El petróleo a 200 dólares el barril

La mayoría de los estudios prospectivos que se han hecho y que se están haciendo para evaluar los impactos sobre la economía mundial, debidos al aumento del precio del petróleo, acostumbran a estudiar los efectos negativos que muy probablemente actuarán sobre el actual modelo socioeconómico. Ahora que el precio del crudo de petróleo se sitúa en torno a los 120 dólares/barril, podemos volver a contar con mayor detalle la cruda y grave realidad que se nos avecina. Hace algunos años desde SWPI lo advertimos. Entonces, no se nos hizo ningún caso. Hoy que los problemas nos salpican por todas partes, no sé que con que jeta pueden mirarse al espejo estos imprudentes dirigentes.

La crisis no ha hecho más que empezar. Y no parará hasta que hayamos realizado la transición hacia el nuevo paradigma socioecónomico. Naturalmente, y por países, todo será en función de la preparación anticipada que cada país haya desarrollado. Una preparación que deberá hacer frente a la creciente y todopoderosa crisis energética. En función de cómo nos preparemos, los impactos serán más o menos contundentes. Si la preparación es nula, como sé que ocurrirá en muchos casos cercanos nuestros, los efectos para la economía de esos imprudentes países podrían ser demoledores. En todo caso, lo que sí sabemos es que se producirán respuestas de carácter no-lineal que afectarán a los consumidores y a las empresas de todos los países del mundo, causando serias perturbaciones en la actividad económica normal.

Algunas empresas de nuestro entorno quebrarán y tendrán que cerrar. Otras empresas tendrán que ajustar sus plantillas para poder sobrevivir a la crisis. Es obvio que también aumentará la tasa de desempleo y, con ello, el nivel de impagos de las hipotecas, la reducción significativa del consumo, la disminución de la recaudación, etc. En definitiva, un país más pobre, con mayores demandas y necesidades sociales pero con menos recursos económicos para hacer frente a la crisis.

El sector financiero se resentirá también mucho de este golpe. Cuando todavía no ha podido levantar cabeza de su falta de liquidez, debido a su implicación codiciosa e imprudente en la aventura inmobiliaria, se encontrará con una crisis que bien podría estallarle en la cara. Sobre todo, ocurrirá para aquellos bancos y cajas de ahorro que hayan abusado del negocio del ladrillo. Así pues, en la medida que los activos inmobiliarios vayan devaluándose, y la rapidez con que ello ocurra, es como veremos a bancos y, sobre todo, cajas de ahorro tambalearse por sus maquilladas quiebras técnicas. Los despidos que en las principales industrias se produzcan—sobre todo las grandes empresas consumidoras de energía— se extenderán al resto de la economía.

En los próximos años, hasta que se produzca el Peak Oil, lo más probable es que vaya creciendo la demanda de petróleo de una manera extremadamente fuerte debido al tirón de las locomotoras de China y de la India. Hemos de recordar que de cada barril de más que aumenta la producción de crudo, la mitad se va para estos dos países. Ello hará que este fuerte crecimiento de la demanda de petróleo este año se sitúe en algo más de 87 millones de barriles/día (mbd). Habitualmente se suele decir que los problemas de cobertura por parte de la oferta comenzarán a afectar seriamente a los mercados mundiales del petróleo, a partir de una demanda de 90 mbd. En conclusión, que nos queda muy poco.

Por otro lado, recientemente, y por diferentes motivos, tanto las declaraciones de Andris Piegbals, Comisario de Energía de la UE, como Chakib Jelil, presidente de la OPEP y, a su vez, ministro de Petróleo de Argelia, y Arjun Murti, director general y analista de petróleo del banco de inversión estadounidense Goldman Sachs, son los que han vaticinado que, para finales de este año, el precio del petróleo alcanzaría la cota de 200 dólares/barril.

Algunos expertos, como Arjun Murti, consideran que el precio del crudo de petróleo no va a detenerse hasta que los precios provoquen un fuerte impacto sobre la demanda, y establecen un umbral de precios que se sitúa entre los 150 y 250 dólares/barril. Particularmente, tengo mis dudas al respecto ya que se trata de un juego de suma cero. no obstante, de lo que no tengo ninguna duda es que el precio del petróleo, sobre todo teniendo en cuenta nuestro actual modelo socioeconómico donde tan sólo el sector transporte depende en un 97-98% del petróleo, seguirá subiendo.

Algunas economías no podrán aguantar los altos precios y tendrán que optar por engrosar el número de las demandas insatisfechas pero, lo que un país no compre será aprovechado para que otro país pueda comprar más petróleo. No olvidemos que, en China, los salarios son de 15 a 20 veces menores que lo que cobran nuestros ya abundantes mileuristas por lo que, en un país donde sus habitantes están acostumbrados a más miserias y privaciones, los impactos de unos todavía más altos precios del crudo de petróleo se soportarían mucho mejor que entre nosotros, que ni tan siquiera hemos empezado a prepararnos para la gravísima crisis energética que se avecina.

Las consecuencias que tendrían unos altos precios del petróleo serían devastadores para algunos países y sus economías. En general, estos impactos se suelen clasificar en cuatro efectos principales según recaigan sobre: demanda, oferta, políticas y confianza en el funcionamiento de los mercados.

Los efectos sobre la demanda nos miden hasta qué punto unos elevados precios del petróleo llegarían a reducir el poder adquisitivo de los consumidores (ppa), causando, a su vez, una reducción significativa de la demanda de consumo. Un mayor gasto en el llenado del tanque de gasolina del coche también significa disponer de menor renta disponible para gastar en alimentación, pago de hipotecas y alquileres, mobiliario, viajes, ocio y espectáculos, restaurantes, etc.

En cuanto a la oferta, sus secuelas no serían menos preocupantes. En efecto, un aumento de los costes del petróleo, 200 dólares/barril, se llegaría a comer, si no todos, gran parte de los márgenes de beneficio de muchas empresas. En especial, ello ocurrirá cuando estas empresas tengan impedimentos o no sean capaces de trasladar estos aumentos de los costes energéticos a sus clientes. Esto será especialmente cierto para aquellas empresas que son grandes consumidoras de energía y/o intensivas en energía ya que les obligaría a recortar producción y/o a eliminar servicios. Un ejemplo claro lo tenemos en las compañías aéreas que para hacer frente a un 100% de aumento en los costes de la energía deberían impulsar un plan de choque. En la práctica, dicho plan conllevaría cancelar vuelos, despedir trabajadores y anular pedidos de compra de nuevos aviones. Lo mismo podríamos decir de otros sectores como el siderometalúrgico, cementero, etc. Incluso, la tarifa G4 podría quedar en suspenso —no olvidemos que se trata de un juego de suma cero y lo que uno se lleva, otros se quedan sin llevárselo— lo que supondría el cierre de estas empresas desviando las importaciones a países con menores costes energéticos.

En todas las políticas —no sólo la monetaria— las resultas también serían contundentes. Sobre todo, cuando los bancos centrales, como ocurre con el BCE, prestan especial atención a las subidas de la inflación. Un aumento significativo del precio del petróleo provocaría una espiral tanto en los precios como en los salarios que obligaría a las autoridades monetarias a endurecer las condiciones de crédito. A su vez, estas medidas debilitarían las inversiones en compras de vivienda, automóviles, etc., lo que también afectaría al resto de la economía.

Finalmente, debemos considerar los efectos sobre la confianza en los mercados financieros. Unos elevados precios del petróleo que se sitúen en torno a los 200 dólares/barril provocarían, si no pánico, una pérdida importante de confianza en los mercados por parte de los consumidores e inversores. La bolsa es muy probable que cayera hasta niveles próximos a los conocidos antes de la segunda guerra mundial. Obviamente, también caerían las cotizaciones de las acciones de las empresas, disminuirían los ingresos familiares y, en general, la economía se debilitaría. Estos efectos serían especialmente fuertes en aquellos países desarrollados muy dependientes del petróleo, como es nuestro caso, y que no se hubieran preparado a tiempo.Casi todo depende de nosotros.

La globalización también se resistiría y entraríamos en una fase de sístole que denomino regionalización. Los altos precios del transporte no nos permitirían seguir trabajando a nivel global. En definitiva, el mundo ya no volvería a ser lo que fue y, sobre todo, tras el Peak Oil o pico máximo de producción mundial de petróleo, tendría que afrontar una larga y penosa transición hacia un nuevo modelo socioeconómico donde el mix de la energía sería de manera muy diferente al que conocemos ahora. Los trabajos que estamos desarrollando en SWPI van en esta dirección. Intentado —muchas veces inútilmente— que nos preparemos a tiempo para no tener que sufrir más tarde graves consecuencias por nuestra irresponsable e imprudente desidia. 200 dólares/barril es un precio que, desgraciadamente, alcanzaremos muy pronto. Quizá sea antes de un año. Estamos avisados.

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One Response to El petróleo a 200 dólares el barril

  1. miguel dice:

    Muy buen análisis. Esperemos que aún nos dé tiempo a prepararnos medianamente…

    Saludos y suerte.

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