La revolución pendiente de la longevidad

Los seres humanos nos encontramos ante un hito histórico como es el hecho del aumento de la esperanza de vida. En lo que se refiere al largo plazo, podemos ser muy optimistas. Lo más probable es que la humanidad alcance su techo este siglo. Una esperanza de vida de 120 años es un objetivo perfectamente alcanzable y, por tanto, lo que deberíamos esperar o, más bien, procurar que ocurriera. Podremos incluso alcanzar unas sociedades donde el 70% de la población llegará a tener más de 60 años. En ese caso, los cambios y transformaciones a operar tanto organizativos como culturales, laborales y sociales en nuestras sociedades por fuerza han de ser inmensos.

Pero, en lo que se refiere al corto plazo, e incluso al medio plazo, las noticias no son buenas. En una década, el problema de las pensiones puede ir a mucho peor. Todavía no sabemos cómo podremos hacer frente a la enorme cuantía que supondrán las pensiones de jubilación en un futuro. Subrayaré ahora que, a pesar de lo que los políticos digan, el tema es muy serio y, por ahora, no tiene fácil solución. Además, en España, sabiendo el cinismo y la falta de responsabilidad que caracteriza a la casta política actual —que se muestra empecinada en los enfoques cortoplacistas de la política— si se deja que todo continúe como hasta ahora, ya podemos imaginarnos que llegará a suceder lo peor para cuando nos jubilemos.

El futuro del sistema de pensiones de jubilación se basa fundamentalmente en el principio del reparto. Es decir, son los activos del momento los que contribuyen con sus tasas, retenciones y cotizaciones al mantenimiento y retribución de los pasivos con derecho a pensiones de jubilación. Si, en 1970, conocimos ratios de más de 3,8 activos por pasivo con derecho a jubilación, en 15 años, lo más probable es que ese ratio se convierta en 1,8 activos por pasivo con derecho a pensiones de jubilación.

Es por ello por lo que este proceso suscita una legítima inquietud que no es capaz de calmar ni el mismísimo Pacto de Toledo. Sin embargo, me gustaría también subrayar que esta inquietud no debería ser solamente debida al envejecimiento de la población previsible sino también al hecho de la revolución que debería desarrollarse dentro del contexto socioeconómico futuro.

 

En efecto, si porque no destinamos apenas recursos a la prospectiva, no somos aún capaces de prever como evolucionará la economía, en el curso de los próximos decenios. Si porque, absurdamente, no destinamos recursos a pensar sobre cómo afectará el ‘Peak Oil’ a nuestro modelo socioeconómico actual y, además, si ni tan siquiera este hecho es motivo de preocupación para la mayoría de los políticos que sufrimos ¿Cómo podemos esperar que las cosas relacionadas con nuestra jubilación nos vayan a salir bien?.

Así pues, dentro de este contexto no es fácil establecer cómo podrían desarrollarse los sistemas de jubilación en base al reparto y cómo podrían los activos del momento (adultos y jóvenes) responder a las cargas sociales, dado el peso que supondrá para los trabajadores de entonces el mantenimiento de tantos pasivos mediante el esfuerzo y el aporte de su único trabajo.

¿Tenemos tiempo para actuar?. Deberíamos tenerlo pero no siempre se actúa en función de lo que es importante, sino de lo que es urgente. No nos olvidemos que los dirigentes de nuestra sociedad se caracterizan, fundamentalmente, por ser cortoplacistas y miopes. Su política consiste en aplicar una estrategia reactiva —también conocida como la del bombero o apagafuegos— que espera que ocurra el incendio para empezar a actuar. Esta estrategia es nefasta porque cada vez llegamos más tarde y peor preparados a la solución de los problemas y es entonces cuando, hipócritamente, nuestro dirigentes, ante el fracaso, luego se lamentan diciendo que: ”no tenemos más remedio que…”, “se hizo lo que se pudo..”, “fue una desgracia inevitable…”, cuando en realidad mienten más que hablan, sabiendo como sabemos que actuaron irresponsable y negligentemente.

De cualquier modo, hemos de reflexionar sobre el hecho de que todo gran mal que se produzca y nos acucie ahora, también fue pequeño en su comienzo. Por ello, se podía haber evitado el hecho de que empeorase. Así pues, y siendo honestos, estos dirigentes políticos deberían afirmar: “como en su día fuimos unos grandes necios e irresponsables, y como no hicimos nada por preparar el futuro, ahora no tenemos más remedio que sufrir estos lastimosos y desgraciados acontecimientos, que podíamos haber evitado si nos hubiéramos preparado a tiempo…”.

La libertad no es precisamente hacer lo que más queramos en el momento actual sino que, muchas veces, significa crear las condiciones, empezando a actuar desde ahora, para que en un futuro podamos optar por aquello que nos conviene. Séneca, el gran filósofo romano expresaba hace cientos de años —en realidad, hace casi ya dos milenios,— que no habría vientos favorables para aquel que no supiera de antemano a donde quiere ir.

Actualmente, nuestra sociedad camina desorientada y sin rumbo. Falta descubrir la utopía, como lo fue el comunismo, en su día, que si bien fue un gran fin, sus medios eran nefastos por cuanto negaba las libertades humanas y sofocaba la libre iniciativa. Actualmente, el capitalismo podrá ser un gran medio de generación de recursos y de riqueza; pero, sin embargo, por el momento, nadie nos ha dicho cuáles son sus fines. Y por la codicia que veo en el funcionamiento del capitalismo neoliberal vigente no creo que le importen mucho nuestras pensiones.

En consecuencia, porque nuestro sistema económico carece de fines, es por lo que más debemos luchar por encontrarlos, para dar sentido a las acciones que emprendemos, a nuestras vidas incluso, y para luchar contra la incertidumbre y la fatalidad que envuelven a nuestras decisiones estratégicas. En general, los prospectivistas afirmamos que el futuro no se prevé sino que se prepara. En definitiva: el futuro se debe inventar en base a la innovación, la competitividad y la sostenibilidad.

Debemos asumir, cuanto antes, que los seres humanos no tenemos un futuro que esté predeterminado o preestablecido de antemano. Todos los países, incluso hasta los menos desarrollados, tienen su futuro abierto. En realidad, delante de ellos se abre un abanico amplio de futuros posibles o futuribles que evolucionan al ritmo de los tiempos y que dependerán de lo que ahora hagan para que alcancen un futuro u otro.

En nuestros tiempos, nos hemos olvidado de que el grano más importante de la cosecha es el grano que va a la siembra y no el grano que se lleva al molino para hacer harina. La situación actual, si en muchos casos nos resulta caótica, precisamente, es debido a que nos pasamos el tiempo discutiendo cuánto grano nos llevamos cada uno a nuestros molinos, en vez de plantearnos que sin siembra es imposible que luego tengamos cosecha. Vivimos épocas, caracterizadas por sus contrastados colores grises, y que algunas se parecen a otras que ya estudiamos en la historia de la humanidad.

Vivimos épocas donde, además, los seres humanos nos encontramos con la grave amenaza que representa el cambio climático. Vivimos también épocas apasionantes que coinciden con el cambio de era. Un cambio radical, y sin precedentes, del actual paradigma social, económico, energético y tecnológico. Un cambio ante el que, paradójicamente, nos quedamos mudos, indecisos y parados, sin tomar ninguna decisión que no signifique hacer más de lo mismo.

Desgraciadamente, en estos momentos lo que aflora y prevalece son los múltiples intereses creados que, poco a poco, han ido sustituyendo a los intereses generales de los que nos dotamos antaño. De igual modo, e, inexplicablemente, puesto que no casa con nuestra supuesta inteligencia, los seres humanos caemos en el error de pensar que nuestro mundo, a pesar de marchar mal, siempre podrá arreglarse gracias a un milagro. Los encargados de realizar el milagro son la ciencia y la tecnología por un lado, y los dioses de la fortuna y del destino, por el otro.

En el fondo nos creemos que, para evitar preocupaciones con respeto a nuestro futuro, lo mejor es llegar a conocer con cierta precisión —aunque para ello haya que recurrir a métodos esotéricos— o bien, las salidas necesarias que la ciencia y la tecnología nos aportarán para escapar ilesos del desastre —en otras palabras: la tecnología al rescate— o bien, lo que los dioses nos deparan para nuestro futuro. De este modo, es como podremos obtener el éxito en nuestras apuestas, sacando provecho del conocimiento que tengamos sobre ese futuro que, irracionalmente, consideramos determinado.

Así, la consecución del futuro se convierte en una actitud pasiva que roza con el mundo de lo religioso convirtiéndose en una cuestión de fe. Parece como si estuviera escrito que los demás harán todo por nosotros y que nos facilitarán los cambios, sin que apenas nosotros tengamos que esforzarnos mucho por ello. Como creemos que el futuro nos lo darán hecho, no asumimos que será sólo por medio de nuestro esfuerzo y de nuestra eficacia en el trabajo como podremos preparar nuestro propio futuro.

La historia de la humanidad está llena de episodios donde se muestra claramente que estas creencias no son sólo de ahora sino que provienen desde los orígenes de nuestra civilización y que, lamentablemente, aún persisten en los tiempos actuales. En este sentido, no hemos madurado mucho que se diga. No hemos asumido que el futuro es producto de nuestra ambición, de nuestra intencionalidad, de nuestra voluntad, de nuestro esfuerzo colectivo. Seguimos intentando explorar el futuro como otras civilizaciones extinguidas ya lo hicieron hace miles de años.

Así, los persas preocupados por el futuro desarrollaron la astrología para llegar a través de ella al conocimiento del futuro. Los griegos confiaron en sus pitonisas que mediante sus oráculos adivinaban el futuro. Lo mismo pasaba con los sacerdotes egipcios que leían en las vísceras de los animales el destino. Los romanos recurrían a las vírgenes vestales. Y en la Edad Media floreció la quiromancia y la utilización de métodos como el tarot, la bola mágica y los conjuros de las brujas y magos que complementados con otros métodos, contribuyeron a aumentar el acerbo esotérico-cultural de nuestras sociedades actuales y que, de un modo más científico incluso, sofisticadamente se transforman los oráculos en modelos matemáticos de simulación que nos plantea futuros deterministas e ineludibles. Cuando se trata de analizar el envejecimiento y sus consecuencias económicas, en general, son los controvertidos modelos de simulación los que nos dicen si pasará algo o no pasará y, en base a ello, se firman los pactos sociales como lo fue el Pacto de Toledo.

La Prospectiva estratégica establece que quien diga que el futuro será de una manera o de otra, no será más que un mentiroso porque el futuro está abierto y, en esas condiciones, depende, en una gran medida, de nuestro afán por conquistar un futuro deseado, de nuestra voluntad y nuestros esfuerzos en dedicar nuestros recursos, nuestro tiempo y nuestra lucha a la conquista de nuestro escenario apuesta.

Pero poder encarar, de modo inteligente, el tema del envejecimiento de la población, deberíamos comenzar, en primer lugar, por dudar de las reglas del juego del pasado. Incluso, deberíamos dudar de los acuerdos suscritos, tales como el Pacto de Toledo. Nadie nos solucionará las pensiones de nuestra vejez si previamente no las preparamos y trabajamos. La duda sistemática cartesiana debería funcionar siempre en temas de futuro. Sobre todo, porque lo más probable es que el futuro se escriba en clave diferente, cuando no antagónica a lo que nos dicen ahora. No olvidemos que, muchas veces, cuando no se aplica la prospectiva de manera rigurosa, es muy probable que se cumpla aquello que resulta ser después lo más verosímil. Es decir que se cumplan acontecimientos que, pocos años antes, fueron caracterizados como escasamente probables.

Por ello, deberíamos incluso desconfiar de los estereotipos o ideas recibidas que no sabemos de donde proceden pero que, de todos modos, las asumimos de manera irreflexiva, aunque hoy en día sean ideas y conceptos completamente obsoletos. Estos son, entre otros, algunos de los aspectos sobre los que me ocuparé en otros artículos. El tema de la jubilación es un tema muy grave y merece una gran atención por mi parte. Es un tema muy preocupante puesto que no está nada seguro que, con los planes actuales, lleguen a cubrirse nuestra necesidades futuras; como tampoco que sean los que nos proporcionen los recursos económicos necesarios para garantizar nuestra autonomía de vida, cuando ya no podamos ganarnos el sustento diario mediante nuestro trabajo.

Anuncios

5 respuestas a La revolución pendiente de la longevidad

  1. Lluis de Luna dice:

    Eso ya me lo veía venir. Lo tenía claro que iba a suceder. O sea que tengo 48 años y que cuando me jubile dentro de 17 años, para los que nos jubilemos entonces sólo habrán salones para la eutanasia feliz, financiadas por las Caixas. Creo que esta noche me emborracho.

    Feliz fin de semana, amigos. Ahora que podemos claro!

  2. Dalmata 101 dice:

    Ya veo el panorama que nos espera. 500 e al mes y a correr. Nosotros queriendo cambiar las cosas pero con eso del sistema de listas cerradas cada nos colocan a los peores en las listas. Se impondrá, nos impondremos con nuestras propias listas y desbancaremos a los profesionales de la política o politicatrios que dvan a ahcer carrera en la política y así nos va. La revolución de las canas grises pronto comenzará y entonces tembla: Zapateros, Rajoys, Montillas y Aguirretxes…Vais a tener que trabajar lo que no habeis trabajado en vuestra vida

  3. Alejo Ziordia dice:

    Yo tampoco le veo mucho futuro a las pensiones de jubilación en base al reparto. Ahora que viene las vacas flacas y más parados existen los gastos también se resienten. Eso que dice Dalmata 101 es muy cierto, Nos dejarán como a las viuda,, con pensiones de 500€ y con un lo siento que irá de Pamplona hasta Tierra Estella. Lo bueno es es que seremos muchos y con derecho a voto, Al Zapatero ese que es un mentiroso redomado, y que encima nunca ha trabajado, le van a dar para el pelo. Y a Rajoy ni os lo cuento. Ya lo vereis ya!

  4. Dalmata101 dice:

    A ti Alejo, te veo mejor que a mí porque seguro que tienes una huerta pero yo que soy urbanita, como no me coma el hormigón no se que voy a poder como con los 500 euros eso. Además mi mujer come tres veces que y

    Bueno, pasarlo bien todo, al menos los que os quede hasta jubilaros

  5. joaquin garcia bouza dice:

    EL SISTEMA DE LA SEGURIDAD SOCIAL: CAPITULO I

    Al pasar ayer por ventanilla, el funcionario, la verdad compungido y posiblemente acalorado, porque sin duda le daba pena, me dijo que estaba fuera de la ley, fuera del Sistema y que a pesar de mis treinta y tres años de cotización no tenía derecho a pensión, por un no se que quince más dos y por una no se que socialización y porque los interlocutores sociales habían dicho que no, que no había dinero, pero que el no tenía culpa de nada.

    No comprendía nada. Eso sí: “Era muy solidario”, pero estaba arruinado pues la mayoría de los ahorros de toda mi vida, que había depositado en quien mejor que en el Estado, me habían sido expropiados.

    No acababa de comprender, sin duda había tenido un error de concepto toda la vida. No podía pensar que mi Estado protector me estaba timando, que la Constitución decía eso. Sin duda había quebrado el Estado. Cualquier parecido con la realidad era mera coincidencia.

    Yo creía que estaba haciendo una inversión personal, que con sus importantes intereses me darían para vivir en el futuro. Loco de mí pensaba, que era la inversión más segura, que era como la Deuda pública, que funcionarían como unas Obligaciones seguras, como un Fondo de pensión garantizado, que incluso por haber cotizado antes, mi capitalización seria mayor que los que han cotizado al final. Que era una “relación personal” entre mi banco que era el Estado, y yo.

    Pero no era así, le habían dado mi patrimonio a la “new yet cotizadora”, a los que no estaban en paro y vivían una vida laboral privilegiada hasta sus últimos días. ? O quien sabe se lo podían haber dado incluso, a los pobres bancos que estaban en crisis financiera como yo ¿

    No había duda, no entraba en la tabla, y sin embargo, cuando raras veces no he pagado a Hacienda ó no he pagado una multa, si estaba en la tabla y los intereses de demora que pagué fueron supertablados. Ahora no me pagaban lo que les presté ni me daban mis intereses, nada menos que de cuarenta y siete años. ¿ Será que no existo y que no he tenido vida laboral, ó será que soy el primo del sistema ¿

    Había una cosa que todavía no acababa de comprender. ¿ Porque los llamados interlocutores sociales, y entre ellos los “sindicalistas aristócratas”, decidían sobre mi patrimonio ¿ Es que tenía asesores “socio-bursátiles” y no me había enterado?. Me tenía que informar.

    Y me informé en mi parroquia ya que era tan súper solidario.

    Pues resulta, que está al caer la reforma de los Pactos de Toledo, que se revisan cada cinco años, donde van a solucionar lo mío. Ya sabéis, mi irreversible “crisis financiera + real”, usando por lo menos el argot al uso.

    Se de buena tinta, que el Ministerio de Trabajo y Asuntos mas que Sociales, que es de quien mal depende el tingláo, han contratado a estudiantes de Economía de primero, para hacer la reforma y unas tablas alternativas.
    Los criterios que proponen los muchachos después de mas de media hora de deliberación y decirme: “Tranquilo pringao”. Son muy fáciles:

    “ La Honradez y la Correspondencia Económica. “.

    Es decir:
    – Tanto has pagado tanto vas a cobrar. Esto se llama correspondencia
    -Por supuesto quien haya cotizado cualesquiera quince años: Cobra.
    -La ampliación del periodo de los últimos quince años: Irrelevante.
    -Si usted no quiere cobrar, no cotice. Esto se llama honradez
    -¿Que se quiere dejar el actual criterio para no desfavorecer derechos adquiridos ¿: Vale

    Pero esta segunda alternativa, me dicen los estudiantes de Economía, consultados los de primero de Derecho, es imprescindible por un más largo alcance. Veamos:

    Primero: Porque al parecer se están claramente vulnerando los derechos personales y económicos del individuo. Es un tema primero personal y que sí social mejor. Nadie que haya cotizado mas de quince años puede dejar de cobrar.. Pues eso, dicen: “Es robar, que no legislar”.

    Segundo: Para instaurar la credibilidad en el Sistema. Porque creen que hay que democratizarlo y racionalizarlo, ya que no puede ser imperativo de ida, que no de vuelta. Tiene que estar dentro de las reglas del mercado y del no-intervencionismo.
    ¿Estamos en un país capitalista ó comunista? No se puede mal socializar los ingresos más débiles de la sociedad y pretender dejar sin socializar el resto, opinan. Ò somos ó no somos. Por favor reflexión pues es demasiado tarde para la penitencia.
    La verdad es que esto me parece lógico pues por ejemplo: Yo no le he dicho al señor Cándido Méndez, ni al señor Baréa que están fuera, o que sumemos nuestros patrimonios y los dividamos por tres. Ni le he dicho al señor Botín que queda expropiado como yo. Ni se me ocurriría intervenir en el patrimonio de los demás. Y es que pensaba que mi patrimonio no necesitaba de un consenso. Y que mis cotizaciones a la seguridad social eran sin duda parte de mi patrimonio, no parte de ningún Sistema.
    ¿ Ó nó ¿

    Tercero: – Porque creen que no se puede retroceder, que la actual injusticia es insostenible, que hay un colectivo de perjudicados muy importante que están esperando una reforma seria, que increíblemente tiene a los “Sindicatos Aristocráticos”, como a las fuerzas más reaccionarias y atrasistas. No se puede legislar sobre la marcha en función de lo que digan los demás en esta materia de cambio tan evidente.

    Señor Ministerio, me dicen que se lea las intenciones iniciales de los Pactos de Toledo del 2003, donde ya tenían claro lo dicho aquí. Pero ustedes se inventan, en esta nueva hornada una nueva versión del principio de “ Contributividad “ y nos dicen en esencia:

    “ Se pretenderá que las prestaciones guarden una mayor proporcionalidad con el esfuerzo de cotización realizado “

    Tremendo error de concepto, me dicen los estudiantes. Acaban de destrozar todo el Sistema Impositivo Español. Y es que estoy de acuerdo. No se puede dejar en voluntarismo, intenciones o pretensiones lo que ya es un derecho. Por otro lado, no se trata de proporcionalidad sino de correspondencia total. De devolución íntegra. El Estado no puede negociar mi patrimonio, mis ahorros con nadie. ¿Se nos entiende ¿

    También les agradaría que el Señor Vicepresidente del gobierno interviniera en este neutral asunto que es a todas luces “Matemático- Económico” de salida y sí después social mejor y ya pueden intervenir ustedes. Proponen por tanto, hacer unas tablas como las de la renta pero ahora los que pagan son ustedes, vamos nosotros por segunda vez. Pero tranquilos por dinero, que no sea, como hemos visto estos días, pues haberlo ahilo a espuertas. Por lo demás tampoco se trata de tanto.

    En cualquier caso, de verdad: “No hay prisa”. No se dejen llevar por la actual y ruinosa marea legislativa, que no acaba de comprender que los ciclos son imparables. Con ustedes no va. A los despachos, sobretodo aislados por favor, y esta vez en serio y a pasar a la Historia.

    En fin para que habré ido a la ventanilla. Pero yo lo que quiero es que me devuelvan mi dinero.
    El caso es que estoy en paro y disponible. Si me contrataran yo les haría la reforma, y así cobraría la pensión que sin duda me corresponde. Si por el contrario me dicen que sigue valiendo todo, estupendo, me pondría la máxima por Decreto Ley y a los sindicalistas y otros nada, para que no se metan donde no les llaman.

    Bueno, acabo y adelanto el posible tema del segundo capitulo si me decido en función de cómo vayan las cosas. Se podría titular: “De cómo fundé un amplio bufete de abogados para impugnar la inconstitucionalidad de la nueva ley de la seguridad social: Mis primeros cuatro millones de casos”.
    Me voy a charlar con los estudiantes que no son nada tontos y tienen por ahora claridad de ideas.
    Por cierto mi caso es real.

    Nota: No sé como contarle a mi mujer que según el actual Antisistema de la Seguridad Social, en realidad no he ido a trabajar nunca.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: