Bueno para ti, bueno para mí

Desde hace más de 30 años, el famoso emprendedor Muhammad Yunus está desafiando a las empresas líderes mundiales en cómo dar con ingeniosos modos radicales que permiten la creación de nuevos mercados en los países pobres. Algunas empresas mercantiles se han unido, con humildad, a este gran innovador para aprender cómo es capaz de hacer lo que hasta hace muy poco resultaba imposible según las reglas de mercado más elementales.

Muhammad Yunus es un hombre muy conocido debido a que fue el ganador del Premio Nobel de la Paz del 2006. Sin embargo, en muchos ámbitos interesados en la innovación social, hace tiempo que es reconocido por su carácter exitoso de emprendedor y por ser el propulsor del microcrédito en su país de origen, la India. Se trata de un profesor universitario que realizó estudios en varias universidades de Estados Unidos y que revolucionó el sistema de avales que exige la banca. Frente al tradicional aval basado en el dinero o los bienes del avalista y que los pobres no tienen, Yunus concibió otro tipo de avales. Apostó por crear grupos y fomentar la idea de la cooperación entre ellos para poder crear avales solidarios. También demostró que esos avales funcionan.

El último libro del Yunus, “Creating a World Without Poverty: Social Business and the Future of Capitalism”, (“Crear un mundo sin pobreza: La empresa social y el futuro del capitalismo”), no es menos ambicioso que sus proyectos sociales. En dicho libro se explora cómo las grandes empresas podrían colaborar activamente en la creación de un mundo mejor. Esta obra, la cual recomiendo vivamente, exhorta a las corporaciones a invirtir en unos socios externos para que éstos pudieran desarrollar productos y servicios que beneficien a los más pobres. Hoy en día, muchas empresas se están poniendo a la cola para aprender de este genial emprendedor social y, así, seguir los pasos de Muhammad Yunus en lo que se refiere al desarrollo de empresas destinadas a solucionar graves problemas sociales.

Yunus subraya la importancia que tiene comprender bien el concepto de “empresa social”. Él define a la “empresa social” como una empresa que persigue objetivos sociales y donde no se producen ni pérdidas, ni beneficios. Las empresas sociales que se crean por emprendedores sociales, como Yunus, combinan la asunción de riesgos propio de las empresas mercantiles con una misión explícita que asumen para hacer frente a problemas sociales urgentes, como supone el acceso a la asistencia sanitaria, al saneamiento y suministro de agua, a la educación, etc. Los nuevos productos y servicios que estas personas con inventiva conciben, son ejemplos de lo que también se conoce como “innovación social”.

A diferencia de las obras de beneficencia, las empresas sociales no tienen porqué acudir a los gobiernos o a las fundaciones en busca de subvenciones. Se autofinancian mediante la venta de bienes y servicios. Las ventas son a precio de coste más un pequeño margen de beneficio que se reinvierte para financiar la expansión de la empresa social. Es así cómo se consolidan estas empresas. Sin embargo, para hacer que todo esto sea posible, al inicio, las empresas sociales deben contar con inversores que estén dispuestos a invertir para ayudar a estas empresas sociales a desarrollar las nuevas ideas. Algunas empresas multinacionales, no sólo interesadas en el corto plazo, ni en ganar dinero, han apostado por ayudar a los emprendedores sociales como modo de impulsar sus mercados en el tercer mundo.

En la actualidad, son bastantes las empresas multinacionales, las que se están convirtiendo en una importante fuente de financiación de la innovación social. En gran parte, se debe al hecho de que estas grandes empresas están buscando nuevas formas de cumplir con sus objetivos de sostenibilidad —Responsabilidad Social Corporativa, RSC— de manera que sus acciones les sean estimulantes y, a su vez, potencialmente lucrativas.

El último modelo de empresa social que ha impulsado Yunus se basa en el lema: “ni pérdidas, ni beneficios”. Ésta empresa es Grameen Danone Foods, una empresa mixta creada hace dos años entre Grameen de Yunus y la multinacional francesa de bebidas y productos alimenticios, Danone. En Bangladesh, de resultas de la sinergia que ambos socios han desarrollado, han conseguido producir yogures enriquecidos para los niños pobres, a precios asequibles. El yogur tiene un alto contenido en calcio y otros nutrientes que los niños desnutridos necesitan para su correcta alimentación. El producto es barato porque se produce a nivel local. De este modo, se reducen los costes de transporte, de almacenamiento y de conservación en frío.

Como empresa social que es, Grameen Danone Foods mide su éxito en términos de “beneficio social” o “retorno de la inversión social” – y en términos de impacto positivo sobre la tasa de fallos del mercado por su contribución a la reparación de los mismos. En el caso de Grameen Danone Foods, el beneficio y el retorno se convierten en la mejora de la salud infantil en Bangladesh y en el número de puestos de trabajo que crea su actividad. La primera planta de procesamiento de yogur, que se construyó en Bogra, creará 1600 puestos de trabajo, en tres o cuatro años. A su vez, en los próximos diez años, esta empresa social pretende construir 50 plantas más.

Danone invirtió un millón de dólares en la planta de Bogra – una cantidad ciertamente pequeña para una empresa que contó con unos ingresos de 14.500 millones de €, en su último año. De cualquier modo, hay que felicitar a Danone por su compromiso con el tercer mundo y su demostrada generosidad. Sobre todo cuando, en nuestro país, conocemos innumerables empresas que aún teniendo importantes beneficios, no invierten ni un euro siquiera en acciones filantrópicas de este tipo. Además, Danone reconoce que con la inversión realizada han obtenido considerables beneficios, aunque muchas veces éstos sean difíciles de cuantificar.

Así, Danone reconoce que ahora es cuando ha aprendido cómo ahorrar en el consumo de energía y como ahorrar economías en su cadena de suministro y, sobre todo, cómo vender la idea de hacer que la nutrición que llegue a los pobres de los países del tercer mundo sea sana. A su vez, es una buena inversión en la imagen de la empresa ya que, para la reputación de Danone, ha resultado algo muy bueno y beneficioso el hecho de estar la empresa francesa vinculada a Yunus, fundador del Grameen Bank, que es una persona muy célebre, a nivel mundial, por su compromiso con los más pobres y por el trabajo pionero que hizo sobre la microfinanciación.

Así pues, invertir en estas empresas sociales puede ayudar a mejorar la reputación de cualquier empresa mercantil de nuestro entorno desarrollado. Pero, además, le permite a la empresa mercantil ser responsable, limitando los riesgos a la hora de invertir en nuevos productos; especialmente, cuando éstos pueden tardar todavía años en llegar a ser rentables. ¡Ojalá que muchas de nuestras empresas aprendieran la trascendencia que tiene para los países del tercer mundo el hecho que participaran el desarrollo de las innovaciones sociales!

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