Somos lo que consumimos

El aumento del consumismo y la creación artificial de nuevas necesidades materiales tienen más importancia de lo que nos pensamos. Se producen muchos absurdos e incongruencias en nuestro modelo económico, al tiempo que ponemos en grave riesgo la viabilidad económica de las generaciones futuras a las que, de seguro, vamos a dejar sin algunos recursos naturales de vital importancia, como el petróleo para usos no energéticos.

En efecto, el crecimiento de nuestro actual modelo económico se basa en el consumo. A medida que consumimos más, más ricos nos hacemos —y debido al intercambio desigual, del que tanto nos beneficiamos, otros se hacen más pobres, desde luego. Consumir es lo importante, aunque no necesitemos para nada que sea un producto de marca o ya tengamos suficiente de ello. Poco importa a los gobiernos, si para ello también aumentan nuestros niveles de despilfarro. Dicen que hagamos compras responsables —que si debemos hacer— pero todo es un cuento chino pues los gobiernos no predican con el ejemplo como deberían. Para hacer una compra responsable, la Administración debería controlar los abusos que se cometen en las subidas de precios y que suelen hacer los intermediarios que intervienen en la cadena de valor, cosa que no se controla. Además, permite que sólo se opere desde la oferta y se pongan tantas trabas a que se trabaje desde la gestión de la demanda.

Tampoco nos importa si para mantener nuestros enloquecidos ritmos de crecimiento del consumo lo tenemos que hacer a costa de otros seres humanos: seres tan humanos como nosotros pero que apenas cuentan con el sustento necesario como para seguir viviendo muchos años. Así, es la vida, se nos dice cínicamente y con frecuencia. Entendemos fácil que a unos les sobre y a otros les falte. Pero nos resulta muy difícil de entender que, con nuestras actuales actuaciones consumistas, a los que, casi con seguridad, vamos a dejar que pasen miserias y privaciones va a ser a nuestros propios hijos y nietos.

Por otra parte y desde hace años, estamos experimentando un cambio de cultura que nos identifica con los productos que consumimos y viceversa. Poco a poco, salvo periodos electorales, vamos dejando de ser considerados respetuosamente como personas y ciudadanos sujetos a derechos y deberes. Con el consumismo imperante, la tendencia es la de querer moldearnos de manera que seamos fundamentalmente aquello que consumimos. Por ello, no es de extrañar que desde los medios de comunicación se nos cite muchas más veces tratándonos como consumidores que como ciudadanos.

Parece como si ya hubiéramos perdido la noción de cuáles son nuestros compromisos como ciudadanos para asumir la cómoda figura de consumidor ajena a las responsabilidades. Incluso, hasta conceptos, como los relativos a la cultura del ocio, han terminado por sucumbir a fines consumistas y mercantilistas. No somos tan inteligentes como pensamos. Tan sólo hemos de comprender que bastaría con encuestar una muestra de 1000 personas, elegidas de manera aleatoria, para saber cómo piensan 50 millones de habitantes. Estadísticamente, todo ello se puede saber con tan sólo un margen de error, en la estimación de proporciones, inferior al 3%. Nuestro sistema se define como un sistema gregario. En base a las técnicas de muestro y encuesta es como podemos evaluar el carácter gregario de nuestros comportamientos. Recordaré ahora que una de las acepciones del significado de ‘gregario’ es, precisamente, esa que define al gregario como aquel que sigue ciegamente las ideas e iniciativas ajenas o de otros.

La propaganda lo sabe perfectamente y juega con ello. De este modo, y sin apenas contar con defensas que nos aporten nuestras instituciones democráticas, nuestras opiniones quedan fácilmente mediatizadas por la propaganda y los anuncios que recibimos. Así, salvo muy, pero muy, honrosas excepciones, los medios de comunicación actuales, que deberían representar el baluarte de la libertad de expresión, se han convertido sólo en cotos privados de la libertad, la de ello ¡Claro!. No les interesa que sepas la verdad sino que sepas lo que ellos quieren que sepas. El hecho de que luego eso sea verdad o no es tan sólo una matización que tiene un valor muy secundario.

 

 

 

Diariamente, los consejos de redacción de los medios de comunicación —supeditados a las órdenes estrictas que emanan de los consejos de administración— determinan qué noticias y qué opiniones se han de tratar y recoger para luego difundir. Naturalmente, a falta de principios éticos y morales, lo harán siguiendo el criterio e intereses de los propietarios de los medios. El filtro es tan perverso y les funciona tan bien que es así como nos han convertido en una sociedad desinformada y expuesta al soplo de cualquier manipulación. Las diferencias entre la información que se da en España sobre temas de futuro y la que se da en otros países europeos es impresionante. Nuestro deficit de conocimientos sobre lo que de verdad condiciona nuestro futuro es ya patético.

Por ello, artículos como los que publico en mi blog no tienen difusión en los medios porque, a juicio de sus consejos de administración, no son interesantes. La línea ideológica del medio y sus intereses económicos es lo que prima. Sin embargo, gracias a internet que si permite y funciona, por ahora, en defensa de la libertad de expresión y que posibilita la difusión de noticias, podemos difundir noticias y opiniones que, además de interesantes, nos son vitales y muy útiles para favorecer el conocimiento de la verdad. Son noticias y opiniones que, diariamente, tantos y tantos rentistas del sistema que controlan los medios de comunicación nos ocultan. Curiosamente, ganen unos u otros, vivimos una democracia al servicio de las oligarquías.

Mientras tanto, sin apenas una crítica que sea seria y rigurosa, el consumismo crece impunemente y convierte nuestro desarrollo en algo que resulta cada vez más despilfarador. La sagrada defensa del mercado de la que se hace gala olvida que el consumismo es la respuesta a una producción que presenta grandes excedentes, y por tanto resulta insostenible. Como se podrá apreciar, todo un ejemplo de lo que es un círculo vicioso. ¿Contaremos alguna vez con líderes que arreglen este despropósito?. Yo francamente lo dudo y mucho. Sobre todo, después de ver donde acaban, y al servicio de quienes, los ex-líderes políticos que hemos conocido. Quien no está al servicio de una gran entidad financiera, puede acabar al servicio de los grandes multimillonarios. Al final, se cumple eso de que ‘si uno no vive como piensa termina pensando como vive’. Y serán los precios crecientes del crudo de petróleo y la deuda exterior los que nos hagan, por dolor de atrición, entrar en razón. Lo malo es que llegaremos tarde y mal a las soluciones cuando hubiéramos podido anticiparnos y actuar a tiempo para evitar daños innecesarios.

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4 Responses to Somos lo que consumimos

  1. Juan Carlos Cuesta dice:

    A la pregunta de si llegaremos a contar alguna vez con líderes que arreglen este despropósito Mi respuesta es que no por ahora. Los rentistas del sistema son los que mandan. Esos líderes sólo acudirán cuando nos llegue el agua al cuello y la gente empiece a ponerse muy nerviosa y violenta por las grandes privaciones que tendremos que soportar.

    Saludos

  2. Sirenita dice:

    A mi me hacen mucha gracia como los medios de comunicación se consideran la quinta esencia de la libertad de expresión. Que poco son conscientes de que nos han secuestrado a los demás. Es como si en una plaza todos tuviiéramos el derecho a expresarnos pero sólo uno llevara altavoces. Su libertad de expresión sería a costa de callar las voces de los demás. Por eso lo de la libetad de expresión manda memoles!. Es puro cinismo.

  3. Mireia dice:

    Me parece muy acertada la afirmación de que determinados artículos, por su contenido no “deseable”, no lleguen a los medios de comunicación, como pueden ser periodicos y revistas locales, y que al menos nos queda internet (está por ver si hasta aqui también llegará la censura). Si no hay libertad de expresión, la información jamás llegará íntegra e imparcial al público en general, pero ya todos sabemos que eso es precisamente lo que el sistema en el que nos movemos quiere, control absoluto sobre el rebaño al que engaña mediante información amañada y constantes promociones comerciales, absurdas e innecesarias. Resulta todo bastante lamentable.

  4. Eva Mínguez Gabiña dice:

    En lo que se refiere a la libertad de expresión, que nadie se lleve a engaño. Los que deciden cuándo y cómo se ejercita esa “libertad” son precisamente los que por el hecho de tomar esas decisiones, le privan de ser eso mismo, libertad. Algunas grandes empresas farmaceúticas son un claro ejemplo de manipulación de opinión pública, porque a base de contactos en las altas esferas de los Ministerios de Sanidad, consiguen hacernos creer que lo “bueno” es seguir sus pautas (adquiriendo sus productos, vacunas, etc…), cuando en muchos casos el tiempo demuestra que en realidad se toma a la población como un mero conejillo de Indias a gran escala.

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