Envejecer entre viejos

El envejecimiento demográfico de la población se define como el aumento de la proporción de personas de edad en la población total de un país determinado. Sus efectos o consecuencias son de muy alto calado para nuestra sociedad. También preocupa cómo afectará este fenómeno a los sistemas de seguridad social, al plan de pensiones o a los gastos sociales y de salud. Esta preocupación creciente sobre las consecuencias del envejecimiento de la población ocurre en todos los países de la Unión Europea. Obviamente, el fenómeno preocupará, o debería preocupar más, en aquellos países europeos que mantengan, o hayan mantenido durante mucho tiempo, tasas bajas de fecundidad como nos ocurre a nosotros.

El debate sobre el problema del envejecimiento de la población se trata de un tema que desde hace casi dos décadas ha sido lo suficientemente tratado como para haber tomado medidas para evitarlo o paliarlo. En su momento, no se hizo ningún caso e, incluso, se llegó a minimizar, descaradamente, sobre sus consecuencias para no tener que responder sus gobernantes sobre la insostenibilidad de sus irresponsables políticas. Las ayudas a las familias con hijos, hace más de quince años que deberían haberse puesto en marcha, ampliando todavía mucho más las medidas para favorecer la natalidad que, últimamente, se han implementado entre nosotros.

Comúnmente se admite que, en demografía, las inercias tienen un peso tan importante que casi nos conducen a escenarios donde los márgenes de maniobra son más limitados de lo que inicialmente presuponemos. En consecuencia, se admite que es muy previsible que la herencia demográfica del pasado, salvo que se produjera una catástrofe importante, será quien nos condicionará el futuro de una manera casi inevitable, aún a pesar de que conozcamos tasas de inmigración significativas, como ocurre ahora. Como compensación, diré que es también cierto que gozamos de ciertos márgenes de libertad en cuanto al porcentaje de activos que progresivamente han de soportar los elevados porcentajes de población no activa y susceptible de cobrar sus pensiones de jubilación.

Es indudable que unos altos índices de inmigración podrían contribuir a hacer frente el enorme peso que llegarán a representar, en tan sólo una década, las pensiones de jubilación y que, de otro modo, recaerían, exclusivamente, sobre los activos autóctonos. Pero, también es cierto que si hace quince años se hubieran aplicado las políticas natalistas de Francia, de Suecia o de Finlandia hubieran aumentado significativamente las actuales tasas de fecundidad y éstas hubieran aportado un mayor número de activos al colectivo social, para hacer frente a los retos de futuro en muchísimas mejores condiciones que las actuales.

Desde la prospectiva sostenemos que el camino hacia el futuro está lleno de emboscadas. También añadimos que está cuajado de incertidumbres que apenas conocemos, ya que la dialéctica, y la necesidad, que surgen de las crisis también crean modificaciones, tanto en los valores como en los hábitos y comportamientos humanos. Estos aspectos convendría analizarlos en profundidad cuanto antes. Sin embargo, incomprensiblemente no se hace, lo cual nos aporta un detalle más sobre la mediocridad de nuestros gobernantes, a la hora de aplicar el arte de la política. Así, por ejemplo, si cada vez todos somos más viejos, siendo más jóvenes, y, por contra, cada vez somos más jóvenes, siendo más viejos.

¿Tendría sentido aplicar las reglas del pasado a la sociedad emergente? ¿Por qué habríamos de seguir jubilándonos a los 65 años, o a edades más tempranas, si contamos con que nuestra esperanza de vida ha crecido tanto y se alarga cada vez más?. ¿No podría organizarse la sociedad de modo que cada uno tuviera opción de prolongar la etapa de su vida laboral?. El recurso a las jubilaciones anticipadas, que en algunas empresas se considera para aquellos activos mayores de 55-58 años, nos informa de la irresponsabilidad de nuestros gobernantes que lo permiten. Trabajar en base a esquemas del pasado, es la mejor manera de hipotecar los márgenes de libertad de las generaciones futuras, en un momento en el que nos hemos de enfrentar a diferentes crisis concomitantes: climática, energética, alimentaria, financiera, inmobiliaria y crediticia.

La libertad no es sólo la capacidad de decidir ahora lo que deseamos sino que también implica la voluntad de actuar en su momento para que, en un futuro, podamos optar por aquello que nos conviene y evitar, de este modo, que seamos, más tarde, víctimas de los acontecimientos. En este sentido, he repetido hasta la saciedad que, en general, los seres humanos acostumbramos a tomar decisiones sobre el futuro en base a esquemas obsoletos del pasado e inmersos en un insensato cortoplacismo. Por eso llegamos tarde y mal a la solución de los problemas.

De las proyecciones demográficas que SWPI, con respecto al año horizonte 2050, ha elaborado, se deducen dos enseñanzas que son básicas y que nos deberían motivar para comenzar a pensar con seriedad en el futuro, si es que queremos encarar con éxito el reto que se nos presenta, ¡Por supuesto! Estas dos enseñanzas son las siguientes: la primera de ellas se refiere al carácter irreversible de los efectos negativos, debidos al envejecimiento demográfico, que vamos a sufrir y que se prolongarán hasta el año-horizonte 2050. La segunda enseñanza se refiere a que, a pesar de la inercias demográficas, existirían más márgenes de libertad de lo que nos creemos si dedicáramos nuestros esfuerzos creativos a la innovación y reinvención de la sociedad del futuro.

Sería deseable que el tema del envejecimiento de la población y sus consecuencias se abordara en base a la prospectiva, pero mucho me temo que no se haga así y los trabajos que hagan conlleven una gran inercia metodológica a la hora de evaluar los resultados y establecer conclusiones. Sin la prospectiva que incorpora soluciones contraintuitivas e innovadoras es prácticamente imposible encarar con éxito nuestro futuro modificando las actuales y obsoletas reglas de juego. En efecto, cuando se aborda el impacto del envejecimiento sobre nuestro sistema de protección social, en particular sobre el futuro de nuestras pensiones de jubilación, lo hacemos pensando en aplicar esquemas del pasado. Se estudia el efecto que provocarán las deformaciones en la pirámide de edades sobre la relación activos/pasivos con derecho a pensión de jubilación. Se complementa con hipótesis relativas a la evolución del poder adquisitivo, al volumen y estructura de los empleos, a los niveles salariales, a las cotizaciones a la Seguridad Social, etc. Incluso, se llegan a crear escenarios de entorno en base a hipótesis macroeconómicas tales como: tipos de interés, tasas de desempleo, tasas de crecimiento económico, índices de productividad, niveles de renta…etc.

De esta manera, aunque aparentemente parece que estos enfoques ayudan, lo cual no dudo, pueden hacernos incurrir en graves errores. Hemos de ser muy cautos con métodos de análisis que representan seguir haciendo más de lo mismo. Estos métodos dificultan la búsqueda de las buenas soluciones ya que mantienen como estereotipos demasiados esquemas obsoletos del pasado. Trabajar en base a estos métodos de reflexión clásicos es como manejar un coche mirando por el retrovisor. Es así cómo se nos impide hacernos las buenas preguntas, condición mínimamente necesaria para obtener las buenas respuestas. Los años venideros, por fuerza habrán de ser diferentes y no podrán sostener su organización social en base a los esquemas del pasado porque las mutaciones tecnológicas, económicas, políticas, ambientales y sociales lo impedirán. De hoy a dentro de veinte años, y mucho más de hoy a dentro de cincuenta años, serán muchas las rupturas que habremos de conocer en nuestra sociedad. Anticiparnos a dichos cambios societarios es una de las tareas de la prospectiva para evitar tener que sufrir nuestro futuro como acostumbramos y, al mismo tiempo, de manera preactiva y proactiva, poder prepararnos con anticipación y/o modificar las reglas de juego de modo que demos con las verdaderas soluciones.

¿Cómo afectará la emergente crisis del petróleo al volumen y a los modos de empleo del futuro? ¿Cómo podría afectar a los sistemas de protección social? ¿Ello no afectaría a la edad de jubilación y a los gastos crecientes de asistencia sanitaria y social? La necesidad de una reflexión prospectiva como la que SWPI, en materia de energía, está dinamizando a nivel del Estado español y, ahora en Catalunya, es evidente que es un paso obligado para luchar contra el fatalismo y el determinismo. Es cierto que las rupturas del sistema se pueden prever con anticipación de modo que ello nos permita prepararnos a tiempo y así, contribuir a que logremos ser dueños de nuestro futuro. Sin embargo, no es un tarea que resulte tan fácil ya que las respuestas innovadoras las encontraremos en la búsqueda de ideas contraintuitivas y en la desconfianza acerca de los estereotipos recibidos que actualmente manejan nuestras vidas. Ello exige un cambio de mentalidad en nosotros y adoptar, a su vez, una actitud y una valentía que permita la innovación social, cuestión que, la mayoría de las veces, no suele ser posible aplicar a tiempo. Ello ocurre debido a los innumerables rentistas que existen en el sistema obsoleto y que dificultan la introducción de los cambios necesarios porque dichos cambios lesionarían sus egoístas intereses creados.

Entre las soluciones que se presentan al problema del envejecimiento, considero que algunas no encajan bien con lo que entendemos como una solución sostenible. Me refiero a las soluciones que se presentan, frente al desequilibrio creciente entre ingresos y gastos que se avecina. A veces, se presentan soluciones que apuestan por aumentar las cotizaciones a la Seguridad Social. Otras veces, como se ha hecho con las hipotecas, se apuesta por alargar los años necesarios de cotización y/o retrasar la edad de jubilación. Sin embargo, esas grandes medidas, tomadas a última hora y asumidas por el hecho de enfrentarnos a grandes riesgos que exigen grandes remedios, no son muchas veces más que la tapadera que sirve para ocultar nuestro fracaso y necedad colectiva como consecuencia de no haber sabido o querido prever el futuro con antelación. Todo problema grave que se nos presenta, en su origen, fue también tan pequeño como un germen y si, entonces, antes de que creciera tanto, hubiéramos aplicado la prospectiva, no hubiéramos tenido que recurrir a la política de los grandes remedios que tantas injusticias y agravios comparativos acarrea después en su aplicación.

En definitiva, está claro que no podemos seguir aplicando la política del avestruz, que se esconde ante los problemas, ni la del bombero o apagafuegos, que espera que ocurran los problemas para reaccionar pues cada vez éstos se abordan más tarde y peor. La urgencia por tomar el problema del envejecimiento y sus consecuencias en serio es una necesidad vital para nosotros ya que, en nuestro caso, no será el envejecimiento tan lento y progresivo sino que, en las grandes ciudades, será incluso hasta drástico y brutal y con unas consecuencias mucho más nefastas de lo que nos pensamos. Y, por supuesto, muchos más graves lo serán, si no vamos de la mano de la prospectiva, al objeto de poder preparamos a tiempo para impedirlo o mitigarlo. Necesitamos dotarnos cuanto antes de márgenes de libertad. El Pacto de Toledo está en peligro por inviable e insostenible.

Anuncios

2 Responses to Envejecer entre viejos

  1. EVA dice:

    Todos estamos deseando llegar a la edad de la jubilación porque con un poco de suerte, tendremos la suficiente salud para hacer todo lo que la falta de tiempo que nos estrangula en nuestra etapa “productiva”, nos impide llevar a cabo. Lo de retrasar la edad de la jubilación está bien sólo en algunas profesiones, y además, debería ser posible que se trabajase de forma mucho más flexible a como está estipulado por las leyes actuales. Seguro que más de uno no se jubilaría si pudiese seguir trabajando a media jornada, o disfrutando de más vacaciones…Y respecto a lo de favorecer el aumento de la tasa de natalidad, creo que hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad tan egoísta y tan centrada en lo material, que incluso haciendo todo lo posible porque las familias con hijos se sintieran respaldadas, la mentalidad de muchos jóvenes no casa para nada con lo de tener que dedicarse en cuerpo y alma a ser padre o madre en todos aquellos momentos que el trabajo nos deja “libres” … Es “mejor” tener dinero para la casita de veraneo, el viaje a las Seychelles y los fines de semana de esquí… y si acaso, rellenamos el huequito de la paternidad-maternidad con ese hijo único y así ya hemos “cumplido”…y todo esto sin contar con el abuso, muchas veces desmedido, que se hace de los abuelos, que parece que muchos se jubilan para ejercer la profesión de canguros…y sin cobrar. No estoy diciendo nada que no se sepa, por supuesto, pero si lo digo es porque creo que siempre hablamos de las ayudas económicas que se les conceden a las familias en algunos países y no nos damos cuenta de que también hay un factor social que hay que “regar” y que no tiene tanto que ver con el dinero. Y después de haber visto el consumismo tan salvaje que hay en China hoy en día, me temo que esta actitud consumista tiene pocos visos de cambiar.
    Saludos,
    Eva

  2. Sirenita dice:

    Que razón tienes Eva!, Me temo puesto que es muy posible que cuando nos jubilemos ya no haya nada para nosotros o tengamos que jubilarnos a la edad de 70 años

    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: