Agua y alimentos en tiempos de sequía

Tanto a nivel local como a nivel mundial, sabemos que se está experimentando un gran aumento en los precios de los alimentos. Tan sólo, durante los tres primeros meses de 2008, los precios en términos reales fueron los más altos en los últimos 30 años. Por otra parte, a pesar de que la situación del mercado de alimentos difiere de un país a otro y de que la evolución futura sigue siendo muy incierta, la previsiones consideran que, lo más probable, es que los precios de los alimentos continúen siendo elevados en los próximos años. También se espera que, durante los próximos años, los altos precios de los alimentos continúen afectando negativamente a la mayoría de los mercados de los países en vías de desarrollo.

Actualmente, para muchos de los 845 millones de personas que se encuentran directamente afectadas por el hambre crónica, la subida de los precios de los alimentos está produciéndoles efectos muy devastadores. En estos países, las filas de los pobres de necesidad están aumentando por millones —50 millones el año pasado. En general, son trabajadores normales que ahora no les llega para comprar los alimentos que sus familias necesitan para poder  llevar una vida sana. Este hecho está provocando un creciente malestar social en muchos países en vías de desarrollo. Lo que podría agravar las protestas, trifulcas y tumultos ya conocidos en más de 52 países, y perjudicar, incluso, la propia estabilidad de los mercados mundiales.

Durante 2006-2007, los precios de los productos agrícolas aumentaron y, aún, durante los primeros meses de 2008, siguieron haciéndolo, de una manera más fuerte y acusada. Según la FAO, a lo largo de 2006, los precios de los alimentos aumentaron un 8% y un 24%, en 2007. Durante los tres primeros meses de 2008, el aumento alcanzó un nivel medio del 57%, con respecto a los tres primeros meses del 2007. El continuo aumento de los precios estuvo encabezado por aumento de los precios de los aceites vegetales, que, en promedio, aumentaron en casi el 100%, durante el mismo período. A continuación, se situaron, en orden de crecimiento, los cereales con el 87% de aumento de precios. Les siguieron los productos lácteos, con el 58%, y el arroz, con el 46%. El azúcar y los precios de los productos cárnicos también conocieron un alza importante de los precios, pero no en la misma medida.

A la hora de explicar el porqué de estos altos precios de los alimentos, parece ser que una confluencia de diferentes fuerzas es lo que mejor podrían explicarlo. En primer lugar, es necesario destacar que, durante estos últimos años, se produjo una seria disminución de la producción de cereales, en los principales países exportadores. Esta reducción supuso que la producción de alimentos, en un año, se redujera un 4%, en 2005, y un 7%, en 2006. Señalaré también que, tan sólo, los rendimientos en Australia y Canadá se redujeron alrededor de un 20%, y, actualmente, muchos países llevan el mismo camino. Por el contrario, en Estados Unidos, hubo un aumento significativo de la producción de cereales, en 2007, especialmente, del maíz y como respuesta a los precios tan altos que este cereal —que también se utiliza como materia prima para producir bioetanol— estaba experimentado. La rápida respuesta de la oferta de cereales del año 2007 llegó a expensas de la reducción de los recursos productivos asignados a las semillas oleaginosas y que se dio en algunos países —especialmente, en Estados Unidos, para la producción de aceite de soja— lo que también ocasionó una importante disminución de la producción de oleaginosas.

La progresiva reducción del nivel de existencias, principalmente de cereales, que viene ocurriendo desde mediados de la década de los años 1990, ha sido otro factor de la oferta que ha tenido un impacto significativo sobre los mercados de alimentos. Los cambios introducidos en las políticas medioambientales, desde los Acuerdos de la Ronda de Uruguay, han sido determinantes para reducir los niveles de stocks o de existencias en los principales países exportadores. Según la FAO, estos cambios afectaron, principalmente, al tamaño de las reservas mantenidas por las instituciones públicas y a los altos costes de almacenamiento de los productos perecederos. Para finales de 2008, se prevé que las existencias mundiales de cereales disminuyan en un 5%, alcanzando su nivel más bajo en 25 años. La proporción de reservas mundiales de cereales, con respecto a la tasa de utilización, se espera que descienda al 18,8%, un 6% por debajo de los niveles de 2006/07.

Con el aumento de los precios del crudo de petróleo, también aumentaron los costes de producción de los productos básicos agrícolas. Los precios de algunos fertilizantes aumentaron en más del 160% en los dos primeros meses de 2008, en comparación con el mismo período de 2007. A su vez, y debido a que el aumento en los precios de la energía, durante 2006, se duplicaron las tarifas de flete, lo que encareció, en igual medida, el coste del transporte de alimentos a los países importadores.

Así mismo, la FAO señala a los biocarburantes como otro de los factores culpables del encarecimiento de los alimentos. El nuevo mercado de los biocarburantes —como el bioetanol y el biodiesel— son una nueva e importante fuente de demanda de algunos productos básicos agrícolas como el azúcar, el maíz, la yuca, las semillas oleaginosas y los aceites de soja y de palma. El aumento de la demanda de estos productos básicos ha sido uno de los principales factores que explican el aumento de sus precios en los mercados mundiales y que, a su vez, ha dado lugar a un mayor precio de los alimentos.

De este modo, algunos productos agrícolas que, tradicionalmente, han sido utilizados como alimentos y/o como piensos, últimamente, están siendo cultivados como materia prima para la producción de biocarburantes. Los aumentos significativos de los precios del crudo que se están dando estos últimos años, permiten que los biocombustibles puedan convertirse en sustitutos viables de los derivados del petróleo como la gasolina, el queroseno y el gasóleo, tal como ocurre en algunos países importantes como Brasil. Por ejemplo, el bioetanol obtenido a partir de diversas materias primas agrícolas ha pasado a ser competitivo en comparación con la gasolina, debido a los altos precios del petróleo. El bioetanol obtenido a partir de la caña de azúcar brasileña es competitivo incluso con precios bajos del petróleo. En Estados Unidos, se calcula que el bioetanol obtenido del maíz, teóricamente, es competitivo a partir de unos precios del crudo de 58 dólares/baril barril, pero es importante señalar que este umbral de rentabilidad puede ir también variando. De hecho, los precios del maíz han ido aumentado, progresivamente, en gran parte debido a la demanda creciente de biocarburantes.

En resumen, los importantes aumentos en los alimentos y los precios de los combustibles están teniendo importantes implicaciones tanto para los países como para las personas. Las consecuencias más visibles del impacto económico están siendo el malestar social y los disturbios que, por causa de los altos precios de los alimentos, están teniendo lugar, recientemente, en casi todos los continentes. Los conflictos se están produciendo, principalmente, en las zonas urbanas, donde las personas han sintiendo más el peso del impacto del alza de los precios de los alimentos y el aumento de los costes de los carburantes.

Se están produciendo largas colas en las tiendas de alimentos subvencionados que experimentan, diariamente, constantes subidas, y no sólo en los alimentos básicos. Diversos países importadores están involucrados en lo que se califica como “compras de pánico”, en sus esfuerzos por garantizar a sus ciudadanos un abastecimiento adecuado y crear las reservas de los principales cereales, a nivel de su propio país. Al mismo tiempo, los principales países exportadores se esfuerzan en mantener los precios de los cereales “en jaque”, bloqueando o imponiendo frenos a las exportaciones. La especulación de las grandes multinacionales de la alimentación tampoco es desdeñable. Lo que exacerba aún más las tensiones en los mercados mundiales.

De este modo, y como siempre ocurre, son los países menos desarrollados los países más vulnerables los más perjudicados. Son los países que cuentan con altos niveles de pobreza y donde la inseguridad alimentaria afecta a grandes grupos de población que gastan el 70-80% de sus ingresos familiares en alimentos.

Actualmente, en estos grupos de población, el riesgo de que aumente la inseguridad alimentaria y la malnutrición es alta. En este contexto, muchas familias tendrán que renunciar a los alimentos más caros que son los que, en general, nos aportan proteínas, al tiempo que son ricos en nutrientes y vitaminas. Es indudable que sin estos alimentos, a los sectores más pobres de la sociedad les será más difícil mantener un mínimo nivel de productividad. Además, las familias pobres se encuentran en una grave situación que compromete a los gastos en atención a la salud, en educación y en otros bienes no alimentarios como son los gastos propios de la limpieza e higiene del hogar. Éstas son algunas de las amenazas que debido a un fatídico círculo vicioso. La más grave de este círculo vicioso es la que conlleva la amenaza de la hambruna, la sequía y las enfermedades.

Sin embargo, según la FAO, también surge alguna que otra oportunidad. Los precios más altos de los alimentos presentan una oportunidad única para realizar inversiones en el sector de la agricultura, al objeto de aumentar la productividad agrícola de los países en vías desarrollo. Para ello, se deberían adoptar, con el apoyo de todos los gobiernos del mundo, medidas políticas urgentes y medidas prácticas para mitigar, sobre todo, los efectos negativos que conlleva el alto precio de los alimentos.

Es necesario invertir, cuanto antes, en agua para la agricultura, o el mundo pasará cada vez más hambre. Los grandes cultivos no serán suficientes. Para el año 2030, la humanidad andará muy escasa en alimentos, a menos que se invierta para evitar una inminente crisis mundial del agua.

En un futuro, se suele decir que la crisis energética, que cada vez será peor, el crecimiento de la población que, para el 2030, alcanzará los 8.500 millones de habitantes, los cambios en los patrones del comercio, el aumento de la urbanización —el 70% de la población mundial vivirá en ciudades— los cambios en la dieta alimenticia, la producción de biocarburantes, el cambio climático regional y las sequías serán todos factores responsables de los aumentos de precios causados por una incapacidad creciente de la oferta para satisfacer la demanda.

Sin embargo, poco se menciona que el suministro de agua que se necesita para aumentar los regadíos en los cultivos de secano, podría ser la solución a la crisis alimentaria ya que permitiría cultivar plantas que son de alto rendimiento y de bajo consumo de agua. Y si bien esto es importante, fracasará a menos que tampoco se preste la atención necesaria a las inversiones en agua para la producción de alimentos, fibras y cultivos energéticos, en los países en vías de desarrollo.

Hemos de tener en cuenta que por cada caloría de alimento que ingerimos se requiere un litro de agua para poder producirla. Así, en nuestra dieta, necesitamos utilizar unos 2.700 litros al día. Si para el año 2030, esperamos además que el planeta albergue a más de 8.500 millones de habitantes significa que tenemos que encontrar un nuevo caudal de agua de más de 2.000 kilómetros cúbicos/año de agua dulce para poder alimentar a todos los habitantes. Se trata de una tarea que no es nada fácil, dado que el uso actual del agua para la producción de alimentos es 7.500 kilómetros cúbicos al año y los suministros son ya escasos.

En conclusión, la crisis del agua es también otra crisis con la que tendremos que convivir cada vez más en el futuro. En este sistema el ahorro y la eficiencia serán también determinantes, sobre todo en países como los nuestros, donde se acostumbra a despilfarrar el agua en un 80%. A nivel doméstico, ¿Hay algo más tonto que utilizar el agua potable para echarla por el inodoro o utilizarla para el lavado de la ropa?. No sé dónde usted reside pero me supongo que, en el pueblo o ciudad donde vive, lo deben estar haciendo usted y todos sus vecinos y, lo peor, es que, por ello, nadie lo critica, ni dice nada.

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3 Responses to Agua y alimentos en tiempos de sequía

  1. nombre dice:

    Una buena manera de evitar el aumento de la población mundial es matarlos de hambre, no hace falta hacer ninguna guerra y te quedan las manos y la conciencia limpia. ¿Qué te parece si destinamos producción agaria a nuestro consumo energético?

  2. Espartacus dice:

    Tienes razón, “nombre” pero eso del exterminio de la población no es nada nuevo en nuestra historia. Los asedios de hambre fueron muy corrientes en algunas éppcas.

    Actualmente, yo no creo que los gobiernos de los países ricos se impliquen de verdad en nada para erradicar el hambre de los países ricos. Eso no los hace ni la Iglesia católica por mucho que sus escasos misioneros trabajen duro. Creo que a la Iglesia le resulta rentable para su negocio el hecho de que haya hambrunas y muertos de por medio. De cualquier manera, la mayor culpa de que los africanos pasen hambre la tienen sus propios habitantes que en lugar de trabajar unidos, se pasan la vida matándose unos a otros, todo el tiempo.

    Saludos cordiales

  3. Espartacus dice:

    Perdón, quise decir:

    Actualmente, yo no creo que los gobiernos de los países ricos se impliquen de verdad en nada para erradicar el hambre de los países pobres.

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