Latinoamérica para siempre

Si hay alguna relación internacional en la que podemos sentirnos netamente deudores es la relación que, a lo largo de la historia, hemos mantenido con los países que integran la Región Latinoamericana. Durante la conquista y posterior colonización dejamos que nuestra codicia por el oro y la plata fuera muchas veces el único valor que, en la práctica, otorgábamos a las colonias. Después sobrevino la merecida independencia, a comienzos del sigo XIX, y las relaciones entre España y América Latina quedaron, si no interrumpidas, sí muy empobrecidas. Durante el franquismo, las relaciones, sobre todo con algunos países donde las dictaduras no cuajaron nunca, languidecieron aún más. Finalmente, con el retorno de la democracia al Estado español, se retomarían las relaciones con ilusión por todas las partes implicadas. La tolerancia que esta vez demostró España con sus ex-colonias americanas demostró que éstas nunca hubieran podido romperse si, en su tiempo, la metrópoli hubiera sido respetuosa con la voluntad y el derecho a decidir de los criollos.

También he de subrayar que, a lo largo del último cuarto del siglo pasado, y durante el desarrollo expansivo de la globalización, muchas empresas españolas se hicieron multinacionales desembarcando en Latinoamérica. Esta vez, los primeros encuentros comenzaron bien pero, con el auge del neoliberalismo económico, las relaciones se llenaron de luces y de sombras. La ayuda al desarrollo y a la modernización empezó a conjugarse con la obtención del máximo beneficio. Tanto que mucho me temo que, de nuevo, la codicia haya vuelto a impregnar el estado de nuestras relaciones. Sin embargo, en un futuro, no tendría porqué ser así. Los proyectos MDL podrían facilitarnos la oportunidad pendiente de redención y de ser generosos, de verdad y de una vez por todas, con Latinoamérica.

En efecto, en el mercado de reducción de emisiones de CO2 que permiten implementar los Mecanismos de Desarrollo Limpio o Mecanismos para un Desarrollo Limpio (proyectos MDL), América Latina podría ocupar un lugar preferente para nuestras inversiones tendentes a mitigar el calentamiento global, si se hicieran las cosas bien. Por ello, nuestra responsabilidad en hacer que ello sea posible es enorme y trascendental. Los Mecanismos de Desarrollo Limpio se recogen en un acuerdo que se suscribe dentro del Protocolo de Kyoto.

Estos Mecanismos son los que permiten tanto a los gobiernos de los países industrializados o desarrollados —que son los que se contemplan en el Anexo 1 del Protocolo— como a sus empresas (personas naturales o jurídicas, entidades públicas o privadas) el poder suscribir, con los países en vías de desarrollo —no incluidos en el Anexo 1— y llegar a acuerdos de reducción de gases de efecto invernadero (GEIs), durante el primer periodo de compromiso comprendido entre los años 2008–2012.

De este modo, aunque estos acuerdos no son gratuitos, ya que sí requieren fuertes inversiones en proyectos de reducción de emisiones en los países en vías de desarrollo, son una alternativa real para que los países desarrollados adquieran reducciones certificadas de emisiones (RCEs), obviamente, a menores costes que lo que les supondrían si tuvieran que invertir dichos proyectos en su propio país. A su vez, y en la práctica, estos proyectos MDL tienen también otro efecto muy positivo ya que ofrecen la posibilidad de transferir tecnologías limpias a los países en vías de desarrollo.

En conclusión, esta cooperación que deberíamos impulsar con los gobiernos o las empresas de los países desarrollados puede ser muy beneficiosa, no sólo para nosotros, sino también para la humanidad entera. En efecto, al invertir en estos proyectos MDL, adquirimos reducciones certificadas de emisiones,RCEs, a un menor coste que lo que nos supondría hacerlo aquí. De igual modo, podemos transferir tecnología limpia y vender equipos y, simultáneamente, podemos acercarnos al cumplimiento de las metas de reducción de emisiones de a las que nos comprometimos cuando firmamos el Protocolo de Kyoto.

Sería como un modelo de colaboración del “tipo Win&Win” donde todos ganaríamos. A su vez, se considera que si se eliminaran algunos problemas iniciales, el potencial para inversiones en estos proyectos que ofrecería la región sería cada vez mayor. Así pues, América Latina puede convertirse en la tierra de las oportunidades para el diseño, elaboración y puesta en marcha de proyectos MDL que sean financiados por los países desarrollados.

En el marco del Protocolo de Kyoto, América Latina fue la región mundial que acogió el primer proyecto que se desarrolló para compensar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs). En la actualidad, cuenta con 649 nuevos proyectos que todavía se encuentran en tramitación. A juicio de los expertos, y en comparación con otras regiones del mundo, América Latina cuenta con el mayor número de créditos de reducción per cápita de emisiones de Carbono (CO2) o RCE —la moneda que se utiliza en el Plan MDL.

Desgraciadamente, los grandes números sólo nos cuentan la mitad de la historia. A pesar del potencial de América Latina como productor de créditos de carbono, los avances conseguidos en cuanto a reducción de emisiones siguen siendo irregulares. Básicamente, y por lo que algunos expertos comentan, sólo son unos pocos países los que, verdaderamente, son conscientes de las ventajas que les ofrece el comercio de emisiones de CO2.

Hasta la fecha, son Brasil y México los países líderes ya que contabilizan 255 y 182 proyectos MDL, respectivamente. Subrayaremos que actualmente son proyectos que todavía se encuentran en tramitación. El resto de los proyectos MDL que se podrían desarrollar en la región son todavía meros planteamientos que resultan un tanto vagos. En algunos países como Argentina, Chile, Costa Rica, Honduras, Ecuador, Perú y Guatemala sí se ha empezado a hacer algo, ya que muestran una evidente aunque esporádica actividad en proyectos MDL. Por el contrario, en Colombia, Venezuela, Paraguay, Uruguay, muchas islas del Caribe y diversos países centroamericanos ni tan siquiera se ha llegado a plantear todavía nada sobre el particular.

Las oportunidades de América Latina son muy evidentes pero hay problemas. La falta de voluntad política por parte de ambas partes —países latinoamericanos y países desarrollados— representa gran parte del problema. Después de tres décadas de dedicarse sin descanso a la producción de etanol a partir de la caña de azúcar y sus consiguientes deforestaciones, las autoridades de Brasil parece que quieren compaginar su desarrollo con los proyectos MDL. El resto de los países latinoamericanos interesados por los proyectos MDL han tenido que empezar de cero. Sin embargo, al inicio las cosas se complican.

A menudo, los emprendedores que existen en los países latinoamericanos carecen de acceso a la financiación de proyectos MDL. Sin poder acceder a la financiación necesaria es imposible hacer que trabajen los proyectos MDL. La burocracia y la falta de eficacia de los funcionarios de los países desarrollados —se trata también de una falta grave de responsabilidad por nuestra parte— también tiene mucho que ver en ello. De este modo, es como se dilatan absurda e innecesariamente proyectos MDL que nos son vitales. No obstante, y a pesar de estos reveses, los expertos en el desarrollo y operativa de proyectos internacionales siguen siendo optimistas sobre la capacidad que tiene América Latina para aprovechar al máximo este potencial.

Actualmente, lo que es más importante para todos, se constata que los obstáculos técnicos anteriores están comenzando a ser gradualmente superados. Así, en muchos proyectos MDL, desarrollados en los sectores de América Latina en los que hemos tendido a invertir —como son la obtención de metano y biogás, a partir de los vertederos y de los residuos agrícolas— se ha logrado un nivel de especialización muy alto. Sin embargo, este tipo de proyectos están agotándose por lo que es necesario diversificarlos.

El metano que se produce a partir de los residuos agrícolas es un área de actuación que está atrayendo el interés del mercado. El metano representa un factor de calentamiento global que es 21 veces superior al del dióxido de carbono. Por consiguiente, la captura de metano es una fuente muy productiva de RCEs. Otro sector de interés es el que tiene que ver con aplicación de las energías renovables, especialmente, la energía hidroeléctrica, a pequeña escala, y los proyectos de generación eléctrica basados en la energía eólica. También podríamos extenderlos a la generación eléctrica en base a energía solar, a la geotérmica y a la debida a las olas o energía undimotriz.

Otros proyectos de interés son aquellos relacionados con la eficiencia energética, la recuperación de gas y la sustitución de combustibles fósiles por biocombustibles. En caso de que, en un futuro próximo, se aprobara una metodología que evite la deforestación y, a su vez, potencie la reforestación, Brasil y otros países que cuentan con bosques tropicales, en América Latina, tendrían una clara posición de ventaja.

A pesar de las innegables oportunidades que para la UE, en general, representa América Latina, hasta la fecha, se ha preferido invertir en Asia, sobre todo en China, y desarrollar allí los proyectos MDL debido a que las inversiones eran más económicas. Sin embargo, muchos inversores particulares e institucionales, aunque tengan intereses consolidados en Asia, consideran que invertir en Latinoamérica reduciría la exposición a los riesgos derivados de invertir en una sola región.

Hace unos meses, y con el fin de dinamizar los diferentes proyectos MDL, éstos se han agrupado en uno sólo relacionado con la captura de metano, la cogeneración y la sustitución de combustibles fósiles por biocombustibles. Este último proyecto MDL lo impulsa la asociación de productores de aceite de palma de Colombia, Fedepalma, y, actualmente, se encuentra en proceso de evaluación. El proyecto prevé el establecimiento de 31 plantas de extracción en cuatro regiones productoras de aceite de palma. De este modo, estos proyectos combinados en un único sistema del MDL, podrían generar un impresionante número de reducciones certificadas de emisiones, unas 746.000 RCEs al año.

Sin embargo, este proyecto no está exento de riesgos ya que necesita un desarrollo de más de 25 años y las producciones de aceite de palma no comienzan hasta trascurridos 4-5 años. En este sentido, y para reducir riesgos e incertidumbre, sería conveniente que España y Colombia ratificaran cuanto antes un acuerdo sobre la producción aceites vegetales (palma, jatrofa, etc.), susceptibles de convertirse en biodiesel, pero cuidando hasta el extremo de que dicho acuerdo no afecte a los precios de los alimentos.

En tanto este acuerdo se realiza y, por el momento, una apuesta más segura es la que ha sido presentada por MGM International, una empresa impulsora de proyectos internacionales y que opera en todo América Latina. En 2006, MGM creó una sola cartera de inversiones para una serie de proyectos MDL. La empresa MGM es propietaria de los derechos de comercialización. Su actual inventario acumula más de 40 millones de RCEs.

Por último, debemos señalar que la mayor incertidumbre que tienen estos proyectos reside en el hecho de que después 2012, cuando finalicen los compromisos de los países desarrollados contraídos con la firma del Protocolo de Kyoto, no se sabe cual será el futuro de los proyectos MDL. Todo depende de los acuerdos post-Kyoto que se adopten y de si algunos países latinoamericanos deciden optar por una reducción voluntaria de sus emisiones de CO2. Si ello ocurre, los proyectos del tipo MDL continuarán creciendo en la región.

Desde la prospectiva sostenemos que las oportunidades en Latinoamérica serán cada vez mayores debido a que la amenaza del cambio climático también está siendo cada vez mayor, como también lo está siendo el nivel de concienciación y de compromiso con la lucha contra el cambio climático de los diferentes países del mundo. También se trata de una oportunidad que se nos ofrece de demostrar nuestro agradecimiento y nuestros vínculos de hermandad con Latinoamérica y, de este modo, mediante la cooperación a través de los proyectos MDL, contribuir positivamente a la construcción de su propio futuro, en clave de sostenibilidad.

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