El cambio de modelo energético exige la movilización forzosa de la sociedad civil

El ‘Peak Oil’, o el descenso de la producción de petróleo debido a su agotamiento, nos va a colocar a los europeos en una situación muy peligrosa y arriesgada, ya que carecemos de yacimientos petrolíferos de importancia. Además, y en la actualidad, los precios del crudo de petróleo se están poniendo a unos niveles tan altos que, tan sólo por prudencia por lo que puede venir, sería conveniente demandar la movilización y actuar como si nos sobreviniera una guerra. En otras palabras, como ocurre en toda amenaza de guerra, deberíamos realizar una llamada urgente a la movilización general de la sociedad civil.

No se trata de ningún catastrofismo sino de la más rigurosa y competente llamada de atención a nuestro dirigentes. Una llamada para que sean conscientes del peligro que nos acecha y para que, de una vez por todas, por prudencia al menos, reaccionen a fin de que el tsunami energético que se nos avecina no nos coja sin estar preparados. Se nos acerca un tsunami energético que, si no reaccionamos a tiempo, nos puede catapultar, retroactiva y directamente, al siglo XVIII pero sin contar con la experiencia y el conocimiento de los hombres de entonces y con una población cinco veces mayor y acostumbrada a un consumo energético, por lo menos, cuarenta veces superior.

Hemos perdido demasiado tiempo creyendo mentiras y confiando en vanas esperanzas que el tiempo se ha encargado de dejar en su sitio. Ya no nos queda mucho tiempo más y, por ello, necesitamos una movilización general como se suele hacer en tiempos de guerra, para hacer frente a los graves retos o desafíos que representa un cambio de modelo energético como el que tenemos que efectuar. A grandes males, grandes remedios y estamos ya viviendo los preludios de una situación muy grave que más podría asemejarse a la que provoca el impacto de una cruel y duradera guerra.

Nuestro mundo, tal como lo conocemos, se enfrenta, fundamentalmente, a dos amenazas, a la vez: La amenaza del Cambio Climático y la amenaza del fin de nuestra actual era energética y productiva. Representa también el fin del modelo socioeconómico que actualmente conocemos, basado, como ya sabemos, en el petróleo barato y abundante. Se trata de un cambio de modelo que no tiene precedentes. Y su impacto, va a ser tan contundente, que la única respuesta eficaz sólo podrá serlo, si se asemeja a la movilización general de la sociedad civil que conoció Estados Unidos, durante su entrada en la segunda guerra mundial, después de sufrir el ataque japonés a Pearl Harbor.

He de subrayar que, en aquel tiempo, muchos países desarrollados contaban con líderes de verdad. Eran líderes que, sin sonrojos, llamaban a las cosas por su nombre. Eran líderes que sabían gobernar y enfrentarse a los acontecimientos con decisión e inteligencia, con prudencia, pero también con osadía. Hoy en día, en cambio, nuestros políticos actuales se caracterizan —siendo tan imprudentes e irresponsables— por seguir haciendo más de lo mismo, a pesar de que ello es tan grave como llevarnos a un suicidio colectivo. Son líderes que prefieren estar mal asesorados, con tal de que sus asesores les digan lo que ellos quieren oír. Son líderes cortoplacistas y miopes, y más que sangre en las venas, parece que tuvieran horchata pues son excesivamente insensibles al sufrimiento de los demás.

Quizás sea por ignorancia, quizás por cobardía, o por ambas cosas, el caso es que no saben enfrentarse a los grandes retos que se nos avecinan. De igual modo, hace tiempo que se olvidaron de lo que, verdaderamente, representaba el arte de la política y, por ello, ya no se ocupan de preparar el futuro como debieran, sino de luchar contra la oposición para perpetuarse en el poder. Sólo funcionan al son de los resultados de las encuestas que, periódicamente, realizan para chequear el pulso de las opiniones de una población a la que, curiosa y paradójicamente, se le niega el derecho a estar bien informada. No olvidemos que, sin información, la movilización resulta siempre más difícil.

Sin embargo, a pesar de la mediocridad actual que caracteriza, en especial, a la política, necesitamos recuperar a los pocos buenos políticos que existen como se ha hecho con Barack Obama. Necesitamos políticos rompedores con el pasado. Necesitamos políticos que impriman un nuevo estilo de gobernar y que sean más coherentes con respecto a los desafíos a los que hemos de enfrentarnos. Necesitamos políticos que sean audaces y valientes como lo fue el presidente norteamericano Roosevelt que, en su discurso sobre el Estado de la Unión, el 6 de enero de 1942, un mes después del ataque japonés a Pearl Harbor, anunció ambiciosos objetivos sobre producción de armamento y equipamiento bélico, al tiempo que su equipo de planificación, utilizaba, por primera vez, algunas de las herramientas de la prospectiva para la elaboración del plan estratégico, a corto y medio plazo. Gracias a ello, salió la estrategia, rupturista con el pasado, que tanto éxito tuvo.

A propósito de ello, señalaré ahora que éste es el tipo de estrategia que, en los tiempos actuales, acostumbra a preparar SWPI. Una estrategia que no es un fin en sí mismo, como lo son la mayoría de los planes estratégicos que se hacen hoy en día, sino un punto de partida de la estrategia misma, que nos conduce a un escenario predeterminado por nosotros, y que, previamente, ha de ser elegido como escenario-apuesta.

Roosevelt afirmó también que si se quería que el precio de la guerra fuese mínimo y, además, que el país, junto con el resto de los países aliados, llegara a ganarla, Estados Unidos tendría que pasar rápidamente de una economía de paz a una economía de guerra. En pocas palabras, el país norteamericano necesitaría producir 60.000 aviones, 45.000 tanques de combate, 20.000 antiaéreos y miles de barcos, hasta alcanzar, sólo en la marina, un total de seis millones de toneladas. El presidente finalizó su discurso demandando una fuerte exigencia que también sería una advertencia clara para los rentistas del sistema de entonces que, si fuera por ellos, hubieran preferido seguir haciendo más de lo mismo. El presidente conocía el egoísmo de estos dirigentes que hubieran preferido continuar con sus negocios como si la guerra no fuera con ellos: “Que nadie diga luego que ésto no se pudo hacer”—concluyó su discurso Franklin D. Roosevelt, enfatizando estas últimas palabras.

El logro de estos objetivos no resultó ser una tarea fácil. Se necesitó reconvertir las industrias existentes en fábricas de maquinaria de guerra, utilizando materias primas que anteriormente se utilizaban para la fabricación de bienes destinados a la sociedad civil como cazuelas, coches, frigoríficos, etc. En ningun otro sector, este cambio se vio más dramático que en el sector de automoción, que producía entre 3 y 4 millones de coches al año. Sus propietarios presionaron para continuar con la fabricación de automóviles y dedicarse a la producción de armamentos, como un actividad secundaria pero les salió mal. El rapapolvos de Roosevelt puso al sector en su sitio y, así, a regañadientes, los fabricantes de vehículos de automoción se tuvieron que volcar en la producción de motores y hélices para aviones, maquinaria diversa y vehículos de guerra, en especial, jeeps y camiones.

Las necesidades de la aviación eran enormes. No sólo se necesitaban cazas, bombarderos y aviones de reconocimiento sino también aviones de transporte de carga y de tropa necesarios para combatir en una guerra que tenía dos frentes, cada uno de ellos separado de Estados Unidos, a través de un océano. Desde comienzos de 1942 hasta finales de 1944, Estados Unidos produjo 229.600 aviones. Todavía, hoy en día, es una cifra que nos resulta bastante difícil visualizar, para comprender mejor el enorme tamaño que supondría tener una flota aérea tan grande.

La industria aeronáutica se encargó del ensamblaje. Pero fue la industria automovilística la que proporcionó 445.000 motores y 256.000 hélices de aviones. La industria aeronáutica se ocupó de la tarea del ensamblaje pues temía que la industria del automóvil se convirtiera, después de la guerra, en otro competidor más fabricante de aviones.

La reconversión tuvo también su impacto en el resto de los sectores. Así, por ejemplo, un fabricante de estufas se tuvo que ocupar de la producción de botes salvavidas. Una fábrica de tiovivos para las ferias se tuvo que empeñar en la fabricación de pistolas. Una empresa de juguetes se dedicó a la fabricación de brújulas. Otra fábrica de corsés empezó a producir cinturones sujeta-granadas, etc.

En conclusión, hubo que cerrar la industria automotriz desde principios de 1942 hasta finales de 1944. Si en 1940, Estados Unidos producía unos 4.000 aviones. En 1942, llegó a producir 48.000 aviones. Al final de la guerra, se añadieron más de 5.000 buques a los 1.000 barcos que conformaban la flota mercante de Estados Unidos, en 1939.

La descripción de esta movilización es, sin duda, un poderoso ejemplo de lo que, a nivel europeo, deberíamos empezar a hacer para enfrentarnos tanto a la crisis energética como al Cambio Climático. En consecuencia, es necesario que cuanto antes elaboremos un plan de choque y movilicemos todos los recursos con los que contamos, ante la inminente crisis energética que se nos avecina. Así, al igual que la producción y venta de automóviles y camiones de uso privado fue prohibida, en 1942, en Estados Unidos, liberando una enorme capacidad productiva para la fabricación de armamento, tendríamos que empezar a prohibir todo aquel producto que contribuye al consumo de hidrocarburos fósiles y que, por consiguiente, también es causante de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Hoy en día, si estuviéramos a la altura de las circunstancias, la producción de vehículos con motores de combustión interna como los coches de gasolina o de gasóleo y los camiones debería prohibirse. Es más, deberíamos sacar, cuanto antes, estos vehículos de nuestras carreteras. La fabricación de aviones, de televisores de pantalla plana, de ‘playstations’ y xboxs, de bombillas con filamento de tungsteno, etc., debería ser prohibida de igual modo y, en su lugar, impulsar la generación de electricidad, a partir de las energías renovables, incentivar al ahorro y la eficiencia energética, fabricar vehículos híbridos y eléctricos, electrodomésticos de bajo consumo, fomentar la edificación sostenible y el transporte sostenible con la consiguiente construcción de infraestructuras para el transporte electrificado, tanto de pasajeros como de mercancías, así como la construcción de redes eléctricas de distribución, en baja y media tensión, que permitan el funcionamiento optimo de la generación eléctrica distribuida.

A nivel mundial e, incluso, europeo, nunca habíamos tenido una mayor capacidad de fabricación. Si quisiéramos podríamos estar produciendo un parque eólico de 300 Mw, al día. El problema es que nos faltan líderes políticos que, con determinación y osadía, se ocupen de dirigir y coordinar esta transición hacia el nuevo modelo socioeconómico emergente, exigiendo a las empresas que hagan lo que hay que hacer y, así no tener que esperar más de 2-3 años, para que las empresas eólicas te atiendan un pedido.

La movilización en tiempos de guerra es una forma de reasignar recursos a la fuerza. La eficiencia en la distribución de recursos que el mercado acostumbra a adjudicar no sirve porque existen demasiados intereses creados. Existen demasiados sectores económicos, a los que no les importaría hundirnos en la miseria, con tal de que sus negocios siguieran maximizando beneficios y disfrutando, así, de sus privilegios como oligopolios. Son los ya conocidos rentistas del sistema que impiden, como gato panza arriba, que hagamos las cosas tal como, siendo sensatos y responsables, las debiéramos hacer.

La movilización en tiempos de guerra también persigue desplazar recursos de manera que ayuden al cumplimiento de objetivos más urgentes y de alto valor estratégico, tal como ocurre con las políticas que persiguen la transición hacia un nuevo modelo energético y productivo y no basado en las energías fósiles. En el caso de la Unión Europea, al estar inmersa, debido a la globalización, en un sistema productivo mundial, es obvio que los altos costes del petróleo minarán, cada vez más, sus niveles de empleo, riqueza y competitividad.

Nuestro gran reto también consistiría en ir cerrando paulatinamente refinerías, oleoductos y gasolineras, cuanto antes y a medida de que utilicemos la electricidad —producida fundamentalmente en base a las energías renovables— como energía alternativa a los combustibles fósiles. Necesitamos electrificar el transporte, incluso el que se basa en la carretera. Necesitamos cambiar nuestros hábitos y costumbres. Necesitamos multiplicar por tres nuestra actual generación de electricidad. No olvidemos que, en muy pocos años, el petróleo será inasequible.

Finalmente, es casi seguro que, si no movilizamos, a tiempo, a las empresas y a la población civil como si estuviéramos en tiempos de guerra, la generación de electricidad llegue a causarnos serios problemas. Necesitamos que desaparezcan, o queden al margen, los rentistas del sistema y, libremente, poder reasignar los recursos, en el sentido que manda una adecuada transición hacia el nuevo modelo energético y productivo, sin consumo alguno de carburantes fósiles. En caso contrario, si dejamos que sea el mercado el que lo haga, será cuando la transición llegará a ser muy traumática para muchos sectores de la población pues los intereses creados de las empresas obsoletas nos obligarán a llegar tarde y mal, a la solución de los graves e importantes problemas que el ‘Peak oil’ nos está provocando.

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2 Responses to El cambio de modelo energético exige la movilización forzosa de la sociedad civil

  1. Iniciativa plus dice:

    No tengo ninguna duda de que ése es el camino. Lo peor que nos puede pasar es que nuestros políticos no reaccionen a tiempo, Yo ya lo doy por hecho. POco importa si son del PSOE como del PP. Además, que surja aquí un Obama es algo imposible mientras haya listas cerradas y con estos politicastros que tenemos las cosas no cambiarán aunque nos llegue la m… hasta el cuello. Ellos solamente quieren tocar poder. Lo de Rajoy es ya enfermizo. Se muere porque España se huunda con tal de ser el presidente. No tiene ni pajolera idea de lo que habría que hacer. Pero se apunta los tantos sin hacer nada.

    Lo de Zapatero ya es autismo e irresponsabilidad manifiesta. Tiene unos ministros que los han debido sacar de algún encuentro en la tercera fase. Lo tenemos claro que con esta horda de políticos.¿ Aunque sea hay libertades., Qué preferís, que os roben 900 euros de la cartera o que os timen 900 euros?

  2. Dalmata 102 dice:

    Desgraciadamente los que más vamos a sufrir con esta crisis somos los de siempre. Lo más injusto es que las inmobiliarias quiebren pero que los precios de los pisos no bajen. Ahí sí que hay trampa y el Gobierno debería actuar ¿Por qué no lo hace? Me es difícil pensar bien.

    Saludos cordiales

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