La inspiración de Georgescu-Roegen

Nicholas Georgescu-Roegen, nacido en Rumanía y exiliado, posteriormente, a Estados Unidos, fue uno de los economistas más excepcionales que hemos conocido dentro del ámbito de las ciencias económicas del siglo XX. Georgescu-Roegen está considerado también como uno de los principales impulsores de lo que, en la actualidad, algunos denominan bioeconomía y otros —que prefiriendo escaparnos de su excesivo e interesado sesgo ambiental— denominamos economía sostenible. Lo ambiental tiene una gran importancia pero no es la única dimensión que nos importa para alcanzar la sostenibilidad. Lo social y lo económico también pesan mucho, pero lo van a hacer cada vez más, debido a la crisis energética creciente y al deterioro progresivo del equilibrio social que se está produciendo ahora que abundan por millones los sufridos ‘mileuristas’.

Así, a pesar de la crisis inmobiliaria, es de denunciar la cantidad de jóvenes que todavía no puede conseguir una vivienda, aunque sea de alquiler, por los desorbitados que están los precios de los alquileres de los pisos. Estos jóvenes están sufriendo un grave y doloroso ostracismo social que les impide realizar sus sueños y proyectos. Mucho más cuando no hay todavía no contamos con un ley que limite los abusivos precios de los alquileres que son tres o cuatro veces superiores a los de otros países europeos.

Dentro de los sueños y proyectos que todos los seres humanos, a pesar de los desengaños, hemos tenido o tenemos también entra el utópico deseo de vivir en su piso con la pareja y formar una familia. Unos salarios de mil euros, como máximo, y unos pisos por los que piden 6.000 €/m2 no casan y mucho menos permiten casarse. Dentro de este grupo social que conforman los ‘mileuristas’ también entra el amplio colectivo de jóvenes urbanos, muchos con estudios universitarios, se ven obligados a vivir con sus padres o a compartir piso con otros jóvenes para poder llegar a fin de mes.

Estos jóvenes —también las viudas— ante una desprotección social tan vergonzante por parte de las instituciones publicas que han consentido—cuando no apoyado descaradamente— la avaricia inmobiliaria, se ven ahora frustrados y condenados a soportar un futuro carente de esperanza debido a su casi crónica situación de “mileurista”. Por ello, es bueno y saludable para la sociedad que las viviendas se devalúen cuanto antes en más de un un 55%.

Georgescu-Roegen murió en 1994, y aunque apenas tuvo tiempo de conocer realidades como las relativas a la evolución del intercambio desigual, al calentamiento del planeta y, mucho menos, a realidades como éstas que describo sobre nuestra insolaridad con los jóvenes y las viudas en nuestro país, también tenía una gran sensibilidad por lo social. Lo de las viudas es un escándalo. Condenadas a ser ‘inframileuristas’— sobreviven a la miseria.

La viudas pertenecen al colectivo de madres que lo dieron todo por nosotros y hoy cosechan los frutos de nuestro egoísmo. La tercera edad debería unirse y luchar contra la corrupción y la usura. El ejemplo de Israel es paradigmático. En este país se ha creado un partido de jubilados que ha obtenido casi el 6% de los escaños de la Kneset o Parlamento israelí. ¡Ahora les hacen caso!.

Con el tiempo, la teoría económica de Georgescu-Roegen se ha enriquecido con diferentes aportaciones como la del Informe Stern. Nicholas sostenía, en su tratado sobre la economía humana, que además de los conceptos económicos, los conceptos sociales, filosóficos, históricos, físicos y biológicos deberían enriquecer el análisis económico.

El Premio Nobel de Economía, Paul Samuelson, consideró a Nicholas Georgescu-Roegen como el economista entre los economistas. Y ese piropo se lo merece por su libro: ‘The Entropy Law and the Economic Process’ (La Ley de la Entropía y el Proceso Económico) publicada en 1971, que está considerado como una de las mejores críticas a la obsoleta teoría económica neoliberal que, sin entrar en consideraciones de índole política, se han escrito hasta la fecha.

En 1972, durante la celebración de la Cumbre de Estocolmo, Georgescu-Roegen fue invitado y participó en la elaboración del Manifiesto final. Consciente de las desigualdades en la distribución de los recursos a escala planetaria, realizó una propuesta radical favorable a la libertad de circulación de personas, sin ningún tipo de restricción, visado o pasaporte. Lo que contrasta con las actuales medidas anti-inmigración.

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