, ¿Qué es la inteligencia?. Si concebimos la inteligencia —a partir del latín intus=profundo, legere= leer— traduciríamos su concepto como ‘leer en profundidad’; es decir, como la capacidad o facultad de conocer y de comprender. Siguiendo a Howard Gardner, en su tratado “Frames of Mind”, la inteligencia es la capacidad para plantear y resolver problemas, para encontrar respuestas a preguntas concretas y para aprender temas nuevos, de forma rápida y eficaz. Si ello es cierto, debemos reconocer que nuestro sistema escolar cuenta con la existencia de únicamente dos inteligencias, la lingüística y la matemática.

Las pruebas de acceso a la Universidad o Educación Superior que, en general, se realizan en todos los países se basan en estos dos aspectos de la inteligencia o en estos dos tipos de inteligencia, en el fondo, similares a la Prueba de Coeficiente Intelectual (IQ), tipo Binet, la cual predice en cierta medida el rendimiento escolar pero no correlaciona éste con el desempeño y el éxito profesional posterior a la escolarización.

Gardner y su Proyecto Spectrum plantean la existencia de siete inteligencias, y en consecuencia la teoría de las inteligencias múltiples. Estas siete inteligencias son las siguientes:

1.- Inteligencia matemático-racional. Es también la de la lógica y la de la representación simbólica del universo.
2.- Inteligencia verbal-auditiva, que está relacionada con la semántica, con la sintaxis, con la fonación, con los juegos de palabras y con la retórica; es la inteligencia típica de los poetas, de los humoristas, de los escritores y de los oradores.
3.- Inteligencia kinestésica o psicomotriz; es la del movimiento y su coordinación; es la del gimnasta, del trabajador manual, del mecánico, del cirujano y del deportista.
4.- Inteligencia musical-rítmica es la capacidad para representarse mentalmente en forma simultánea varios instrumentos y sonidos; por el ritmo, es parcialmente la del actor y la del poeta.
5.- Inteligencia visual-espacial es la de los pintores y escultores, es la que sirve para ubicarse geográficamente-
6.- Inteligencia intrapersonal, es la de los solitarios y meditativos, encerrados, hábiles en la introspección; muchos escritores y científicos poseen esta inteligencia en grado apreciable-
7.- Inteligencia interpersonal, es la de los grandes líderes y comunicadores, la que nos permite conformar grupos, relacionarnos fácil y bien con los demás sin distingos, la que facilita y agiliza las negociaciones de los conflictos.

Hace tan sólo una década, Daniel Goleman planteó la importancia de la inteligencia emocional para el desarrollo humano. La inteligencia emocional, según Goleman, es la capacidad que el hombre tiene para reconocer sentimientos en si mismo y en otros, siendo hábil para gerenciarlos al trabajar con otros.

Más o menos, los Principios de la Inteligencia Emocional son los siguientes:

1.- Recepción:
 Cualquier cosa que incorporemos por cualquiera de nuestros sentidos.

2.- Retención:
 Corresponde a la memoria, que incluye la retentiva (o capacidad de almacenar información) y el recuerdo, la capacidad de acceder a esa información almacenada.

3.- Análisis: Función que incluye el reconocimiento de pautas de comportamiento y el procesamiento de la información.

4.- Emisión:
 Cualquier forma de comunicación o acto creativo, incluso del pensamiento.

5.- Control: Función requerida a la totalidad de las funciones mentales y físicas.

Estos cinco principios se refuerzan entre si. Por ejemplo, es más fácil recibir datos si uno está interesado y motivado y si el proceso de recepción es compatible con las funciones cerebrales que si ocurre todo lo contrario, ya que si se recibe la información de manera eficaz, es más fácil, entonces, retenerla y analizarla. A la inversa, una retención y un análisis que sean eficaces incrementarán nuestra capacidad de recibir información.

De modo similar, si las tareas de obtención de la información exigen cierta complejidad se deberá contar también con una capacidad, innata o aprendida, para retener —recordar y asociar— todo aquello que se ha recibido. La calidad del análisis depende mucho de nuestra capacidad de captar y retener la información.
Estas tres funciones convergen en una cuarta función, relativa a la emisión o expresión de nuestras ideas a través del escrito, el discurso, el gesto u otros recursos , de todo aquello que se ha recibido, retenido, analizado y valorado.
 Finalmente, Goleman, introduce una quinta función relacionada con el control de todas nuestras funciones mentales y físicas, incluyendo la salud general, la actitud y las condiciones ambientales.

Según Goleman y otros autores que le siguen, el éxito, tanto de empresarios como de trabajadores, ocurre en personas que cuentan con un alto nivel de desempeño, destrezas, habilidades técnicas y emocionales, bien desarrolladas logran la capacidad para ofrecer sus sentimientos que cada vez se hacen más competitivos y necesarios en la familia, en la empresa y en la sociedad.

Para Goleman, la autoconfianza, la autoestima, la autodisciplina y la empatía, son factores cruciales de esta inteligencia que tanto ha sido despreciada por nuestros sistemas educativo y social. Los soportes de las inteligencias son visuales, auditivos y kinestésicos, los cuales deben integrarse dentro de una visión global, y biopsicosocial de la persona. Se sabe que, aproximadamente, el 40% de las personas son del estilo kinestésico. Estas personas toman sus decisiones en función de su corazonada, son personas que hablan desde el sentimiento y tienen mucha facilidad para llegar a las personas, porque tienen habilidad de percibir lo que está sintiendo la otra persona. Por esta razón, hay que estar muy atento, con la sensación que usted le genera o le ofrece a un kinestésico, porque un kinestésico puede sentir si usted es una persona fría o cálida y, a continuación, actuará en función de si usted le ha caído bien o mal.

Para colmo, todo esto sobre lo que hemos hablado acerca de la inteligencia, y que parece tan interesante, al sector educativo le importa un comino, al menos de manera generalizada. El sistema educativo actual, como está tan funcionarizado y burocratizado —y plagado de intereses creados que nada tienen que ver con la inteligencia y la transmisión del conocimiento— prefiere trabajar sobre soluciones que representen el menor número de cambios posible y, si se da el caso, como lo hiciera a comienzos del siglo pasado.

Por ello, y sin apenas riesgo de que me equivoque, el sistema educativo —a menos de que hagamos una revolución— continuará estandarizado en sus procedimientos homogeneizadores, desaprovechando y desperdiciando el gran potencial de capital humano que le llega y, en consecuencia, seguirá entregando a la sociedad un resultado que deja tanto que desear. Los empresarios critican constantemente la escasa formación que reciben los recién licenciados de la Universidad, mientras éstos rezuman engreimiento por el mero hecho de tener ya un título.

Según los empresarios, los nuevos titulados no tienen la formación que ellos esperan pues carecen de sentido práctico y empresarial. No sólo hay que enseñarles todo de nuevo, sino que esta labor se vuelve más costosa por los bloqueos, filtros y manías que los licenciados han asimilado durante la experiencia escolar y universitaria. Mientras, la sociedad observa aterrada cómo, ante la grave crisis en la que nos encontramos, la innovación —nuestra catapulta para alcanzar el nuevo paradigma emergente— y la capacidad de realizarla brillan por su ausencia. Aquí, Goleman y sus teorías tampoco valen y necesitamos recurrir a la inteligencia creativa que otros autores comentan y que, en otros artículos posteriores, si viene al caso, desarrollaré.

Los empresarios suelen afirmar que el colectivo de técnicos, aparte de menor, está peor formado. Las universidades viven cómodamente en su endogamia y, no parece que den muestras de preocupación por los malos resultados que ofrecen, ya que nadie se atreve a cuestionar sus enormes deficiencias, ni a plantear una estrategia seria para convertirlas a la excelencia. Así, sin que nada cambie, no es de extrañar que los universitarios que emergen de dichas “alma mater” sean cada vez más incapaces de plantear y de resolver los graves problemas que padecen las empresas y los países.

Que bueno sería que el deber principal de los profesores hubiera sido el de diagnosticar, en primer lugar, las inteligencias múltiples de cada alumno y, en función de este resultado, trazar la estrategia y las tácticas correctas para fortalecer las inteligencias más débiles, para potenciar aún más las que son más fuertes, para estimular el aprovechamiento de todas las oportunidades que se presenten, y para enfrentar las amenazas debilitando, al máximo, su impacto sobre el desarrollo polifacético del alumno. De este modo, es cómo hubiéramos potenciado la creatividad y la innovación y hubiéramos sido capaces de hacer frente, mediante la innovación, a los retos de futuro, en vez de tener que sufrirlos como acostumbramos. La transición al nuevo paradigma energético y productivo nos aguarda pero, para salir airosos de la prueba, necesitamos innovar más que nunca. ¿Lo haremos? Sin ingenieros bien pagados, que cuenten con un alto prestigio profesional y que de nuevo se ocupen de la dirección —no de la gestión— de las empresas, será difícil.

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3 Responses to La inteligencia como un valor que va a menos

  1. Ingeborg Henning dice:

    Está de más decir que éste artículo lleva toda la razón, y refleja la realidad actual.
    Felicitaciones .

  2. Sirenita dice:

    El futuro será muy negro porque seremos muchos y no hay para todos, a menos que nos convirtamos todos en vegetarianos. La innovación será un producto que nos vendrá del extranjero como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia.

    En España todavía seguimos con el “que inventen ellos” que desgraciadamente dijera Unamuno en su día y así nos ha ido desde entonces. Solamente gracias a la ayudas de la UE y a la desgraciada economía del ladrillo de los últimos años hemos salido adelante pero tanto disparate también se paga, aunque en nuestro caso, lo hagamos justos por pecadores.

    Los precios de los pisos no bajan y eso obligará a que la crisis la paguemos los que no hemos tenido nada que ver con la especulación y la corrupción urbanística. Mucho me temo también con que si continúan las cuestiones económicas deteriorándose nos terminarán echando del euro y nos obligarán a devaluar la renovada peseta como tradicionalmente hemos tenido que hacer en situaciones parecidas de declive o recesión económica.

    Aquí la inteligencia de nuestros gobernantes siempre ha brillado por su ausencia. No se vanagloriaba el que fuera ministro de Industria en tiempos de Felipe Gonzalez, Carlos Solchaga, que él no tenía ninguna política industrial. Demasiado burro sin ideas tenemos mandando para cosa buena. Me espero lo peor

  3. GISEL-ITA dice:

    me parecio muy buen articulo…gracias me saco de un apuro enooorme.XD

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